Entre el monasterio de Maha Aungmye Bonzan y la Htilaingshin Paya había varias estupas rodeadas por la jungla, que había recuperado el terreno perdido una vez que la gente dejó de limpiar el lugar. Ya no me acuerdo si hice la foto desde la estupa o desde el monasterio pero lo que sí recuerdo es que ni de coña me atrevía a acercarme a la estupa de la foto porque el lugar estaba plagado de alimañas salvaje y después de algunos encuentros con serpientes y sabiendo que en Birmania este tipo de animales tienen el dudoso privilegio de provocar el mayor número de muertes entre humanos al año, me conformé con esta imagen de la estupa y la selva que la rodea.
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Trabajando en el jardín
Mi pequeño proyecto en el jardín de mi casa ya está listo para entrar en la fase de ejecución y ha coincidido con mi semana de vacaciones, con lo que tendrá que retrasarse un poco. Cuando lo imaginé, lo vi como una cosa que hacía en un par de tardes y poco menos que con la punta de la polla, como hacía Harry chapaPotter todo, un pequeño hechizo y ya está. La realidad no siempre entiende estas cosas y han sido casi tres meses de trabajo, limitados sobre todo porque la cantidad de basura de jardín que puedo generar semanalmente es de un contenedor, dos si uso el de mi vecino, lo cual ha sucedido en varias ocasiones.
El proyecto es sencillo. Eliminar una franja de plantas de catorce metros de largo y ochenta centímetros de ancho y reemplazarla con césped. La ventaja es que el mantenimiento no me tomaría más de cinco minutos a la semana, combinados con el otro césped que tengo que cortar y me ahorraría horas y horas y horas de podar y quitar malas hierbas. Para limpiar esa franja he tenido que cambiar al menos tres árboles de lugar, dos de ellos en invierno y el tercero antes de que comenzara la caló, trasplantar una pequeña parra, algo que también hice en invierno y después vino lo peor, limpiar esa franja de malas hierbas y quitar tierra, un montón de tierra y encontrar los cientos de bulbos que había bajo la misma. Todo el mundo dice que Holanda se hunde pero mi jardín parece estar en la nueva cordillera de montañas holandesas porque el jardín está algo elevado y debo haber extraído más de dos mil kilos de tierra contaminada con raíces, bulbos y todo tipo de semillas. Esa ha sido la peor tarea, junto con trasplantar algunas plantas que crecen cubriendo el suelo y que he colocado en varios lugares para que no quede un hueco favorito para los gatos y que así tengan su rinconcito para cagar, aunque este año en mi jardín solo ha entrado un gato una vez, ya que los aspersores con sensores de movimiento funcionan como las metralletas de la película Aliens y los castigan con chorros de agua y esas bestias despreciables como truscolanes han aprendido que entre eso y la ingente cantidad de zarzamoras que tengo protegiendo el perímetro, no son bienvenidos en mi jardín.
Junto a la tarea de quitar la tierra, limpiar, airear y aplanar, he tenido que cortar metros y metros, quizás kilómetros, de zarzamoras, que han pasado de la primera que planté a ser unas veinte y que crecen sin parar. En el lado positivo, he cosechado un montón de kilos de moras. Entre pitos y flautas dejé completamente olvidada la parte delantera de la casa, que se convirtió en una selva de malas hierbas y con un árbol desbaratado. Hace una semana eliminé las malas hierbas, básicamente medio contenedor con todo lo que quité y ayer podé y adecenté el árbol. La cantidad de ramas y hojas era de tal magnitud que mi vecino creía que me haría falta su contenedor y me lo ofreció, aunque le dije que me podía apañar. Estuve hora y media cortando las ramas en trocitos de unos diez centímetros de largo, algo que me enseñó mi padre y poco a poco, todas las ramas fueron encontrando su lugar en el único contenedor que usé y que quedó petado hasta la tapa. Cuando estaba acabando mi vecino salió y no se podía creer que hubiese metido todas las ramas en aquel espacio.
Si todo sale como está previsto, dentro de una semana tendré diez rollos de césped y quince sacos de tierra para crear la que será conocida como la Franja este y que espero tener acabada antes del comienzo del otoño. Al menos este año, la cantidad de hojas y ramas que tendré que recoger en otoño será muy inferior.
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Otra imagen del Maha Aungmye Bonzan
Ayer veíamos una foto de este monasterio y hoy repetimos, aunque mirándolo desde el lado opuesto. El edificio es precioso, lleno de salas con Budas y quizás porque está abandonado tiene aún más encanto. El monasterio tiene la misma arquitectura enrevesada y llena de detalles que hacían con la madera pero en ladrillos. Una de las cosas que más me gustaron de Birmania y quizás porque visité el país antes de que lleguen las hordas de turistas es que todos estos monumentos son de libre acceso, simplemente vas al lugar y entras en todos lados, lo curioseas todo y nadie te dice nada. Además de los murciélagos, en el lugar también había alguna serpiente. La nube gris que se ve de fondo finalmente trajo un montón de lluvia y tuve que refugiarme en una de las habitaciones durante una hora y casualmente me topé con una serpiente que también había elegido el lugar. Después, mientras cada uno huía en una dirección opuesta, me crucé con otra y un buen puñado de murciélagos.
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Maha Aungmye Bonzan
El monasterio de la foto de hoy fue construido en 1818 y es el único construido en ladrillo, en lugar de la madera tradicional. Lo mandó a construir la reina Me Nu para que fuera la residencia del Preceptor Real. Un terremoto lo dañó en 1838 y lo reconstruyeron en 1873. Por suerte, al ser de ladrillo ha sobrevivido hasta nuestros días, aunque ya no está habitado. En el nivel inferior hay unos túneles que pasan por pequeñas estancias con imágenes de Buda y los túneles estaban petados de murciélagos y de la mierda que cagan, que apesta a amoniaco. Cuando estuve allí yo era el único visitante y el lugar te hace sentir durante unos minutos como un Indiana Jones cualquiera.



