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  • Preparando el camino para el césped

    21 de febrero de 2019

    Con la caló tan horrenda que estamos teniendo en los Países Bajos este invierno, mis vacaciones del jardín se han acabado mucho antes de lo esperado y el sábado tuve que ponerme manos a la obra para preparar el escenario de los nuevos cambios en mi reino, que sí que es de este mundillo. De los cuatro lectores, si alguno tiene memoria de largo plazo igual se acuerda que el año pasado cuando estábamos en plena ola de caló tan dañina, una plaga de insectos asoló el país de sur a norte y un tipo específico de plantas murieron, unos pequeños matos que se pueden moldear y que se usan con mucha frecuencia para los lindes entre los jardines de las casas y para crear estructuras de altísimo diseño en nuestros jardines. En mi caso, en la parte frontal de mi casa murieron todas las plantas que separaban mi keli de la de mi vecino y en el jardín posterior tenía dos árboles rodeados por esos setos que también desaparecieron. La repoblación de la parte delantera ya la estoy organizando con el vecino y hemos elegido el árbol Fagus sylvatica, que al parecer en español es el haya común y que se compra en tamaño pequeño y podándolo, nunca llega a ser árbol. Tiene la ventaja que en invierno, las hojas se mueren pero se quedan agarraditas a la rama como político truscolán a su escaño y cambian al color rojo, con lo que tendremos el linde de la casa en verde en primavera/verano y en rojo en otoño/invierno.

    En la parte trasera el problema fue más dramático. Me quedaron dos árboles rodeados de un erial junto a un troco de césped. Como el césped es mágico en lo relativo al mantenimiento, he optado por extender esa zona de césped y ampliarla en un metro y medio. No quería ni quiero que los árboles que estaban allí siguiesen así que a uno lo condené a muerte y al otro a un transplante, el segundo que sufre y que lo iba a acercar hasta la keli de las bicicletas. Durante el invierno, en una sesión maratoniana, arranqué el condenado, que me llevó como una hora y media extraerlo y meterlo en el contenedor para reciclado de jardín y verduras. En su lugar quedó un cráter que opté por no cubrir. El otro matojo o árbol, uno que produce unas flores blancas muy bonitas al final del verano y que es muy estilizado, lo quería poner en donde tenía varias plantas de hortensias, las últimas supervivientes de mis años viviendo allí, ya que cuando compré la casa el jardín estaba petado de hortensias.

    El fin de semana pasado fue la matanza de las hortensias, tres de cinco, que sobrevivirá una que es trepadora y está pegada a la pared de la keli de las bicis y la otra, no la maté porque tenía el contenedor para reciclado lleno, pero ya está oyendo las campanas y debería saber que no llega viva al domingo. Después excavé un cráter, extraje el otro arbusto y lo puse en su nueva ubicación. Ahora me queda esperar que empiecen a vender las alfombras de césped para comprar un par de rollos y cubrir la zona a expandir, que lo de plantar semillas y esperar que crezca estaba muy bien en los ochenta pero hoy en día no mola nada. En la zona en la que queda el nuevo árbol, casi pegado a la pared, haré un pequeño parterre de unos cuarenta centímetros de ancho y junto con el arbusto y la trepadora, creo que voy a plantar fresales y quizás menta.

    Por supuestísimo, ya podé la catalpa y el armazón de la enorme bola que generó durante la temporada del año pasado resultó en un contenedor completo de residuos. Este año, estoy planeando, Dios mediante si no me echan, comprar unas jardineras para poner en la terraza de la oficina y plantar aún más pimientos de Padrón, que se me dan que no veas y con el solajero que todos esperamos, me salen fabulosos, de los de la puta la madre, pican que no veas, como los de antes que ahora los de invernadero parecen más bien pimientos amariconados de Padrón.

