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  • El pecio vietnamita, la campana marina y la playa romántica

    30 de mayo de 2018

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur

    Mis días en las Perhentians ya han cogido un ritmo relajado y de cachondeo y cosa buena, con días simples y que se repiten una y otra vez. Es levantarte, desayunar, ir a bucear, o desayunar después del primer buceo, bucear de nuevo una o dos veces más, ir a la playa, ducharse, escribir la anotación, cenar y dormir. Una rutina pensada para recuperar fuerzas, coger color y para poco más. Anoche me quedé dormido sobre las nueve y media pero que nadie se piense que me hice un Virtuditas que a las seis de la mañana ya me levanté y a las ocho estaba en el centro de buceo. Mi primera salida era con Bik, el maestro de buceo con el que estoy saliendo casi siempre y fuimos al pecio vietnamita, una especie de plataforma que se usaba para llevar refugiados y que se hundió cuando la llevaban a puerto para reparar en 1946, sin gente abordo. Está al suroeste de la isla, no muy lejos. Bajamos siguiendo la línea de la boya y el lugar es una estructura casi cuadrada, sin forma de barco. Hay una abertura en el medio por la que se puede cruzar, como un túnel y lo hicimos, muy pero que muy bonito. Volvimos a toparnos con una serpiente marina, vimos peces globos gigantescos, bancos de peces de todo tipo y algún pez escorpión. La profundidad máxima fue de veintitrés metros y salimos cuando nuestros computadores ya no nos permitían seguir en el fondo, ya que no hay nada más, así que la duración total fue de cuarenta y dos minutos. Aunque alguno pueda creer que esto de bucear es tirarte sin más, hay que seguir a rajatabla lo que te indica el computador en lo relativo a la duración de la inmersión dependiendo de tu profundidad. Según la marca de computador que tengas el tiempo puede variar ligeramente porque los algoritmos no son únicos. En nuestro caso, salimos del fondo cuando el computador de Bik le avisó que le quedaba un minuto a esa profundidad. El mío marcaba dos pero yo estaba un poco menos profundo que él.

    En la parada aproveché para ir a desayunar y la segunda inmersión, a las doce, era en el lugar llamado el Faro o la Campana marina, aunque no hay ni faro ni campana, solo una baliza para barcos, ya que la tecnología ha avanzado un montón. En esta segunda inmersión el maestro de buceo iba a ser Alex, un chaval que está estudiando para convertirse en maestro de buceo y Bik venía para ver como hacía su trabajo. Primero llevamos a un chamo a la playa romántica, que está cerca, para una inmersión de descubrimiento de los mundos submarinos, con otro de los maestros. En este caso nuestra inmersión era por una zona con rocas y arena un poco alejada de la costa y con una profundidad máxima de quince metros. Había bastante corriente submarina que enturbiaba la zona al mover la arena con lo que malamente se veía a más de tres metros de distancia. Me las apañé para ver una serpiente marina, la tercera consecutiva, vimos una morena de un tipo pequeño y de colores vivos que hay por aquí, alguna manta y un banco de barracudas. La falta de visibilidad no ayudaba mucho y al final como que se perdió el maestro de buceo y salimos a unos cien metros del lugar en el que habíamos planeado.

    Tras la parada para recuperar seguimos con otra inmersión, en este caso era mi turno para ir a la playa romántica, de nuevo con Bik, solo que en lugar de bucear por la playa, lo hicimos por las rocas que hay cerca de la misma en la costa. En esta tercera la profundidad máxima fue de doce metros y la duración de la inmersión fue de cincuenta y dos minutos. El agua estaba por allí a treinta y un grados y se me empañaban las gafas continuamente con el agua tan caliente con lo que las tenía que limpiar continuamente debajo del agua. Aún así, apenas gasté aire. Vimos otra manta, unos peces con los labios enormes que parecen pellejas dopadas de botox, había unas formaciones de corales fantásticas y mucho pescado pequeño que se esconde en las mismas. También estaba toda la familia política de NEMO en la zona, cada anémona en el fondo tenía a su papuchi, su mamuchi y su camada que protegían cuando te acercabas demasiado. Fue una inmersión muy relajada.

