Siempre hay edificios o lugares que llaman la atención más a unos que a otros julays. En el centro de Oporto, en el parque Jardim do Infante Dom Henrique, a mí me gustó mucho esta iglesia, la Igreja de São Nicolau, que es estrecha y está como empotrada entre dos edificios pero decidieron tener sus propias paredes y algo de espacio entre los edificios. La versión actual de la iglesia es de 1762, en estilo neoclásico y barroco y los preciosos azulejos de la fachada se los añadieron en 1861. En el edificio a la derecha, en uno de los balcones, había un lazo amarillo y no veas la suerte que tienen que no permiten viajar con arcos o ballestas en el equipaje de mano porque habría lanzado una flechita incendiaria al asunto y lo habría solucionado.
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Livraria Lello
Cuando me movía entre lugares vi una multitud en al calle haciendo cola y lo primero que pensé es que allí regalaban chochonas pero mirando en el googlEVIL maps, aquello era una librería llamada Livraria Lello, al parecer muy famosa, una de las más viejas de Portugal y entre las tres librerías más famosas del universo según las guías turísticas. Seguramente gran parte de la fama le viene porque la pava que escribió la saga de Harry chapaPotter la frecuentaba cuando trabajaba de profesora de inglés en esa ciudad. La fachada se ve bonita pero chica, lo de pagar cinco leuros por entrar a una librería en la que no voy a comprar libros porque le tengo alergia al polvo, como que no. Hoy en día, más que vender libros, cobran por entrar y que la gente se haga sus fotos para el CaraCuloLibro y el Istagrame.
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Bockbierfestival Amersfoort 2019
Cualquier intelectual o sub-intelectual que haga una búsqueda en el mejor blog sin premios en castellano porque así lo quiere su creador, aquel ídolo de ninguna masa conocido por el Elegido, il Scelto, de Uitverkorene o the Chosen One, y buscas bokbierfestival, descubrirás que consistentemente, todos los años hay una anotación al respecto, aunque solían ser más cercanas a noviembre ya que el Bokbierfestival en la ciudad de Amsterdam se celebraba el último fin de semana de octubre, ese del cambio de hora. Después del último Bokbierfestival 2018, yo que soy pitoniso porque una vez leí la revista pronto desde la última página hasta la primera, ya barrunté que se iba a tomar por culo y efectivamente, allá por la primavera se anunció que la organización se declaró en bancarrota y dejaron un pufo que no veas. Semejante drama no se puede concretar en palabras, nos vimos como niños destetados, sin poder regresar a ese lugar en el que hemos pasado tantos buenos ratos. Inmediatamente comenzamos a buscar alternativas pero no concretamos nada, hasta septiembre, momento en el que el Moreno quería que le hiciera un favor y como yo me conozco los conceptos, negocié con él y a cambio iríamos al Bockbierfestival de Amersfoort, que suena casi igual que Amsterdam pero está más cerca de Hilversum y Utrecht y no hay orcos turistas. El único problema es que este festival se celebra mucho antes con lo que teníamos que espabilar e ir al principio de octubre. Como en años anteriores, se nos unió su mejor amigo y como siempre, todo comenzó en el Cartouche, el templo de las costillas, el mejor lugar para comerlas del universo y casi que de todos los universos del multiverso y del megaverso.
Como fuimos en viernes, quedamos después del trabajo y como diluviaba, tuvimos que ir en guagua desde la oficina, la primera vez en mi vida que uso el transporte público para ir de la oficina al centro de Hilversum, ya que por razones obvias no teníamos bicis ni coches e iríamos desde allí en tren hasta Amersfoort, ciudad que está a poco más de diez minutos de Hilversum. Después de la cena salimos para allá y sabíamos que teníamos que ir al famosísimo y legendario campanario de Amersfoort, Onze Lieve Vrouwetoren o la Virgen de truscoluña no es nación, en español.
La especie de tienda de campaña a los pies del campanario formaba parte del festival, en realidad es donde estaban la banda de música. Llegamos sobre las siete de la tarde y la primera sorpresa fue el coste de la aventura. Una de las quejas más repetidas del de Amsterdam y que seguramente lo llevó a la ruina es que se volvió muy caro, la entrada, que es el vaso, junto con dos consumiciones, te costaba veinte leuros y tres leuros cada consumición adicional. En Amersfoort, la entrada con dos consumiciones costaba el viernes trece leuros y con tres consumiciones más pagamos veinte leuros, con lo que vaso y cinco cervezas bock por veinte leuros. Nos impresionó como lo organizaron, en una especie de patio trasero junto al Westsingel, uno de los canales de la ciudad y en el que incluyeron varios pubs y cubrieron los jardines con tiendas y carpas con lo que no te mojabas. Se podía además entrar y salir si se quería y para ello te daban una pulsera, como en los festivales de música de los chichones y pelanduscas:
En la parte negativa, tenían menos variedad de cervezas Bok y sobre todo, parecía que estaban todas escoradas hacia las que orbitan alrededor de la marca que patrocinaba el evento, con lo que no pudimos catar nuestras adoradas cervezas de la compañía Snab.
