Hace cuatro años vimos algunas fotos de Praga y a finales de septiembre del año pasado volví a visitar la ciudad acompañado de mis padres. Durante las próximas semanas volveremos a pasear por las calles de la capital de la República Checa y comenzamos con esta primera imagen del Karl?v most o Puente de San Carlos, uno de los símbolos más conocidos de la ciudad y un puente por el que cualquier visitante de la misma pasará en alguna ocasión durante su estancia. El puente lleva en ese lugar desde el siglo XIV y hoy en día es peatonal. Una parte del mismo estaba siendo restaurada.
-
Bosmongolo, la.
(del neerlandés bosmongool, -golen)
1. adj. bosmongolo (? perteneciente a la élite de subhumanos con perfil en el caraculolibro, tuiterota o en el buss).
2. adj. Perteneciente o relativo a todos aquellos dosputocerolos que son tan estúpidos como para creer que los quinientos amigos que tienen en su caraculolibro, tuiterota o en el bus son reales. La experiencia demuestra que esos subhumanos en realidad no conocen a casi ninguno de esos contactos y definitivamente no hay un afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato, algo que sí sucede en la verdadera amistad.
3. adj. Que padece dosputocerolismo U. t. c. s.
4. m. En lenguaje hablado al referirnos a un bosmongolo se da por supuesto que se trata de una persona que dice estar al día en las últimas tendencias de ingeniería social y saber mucho de todo aunque en realidad no tiene ni puta idea de nada y no deja de ser uno más de los borregos manipulados para seguir las últimas modas de la sociedad de consumo.
5. coloq. pollaboba.
-
Mujer descalza en el club de las 500
Hace ya casi tres años que vimos por primera vez a esta Mujer descalza que me tropecé cuando hacía turismo con mis padres en Barcelona. Supongo que desde entonces habrá tenido tiempo de comprarse unos zapatos o lo tiene que estar pasando muy mal este invierno. Hoy le damos la bienvenida a esta foto al Club de las 500.
-
Fotografiando comida
Esta mañana preparaba el resumen semanal para enviárselo a los familiares y amigos y al llegar a la sección en la que añado las fotos de la comida que he cocinado recientemente me dejé llevar y empecé a comparar fotos hechas hace unos años con las que hice recientemente. Me sorprendió lo mucho que ha ido evolucionando mi fotografía, aún lejos de ser buena ha ido adquiriendo algo de carácter.
En septiembre del año pasado decidí hacer un recorrido por un montón de recetas que he ido guardando (y cocinando) a lo largo de los años y me lo tomé como un pequeño proyecto. Se trataba de mantener unas condiciones más o menos comunes para todas estas fotos y así ir aprendiendo las limitaciones de algo tan complicado como fotografiar la comida.
Encargué en dealextreme una Photo light tent (traducción literal y posiblemente criminal: tienda de luz fotográfica) de 40 por 40 centímetros y cuando la recibí comprobé que quedaba perfecta bajo uno de los focos Philips Ledino de la mesa de mi comedor, el cual genera una luz a 3100 ºK que me permitía ajustar perfectamente el balance de blancos y tratar de conseguir colores reales.
Lo que comenzó como una curiosidad y un entretenimiento fue adquiriendo más y más importancia según salían de mi cocina plato tras plato de comida que retrataba en mi pequeño estudio antes de hincarle el diente. Todas las fotos las he hecho sin usar un flash, únicamente con la ayuda del trípode y de un disparador manual junto a la tienda fotográfica. En ocasiones me serví de la luz natural pero en la mayor parte de las veces fue con la luz de la lámpara Ledino. Tampoco he alterado la comida ni he usado ningún truco para conseguir que aparezca más «auténtica». Lo que se ve es lo que se comió. He tenido grandes problemas con el risotto y los purés ya que no parece que les guste que les hagan fotos.
Este proyecto me ha permitido también darme unos atracones de cuidado, solo o en compañía de otros y he tenido que refrenar la tentación para abrir una bitácora específica para la comida, una especie de fotolog en el que estuviesen las recetas explicadas de una forma muy sencilla y con las fotos en un tamaño mayor al que suele ser habitual. La buena comida no engorda y más cuando procuras que no se convierta en gula y tras todas esas cenas y desayunos sigo en los sesenta y seis kilos y medio, algo que sí que no puedo explicar porque os juro por las bragas de la Rosaura que no he pasado hambre alguna.
Otro efecto colateral ha sido el placer de cocinar por cocinar. He regalado magdalenas, galletas, suspiros, queques, sopas, albóndigas y otras cosillas en cantidades apreciables. Mis vecinos están por poner un altar con mi foto y adorarme por toda la comida que les paso y en mi oficina la gente no deja de venir por mi despacho para ver lo que hay. Hoy mismo al volver a casa iba por el supermercado y me avituallaba para preparar la cena y además comprar los ingredientes de la del miércoles. Después cocinaba un solomillo al vino tinto mientras en paralelo me hacía unos dátiles con beicon para tapear y tras esto hice doce magdalenas que regalaré mañana a dos amigos.
Ya estoy maquinando la próxima ronda de fotos mientras leo un libro sobre fotografía de comida para ver si se me pega algo y creo que compraré diferentes platos y probaré también con diferentes fondos. Y mis amigos, haciéndose los lolailos y reservando fechas para pasar por mi casa a cenar. O eso, o como el Rubio que prefiere invitarme a su casa y que sea yo el que prepare la cena, el desayuno y lo que se tercie.
Si quieres ver las fotos que he ido haciendo, las tienes en el álbum Cocinillas en mi cuenta en flickr.
Y para que no se diga que hablo de fotografía sin poner ni una, aquí tenemos una pequeña selección con algunas de mis favoritas:











