Después de echar un kiki en el lupanare podías aprovechar y pasar por las Terme Stabiane y relajarte con una sauna o un baño. Supuestamente, este es el edificio más antiguo de la ciudad de Pompeya y se construyeron en el tercer o cuarto siglo antes de Cristo. En la foto podemos ver las columnas de los edificios que formaban el complejo desde el patio interior de las termas.
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Constipado
El lunes en mi empresa al parecer teníamos un nuevo experto en el milenario e imposible arte del control del aire acondicionado del edificio. Al parecer los cuatro o cinco expertos anteriores no eran lo suficientemente expertos y nunca llegaron a descubrir la solución del problema por lo que se trajeron a este, mucho más fabuloso que los demás y el colega tocó algo en el sistema. A media mañana yo ya comenzaba a mostrar síntomas de resfriado y a las tres de la tarde, era ya obvio que el joputa consiguió crear corrientes de aire frío dentro del edificio y que me pillaran a mí. Sabiendo que lo peor estaba por llegar, opté por llevarme el portátil a mi casa. El lunes por la noche, el festival de estornudos y los hilos de agua que caían por mi nariz sin parar pronosticaban una noche épica. Me puse Tiger balm junto a las fosas nasales pero no sirvió y se me cerraron. Durante la noche, me desperté continuamente, a veces muerto de calor, a veces helado o directamente no me dormía. Fue una noche de parranda. Por la mañana, conecté el ordenador en mi casa y trabajé como un campeón desde allí, moqueando a destajo. Sobre las diez y media tenía hora para mi médico de cabecera y fui a verlo ya que siempre es bueno que te vea cuando realmente estás enfermo. Le conté mis planes de automedicación y él estuvo de acuerdo. El resto del día lo pasé a trompicones. Por la noche la cosa mejoró un poco y mi segunda noche de resfriado no fue tan mala, con únicamente dos interrupciones a la una y media y a las cuatro y media, momentos en los que aproveché para sonarme y beber agua antes de volver a caer dormido.
Hoy he seguido trabajando desde casa, he optado por pasar de la clase de italiano y durante el día la cosa ha ido mejorando un poco. Aún estornudo de cuando en cuando pero ya no es algo tan dramático como ayer. Mañana reiniciaré mis rutinas, iré a trabajar, iré al cine, iré a caminar y con suerte, el catarro pronto será algo del pasado. En la oficina, a menos que ya hayan botado a ese cabrón, mañana me veo con el poncho peruano que tengo, con los guantes y con el gorro paseándome por el edificio para que hasta la recepcionista se entere que los de recursos inhumanos la han vuelto a cagar, hasta el fondo.
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El lupanar de Pompeya
Otra de las actividades profusamente documentadas en Pompeya es la de los puticlubs, siendo la casa de putas más famosa y más grande la de la foto de hoy, que además está muy cerca del Foro, en el mismísimo corazón de la ciudad. Este lupanar tenía diez estancias para chingar, todas con una cama de ladrillo sobre la que se ponía el colchón, con lo que no hay manera de escoñar la cama. En las paredes del lupanar habían pinturas eróticas y graffittis que han llegado hasta nuestros días, como ese que dice Hic ego puellas multas futui, que mi profesor de latín, Cafalé, traduciría como aquí empalé a muchas chicas aunque yo prefiero la traducción más tradicional de truscoluña ni en un puticlub es nación. Este edificio también explica algo que se da en Gran Canaria y que nos distingue como intelectuales del máximo nivel, ya que allí a las hembras jóvenes pelanduscas de Vecindario y alrededores se les denomina lobas. En latín, una lupa o loba era un putón verbenero, probablemente hasta se recubrían de lycras como las de Gran Canaria. Fijaros también en las aceras en la calle y en las piedras de la calzada que son super-hiper-mega originales. Los pedrolos grandes en la calzada dejaban pasar las ruedas de las carretas pero como algún truscolán se quisiese pasar de original y no adaptarse a las medidas estándar, las iba a pasar requeteputas. Y después me dicen a mí que el turismo cultural es aburridísimo.
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Restaurantes en Pompeya
Una de las cosas que te rompen los moldes cuando visitas Pompeya es el descubrir que hace dos mil años ya había locales para comprar comida, una especie de restaurantes. Yo tenía ese mundo idealizado y pensaba que todos comen en casita pero resulta que no, que si te apetecía tenías un montón de sitios en la ciudad en los que preparaban comida, la cual estaba en unas especie de ánforas de las que se pueden ver los huecos en el mostrador. Por supuesto, el menú era fijo pero aún así, algo alucinante. Había varios locales y dado que no quiero que la serie sea infinita, me quedo con esta foto en donde también se puede ver una bonita pintura en la pared.



