Terminamos esta serie con una imagen del agua de color turquesa, la vegetación que llega hasta la misma orilla y la proa del barco que nos llevó hasta ese lugar. Las islas Perhentian son un destino fantástico para perderte unos días y relajarte hasta niveles inimaginables y que gracias a que no es tan fácil el llegar allí se ha mantenido más o menos bien conservado y a salvo de los desmanes urbanísticos que hay por otros lugares del mundo.
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Déjà vu de Monkey Island
Cuando cruzas en Pulau Perhentian Kecil desde Long Beach a Coral Bay lo haces a través de una jungla bastante espesa. En el camino, además de los ruidos de animales y los eventuales ataques de mosquitos lo más que me llamó la atención fueron los carteles que de cuando en cuando me tropezaba grapados en los árboles. No es solo por el cartel, es por la forma en la que transmiten el mensaje que algo en mi cabeza lo asoció inmediatamente con la legendaria saga de juegos de Monkey Island, aquellas aventuras increíbles con las que destrozábamos neuronas tratando de terminarlas allá por el comienzo de los noventa, una época en la que jugar con tu ordenador no tenía la sofisticación actual y era algo más íntimo y básico pero tan divertido o más que lo que se puede ver hoy en día en los juegos de este nuevo milenio. En el juego habían pistas que te dejaban en ocasiones en posters como el de la foto de hoy, mensajes subliminales que si pulsaban la tecla adecuada en tu línea de pensamiento te llevaban hasta el siguiente acertijo y te permitían continuar adelante.
Igual yo soy la excepción a la regla pero casi todos los días me cruzo con alguien o con algún objeto que en seguida reactiva algún recuerdo pasado y me provoca el escalofrío de un Déjà vu o paramnesia, de estar haciendo o viendo algo que ya he hecho o visto anteriormente. Es totalmente imposible que yo haya estado en ese camino que iba de una playa de la isla a la otra porque mi primera experiencia fue en un juego de ordenador y sin embargo la tuve. Estando allí sentí que no era la primera vez que andaba por ese lugar, que formaba parte de los itinerarios por los que he pasado a lo largo de mi vida. Me pregunto si a alguien más le ha pasado …
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Long Beach desde lo alto
Ya estamos acabando este pequeño paseo por las playas y algunos rincones de las islas Perhentian y antes de dejar la playa de Long Beach subí por uno de los extremos de la playa para tener una vista más general pero no hubo mucha suerte y esto es lo mejor que pude conseguir. Por detrás de mi estaban construyendo unos «chalés» con vistas que estarán super chulos y todo lo que tu quieras pero con el calor que hace allí llegas sin aliento arrastrando la mochila allá arriba.
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Puentes y más puentes
La semana pasada me quedé dormido y salí un poco más tarde de camino al trabajo y me tropecé con un puente abierto. Mientras esperaba a que pasaran los barcos y lo volvieran a cerrar me acordé de la anotación El país de los puentes y los canales y de esa otra velocidad con la que parece que vivimos aquí arriba, relajados y dejando que las cosas sigan su curso natural.
Siempre paso por este puente alrededor de las ocho y cuarto de la mañana y a esas horas no es nada más que una construcción que se construye y forma sobre los ríos, fosos y otros sitios, para poder pasarlos. Ni siquiera soy consciente de la cantidad de puentes que cruzo cada día aunque dependiendo de mi ruta, son al menos seis diariamente y sorprende que si te retrasas tres cuartos de hora y es uno de esos días fantásticos del verano holandés, entonces te topas con que a los puentes se les antoja levantarse y dejar pasar por debajo de ellos a embarcaciones que son demasiado grandes para sortearlos.
Nadie parece ponerse nervioso. Simplemente, esperas, ya estés conduciendo, vayas caminando o con la bici, el tiempo se detiene y disfrutas del momento mientras los puentes suben con gran elegancia y nuestro camino se interrumpe para que el de otros avance. Aquí aprendí que un puente, además del medio por el que puedes llegar al otro lado es también una pausa, un instante para regalarte a ti mismo una sonrisa, disfrutar del azul del cielo o escuchar el zumbido del motor de los barcos que pasan a tu lado.




