Puesta de sol en White Beach en Boracay

Puesta de sol en White Beach en Boracay

No siempre en los sitios más paradisíacos se consigue el tener la playa orientada de la manera correcta para disfrutar de la puesta de sol y en Boracay, toda la White Beach disfruta de esta posición privilegiada. Al mismo tiempo que el sol se pone la gente se baña, navega y disfruta de una playa en la que el agua está a unos deliciosos veintiocho o veintinueve grados. En los días que estuve por allí hice un montón de fotos de las puestas de sol con lo que igual vemos alguna otra. Y quiero reconocer y reconozco que estas han sido de las mejores puestas de sol que he visto en el sudeste de Asia.

Buceando en las islas de Coral, Siete pecados y el pecio Skeleton y visitando el lago Kayangan

La saga de vídeos comenzó en Los vídeos del comienzo del viaje y el primer día en Dubai y el relato del viaje sin fotos comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

El camino hasta este punto ha sido increíble y hoy cerramos el círculo de lugares paradisíacos y veremos un montón de fotos y hasta un vídeo con lo que sucedió el día que visité Siete Pecados y el drama de los chalecos salvavidas, justo antes de comenzar el escalonado regreso a los Países Bajos.

Desayuno con crepes

En la pensión en la que me quedé en Coron o motel o como lo queráis denominar, cada tarde te preguntaban por el desayuno que querías al día siguiente y la hora a la que ibas a comer y así lo tenían preparado. Para mi último día con excursiones decidí regresar a la comida más occidental y me jinqué los crepes de la foto anterior antes de ir de excursión en barquilla. Como ya había hecho los tours A, B, C y D el año anterior, elegí el Coron Island Ultimate Tour que supuestamente es lo mejor de lo mejor de los tours A y B.

La segunda parada fue para bucear y ver el Skeleton Wreck, el pecio de un pesquero chino que está tan cerca de la superficie del agua que se puede ver con gafas y tubo. En la foto se pueden ver las chalanas de las excursiones y en el centro de la imagen la multitud mirando el barco bajo agua. Podéis ver el pecio sobre el segundo cincuenta del vídeo al final y a la multitud sobre el mismo.

Después seguimos hacia Sunset Beach que es la playa que se puede ver en la foto anterior y allí, además de disfrutar de la playa, nos dieron el papeo, el cual vemos en la siguiente imagen:

Particularmente me gustan más los almuerzos que dan en las excursiones en el Nido pero los de Coron también están muy bien.

En la segunda parte del día fuimos al lago Kayangan y al subir uno se para siempre para hacer esa preciosa foto de la bahía delante con los islotes, el verde y los barquillos. Me jodió un montón tener que cargar un chaleco salvavidas por culpa de los gilipollas que se mataron por descerebrados pero bueno, el lugar vale la molestia.

La última parada fue para bucear en Siete Pecados, con muy poca profundidad y un montón de corales con lo que en el vídeo podréis ver muchos colores y no tantos peces. La cena del día, como los anteriores, fue en el Lolo Nonoy al que no fallé ni una sola noche. Me pedí dos platos y el Leche Flan que no veremos. El primero era un combinado con algún tipo de embutido hecho con cerdo:

Plato combinado

Y el segundo eran unos pinchitos de carne de cochino que estaban del quince y hasta del dieciséis:

Pinchos de carne cochino

Por supuesto tenemos un vídeo de más de siete minutos y medio y al principio vemos corales en las islas de Coral, después vemos el Skeleton Wreck, un pecio, saltamos al interior del Twin Lagoon o al menos a uno de los dos lagos y la traca final son los fantásticos corales en Siete Pecados. Acabamos viendo la zona fuera del agua y el poco fondo que hay. Todo esto acompañado de la canción The Show Goes On de Bruce Hornsby & The Range y que formaba parte de la película Backdraft, una de mis favoritas de toda la vida. El vídeo, si no lo podéis ver debajo de este párrafo, está aquí:

