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Buceando en el USAT Liberty y en las Pirámides de Amed

En realidad si quieres leer esta serie desde el comienzo, tendrás que saltar a Regresando al viaje a Asia para ver las fotos y avanzar desde allí y por si la cosa no es complicada, esta saga de fotos y vídeos está relacionada con el relato que comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur y si estás confundido, pues que sepas que así es la vida

Tras unos días entretenidos con otras historias, regresamos al épico y legendario repaso multimedia de mis tres semanas de vacaciones en Asia. Lo habíamos dejado cuando llegué a Bali tras un viaje de esos que parecen interminables. El relato al que complementa esta anotación está en El USAT Liberty y paseando por la playa en Amed. Entré en mi habitación sobre las once de la noche y a las siete de la mañana ya estaba haciendo una foto de la playa de Amed, ya que el complejo en el que me quedé estaba a la vera del mar:

Playa de Amed

Después desde allí me fui a bucear en el USAT Liberty y de ese evento, bastante impresionante en uno de los pecios más famosos del universo conocido, tenemos un vídeo fastuoso que está acompañado por la canción From Now On que canta el mismísimo Hugh Jackman en la película El gran showman – The Greatest Showman. El vídeo, si no aparece debajo de este párrafo, está AQUÍ:

Las dos siguientes fotos deberían estar antes del vídeo porque camino del pecio hice un par de fotos del magnífico Monte Agung, ese pedazo de volcán activo de más de tres mil metros de altura que regala a Bali de cuando en cuando unas erupciones espectaculares y que en la actualidad está en medio de una de ellas, aunque en los días de mi visita estaba tan a gustito:

El Monte Agung visto desde el mar

En ambas fotos se puede ver que aquello es como la jungla hasta el mismo borde del agua y que la arena es volcánica, de la negra esa que tanto os disgusta y que a mí, me soy de una isla volcánica, siempre me ha parecido mejor que la arena blanca, hecha con trozos de concha y que más bien parece pan rallado para empanar unas concretas. En la segunda foto, el volcán seguía sin mostrar señales de violencia:

Costa de Amed con el Monte Agung al fondo

Entre inmersiones volvimos al complejo, ya que el club de buceo y el complejo en el que me quedé son parte de la misma compañía. Hicimos la parada de una hora allí y después fuimos a un sitio cercano llamado Pirámides, algo que igual hasta encontráis la respuesta en el vídeo. El vídeo comienza sobre el agua, en la barquilla en la que nos movíamos, yendo al punto de buceo, con lo que se puede ver la costa de Amed, después entramos al agua y lo primero que vemos es un chucho escondiéndose en la arena, luego vemos un par de ellos cortejándose y justo al minuto y medio hay un bicho que si nadie me está mirando, lo pillo, me lo escondo en el bolsillo y me lo papeo esa noche e inmediatamente después de eso vemos la primera tortuga que aparece en este viaje. También vemos varias estrellas de mar de diferentes modelos y marcas y corales y pececillos, con lo que ha quedado como un vídeo chulísimo. La música es la canción I Wear Glasses del grupo Mating Ritual. El vídeo, si no aparece debajo de este párrafo, está AQUÍ:

El resto del día lo pasé tomando el sol y paseando por la playa y por la noche fui a cenar al Warung Enak y me acordé de retratar el papeo y aquí tenemos la prueba verídica de mi enorme sufrimiento vacacional y el hambre y la miseria tan grande que paso de vacaciones y como pido para dos julays yendo a cenar solo para poder encochinarme a base de bien e intentar tupir el retrete al día siguiente con el JIÑOTE. Uno de los platos fue este:

Pinchos de carne

Y el otro era un curry típico de Bali o algo así que acompañé con arroz y que estaba del copón:

Comida

El próximo capítulo seguimos en Amed, al menos durante la mañana porque por la tarde cambio de escenario, pero eso lo contaré otro día.

El relato continúa en Último día buceando en Amed y traslado a Nusa Lembungan

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En Amed

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur pasando por Abu Dhabi

Mi segundo día en Amed transcurrió plácidamente en la piscina. Las holandesas con las que había cenado el día anterior se iban y yo me quedaba a cargo de la piscina del complejo y de todos los empleados, pendientes del menor de mis deseos. Por la mañana, antes de que se fueran, me acerqué con una de ellas a un mirador (o más bien una loma) cerca del hotel con una bonita vista e hice unas cuantas fotos, aunque el lugar era perfecto para una puesta de sol. Ese día estuve como un pollo en un asadero de los susodichos, dando vueltas al calor y remojándome en la piscina. A última hora de la tarde fui a cenar al mismo sitio que el día anterior.

Al día siguiente había organizado una pequeña escapada para ir a ver el Palacio de Tirta Gangga, uno bastante reciente ya que lo mandó construir el Rajá de Amlapura en 1948 y ya ha sido reconstruido después de que la erupción de 1963 lo dañara. Lo que se visita son los jardines del palacio, con una sucesión de piscinas y estanques ornamentales llenos de figuras. Para llegar al lugar tenía tres opciones: alquilar una motocicleta y buscarme la vida, ir de paquete en una motocicleta o contratar un conductor. Elegí la segunda opción y me llevó uno de los chicos que trabaja en el hotel. Ahora que lo pienso, en todos mis viajes en Asia he acabado yendo de paquete en una motocicleta, algo que jamás he hecho en Europa (que yo recuerde). El viaje duró unos treinta minutos con unas vistas increíbles, pasando junto a campos de arroz, vacas, gente trabajando la tierra y otros que no se sabe muy bien que hacen pero que están a la vera de la carretera. En Tirta Gangga estuve cerca de dos horas haciendo fotos y al salir visitamos los campos de arroz de los alrededores, aunque a estas alturas a mí un campo de arroz no me inmuta.

