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  • Debe ser un país de cagones

    10 de mayo de 2019

    Uno de mis rituales definitivamente no extrictamente religiosos cada vez que voy a Asia de vacaciones es el del botiquín que me llevo conmigo para cubrir escenarios no deseados de drama asociado a enfermedad. Mi primera vez, me compré un botiquín con vendas, tiritas, tijeras, hilos especiales, pinzas y otro montón de coñas y lo complementé con paracetamol, medicinas para resfriados y para el dolor y además con píldoras antidiarréicas. Creo que de todo lo que cargué, usé dos tiritas. En el segundo año, me compré un nuevo botiquín, más pequeño pero igual de bien equipado y de nuevo, añadí medicamentos y cremas a mi antojo. Otra vez, si usé algo, fue una tirita. A partir del cuarto año, los botiquines se quedaron en mi casa y solo pillaba alguna tirita, aunque seguí llevando conmigo una o dos pastillas de paracetamol y las antidiarréicas, que caducan cada dos años, así que el tercero, tiro la caja que no he usado nunca y me compro una nueva, algo en lo que he reincidido ayer. Mi primera vez fui a una farmacia y compré las pastillas allí. A partir de la segunda, descubrí que prácticamente cada uno de los supermercados holandeses y las cadenas de droguerías que venden medicamentos tienen en su marca blanca las dichosas pastillas, todos con el mismo componente, en la misma proporción y yo juraría que hasta las pastillas son las mismas. Este año, siendo como soy una máquina para rastrear productos, decidí mirar de antemano y veo que el precio varía entre los cinco leuros de la tienda más cara a algo menos de dos leuros del supermercado con la opción más barata. Apunté en mi lista de la compra el producto y el super y como tengo tiempo hasta la semana que viene, lo dejé ahí para algún momento en el que pase cerca de uno de esos supermercados.

    Ayer después del cine paré por el lidel, el alemán ese que para mí es el absolutamente mejor y que en los Países Bajos solo venden sus productos, no tienen ninguna otra marca. Tienen una sección pequeña con algunos medicamentos y cuando iba hacia la caja esa en la que tú te escaneas tu compra y te ahorras la interacción con la cajera porque en la era del buenismo parece que hay que dorarles la píldora y preguntarles por sus preocupaciones, sus familias y sus sueños y yo como que no tengo paciencia para tanto, así que he aprendido a pesar la fruta, a buscar las verduras en los menús y no le doy ni las gracias a la máquina, que manejo perfectamente sin haber hecho ningún curso. Bueno, que iba hacia esa parte del supermercado y casualmente cruzaba la zona en la que están los medicamentos, que es un pasillo enfrente de los congelados. Mi visión periférica, entrenadísima porque yo no leo libros y la he ajustado a otro tipo de mensajes, vio como de pasada diarreeremmer, que es el término científico-holandés para las medicinas con loperamida, que es el componente que usan todos en una proporción de 2 miligramos, que no sé como lo han calculado. Me detengo en seco y allí, junto a las cosas para resfriados y dolores de cabezas, están vendiendo el dichoso producto y lo ofrecen con el increíble precio de un leuro y cuarenta y siete céntimos de leuro, con lo que arramblé con la caja que me servirá para las próximas dos o tres vacaciones en Asia y que por supuestísimo, espero no usar nunca jamás.

    Por fin llegamos a lo que quería comentar. En el lidel no ponen productos que se muevan lentamente en sus estanterías, esa gente va más a vaciar el supermercado por completo cada día, así que si se han decidido a vender en sus estanterías esa medicina, este debe ser un país de cagones, aquí tiene que haber mucho cagao y la diarrea tiene que estar fluyendo como agua de manantial de montaña. O eso, o como todo el mundo está aprovisionando antes de comenzar las vacaciones, debemos estar en temporada y por eso apareció la medicina por allí e igualmente desaparecerá dentro de un par de semanas.

