Yo soy un animal de hábitos y rutinas. Me cuesta un montón empezar las cosas y me dejo llevar por cualquier excusa tonta porque en las entrañas más interiores sé que cuando arranque, ya no pararé. Hay muchos ejemplos a la vista, como el mejor blog sin premios en castellano, que llevo alimentando regularmente desde el año 2004, hace dieciseis añitos o más recientemente el duolingo, en donde llevo mil seiscientos ochenta y tres días sin dejar de practicar. En donde esa voluntad me falla es en lo de salir a correr, mi cerebro se inventa listas gigantescas de excusas para no hacerlo y por eso, perder la rutina de los dos días corriendo unos seis kilómetros es un palo. Después de volver de Asia, primero era para descansar bien, después por compromisos y más tarde por la ola de calor aunque ese día no hubiera. Entre pitos y flautas casi ha transcurrido un mes y seguía sin ir a correr, hasta este martes, día con dieciocho grados cuando llegué a casa, perfectos para la actividad deportiva y aún así tenía una lista de posibles excusas bien grande. Finalmente, decidí no oírme a mí mismo, me cambié de ropa, hice algunos ejercicios de calentamiento y me prometí que arrancamos con cuatro kilómetros y esos fueron los que hice, aunque tuve una enorme tentación de parar a partir del segundo kilómetro que sabía que era totalmente infundada porque la pulsera me daba las pulsaciones y no estaba a punto de reventar. Ese fue el primer paso del retonno pero ahora viene el duro, que es repetir la gesta el viernes. Cuando volví a casa y después de cenar, me puse y llené un contenedor con las zarzamoras y una de las parras, que con el cambio climático están desarretadas y mucho me temo que al final del verano optaré por reducir el número de zarzamoras porque mi jardín parece una jungla y además, es que no paro de podar las dichosas plantas, cada semana es un nuevo contenedor lleno.
El miércoles llegó el primer aviso de las agujetas y hoy jueves vino el segundo, en realidad más bien un tremendo palo porque hoy es el día que están en toda su gloria pero ya lo pueden disfrutar mientras les dure que mañana según vuelva a mi casa desde el trabajo y el cine me voy a correr.
Lo otro que me ha tenido ocupado durante la semana ha sido mi PéCé de casa. Ya hace casi dos años que lo compré y poco a poco el Güindos se ha ido corrompiendo y para cagarla aún más, un día se me ocurrió usar uno de esos programas que te lo limpian y te lo dejan preparado para que don Algodón haga su magia y el resultado fue que si ya renqueaba, pasó a una nueva fase, la del escoñamiento. El mismo martes intené todas las opciones de reparación de Güindos y al final, renuncié y usé el programa que venía con el ordenador y que reinstala en la partición del sistema operativo, una copia limpia. Acabó por la mañana del miércoles a las seis de la mañana o así y debe haber instalado dieciseis mil quinientas actualizaciones y reseteado mil veces. Por eso el martes no preparé nada y al día siguiente me pasé la tarde reinstalando mis cosillas y de alguna manera se me pasaron las horas hasta que volví a tener un ordenador operativo y de nuevo no escribí nada ni edité vídeos, que el plan era sacar del teléfono los vídeos de aviones del viaje a Málaga y ponerlos para el Ancestral, pero se va a tener que esperar a la semana que viene ….