Regresamos por otra carretera y paramos en un cajero automático para reponer efectivo, ya que en Bali el concepto de pagar con tarjeta de crédito parece sacado de otro universo. Por la parte noreste de la isla la gente parece conducir mucho mejor o quizás sea que las carreteras tienen tantas curvas que no hay posibilidad para hacer ninguna burrada.

Al regresar retomé mi lugar en la piscina y esa tarde estuve haciendo fotos desde el mirador cuando se puso el sol. Por la noche, cenando en el Corner Warung su dueño estuvo hablando conmigo un rato largo y contándome su historia. El hombre había añadido recientemente su restaurante en Tripadvisor pero no sabía si la cosa funcionaba así que le mostré que ya su local es el segundo de la zona y tiene muy buenas críticas. Su mujer es muy buena cocinera y no creo que tenga que preocuparse de nada. Tienen una hija pequeña adorable que ayuda a los padres llevando el menú a los clientes y soltando unas parrafadas enormes que no entendemos pero que hacen gracia.

Al día siguiente salía para Gili Trawangan y allí mi camino se volvía a cruzar con el de los holandeses.

El relato continúa en Desde Amed a Gili Trawangan

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Yendo desde Ubud a Amed

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur pasando por Abu Dhabi

Después de tres días en Ubud, el circo que es un viaje por Asia se volvía a poner en movimiento. La tarde anterior contraté transporte para Ubud a un chamo que está cerca de la puerta de mi hotel. La verdad que el tío daba mala espina cuando está allí, en su pequeño puesto y ni siquiera tiene un bolígrafo para rellenar el vale con los datos del viaje. Me costaba unos nueve leuros y se supone que saliía a las once de la mañana. Ese día, me levanté como siempre, preparé mis mochilas, desayuné, liquidé con los del hotel y me senté a esperar en mi terraza a que se acercaran las once de la mañana. Cinco minutos antes salí a la carretera y el chamo me dijo que me esperara allí hasta que vinieran a recogerme. Había otra chica que se quedaba en mi hotel y dos parejas, aunque una de ellas iba en dirección a las islas Gili.

Con quince minutos de retraso y cuando algunos ya se empezaban a poner nerviosos, apareció un mini-bus o más bien una furgoneta. El tío me dijo que no era el transporte mío, tampoco el de la chica y parecía que solo se llevaba a una de las parejas. En su lista al parecer tenía más gente pero no estaban allí. Se acercó a los del puesto en el que contraté esto y resultó que el panoli que nos hizo los recibos los escribió en el talonario equivocado y sí que era nuestro transporte. Solucionado el lío, tomamos posiciones en el interior, en donde ya se encontraba una pareja. Nos dijo que tenía que recoger a tres más y que seríamos nueve. Recorrimos los diferentes callejones de Ubud recogiendo a la otra gente y en un cuarto de hora tenía la furgoneta petadísima entre los nueve pasajeros y las correspondientes maletas y mochilas. Nos pusimos en ruta y se nota que en Bali son más cuidadosos al conducir, ya que en ningún momento le poseyó el espíritu de Fitipaldi y nos llevaba prácticamente sin adelantar a nadie.

El viaje es de unas dos horas, aunque la distancia no lo justifica. El problema son las carreteras y la escasa veocidad que pueden adquirir los vehículos en las mismas. Yo iba escuchando un audiobook y controlando la ruta con el CityMaps2Go y en el punto en el que debería bajar a Amedd siguió de largo. Comencé a inquietarme y le pregunté a la pareja francesa que iba a mi lado y me dijeron que ellos iban un poco más adelante y que seguramente los lleva a ellos primero. En un punto de la carretera en el que no hay nada el colega se para y dice que aquel es el lugar en el que tiene la parada y les dice a los franceses que por una cantidad de dinero adicional, los alcanza al hotel. Ellos accedieron y otro pasajero se bajó y decidió seguir por su cuenta. Lo peor es que el cabrón sabía que el hotel estaba ciento cincuenta metros más adelante con lo que les sacó pasta por abusar. Todavía estaban sacando las maletas de los franceses cuando lllegó el mochilero descojonado al mismo hotel.

Después regresamos por la misma ruta y tomamos el desvío de Amed. Allí nos hizo lo mismo. Se paró y nos dijo que esa era la parada oficial y que quien quería servicio hasta la puerta lo tenía que pagar. Opté por joderlo y dejarlo en la estacada y cogí mis dos mochilas y me eché a andar. Lo bueno de viajar ligero es que estas cosas las puedes hacer y solo por ver la cara de rabia y decepción del tío, mereció la pena los quince minutos que tuve que caminar.

Mi hotel era el Deddy’s Sea Side View Bungalow y en el mismo solo hay unos pocos bungalows, todos con vistas al mar. Al llegar había una pareja de australianos que se marchaban y dos holandesas hospedándose. Largué las cosas, me puse el bañador y me pasé la tarde en la piscina. A la hora de cenar vi a las holandesas y me acoplé con ellas y fuimos al Corner Warung, lugar al que seguí acudiendo cada noche. Una de las holandesas era muy agradable y la otra estaba paranoica perdida, al parecer por todo lo nuevo ya que era su primer viaje a Asia.

Y así más o menos transcurrió el día, una jornada de transición pero también de relajo y para disfrutar del sol.

El relato continúa en En Amed