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  • Luang Pho Tho en toda su gloria

    28 de octubre de 2020

    Aquí vemos toditos los diecinueve metros de alto del Luang Pho Tho, al que los chino-tailandeses llaman Sam Pao Kong porque es que tiene hasta pinta de ser de la familia de King Kong con ese careto tan de gorila que tiene. Por delante dos pedazos de cuernos de elefante que mira que son grandes y aquí parecen miniaturas. El Buda es enorme y aunque los truscolanes enseguida piensan en robar el oro porque debe ser un montón, la imagen está hecha con ladrillos y cemento o lo que quiera que usen por allí para edificar. Se dice que cuando en 1767 los birmanos atacaron y destruyeron la ciudad, el Buda lloró lágrimas que no eran de cocodrilo.

  • La odisea pastorizada y popularmente santanderina

    27 de octubre de 2020

    Lo que voy a contar es una odisea que me ha tomado años y que me ha hecho odiar el sistema bancario español con pasión. Todo comenzó hace la tira cuando mis padres le regalaron a mi hermana un dinero para comprarse un coche y les entró una neura de no discriminar y tal y tal como si yo fuera una de las bestezuelas de la Pantoja y me dieron la misma cantidad de dinero, en una cuenta en el banco pastor, que era donde ellos tenían sus cuentas tras un fiasco soberano con el Deutsche bank que fue una mierda de experiencia para ellos. En ese banco y como yo no quería hacer nada con la guita, me propusieron ponerla en un fondo garantizado y eso hice. Esto fue antes de los programas en nuestros telefónicos y hasta la banca web de aquel banco era una kaka apestosa. 

    Pasaron los años y de repente, el banco pastor se acabó, se finiquitó y fue absorbido por el popular, uno que un colega mío de la universidad me decía que no caería jamás de los jamases porque estaba protegido por el Opus, la mafia esa de presuntos tocadores de lo que sea que adoran el dinero sobre todas las cosas y creen que las hembras son conejas para procrear y fregar suelos. Por supuesto nos dijeron que nunca jamás cambiaría nada y que todo sería igual de maravilloso pero se pueden contar las lunas seguramente con una o dos manos antes de que cerraran la oficina y movieran mi cuenta a otra, la principal del popular en las Palmas de Gran Canaria. Al parecer, el fondo estaba en una parte del banco que no se vendió así que yo tenía un fondo en un banco pero el fondo era gestionado por una empresa que no pertenecía al banco, o algo así. Por ahí descubrí que para salirme del fondo, solo se podía hacer un día cada año y ese día además tenía que estar en la oficina en la que tenía la cuenta, lo cual era imposible porque siempre la fecha era en épocas en las que yo no estaba en España. El fondo no perdía dinero pero tampoco ganaba casi nada. El popular descubrió las internetes y hasta hicieron un programa para telefoninos con el que podía hacer poco o nada pero con el que podía mirar lo que tenía. 

    En un momento determinado, aquel banco que no caería jamás comenzó a desmoronarse y por si acaso, saqué casi todo mi dinero y lo mandé a otro banco español en el que tenía cuenta, salvo cuatro perras gordas y el fondo, que ese no lo podía sacar. Seguí con mi cuenta ahí y en el 2019 me acerco un día en mis vacaciones porque el programa del telefonino dejó de funcionar y están cambiando los carteles del banco por fuera y me dicen que desde ese día ya no son el popular, que son el santander, pero que nada va a cambiar, que no pasa nada y tal y tal y que tengo que instalar el nuevo programa del nuevo banco. 

    Lo hago, que tomó como dos horas con un empleado del banco viejo que de repente usaba otro sistema tras un curso a correspondencia para que se familiarizara con el nuevo sistema y entre las cosas que descubro, el dinero del fondo ha desaparecido, ya no está, así que ese julay informa a Madrid y unos días más tarde el fondo vuelve a aparecer en mi cuenta. Lo de cerrar la cuenta, nadie tiene ni puta idea porque ahora es un tercer banco con un fondo que no pertenece a ellos y que no saben como hacerlo pero me ponen un día de diciembre en el que tengo que entrar en una oficina si lo quiero hacer aunque es posible que ni ellos lo consigan. La nueva APP, del nuevo banco, como yo no vivo en España ni tengo carné de identidad español, es como una pesadilla podemita y truscolana, funciona a rato y mayormente, me permiten mirar mi propia cuenta pero no hacer nada con ella. 

