Las Torres Po Nagar Cham y más playa

El relato comenzó en El salto a Hanoi

Mi tercer día en Nha Trang arrancó como siempre bien temprano. Al salir a la calle busqué un taxista de una de las dos compañías que dicen ser honestos y le pedí que me llevara a las Torres Po Nagar Cham , al norte de la ciudad. Eran las siete de la mañana. El viaje me costó dos leuros y seguramente podría haber ido en motocicleta por unos céntimos pero ese medio de transporte no me mola cuando hay mucho trafico. También podría haber andado pero quería regresar pronto para aprovechar la playa. El taxista me dejó en la puerta del complejo de Torres y me juró lealtad eterna y se ofreció a esperarme si ese era mi deseo y si se lo propongo hasta me masajea el prepucio. Le dije que se fuera con Dios, compre mi entrada, la cual fueron como cincuenta céntimos de leuro y entré.

Me da hasta vergüenza poner esto aquí porque sé a ciencia incierta que son todos letrados y al menos una vez leyeron un libro pero diré que las cuatro torres de ladrillo las levantó la civilización Cham entre los siglos VII y XII (uve-palito-palito y equis-palito-palito) y se levantaron en honor de la famosísima Yang Ino Po Ngar, la madre del Reino Cham. Los budistas se apañaron el lugar y siguen quemando incienso a destajo y pidiendo sin mucho éxito para salir de la miseria pero es lo que tienen los dioses, que son malagradecidos y prefieren favorecer a reyes Borbones que no dan un puto palo al agua pero a los que les gusta ir a matar elefantes con sus putitas al África. Esta la podéis archivar como la razón trescientos nueve para no creer en ningún dios. Las cuatro torres están sobre una pequeña colina y han sido restauradas. Aunque no es como para quedarte con la boca abierta y alucinando, sí que son lo mejor que hay en Nha Trang desde el punto de vista turístico.

En el lugar había unas folclóricas que hacían danzas vietnamitas pero entre que las pobres no conseguían sincronizarse y que la música folclórica de ese país es HORRENDA, salí por patas huyendo de ellas. Ya en la calle, fui por un pequeño pueblo de pescadores y cruce un puente sobre la entrada a la laguna en la que están los barcos de los susodichos antes de comenzar a regresar a la zona de los hoteles caminando por la playa, la cual estaba petada de gente pese a ser las siete y pico de la mañana. Entre otras, mujeres locales se bañaban con las ropas puestas ya que nadie les ha explicado que sin ropa se está más cómodo en el agua.

Creo que no tardé más de media hora en regresar, haciendo muchas fotos y aproveché para parar en el Cafe des Amis y desayunar, coincidiendo con alguna de la gente que estaba allí la noche anterior. Después dejé la cámara en el hotel, cogí la toballa y el bañador y me fui a la playa. A las once y media regresé a la habitación para refugiarme de la caló y cerca de las dos regresé. A mi lado, en la playa, se ponía una pareja de suecos jovencita. La chica era normal pero el chamo era la sensación. Llegaba a la playa con un hato de toballas y ponía la mas grande y a continuación tres más formando una cruz y una vez acababa el despliegue de varios metros cuadrados, se crucificaba a si mismo y se quedaba en esa pose tomando el sol. Hasta a su chama le daba vergüenza y ponía algo de distancia con él para que no la relacionaran.

Ese día me propuse dar de una puta vez con el restaurante de Nha Hang Yen’s el cual era el segundo mejor de la ciudad. Si alguno se pregunta por qué no quería ir al mejor, la razón es que es un hindú y yo no fui hasta Vietnam para terminar comiendo un tikka masala.

El restaurante estaba en el numero 3/2A de la calle Tran Quang Khai I y os juro por los lamparones de meaos de las bragas de la Pantoja que toda la puta calle eran edificios con el numero 1/xx y después saltaba al trece y yo por más que miraba no veía el numero 3. Al final, decidí bajar por una calle perpendicular que salía de esta y resultó que esa otra calle era el puto numero 3.

La comida fue IM presionante y seguramente el manchote en mis pantalones fue porque me corrí de puro gusto con la mejor cena que me jinqué en Vietnam. Me pedí dos platos principales sin entrantes, postre y unos batidos de mango y papayo que te hacían llorar de lo rico que estaban. El trato de las camareras y de la dueña fue ex quisito y cuando me trajeron la cuenta me puse a cantar el RESCÁNDALO de RaPael porque eran casi doscientos quince mil Dong. Cuando usé la aplicación que convierte monedas y que solo está disponible para los dispositivos mágicos y maravillosos de la manzana mordida y vi que al cambio no llegaba a los ocho leuros se me tranquilizó el pulso. Las fotos de esa comida ya sabéis donde las podéis ver.