  • Kronprinzengarten

    21 de febrero de 2019

    Seguimos en el palacio de Schönbrunn pero en la foto de hoy cuesta reconocerlo porque lo vemos por el lateral izquierdo, si estamos mirando al palacio desde la calle o el lateral derecho visto desde el jardín. Por un lado, el palacio es un leño, mirando el ancho, aquello es un pedazo de keli que no veas. Estos jardines se diseñaron en 1745 o alrededores, hace al menos seis lunas. Por esta parte también hay un invernadero en el que guardaban y guardan la colección de árboles cítricos del palacio, que meten allí en invierno para que el frío no los mate. La foto la hice desde donde acaban los invernaderos, que estaban a mi espalda.

  • La letra con sangre entra muchísimo mejor

    20 de febrero de 2019

    De cuando en cuando, alguno de los julays que tengo enfilados en el trabajo decide que ha llegado la hora de comenzar una guerra conmigo y estas cosas siempre terminan mal o muy mal, para ellos, que yo sigo con mi mantra y a la hora de batallar, solo vale la victoria y al enemigo, ni agua. Esta semana, o más bien estas semanas, se fue gestando el último episodio con un gerente que quiere vender algo en Europa, Oriente Medio, África y Rusia y sus satélites, o sea, en mi reino, que sí que es de este mundo. Ya le expliqué en su momento que en lo que a mi y a los ciudadanos de mi reino nos concernía, podía usar el bote grande de vaselina que hay en mi escritorio para meterse su producto por donde no entra el sol, así que el chamo decidió puentearme y tratar de pasar a mi lado sin que lo note. Su estupidez debe ser mucho mayor de lo que creíamos porque montó una especie de club clandestino para saltarse todos los procesos de la empresa, pero siendo cuatro gatos, la gente en ese club me informaron instantáneamente y en manada de lo que estaba sucediendo, así que lo dejé jugar y confiarse. La semana pasada comenzó a escucharse el rumor en la máquina de café del inminente inicio de las actividades y de nuevo, dejé que se macere su confianza como sudor en el ombligo. Finalmente, el lunes, decidió lanzar su ataque y trató de comenzar las cosas a mis espaldas pero para ello necesitaba recursos de mi jefe. Al llegar a ese hito, mi rodillo se puso en marcha. Mi jefe me pidió que comenzara oficialmente el trabajo en un correo en el que el tiparraco ese delimitaba su pequeño comité conspiratorio. El chamo trataba de saltarse todas las reglas que hay en la oficina y además todas las líneas jerárquicas, que en una empresa de los amarillos, son muchas y muy importantes. Usé el correo de mi jefe para informarle a él, con copia a unos cuantos jefillos, de los pasos a seguir. El correo, más o menos, con las oportunas licencias y hurtos literarios, venía a decir:

    Estimadísimo julay,

    Mi jefe, que el gran Dios quiera tener algún día muy lejano en su gloria, me ha pedido que te ayude y yo, con esa bondad tan infinita que me caracteriza y que está profusamente documentada he aceptado el reto porque soy así de generoso. Parece ser que quieres empetarnos a nosotros, los seres superiores de Europa, Oriente Medio, África y Rusia y alrededores, o eso que sintetizamos como EMEAR, un nuevo producto que ni queremos, ni deseamos. Déjame que te diga, de entrada, que espero por tu bien que te hayas leído esa novela que es una obra maestra de Frank Herbert llamada Dune. En la misma, que si no has leido seguro que encuentras información en la Wikipedia, el emporio estaba gobernado con ayuda de ciertas Casas, grupos de poder. Nuestra empresa, igual que aquel emporio, tiene sus Casas, reinos de taifas en los que príncipes menores controlan grupos de actividad y como por circunstancias de la vida que no son menester hemos sufrido y padecido decenas de reorganizaciones, esas Casas han ido cambiando de forma y de contenido y hasta de manos, tal cual si fueran dinero. En tu propuesta del equipo para ayudarte y que todos los que han recibido este correo pueden ver más abajo, te saltas el sistema de las Casas, que no solo es sagrado, es además aquel que usamos para nuestra certificación de calidad, esa cosa llamada ISO con la que tú igual te limpias el trasero cuando jiñas pero que aquí es muy importante. Así te digo, queridísimo compañero, que si quieres iniciar la actividad, el primer hito en el camino es una reunión en la que se informa a la organización. A esa reunión, que tú has decidido saltarte, tienes que invitar a todos y cada uno de los príncipes, los jefes de Casa, a sus subalternos y a aquellos que creas que puedan estar relacionados con las tareas que son necesarias. En este caso, estamos hablando fácilmente de veinticinco julays, veinticinco, de un total de ciento y poco, que son el mínimo necesario y suficiente para respetar los elevados índices de calidad de nuestros sacrosantos procesos. Privar a uno solo de esos julays de su presencia en la reunión es un delito que nos resulta difícil de comprender al resto. Quiero que sepas que ya he reservado la sala de actos de la empresa para tu reunión y la pongo a tu disposición para que des tu espectáculo.

