A la vera de la Cúpula del Reichstag que vimos ayer tenemos la Puerta de Brandenburgo, posiblemente mi favorita en este tipo de monumentos ya que el entorno no es una rotonda llena de tráfico sino una gran explanada en la que puedes caminar y disfrutar en el mismo corazón de la ciudad de Berlín. Hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Una cuestión de servicio
Al llegar a los Países Bajos en el año 2000, una de mis primeras prioridades era la de encontrar un apartamento para alquilar. El primer mes me quedaba en un hotel que pagaba la multinacional que me había contratado y una agencia especializada en reubicación de personas tutelaba mi aterrizaje en Holanda y me guiaban por toda la parafernalia burocrática que hay que pasar.
Todas las mañanas caminaba desde el hotel Ravel hasta Lucent Technologies, un paseo de diez minutos bajo el paraguas, ya que aquel año, el mes de julio llovió todos y cada uno de sus días. En esta caminata cruzaba por la estación de tren de Hilversum y siempre veía autobuses que venían desde Geen dienst y desde Buiten dienst. Los demás lugares no me sonaban mucho pero esos dos me llamaban la atención y como tenía que encontrar un lugar para vivir, los apunté para preguntar a los colegas del trabajo sobre esos sitios.
En mi segunda semana tenía una cita con una inmobiliaria y ese mismo día por la mañana hablé con otra agencia. El hombre me preguntó por mis preferencias y le dije que quería un apartamento a ser posible amueblado en la ciudad de Hilversum y si no, en Geen dienst o Buiten dienst. Se lo tuve que repetir dos veces y después se puso a reírse y me preguntó si estaba de cachondeo. Yo le juraba que lo decía en serio y el tipo terminó por colgarme.
Con este preámbulo decidí ir por el lado seguro y fui a hablar con mi mentor, el hombre que dentro de la empresa hacía las veces de padrino para arreglar cualquier problema que pudiera tener. ?l ya sabía que iba esa tarde a la inmobiliaria así que le enseñé mi lista de localidades y le pregunté la razón por la que me habían colgado el teléfono. Cuando lo vio también se puso a reír y no había forma de que parara. Lo miraba y volvía a reírse y yo seguía sin saber lo que estaba sucediendo. Cuando se calmó, tachó esos dos lugares de la lista y me sugirió que no preguntara por ellos. Yo traté de sonsacarle información y averiguar la razón por la que todo el mundo se cachondeaba con Geen dienst y Buiten dienst, si eran barrios de putas o algún complejo industrial.
Finalmente se apiadó de mí y me dijo lo que significaban ambas expresiones. Geen dienst se puede traducir por sin servicio y Buiten dienst por fuera de servicio y si veía tantos autobuses con esa dirección era que indicaban de esa forma que no continuarían su ruta al llegar al a estación. Me puse rojo de vergüenza. Imaginad mi cara si voy a la inmobiliaria y me siento allí a tomar un cafelito con la chocha que trabaja en aquella oficina y le cuento en dónde quiero vivir.
Cuando esa tarde visité la agencia, justo en ese momento quedó vacante el ático del edificio en el que se encontraba y por casualidades de la vida, yo estaba allí cuando los llamó su dueño para decirles que quería alquilarlo y como ellos tenían las llaves, fuimos inmediatamente a verlo. Una semana más tarde firmé el contrato y aquella fue mi casa durante los siguientes cinco años. Pensaba que viviría en Geen dienst o en Buiten dienst y terminé viviendo en la calle Havenstraat en Hilversum. Han pasado un montón de años y aún hoy día, cuando veo un autobús con uno de esos carteles, imagino una ciudad increíble con el mejor transporte público del mundo, paseos ajardinados y gente moviéndose en bicicleta por la misma mientras en los canales, los patos mendigan trozos de pan de las madres que acuden a alimentarlos con sus hijos pequeños.
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Cúpula del Reichstag en el club de las 500
He tenido la suerte de haber visitado un montón de lugares diferentes de nuestro planeta y espero poder seguir haciéndolo. En cada uno de esos lugares he encontrado obras increíbles creadas por la madre naturaleza y otras tanto o más impresionantes creadas por el hombre. Uno de los objetivos del Club de las 500 es volver a ver esos lugares sin orden ni concierto, cuando el azar lo determine. Desde que la vi por primera vez siempre me ha gustado mucho esta imagen de la Cúpula del Reichstag en Berlín y otra foto en la que salgo yo con mis padres hecha en su interior. Hay algo misterioso en esa inmensa estructura de cristal desde la que se puede ver una vista fantástica de la ciudad de Berlín. Me recuerda que esa ciudad está muy cerca y debería volver a visitarla.
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Chubascos de alabanzas
No sé qué es peor, si pasar desapercibido o estar en medio de una tormenta de chubascos de alabanzas. Yo me encuentro en medio de semejante fenómeno meteorológico, no pasan tres horas sin que alguien en mi empresa me recuerde lo bueno que soy, lo excelente que es mi trabajo y lo maravilloso que es el mundo gracias a mí. Tanta alabanza termina por cansar, prefiero ser más normal y tener un perfil más bajo. También me da que pensar porque si frente a una situación determinada yo empleo el sentido común (según mi retorcida mente) para resolverlo y todo el mundo se queda boquiabierto por la excelente solución que he encontrado, estoy por creer que me rodean borregos y ni siquiera son capaces de darse cuenta del lobo que camina entre ellos y que hace las veces de pastor. En mi caso no parece que exista un domingo de reconocimiento sino que es un evento de días laborables, de lunes a viernes. Si por cada alabanza me dieran un euro, ahora mismo tendría pagada la hipoteca de mi casa.



