En un pasado muy lejano yo era más de bicicletas con muchas velocidades y con frenos por todo el volante. En mi evolución (o involución), he llegado a un punto en el que prefiero las bicicletas a contrapedales y de velocidad única, las veo más estables y sencillas y además, requieren muchísimo menos mantenimiento y si quiero ir más rápido, hago más ejercicio y cuando tengo que frenar, los contrapedales son épicos y legendarios. En aquellos tiempos pasados, una de mis bicicletas residentes en casa era esta Bicicleta Batavus a la que le hice la foto en febrero del 2011 y que murió unos años más tarde. Hoy la volvemos a ver y le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Oudegracht a la altura del Oudaen
Ya lo hemos visto en varias fotos y hoy regresamos al Oudegracht, el canal más famoso de la ciudad de Utrecht y el lugar por el que uno va si quiere ir de copas o a cenar en la ciudad porque está petado de restaurantes y bares. Al contrario que Amsterdam, en el Oudegracht te puedes sentar en terrazas a la altura del agua, como se puede ver en la foto. El lado derecho del canal lo estaban restaurando en febrero y por eso está la valla de madera esa tan rara. El puente que se ve al fondo es el Viebrug, que lleva ahí, en diferentes iteraciones desde el siglo XIII (equis-palito-palito-palito), igual que el Oudaen que vemos a la izquierda, una casa/castillo en el interior de la ciudad que puede presumir de tener más de setecientos años. En el sótano, a la altura del canal, fabrican su propia cerveza, y en el nivel del agua y en la planta baja hay una cervecería en la que también se puede comer. En la primera planta hay un restaurante mucho más caro y lujoso. El barco que se ve al fondo hace un tour de una hora muy interesante. La taquilla está junto al puente. Al contrario que en Amsterdam, que hay cientos de barcos apatrullando los canales con turistas, aquí la experiencia es de un paseo por hora y en el que te cruzas con muy pocos barcos y absorbes la cultura de la ciudad.
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La distorsión del tiempo
Ayer bajé a Playa del Inglés, que ahora y por maravillas del futuro que se ha hecho presente, tiene, a la entrada misma de la playa un cartel enorme que dice M A S P A L O M A S, algo que aún estoy tratando de procesar ya que no tiene ningún sentido, aunque ambas playas estén unidas y en realidad sean una, eso de reescribir la historia de manera tan zafia da asco. La cosa es que no iba por allí desde los noventa y pico, vamos que la última vez que recuerdo haber pasado por aquel lugar fui a quedarme en la autocaravana de un colega un fin de semana en el que los cuatro que fuimos lo pasamos mayormente borrachos. De aquellos años, mi recuerdo de la zona de entrada a la playa es que había un mega-aparcamiento y ayer, cuando llegamos al mismo, como que se ha encogido, lo cual es imposible porque no han construido nada por allí, con lo que la única explicación posible es que mi memoria haya distorsionado ese recuerdo y le haya metido un fáctor de multiplicación, porque es un aparcamiento bien normalito.
Nos pasa con muchas cosas que viven en nuestra memoria como recuerdos de tiempos pasados, cuando nos las volvemos a tropezar, hay un ajuste de realidad, una disminución del recuerdo para ponerlo a niveles reales. Igual que en este caso fue con un aparcamiento, puede ser con un lugar que en nuestra cabeza es gigantesco o con una persona que recordamos súper-guapa o mega-gorda y que revisitando fotos o simplemente tropezándonos con ella, nos damos cuenta que no es así, que era más bien sosa de aspecto o rellenita pero no obesa.
Me pregunto como sería viajar atrás en el tiempo y volver al camping de Tauro en el que pasé los fines de semana de una década, o cuando iba a la guardería y nos sacaban para llevarnos al cine los viernes, algo que en mi cabeza tiene calificativos de auténtica aventura y seguramente no era nada mas que un vulgar paseo de un par de calles.
Seguro que esta distorsión tiene algún propósito y seguro que algún científico o sub-intelectual ya la ha estudiado.
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Zona del comedor vacía en el Club de las 500
Hace más de doce años, lo cual nos da una idea de lo ancestral que es el mejor blog sin premios en castellano yo estaba amueblando mi nueva keli y uno de los cambios más fundamentales fue la mesa para el papeo, una que uso todos y cada uno de los días para desayunar y cenar porque eso de comer viendo la tele o por otro lado no es lo mío, a mi me gusta sentarme en mi mesa. Originalmente tenía una cutrísima de esas de la tienda sueca que se sostenía por su propia voluntad o algún milagro y cuando la quité aproveché para hacer la foto de hoy, que además tiene la aberración de papel de empapelar con la que me vendieron la casa. La imagen la vimos en la anotación La mesa nueva en mi casa y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.