  • El complejo de lujo en la isla de Bulalacao

    10 de mayo de 2019

    Si quieres aislarte del resto del universo, por más de quinientos leuros al día te puedes quedar en el complejo que se ve en la foto junto a la playa esa lejana y que está en una pequeña península al noroeste de la isla de Bulalaco, que suena a bebida energética total. La foto engaña porque desde este punto de vista Bulalacao parece una isla pequeña pero en realidad es bastante grande y hasta tiene un poblacho cinco o seis kilómetros más al sur y creo que hay algún otro complejo en otras calas de la isla. Eso sí, si te quieres quedar allí, asume que estarás bastante aislado.

  • Sulacoverso

    9 de mayo de 2019

    Cuando todos éramos más ignorantes y felices y no existían cosas como las internetes y comprábamos, robábamos o nos prestábamos ciertas revistas para ayudar con la imaginación en ciertos menesteres, en lo del cine y la tele-le-visión no existía un fluir de actores con sus correspondientes personajes entre productos. Aquellos eran tiempos simples y sencillos. Ahora que hemos abrazado la Era de la interconexión, tenemos que gente de unas series sale en otras en sus papeles, tenemos películas que se referencian unas a otras, con el caso extremo de las veintiuna de cierta saga de hombres ya mayorcitos obsesionados con la lycra y sospechosamente metrosexuales con alto riesgo de julandrones. En la tele también sucede y si por ejemplo, eres joven y con cerebro inmaduro como el no-aclamado autor del mejor blog sin premios en castellano, entonces seguirás el arrowverse, con multitud de series que están relacionadas y con personajes que hoy están en esta y mañana en aquella.

    Entre los seres humanos y hasta los in-humanos como el Elegido sucede lo mismo y yo tengo mi propio Sulacoverso, que incluye todas las caras que se pueden ver o que dejo ver de mi y que según el entorno pueden ser y son muy diferentes. En la oficina, sin ir más lejos, en una planta me ven como el brazo armado de nuestra ley amarilla y en otra como la divinidad de los pisos superiores que puede resolver un problema en nano-segundos y sin que se me cambe la peluca. En el país de los amarillos me ven como el gran sabio, el experto que sabe de todo, cuando hablamos de leyes y reglamentos europeos y en el departamento logístico me consideran una de las grandes referencias mundiales en temas sobre medioambiente y las leyes que afectan a nuestros productos y eso que les he dicho, en más de mil ocasiones, que ese no es mi trabajo y que la persona que lleva esa carga sobre su chepa es otra. Entre mis amigos buceadores soy aquel que consume menos aire porque el gran Dios me hizo así de fantástico y otros creen que soy el que tiene un desorden obsesivo-compulsivo con el cine y acude tantas veces al año que asusta. Otra gente me ve como el virtuoso de la comida, el mago que con un puñado de harina, manteca, azúcar y dos güevos creo maravillas que desatan la gula de muchos y mi vecina me ve como el transplantador, el mago de los árboles y arbustos, ya que los cambio de sitio en mi jardín y no se me mueren, los planto y los saco y los cambio de sitio con una gracia difícil de emular y si no, que se lo digan a un árbol que he trasplantado hasta en tres ocasiones y por el que nadie daba un duro y ahí está, en plena efervescencia primaveral.

    Todos somos estructuras de mil o más caras, tenemos un multiverso rodeándonos en el que el mismo julay parece otro, pero no lo es. Bueno, todos salvo los simplones que son tan limitados que solo tienen capacidad para una y solo una cara.

  • Islote de Cauayan y la playa que conecta con Bulog Dos

    9 de mayo de 2019

    Ayer nos acercábamos y hoy he trepado a la cima del islote o más bien peñón de Bulog Dos. Desde allí, se ve el islote de Cauayan y la pequeña playa que los conecta. En la base de la loma que está enfrente se puede ver el lugar en el que había un chiringuito de playa que se llevó un temporal hace unos años. La playa solo tiene arena y un acceso decente por el lado de la izquierda de la imagen, por la derecha es un arrecife, probablemente por eso se acumula allí la arena.

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