En la foto de hoy vemos las ruinas del Wat Son Khao, un templo que tenía una estupa con forma de flor de loto, de la que una parte se ha caído. Se cree que este fue uno de los últimos templos que se construyó en el lugar. Al parecer el gobierno tailandés restauró la estupa y algún Dios o quizás todos no estuvieron de acuerdo y un rayo la volvió a escoñar y así se ha quedado hasta hoy en día, que no está la cosa como para ir provocando a los dioes.
Hoy nos vamos a adentrar en territorio desconocido y vamos a explorar los límites de los hiper-mega-cutre vídeos que hago cuando me toca asiento de ventana en los aviones. Este es el primero de varios, aún no sé cuantos, ya que en total hay más de quince minutos de vídeo y he optado por ir troceándolos. Comencé a grabar en este punto porque veníamos del sur y normalmente, si el avión pasa por Rotterdam, suele ir directo al aeropuerto de Schiphol y se llega en unos minutos, ruta que ya hemos visto. En este caso, el avión se fue hacia el noroeste, llegando cerca de Utrecht, aunque eso no lo vemos hoy.
Otro detalle es que no está acelerado, lo vemos a la misma velocidad que lo grabé y lo único modificado es que le quité el aburrido sonido de los motores del avión y lo sustituí por la canción Nada más que añadir de Fangoria. En dos momentos determinados hay carteles para indicar cosillas, como el puerto de Rotterdam o su aeropuerto.
Ayer vimos el templo Wat Sorasak de frente y hoy, en una vista lateral más cerca de la estupa, vemos los elefantes que supuestamente la sostienen. El uso de elefantes es porque para los budistas es un animal de carga y vista la cantidad de años que llevan cargando esa estupa, igual hasta tienen razón.
Lo único en lo que podemos confiar en este fallido año 2020 es que el tiempo pasa y pasa y no se detiene ni por un virus con corona y aunque a mí me parece que fue ayer, ya han pasado más de tres meses desde que celebré los DOS MIL días de constancia en el Duolingo y al llegar el fin de semana alcancé un nuevo hito, los DOS MIL CIEN DÍAS, es decir, que desde el primero de diciembre del año 2014 no he dejado de hacer mis ejercicios de idiomas en el Duolingo, ni viajando, ni jiñando, ni currando, ni sobando, en todo ese tiempo, he logrado mantener la racha y practicar cada día con un montón de idiomas, aunque casi siempre todo gira en torno al italiano y el neerlandés. Así que ahí queda la cosa, otros cien días más añadidos a esta racha épica y legendaria.
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