    Llegó el 2020 y llegó el virus truscolán y podemita que mata a viejos y jóvenes y permite a los sociatas y podemitas irse de juerga mientras declaran el estado de sitio o algo así y resulta que la oficina aquella que era la principal principalísima del popular, el que jamás de los jamases caería porque iba de la mano de los presuntos tocadores De Dios, pues la cerraron y la fabulosa APP no me dice cuál debería ser la mía. Llego la semana pasada y cuando voy desde la estación de guaguas del parque Santa Catalina hasta la Keli de mi madre, paso junto a la puerta de una de sus oficinas y allí no hay gente, que en julio las colas eran de veinte metros en la calle y entro, le pregunto a una pava y me dice que pida número para un comercial, que es muy amable pero se queja porque su trabajo no es ese. Intenta arreglarme su APP y no puede pero al menos, parece que este si sabe como cancelar el fondo, que tiene ahora una ventana para cancelar sin comisión ubicada en un día de octubre del año 2021 en el que por supuesto debería estar en España y además, en el nuevo banco, me sablean unas comisiones de órdago mensuales porque no tienen mi nómina, un escándalo de más de doce leuros al mes. Para cancelar antes hay una penalización que resultaó en unos doscientos y pico leuros, casi trescientos con lo que el dinero, tras más de diez años, prácticamente me lo dieron con un beneficio del zerolo por ciento. Me lo organiza pero no puede arreglar la APP y me da un número de una super-híper-mega línea a la que llamo y me lo arreglan todo. 

    A los dos días el dinero aparece en la cuenta, esa a la que también solo puedo entrar a mirar porque tengo una firma electrónica activada pero cancelada por el banco sin razón aparente. Hoy llamo a la super-híper-mega línea y me dicen que tras explicarles el caso que me van a poner con un sistema que me mandará un eSeMéeSe de esos de antes con un número para resetear el drama. Me transfiere y cuando digo las palabras mágicas a la pava que siempre te dice las mismas frases con voz de amargada de la vida, esas de chupaméla pero la puntita nada más, se niega a mandarme el eSeMéeSe y acaban transfiriéndome a otro empleado que me dice que esta sí es la verdadera y me vuelve a transferir con la pava que le digo que si no me la quiere chupar, que al menos me deje lefarle la jeta y se niega de nuevo a mandarme el eSeMéeSe y vuelvo con un empleado que es por supuesto otro y me vuelve a transferir porque esto es así de fácil y sencillo y la zorra de mierda esa gilipollas a la que le deseo todo lo peor siempre, de nuevo me dice que yo no tengo un número de teléfono móvil asociado a mi cuenta y vuelvo con el cuarto comercial que ya me dice que eso no se puede arreglar por teléfono y tengo que ir a una oficina. 

    Me voy a la playa y a la una de la tarde voy a la oficina cuando allí no hay gente y el mismo comercial lo flipa en colores y hace clic, clic, clic y me llega el eSeMéeSe que tengo que usar para resetear lo todo, pero los del teléfono me dijeron que no lo hiciera por sus APPs porque son una kaka y que lo hiciera por una página güé de las de antes. Vuelvo a mi casa, en el iPad abro la güé del banco, entro y reseteo mi cuenta. Después me toma diez minutos cambiar mi estado de mirón a propietario porque me mandan notificaciones al teléfono y ni sabía que hacían eso y cuando por fin puedo, voy a transferir mi dinero a los Países Bajos para salir por patas del santander y recibo un mensaje por la APP que hay un límite diario y tal y tal y que tengo que llamar para que me lo cambien. Vuelvo a llamar, hablo con un julay muy amable y me cambia el límite y me dice que lo puedo transferir todo, todo, todo y después ir a una oficina, por supuesto y cancelar la cuenta. Me pide unas posiciones de baile o algo así, se las doy, hace su magia potagia y me dice que ya puedo salir y volver a entrar y hacer la transferencia, así que lo hago, transfiero la pasta POR FIN y como el chamo me dijo que el banco estaba abierto hasta las dos y media, salgo por patas para la oficina, pido número, llego a ventanilla y le digo que quiero cancelar mi cuenta y chimpún. Además le explico a la chama que regreso a quesilandia al día siguiente y que esto solo se puede hacer en la oficina y la chica, muy pero que muy amable, se pone a ellos, hace clic, clic, clic, esperamos diez minutos en los que el enanito debajo de la mesa debía estar fumando o así porque aquello tardó un montón y cuando ya está casi todo, me dice que le tengo que dar cuatro leuros y unos céntimos de leuro de comisión de cierre. Yo solo tenía tarjeta pero la chica, fabulosa y fantástica me permitió avisar a mi madre y que me enviara cinco leuros a la oficina en monedas, porque ellos solo aceptan el pago como Judas, en monedas. La oficina ya estaba cerrada así que avisaron a la de la puerta para que permitiera la entrada de las monedas, llegaron y tras mil y una desgracias y avatares, se canceló mi cuenta corriente o eso me han dicho y dice el papel que me han dado. 

