Ayer vimos el Hefestión de Atenas con su fachada del lato este y hoy estamos en el otro extremo, en donde también tenía fachada y personalmente pienso que se ve mucho más bonito. En esa parte de la colina es posible alejarte un poco del edificio y la imagen está menos distorsionada. Del templo de Hefesto y de Atenea Ergané desaparecieron los ornamentos de la fachada, seguramente en la época en la que lo convirtieron en iglesia. Tampoco se sabe el nombre del arquitecto que lo diseñó, aunque pese a los rumores se ha confirmado que jamás de los jamases fue un comemielda truscolán. El edificio se construyó en mármol pentélico
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La Bahía de Manila de día y de noche
El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones
Sin la tensión de tener alguna actividad programada, el último día en Manila y las Filipinas me dejé ir jugando con el iPad y me levanté tarde. Después me duché y salí a desayunar. El hotel tiene un restaurante chino que al parecer da también desayunos pero como que pasé y me busqué un café de toda la vida. Tras el desayuno, cogí la cámara y me fui al Paseo de la bahía, el borde Del Mar y en el que han hecho una especie de cutre-paseo. Llegar allí solo suponía pasar por una plaza en la que todo el mundo me miraba como carne de cañón y más cuando veían mi cámara. Crucé en un semáforo y bueno, el paseo de la bahía de Manila tiene un problema pequeño, minúsculo que yo diría. Parece que todas las aguas residuales de la ciudad van directamente al mar y están allí, en la rodillita. El agua era como una gigantesca cloaca, el hedor era similar al que hueles cuando aterrizas en alguno de los aeropuertos truscolanes y sabes que están rodeado de mierdas y tras hacer un par de fotos, salí por patas.
Me pillé un Grab a la terminal de barcos desde la que fui el año pasado a la isla de Corregidor. Sabía que tienen cruceros en la bahía de Manila por la noche y quería apuntarme a uno. Resultó que los dos primeros, a las cuatro y a las seis y pico estaban completos así que compré mi billete para el de las ocho. Lo mejor es no mirar los comentarios en tripadvisor ya que mucha gente dice que el hedor a mierda durante el crucero no cesa y como además te dan comida pues comes con ese olorcillo en la nariz.
La terminal de ferry está cerca del Mall of Asia así que entré en el mismo, busqué los cines y pregunté por la siguiente película, que comenzaba en diez minutos y me compré mi entrada. Entré al cine a verla y así maté unas dos horas y media. Al salir, mega-paseo por El Centro comercial, que es gigantesco y finalmente encontré un sitio que me gustó y almorcé allí asumiendo que la cena seguramente me la saltaría y me dedicaría a hacer fotos. Mi última parada fue en el supermercado para aprovisionarme de bolsas de mango seco, que he comprado en una cantidad suficiente para llenar mi bolsa de cuarenta litros. Es lo único que voy a llevar desde las Filiipinas de vuelta a Holanda.
Después me pillé un Grab al hotel para dedicarme a prepara la bolsa ya que hasta las siete y media no tenía que estar en la terminal del muelle y regresaría tarde. Aunque la distancia al puerto eran unos dos kilómetros, me tomó más de media hora llegar en taxi, la única opción a menos que quieras una muerte horrenda y decidas caminar al lugar. En el muelle, me asignaron una mesa en el barco y esperamos hasta que comenzó el embarque. Mi mesa, porque resulto que era una mesa solo para mi estaba en la cubierta superior del barquillo. Salimos en hora y al momento descubres la razón por la que el crucero en la bahía de Manila es nocturno. Con la poca luz que escapa del barco se podía ver que estábamos completamente rodeados de basura. En al menos tres ocasiones chocamos contra algún objeto grande, seguramente un cadáver flotando o una nevera. Al pasear de noche, se puede ignorar el tema. La comida era un falso bufete en el que te ponen en el plato una cierta cantidad de cada cosa y si sobra puedes repetir. En la parte del crucero en la que comimos, que en mi caso fueron cinco minutos, no había olores raros pero cuando el barco giró en cierto lugar, el tufo a cloaca y mierda era épico y legendario. Hice mis fotos y una hora y media más tarde regresamos a puerto y desde allí pedí un Graba para volver al hotel.
Fotos y vídeos relacionadas con esta anotación están en En la bahía de Manila por la noche y el relato termina en Un día entero regresando a casa
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Hefestión de Atenas
El templo de Hefesto y de Atenea Ergané o Hefestión está en la cima de la colina llamada Colonos Agoreo. Probablemente el edificio ha llegado hasta nuestros días porque desde el siglo VII (uve-palito-palito) hasta casi mediados del siglo XIX (equis-palito-equis) fue una iglesia. En su fachada tiene varios ornamentos esculpidos. En esta imagen lo vemos desde el este y mañana tendremos otra foto de la otra fachada del edificio. En la actualidad no es posible acceder al mismo, hay que verlo por fuera.