El siguiente episodio está en Yendo a Manila desde Coron

La isla Blanca y recorriendo la mitad oeste de Camiguin

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Cada lugar que visito en las Filipinas es totalmente distinto del anterior y en cada sitio hay movidas distintas. Como sucedió el año pasado cuando estuve en Siquijor, la isla de Camiguin está relativamente poco explotada turísticamente, al menos en lo relativo al turismo internacional. Calculad que el aeropuerto solo tiene un vuelo al día, a Cebu y solo para setenta y dos personas. Tampoco es fácil llegar por barco. Por eso, aquí no hay sofisticadas excursiones organizadas en las que te recogen, te llevan de sitio en sitio y te dan de comer. Aquí te tienes que buscar la vida. Por la mañana, aprovechando que estoy a quinientos metros del muelle desde el que salen los barquitos que te llevan a la Isla Blanca, fui a verla. Sobre las siete de la mañana o para los más puristas, cuatro horas antes de la hora Virtuditas. Los locales van a esa hora porque saben que después el sol castiga que no veas y allí no hay sombra alguna. Del negocio de los barquitos vive medio pueblo y lo tienen muy elaborado. Me costó unos ocho leuros y el viaje dura unos diez minutos. Te puedes quedar unas cuatro horas como máximo. Es una franja de arena blanca en el medio del océano, con forma de boomerang. Desde allí hay unas vistas espectaculares de la isla de Camiguin y combinadas con la arena blanca, es un sitio muy fotogénico. Hice un montón de fotos y me pegué un gran pero que gran rato en el agua. Regresé a las nueve y pico y volví a mi motel y alquilé una motocicleta para perderme por la isla. 

Lo que me gusta de las excursiones preparadas y ejecutadas por otros es que tú te limitas a disfrutarlas y cuando llevas la moto, tienes que ir pendiente del camino, de los niños que se lanzan a la carretera, los perros y demás. Hay una carretera de circunvalación de la isla que va por la costa y que en total tiene sesenta y pico kilómetros. Mi primera parada fue para subir a pasear por el monte llamado Old Vulcan o Volcán viejo. En realidad lo único que no se puede ver es el volcán pero hay unas vistas espectaculares desde arriba. Este es un paseo medio-religioso para los filipinos ya que en la subida están todas las estaciones de Jesús, esas que se hacen en Semana Santa, todas hechas con estatuas. En la primera se puede ver cómo Jesús está como con dos julays que parecen españoles hablando con los nativos y diciéndoles que los españoles son gente buena y chachi y de los únicos que tienen que tener muchísimo miedo es de los joputas-truscolanes-de-mierda, como todos sabemos tan bien. Para cuando llegué a la decimotercera, estaba necesitado de una bombona de oxígeno y de litros de agua. Subir una montaña con más de treinta grados es una tortura. Al bajar, fui a ver el Cementerio hundido, en el lugar en el que estaba la capital de la isla en tiempos de los españoles y justo el sitio en el que un volcán submarino erupcionó en el siglo XIX (equis-palito-equis) y en veinte minutos acabó con la cuidad, mató un montón de gente y hundió el cementerio de la misma en el mar. Nadie se acuerda de los nombres de aquellos muertos pero los recuerdan con una cruz enorme en el agua. En un chiringuito me pillé una botella de Cola Loca y me la bebí de un tirón delante de la vendedora. Cerca de allí están las ruinas de la vieja iglesia. Se ve que era enorme, seguramente una catedral. 

Cambién de tercio y segúi bordeando la isla camino del Bura Soda Water Park, una piscina natural con agua carbónica. Es súper-popular entre los filipinos. Para que os hagáis una idea, éramos siete turistas extranjeros entre doscientos filipinos. La piscina me vino de perilla para sobrevivir a la caló. Estuve allí bastante tiempo, casi dos horas y después seguí hacia las cataratas Tuasan, con una caída de unos veinticinco o treinta metros. Muy bonitas para hacer foto pero pasé de meterme en el agua. Mi siguiente parada fue en en el Santo Niño Cold Spring, otra piscina de naciente solo que esta es con el agua fría, pero fría. Ahí sí que me bañé. Éramos dos los extranjeros en el lugar. Estuve otro rato largo y después se me ocurrió ir a ver las cataratas de Binangawan. Estaban nueve kilómetros tierra adentro, por una carretera que ascendía sin parar y al final desaparecía sin rastro de las cataratas. Creo que subí por lo menos quinientos metros de altura o más, allí no había nada de nada, se acercaba la puesta de sol y lo que menos me apetecía era verme en el medio de la nada. Opté por confirmar el fracaso y regresar a la costa. Después deshice el camino andando y volví por el mismo lado de la isla, lo cual me tomó unos cuarenta y cinco minutos. Llegué a tiempo de ver otra fabulosa puesta de sol y después me fui a cenar. Lo de ir en moto cansa, sobretodo combinado con trepar montañas, tirarte en piscinas naturales con aguas a distintas temperaturas y visitar islas de arena blanca así que acabé el día agotado.

El relato continúa en Mantigue y la mitad este de Camiguin