No creo que haya muchas cosas que odie más que hacer la Declaración de la Renta, que es algo que en los Países Bajos tienes que hacer entre los meses de marzo y abril. Básicamente, el verbo procastinar se creó para esta actividad, sobre todo para nosotros los desgraciados que nos sale a pagar. Llega el mes de marzo, o mejor, estamos en la semana final de febrero y me llega a mi keli un sobre azul de Belastingdienst, que es la Hacienda neerlandesa y en el mismo me informan de algo que yo no quiero saber, me dicen que en los siguientes sesenta y un días, tengo que presentar mi declaración de la renta SÍ o SÍ, que no te dejan alternativa. Yo básicamente me meto en mi burbuja en un universo paralelo y durante el mes de marzo, me niego a pensar en el asunto. Después llega el mes de abril y procastino que no veas, aplazo, pospongo, retraso, postergo, demoro, retardo y difiero la mielda de actividad todo lo que puedo, hasta que un día me armo de valor, entro en la página güé del Belastingdienst, que ellos ya me la tienen hecha y echo un grito desgarrador cuando veo la cantidad que me toca pagar. Después voy sección por sección comprobándolo todo, revisando sus cifras con las mías, pero el resultado no varía. Los putos estos consiguen toda la información con una precisión terrorífica.
Cuando terminas la revisión, todavía tienes que enviar la declaración de la renta, pero por si acaso, la dejo ahí, pendiente y comienzo la ronda de quejas con mis amigos. Hablo con uno y el chamo se caga en todos sus muertos porque tiene que pagar y me confirma que, igual que yo, la tiene hecha pero no la manda por si el rey decide perdonarnos. Después hablo con el Moreno y me dice que a él le sale a pagar el doble que a mí y tampoco la ha mandado porque confía en una señal divina. Voy uno a uno lloriqueando con todos mis amigos y todo el mundo me dice lo mismo, que le sale a pagar y que no la han mandado. Como sé que todas las células de mi cuerpo me piden procastinar, pongo un recordatorio en mi agenda para que me obligue a mandarla antes de acabar el plazo porque si te pasas un minuto y la mandas en mayo, igual tienes mala suerte y te cae la primera de muchas multas y esa primera es solo de cuatrocientos sesenta y nueve leuros, que a mí me gustaría saber quién fue el capullo que eligió esa cantidad escandalosa.
Mi amigo el Moreno, cuando llegó este fin de semana y en todos los programas de noticia y en todos los periódicos nos recordaban que había llegado la hora de dejar de procastinar y que teníamos que ejercer nuestro deber cívico, me mandó un mensaje diciéndome que llorando y lamentándose, pulsó el botón de enviar. Yo elegí enviarla el veintisiete de abril, el día del cumpleaños del Rey y día festivo nacional, a las diez y media de la mañana, para que su majestad reciba mi declaración de la renta como un regalo de cumpleaños de uno de sus súbditos.
En Holanda, mandarla no es tener que pagar. Eso puede suceder en un par de meses, por eso todos procastinamos todo lo que podemos, para retrasar nuestro turno en la cola de revisión lo máximo posible, ya que ahora, las revisan, o eso dicen ellos y alrededor de dos meses más tarde te llega una carta azul con la Declaración de la Renta definitiva y es en ese momento cuando tienes que hacer la transferencia y pagar.
Como esto es un palo emocional, he hablado con los de recursos inhumanos y ellos contactaron con los de la parte financiera de la empresa y van a empezar a darme menos dinero en efectivo mensualmente y a poner una cantidad superior en las manos de la hacienda neerlandesa y según ellos, con eso debería salirme una declaración de la renta negativa y puedo volver a aquellos maravillosos años en los que en la mismita madrugada del uno de marzo la enviaba para que me paguen lo antes posible.