    Al salir se había nublado un poco el día así que nos quedamos charlando en el centro de buceo con una pareja inglesa que en la misma inmersión hizo su descubrimiento de los fondos marinos en la playa con otros dos maestros de buceo. En resumen, otro día de más de lo mismo. Mañana, más.

    El relato continúa en El día que buceamos junto a los peces loro cototo verde

  • Jan Pieterszoon Coenbrug

    30 de mayo de 2018
    Jan Pieterszoon Coenbrug

    En la misma zona en la que estamos viendo casas flotantes tenemos el puente Jan Pieterszoon Coenbrug, casi tan viejo como Genín ya que se construyó en 1902. Es un puente de doble apertura y para abrirlo hay que hacerlo en ambos lados. El puente no es muy ancho y permite el tráfico de vehículos (hasta cierto peso) y en la foto vemos un coche pasando. El canal sobre el que está el puente es el Leidse Rijn. Al estar fuera del centro la ciudad, los turistas ni se enteran que muy cerca de la estación central de Utrecht hay unos puentes preciosos y bastante antiguos. Escondido tras las ramas del árbol que está detrás se puede ver la silueta de un molino al que también llegaremos, uno de los dos molinos que quedan en la ciudad de Utrecht.

  • Buceando en el arrecife secreto y en el pecio del azúcar

    29 de mayo de 2018

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur

    Mi segundo día de buceo y ya más o menos adaptado a la relajada vida en las Perhentians, sin mucho que hacer y a un ritmo que te pone en un modo de vacaciones total. Me levanté temprano y a las siete y media, cuando comenzaron a servir los desayunos, yo estaba allí el primero. Después me fui al club de buceo y hoy en la primera inmersión, la de las ocho, no se había apuntado nadie más. Como saben que yo estoy al nivel de los grandes buceadores de la historia organizaron una visita a un lugar al que no han ido desde hace dos años y al que no llevan a cualquier desgraciado que se presente aquí porque es complicado y es profundo y el tipo de buceador que hay visitando estas islas son gente que o viene a hacer aquí el curso o no tiene mucha experiencia, como pude ver el día anterior con la gente que se bebe el tanque de aire como si fuera leche machanga. Se vinieron casi todos los maestros de buceo del club así que pese a que yo era el único cliente, venían cuatro buceadores conmigo para disfrutar del lugar, ya que el sitio al que íbamos es de eso, de disfrutar. Lo llaman el arrecife secreto y está al noroeste de Pulau Perhentian Kecil o la isla pequeña, que es en la que me estoy quedando, entre esta y un grupo de islotes. En realidad los buceadores querían tener este sitio marcado pero los pescadores no están de acuerdo y cada vez que ponen una boya la cortan. El dueño del club, que nació en esta isla, conoce la ubicación, pero en plan marcas, algo que me recordó a cuando iba a pescar con mi padre en su barquilla y buscábamos el sitio en el que estaba el pescado y era siempre con movidas raras como que se tenía que ver la fábrica de cemento de Arguineguín, el faro de Maspalomas y un saliente de la cosa yendo a Mogán y después mirabas hacia el centro de la isla y todo eso junto con la visión de uno de los roques y resultaba que allí estaban las brecas. Esto es igual, el colega tenía sus marcas en base al pequeño archipiélago de islotes y a nuestra isla y colocó la barca, lanzó una línea con plomos y tanteaba el fondo buscando rocas. Se equivocó en una de sus marcas en los dos primeros intentos pero en el tercero dio con el lugar. Todos nos preparamos, nos lanzamos al agua y allí había excitación. Usamos la línea con la plomada como referencia para bajar al fondo, casi a treinta metros, con lo que el tiempo que íbamos a permanecer allí lo marcarían nuestros computadores de buceo y no sería mucho así que había que asegurarse que fuera precioso. Descendimos y fue llegar, en un fondo de mar de arena y alrededor del conjunto de rocas enormes hay una cantidad brutal de vida, con bancos gigantes de barracudas, meros enormes y durmiendo entre las rocas, una cantidad dantesca de tiburones bambú, unos que al parecer tienen algo especial que les permite dormir sin moverse y se esconden entre rocas durante el día y salen de caza de noche. En un sitio determinado teníamos cinco tiburones en línea juntos. Allí todo el mundo hacía ruido y avisaba a los demás porque miraras a donde miraras, había algo. Parecían chiquillos con un juguete nuevo. Vimos de todo y siempre con bancos gigantescos de peces dando vueltas a nuestro alrededor. Cuando los computadores se acercaban al límite para una inmersión sin descompresión, comenzamos el ascenso y a media agua nos pilló una nube de medusas pero no de las que pican, muy bonitas. Salimos con todo el mundo flipando y volvimos en la barca al club.