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De Coron al infierno de Manila
El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones
Finalmente llegó el día en el que comenzaba el Gran Retorno, una vuelta con varios pasos. Por desgracia, ni el Nido ni Coron son aeropuertos internacionales con lo que hay que volver a Manila o Cebu para poder regresar a casa. Temiéndome el retraso habitual de los vuelos nacionales en Manila, elegí El Segundo del día, a las diez menos diez de la mañana. Me levanté temprano y a la hora en la que comenzaban los desayunos en la pensión, yo ya estaba allí, ya que quería evitar a los dos viejos que llegan y piden el desayuno de toda su familia, que son como diez y después las chicas se pegan veinte minutos preparándolo. Esta vez se jodieron porque cuando aparecieron yo ya estaba esperando el mío y además me senté en su mesa favorita y hasta consideré el mearla alrededor para marcar el territorio. Entre las siete y las siete y media de la mañana supuestamente me recogían para llevarme al aeropuerto. Tras desayunar, lavado de dientes y rápidamente terminé de empaquetar. A las siete y un minuto estaba la furgoneta en la puerta. De mi pensión iban dos más y en el vehículo había dos filipinas. Pensé que haríamos el tour del pueblo recogiendo gente pero no, el tío salió por patas. Probablemente batió varios records de velocidad y puso nuestras vidas en peligro más de una vez, pero parecía tener una misión y estar dispuesto a completarla. En un tramo cerca del aeropuerto en el que la carretera es una línea recta, un pájaro de esos pescador está en la misma. El colega ni redujo la velocidad ni se pasó al otro carril. Mató al bicho sin escrúpulo alguno.
Al llegar al aeropuerto había aterrizado el primer avión del día y la razón de su prisa es que tenía que recoger a unos japoneses, un grupo de doce que han venido a bucear en el Fun & Sun y que debían llegar ese día. Curioso como los caminos de la gente se cruzan. Fuimos los primeros en el aeropuerto. El control de seguridad es de pura risa y de hecho, se me olvidó quitarme los auriculares bluetooth y sacarme algunas cosas de los bolsillos y los arcos no pitaron. Con mi tarjeta de embarque en la mano, entré en la sala y me senté. Faltaban dos horas para el vuelo. Pronto, el GooglEvil anunciaba veinte minutos de retraso, después treinta y más tarde una hora y diez. Por la megafonía también lo dijeron, que por congestión del aeropuerto de Manila, el avión vendría con retraso. De hecho, el avión llegó al mismo tiempo que el tercero del día. Iban a comenzar el embarque con nosotros pero cambiaron de idea y decidieron que primero el otro. Se montó una pelotera allí, la acarajotada que recogía las tarjetas de embarque no se enteraba y mezcló pasajeros de los aviones, después un grupo de gente se le fue por la pista para hacerse fotos, todos corriendo a pararlos, el resto que tiró para el avión sin tener permiso, en fin, que ni los hermanos Marx podrían haber organizado un embarque más caótico. Finalmente, con los dos aviones llenos, decidieron qeu el nuestro iría primero. Despegamos y tardamos una hora y diez minutos en llegar a Manila. Era un ATR-72. Dos minutos por detrás de nosotros venía el otro. Al salir del avión, poco menos que le tienen que dar hostias a la gente para evitar que se vayan por el aeropuerto a hacerse fotos. Recogí mi maleta, busqué el mostrador de Grab y pedí un coche con mi App para llevarme al hotel. Precio del viaje, tres leuros. Si lo puedo evitar, jamás volveré a coger un taxi en Manila, los taxistas son todos unos ladrones y los taxímetros los tienen trucados. No había mucho tráfico y el viaje fue relativamente rápido.
Mi hotel era el Red Planet Ermita. Tiene el mismo aspecto que todos los de la cadena y eso ome gusta. Nunca había estado en esta parte de la ciudad y es una mierda. Es la zona de los hoteles, la zona de las putas, la zona de los nichos que son adictos a esnifar pegamento y que pueden cometer crímenes impunemente, es la zona de los mendigos y es la zona DE LA MIERDA. El hedor de las cloacas es insoportabaes, cuando no ves una directamente rebosándose en la calle. A unos ochocientos metros del hotel está el Robinsons, un centro comercial con cine. Fui para allá y tras esquivar a pordioseros y niños tratando de robarte en los bolsillos entré. Vi una película, cené allí y por suerte, comenzó a llover cuando salí y eso parece que distrajo a la chusma y la gentuza.
Lo repito y lo tripito. Manila es una mierda de ciudad. Si no fuera por el riesgo de retrasos y cancelaciones, jamás pasaría por ella.
La foto y el vídeo con lo que sucedió este día lo podéis ver en Yendo a Manila desde Coron y el relato continúa en La Bahía de Manila de día y de noche