    Con un fuerte y para nada cariñoso abrazo

    The Chosen One, il Scelto, el Elegido, de Uitverkorene

    Mi mensaje salió del buzón de mi correo ya envenenado y con una lista de prima donnas que iba desde la primera a la última Casa. Cada uno de los Príncipes, al leerlo, se sintió atacado y personalizó este intento de robarles poder, la desfachatez de usar sus preciosos recursos para una tarea sin que previamente ellos lo hayan autorizado. La cascada de reuniones de emergencia que provoqué fue creciendo en volumen y a más caudal, más ruido. La previsión meteorológica en el interior de la empresa pasó de calmado y soleado a nublado, seguido de un previsible temporal y finalmente una marejada con fuerte marejadilla, alerta amarilla y gran peligro. El chamo fue perdiendo color, según pasaban las horas. Al final del día, después de que yo me fuese a casa, hubo un cónclave de los jefes de todas las Casas y se cargaron el producto, lo vetaron y exiliaron de nuestro reinos. Ni lo queríamos, ni lo necesitábamos, ni se iba a vender, eso es algo que todos tenemos claro, así que perder el tiempo en algo destinado al fracaso es absurdo. Después de que tomaran la decisión, lo obligaron a mandar un mensaje, a todo el mundo, disculpándose y confirmando que su intento no estaba destinado al fracaso, su intento fracasó.

    Hoy el chamo se lamía sus heridas y se lamentaba, aunque puedo confirmar que cuando me mira, hay una chispa de odio intenso al fondo de la pupila que me produce una alegría tan grande que no se puede cuantificar. No solo perdió la batalla y la guerra, se ha ganado el odio profundo de un puñado de jefillos de Casas que ya han pasado a felicitarme por mi excelente trabajo salvaguardando sus taifas respectivas y ya han advertido a los suyos, a los que fueron elegidos en secreto, que tienen tarjeta amarilla y mejor se andan con cuidado si quieren seguir en el terreno de juego. El día que en mi empresa haya un oponente digno de luchar contra mi, me hago culocochista como Genín y Virtuditas.


  • El Palacio de Schönbrunn desde la Glorieta con la ciudad al fondo

    20 de febrero de 2019

    Trepamos a la azotea de la Glorieta y miramos hacia el palacio de Schönbrunn, qeu desde allí se ve perfectamente alineado con una avenida en la ciudad, con sus jardines frontales perfectamente arreglados. .A la izquierda de los jardines hay un laberinto que creo que no veremos y que también visité con la entrada combinada que tenía. Creo que de ese lado también hay un zoológico pero al trabajar en una multinacional japonesa, ya veo suficientes bestias en la oficina y no me llama la atención lo de los zoológicos. Me parece que veremos otros jardines muy bonitos que están a la derecha del palacio, por donde tenían los invernaderos, ya que sacaban los árboles que no aguantaban el frío en primavera y los ponían en los jardines y los volvían a meter en los invernaderos en invierno.

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