    Ahora me queda otra cuenta en España que mientras no me cobren comisiones no la cerraré pero que en el momento en el que me pongan una comisión, ese dinero también se va a quesolandia. 

  • Entreviendo al Luang Pho Tho

    27 de octubre de 2020

    Si lo que queréis saber es la razón de la parada en este templo, la tenemos en parte en la imagen, el gigantesco Buda sentado conocido como Luang Pho Tho, que seguro que se pronuncia como Luan PuTo y ya sabemos todos de qué pata flaquea. La estatua se construyó en el 1334 y originalmente estaba a la intemperie para que se pudiera ver bien de lejos, pero el hombre, a fuerza de pedir, consiguió guita para hacerse una keli en la que seguir sentado. Tiene diecinueve metros de alto y en la imagen se puede ver lo chiquititos que son los tailandeses a su lado. Las telas que agarran para la foto es por alguna extraña ceremonia de bendición budista o algo así.

  • Eso que tú me das

    26 de octubre de 2020

    Mi segunda pelícua española resultó ser un documental y además, uno que dura sesenta minutos, con lo que es estirar el concepto de película al máximo. Como suele ser habitual, yo practico mi política de discriminación al cine foráneo y me centro en el de la patria y al ser tan corta, hasta la podía combinar con otra peli en una sesión doble. Se trata del documental Eso que tú me das y está ahora mismo en los cines. 

    Un julay bien jodido platica con un pollardón

    Esto es una charla de un chamo con cáncer terminal a puntito de terminar con un periodista. El chamo parece ser que es un cantante muy pero que muy famoso del que yo no recuerdo haber oído hablar nunca, pero claro, todos sabemos que en lo relativo a la música, yo soy un ignorantón. 

    Aunque resulte difícil de creer, no tenía ni puta idea de quién es el chamo cantante con cáncer y por más que mis amigos me dicen que sí que conozco una canción de él, yo por el título de la misma no me dice nada y puedo confirmar y confirmo que en mi biblioteca de canciones no hay nada de él ni de su grupo (si es que él ha hecho música por separado, que tampoco lo sé). Además, tampoco tenía ni puta idea de quién es el que lo entrevista, que un amigo me ha dicho que es un presunto periodista español muy conocido, pero seguramente no sale en los programas de gritos de Telajinco que es la única tele española que padezco cuando vengo a España y mi madre la tiene sintonizada. Dicho esto, la entrevista es muy interesante porque se centra en intentar saciar nuestra curiosidad con lo que siente y piensa alguien a quien le queda menos de una luna y es consciente de ello. El chamo tiene una pinta que no se le ve como que va a salir de botellón con los colegas, con una tubería enchufada en la nariz y aunque habla bien y rápido, se nota que su cuerpo está en plena descomposición. Tenemos básicamente tres planos, uno con una conversación telefónica entre el periodista y la doctora del pavo mientras conduce por las montañas, otro con la entrevista en su Keli y un tercero con una pequeña continuación de la entrevista sentados en un prado mirando las montañas. Salvo por dos pavos que salen en esa tercera parte ayudando al enfermo a salir del coche y a sentarse, el resto del tiempo lo vemos solo a él y el periodista. Como documental es fascinante, está muy bien llevado y como el enfermo terminal fue el que más o menos determinó el ritmo y el contenido de lo que quería transmitir, está todo muy bien. Por supuesto, no sales del cine super-híper-mega contento y feliz, aunque por otra parte, sí que sales contento con ese sentimiento que todos escondemos y que nos susurra al oído mejor él que yo. 

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, el concepto de documental no lo puede asimilar tu única neurona, con lo que mejor pasas pero sí que puede gustar a los sub-intelectuales con GafaPasta. 

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