Y así, con un homenaje culinario digno de dioses y con mucho sol y playa acabó mi tercer día en Nha Trang.

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Catedral, Buda y playa

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Mi segundo día en Nha Trang me levanté como siempre antes de las siete y a esa hora ya estaba en la calle, comprando dulces en una panadería para desayunar. A esa hora el sol ya apretaba y yo quería hacer algo de turismo antes de ir a la playa, así que me eché a pasear ninguneando a todos y cada uno de los moteros que querían llevarme en sus motocicletas, a todos los vendedores de gafas que son tan vilo pollas que no ven que llevo gafas de sol puestas, a todas las vendedoras de paquetes de cigarrillos falsos y a todos los taxistas que me gritaban maifren y que esperaban que yo girara la cabeza y admitiera su presencia. Gracias al CityMaps2Go ni siquiera dudo de la dirección que tengo que seguir y avanzaba decidido hacia mi primera parada, que no era otra que la Catedral de Nha Trang, edificio construido entre 1928 y 1933 en estilo gótico francés, simple, no muy grande pero bastante elegante. Está en una pequeña colina junto a la estación de tren a la que se accede tras esquivar un puñado de pedigüeños profesionales. El edificio no da mucho juego y en unos instantes lo has terminado de ver.

Desde allí seguí pasando por delante de la estación de tren y llegué a la Pagoda de Long Son. En la puerta, timadores profesionales van de uniforme y se hacen pasar por algún tipo de grupo que te cobra por visitar un lugar gratuito aunque en mi caso se toparon con mi ceguera y sordera selectiva que ni los veía ni escuchaba y con los años he alcanzado tal grado de control que puedo mirar a través de ellos y hacerlos dudar de su mera existencia. Visité la Pagoda, nada del otro mundo y a estas alturas de mis aventuras por el sureste de Asia puedo decir que las he visto mejores y después subí a ver el Gran Buda Blanco, del que mi guía de viajes decía que es enorme y se puede ver desde cualquier lugar de Nha Trang. El que lo escribió debe tener visión con rayos equis porque puedo confirmar que no se ve desde prácticamente ningún lugar de la ciudad y no es GRANDE si como tal entendemos los Budas de Birmania o incluso el de Hong Kong. Para ser sincero, es una atracción mediocre y que no merece el esfuerzo. Al regresar me desvié por otra calle porque la Chinita quería que le hiciese un favor. Cuando estuvo en diciembre en Vietnam, se hicieron un montón de ropa a medida en los sastres de Hoi An (o sea, como si dijéramos, falsos Harmani, D&J, Verzache y similares y en lugar de mandarlos por correo desde esa ciudad o llevarlos con ellos, decidieron enviarlos desde Nha Trang. Encontraron una minúscula oficina de Correos que además era la recepción de una pensión y bar y agencia de viajes y lo mandaron desde allí. nunca llegó a Holanda. La Chinita me obligó a ir al sitio a preguntar si podían averiguar si había pasado algo y yo fui tan feliz, pensando que el numero 22 seria fácil de encontrar. Di con el número y allí no había pensión, ni oficina de Correos ni nada de nada. Frustrado, seguí avanzando por la calle y encontré, una cuadra más al sur, otro numero 22 sin nada y en la siguiente cuadra había un tercer numero 22, el cual tampoco se correspondía con mi descripción. En el cuarto por fin cuadraron las cosas y hasta pude hablar con la vietnamita que llevaba la oficina de Correos y la recepción, la cual me pidió que me pasase dos días mas tarde para hacer una investigación. Regresé a mi hotel, largué la cámara, cogí el bañador y la toballa y me fui a la playa hasta las doce, me refugié en el hotel hasta las dos y regresé a la playa hasta las cinco. En Vietnam, bancos, museos y muchas empresas cierran de once y media de la mañana a una y media por la caló tan grande que hay.

Después de mi sesión de sol de tarde, salí buscando el que supuestamente es el segundo mejor restaurante de la ciudad y no lo pude encontrar con la enrevesada numeración que tienen. Acabé comiendo en el Cafe des Amis, simple y algo básico pero con comida decente y en el que Te REGALAN un plátano de postre, algo que indicaban como extraordinario muchas de las personas que habían dejado criticas del local.

Tras la cena, me di un paseo por la playa para ver si merecía la pena ir con la cámara pero no acabó de impresionarme. Y así acabó mi segundo día de relax, sol y playa en Vietnam.

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