Mi primera bockbier fue una Vitus Weizenbock, una cerveza Bok de trigo, con un porcentaje de alcohol de 7.7% y un saborcillo a banana delicioso. Particularmente, yo soy más de las que saben a banana que de las que saben a chocolate y digo banana porque son las cosas esas enormes que traen de América, no los exquisitos plátanos canarios que en los Países Bajos ni saben que existen. En el vaso se puede ver la compañía cervecera que patrocinaba el evento.
Mi segunda cerveza fue una Bock7, solo con un 7.0% de porcentaje de alcohol, suave y dulzona, co un color profundo. Esta particularmente me gustó mucho. Mientras las tomábamos, estuvimos viendo a la banda que tocaba en vivo y aquello se fue petando de gente hasta niveles increíbles, acostumbrados como estamos a los últimos años del festival en Amsterdam con poca gente, aquello nos impresionó.
La tercera fue un clásico de ayer, hoy y siempre, la Texels Bock, hecha en la isla Texel, con un porcentaje también del 7.0% de alcohol y de sabor muy rico y elaborado. Esta es una que sí que es más fácil conseguir en algunos supermercados, eso sí, pagando un poco más porque no se hace en las fábricas dantescas de las mega-corporaciones. La isla en la que se fabrica es un lugar muy visitado por holandeses y alemanes para fines de semana, está en el país, junto al mar, es pequeña y se llega con barcos que salen varias veces al día y hasta puedes llevar tu carro, si no te lo han robado y alquilar bicicletas en el lugar y disfrutar. Por allí también es fácil hacer excursiones marítimas para ver focas, pero no las pavas obesas de Vecindario capital de Mordor sino las focas animales. Claro, esto no lo publicitamos mucho porque lo último que queremos es que se nos llenen esas islas de chusma y gentuza del bajo-costo.
La cuarta fue la IJ Bok, hecha en Amsterdam en una cervecería que tiene uno de sus locales en los bajos de un molino de viento. ‘t IJ es el canal que está por detrás de la estación de tren de Amsterdam Centraal. Esta es más bien ligera, con un porcentaje de alcohol del 6.5%. Es bastante negra y tiene un saborcillo bastante intenso a café.
La última de mis cervezas fue una Opgebokt, con un porcentaje de alcohol del 7.2%, un fuerte sabor a caramelo, pero fuerte, fuerte y una dubbelbock de tomo y lomo, que se nota cuando la bebes que no es una cerveza barachuza. En realidad vine a tomar alguna más pero en pequeñas cantidades porque conocimos a una pareja que se sentaron con nosotros en una mesa y nos regalaron dos munten, las monedas de plástico que se usan para pagar las cervezas y con esas dos adicionales, las repartimos entre nosotros y vino tocándonos a más o menos media cerveza más, pero sin identificar. A eso se añaden las tres de la cena, con lo que salimos de allí templaditos que estas son cervezas fuertes y no los meados viejunos que tanto gustan a muchos de ustedes. Sobre las once y algo nos marchamos, volvimos a la estación de tren de Amersfoort y allí nos separamos, yo fui camino de Utrecht en un tren y el Moreno y su colega regresaron a Hilversum en otro. Pese a no tener tantas cervezas, nos ha gustado muchísimo este festival y es más que probable que el año que viene volvamos a elegirlo, a menos que se produzca un gran milagro y regrese el de Amsterdam, algo que dudamos mucho. Ahora me toca pagar por esto y creo que la semana que viene el sábado tengo que ir a una ciudad belga cerca de la frontera de Luxemburgo para asistir a la ceremonia de entrega de premios de una competición fotográfica, en la que el Moreno ha ganado, aunque no sabe ni qué ni en qué puesto, pero solo invitan a los ganadores. Durante el mes de octubre ha ganado otros dos premios, uno en Suiza y otro como el mejor fotógrafo de naturaleza amateur de los Países Bajos, ambos con unos premios espectaculares. Está el colega con una inflamación de ego que no veas y eso que yo le repito que por más premios que gane, sigue siendo igual de acarajotao.
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Vista de Oporto desde la Torre dos Clérigos

Me despisté y se me olvidó poner alguna foto hecha desde lo alto de la Torre dos Clérigos con las vistas espectaculares de la ciudad que hay desde allí. En la foto vemos el río Duero, en el centro hacia la izquierda está la catedral y todo lo que vemos desde el punto en el que me encuentro hacia el río es el centro de la ciudad. La verdad que en los últimos años y gracias al turismo esta ciudad ha cambiado un montón, de un lugar que parecía condenado a desaparecer se ha transformado en una ciudad muy dinámica.










