Ir en bicicleta cuando hay viento y la temperatura es de diez grados bajo cero es toda una aventura. Comienza cuando te momificas poniéndote la ropa para que te abrigue y creedme cuando os digo que nunca es suficiente. Yo no vario demasiado mi vestimenta, salvo por unos pantalones que protejan algo más que los vaqueros y las botas con suela bien gruesa para que me aíslen del suelo. Hace poco me compré unos guantes de los que usan la gente que sale a correr a la calle para poder manejar la cámara en invierno sin que se me hielen los dedos y he descubierto que son ideales para llevar debajo de los guantes de invierno porque cuando vas en bici con las manos al volante, los nudillos se te congelan y es una sensación horrenda. Con el viento, la sensación térmica que teníamos esta mañana era de diecisiete grados bajo cero. A esa temperatura, tenía que respirar únicamente por la nariz ya que si trataba de echar el aire por la boca se me congelaba la napia y cuando llegué a mi oficina parecía el Joker, con la sonrisa congelada.
Pese al frío, me encantan estos días fríos. Las comidas saben más ricas y la gente anda contenta por todos lados. Reducimos el ritmo frenético y nos tomamos las cosas con más calma, somos más corteses y más propensos a tener una de esas conversaciones chorras con aquellos que como tú se están pelando de frío mientras esperan el tren que llega tarde o el autobús que acabas de perder o estás en la cola del cine Tuschinski, en la calle y no ves la hora de entrar al interior del edificio y dejar que el ambiente caldeado te abrace.
Esta noche volveremos a alcanzar temperaturas de menos diez grados o quizás incluso menos. Hace unos momentos tuve mi ración de siete grados bajo cero cuando volvía de clases de neerlandés junto a mi profesora y optábamos por una ruta un pelín más larga pero en la que evitábamos un puente que está totalmente cubierto de hielo y en el que es casi imposible no caerte. Aunque solo una parte de mi vida la he pasado en esta tierra, he desarrollado mi propio radar para detectar las situaciones en las que la bicicleta no es un medio seguro de transporte y las evito casi como si me hubiese criado en este país.
Mañana será nuestro último día de frío sin escarcha, volveremos a las temperaturas más normales que rondan los cero grados, uno arriba o uno abajo. Y el jueves, en Turquía me espera también el frío y quizás nieve en Estambul, algo que molaría mazo para hartarme a hacer fotos.