    La siguiente salida fue a mediodía y en esa se vino una pareja que hablaban en español entre ellos pero que resultó que ella es búlgara y él es italiano, pero ambos han vivido en países de habla hispana y es el idioma común. No tenían casi nada de experiencia y de hecho, el tío se bebió la botella con unas ganas que no veas. Fuimos al pecio del barco del azúcar, llamado así porque el barco que se hundió allí transportaba eso, pero que obviamente no es el nombre del barco. No está mu profundo, se hundió hace unos quince años y tiene muchísima vida, aunque la zona al ser arenosa y con corriente decían que la visibilidad podía ser mala. Está a medio camino entre las islas y el puerto desde el que se viene en la costa, así que en el camino iban paralelos a nosotros un par de barcos con gente que regresaba a la península. Enganchamos una de las boyas y la usamos para bajar. El pecio está de costado y hay unos tamborines gigantes, está medio abierto y se puede entrar y salir por algunas partes y en una de esas aventuras nos topamos con una serpiente marina y salimos por patas. Vimos algún tiburón bambú escondido, vimos peces león, bancos de barracudas, tanto de pequeñas y jovencitas como ya grandes y se ve que los peces agradecen que haya algo en el fondo del mar aparte de la arena porque el lugar está petado. También había una cantidad ingente de erizos y uno de ellos se había colocado sobre un cangrejo y era un cachondeo ver aquel erizo con patas que se movía rápidamente. Antes que Virtuditas me acuse, decir que lo encontramos así. Después de treinta y cinco minutos el italiano se había bebido el aire y tuvimos que salir. Estuvo bien pero la visibilidad era bastante escasa. Regresamos al club y para el resto de la tarde, cogí la toalla y me bajé a la playa a tomar el sol y pegarme un pedazo de siesta épica, antes de volver a la habitación para ducharme, ir a cenar y después escribir el relato de lo que sucedió en el día.

    El relato continúa en El pecio vietnamita, la campana marina y la playa romántica

  • Calle y canal con casas flotantes

    29 de mayo de 2018
    Calle y canal con casas flotantes

    Llevamos ya unas semanas viendo casas flotantes y siempre lo hacemos como unidades independientes, así que hoy nos paramos a ver uno de los canales en la ciudad de Utrecht que tiene sus casas flotantes. Vemos que es una calle con sus casas y que tras la carretera, en el canal, se dio permiso para la instalación de las casas flotantes, que están colocadas una tras otra. Al otro lado del canal, del que yo hice la foto, no hay ninguna pero en esas casas la privacidad es relativa. Con la manía holandesa de no poner cortinas, cuando cualquiera pasa por donde yo hice la foto, se puede ver la vida y milagros de las familias que viven allí. La dirección postal de todas esas casas flotantes es en Leidsekade, que es la calle que hay entre las casas de ladrillo y ellas. El puente que se ve al fondo es el Jan Pieterszoon Coenbrug y creo que lo veremos con más detalle en alguna otra foto. Si seguimos pasado el puente hasta el final del canal, allí nos espera la estación de Utrecht Centraal. Calle y canal con casas flotantes

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