Rocky Balboa

Rocky Balboa¡Jesusito de mi vida! Si me dicen que voy a escribir lo que voy a escribir no me lo creo ni de coña. Esto al que más ha sorprendido es al sufrido autor de esta bitácora. Hoy vamos a hablar de Rocky Balboa, la nueva película de Sylvester Stallone.

La historia trata de un julay poliadicto y pastillero que tras fallecer la putilla que se la comía tiene que volver al sufrido arte de las pajas y el hombre sufre porque con tantos músculos en los brazos no puede agitársela bien. Su hijo le ha salido enclenque tirando a metrosexual y le niega el saludo cuando lo ve, lo cual le duele una jartada y lo obliga a buscarse una nueva zorra con hijo adjunto para que se la coma con ganas. Una mañana se despierta y después de tomarse su dosis de pastillas decide que es hora de hacer ejercicio y se apunta a un combate contra un gorila negro y malo que da más asco que un obispo del Opus o un testigo de Jehová. A partir de ahí ponen música de la buena y se terminan dando de hostias hasta el gran final que incluye chimpún se acabó.

Estamos hablando de un clásico, de una joya que pese a todos los recelos, pese al desprestigio de una de las sagas más legendarias de los últimos treinta años, ha conseguido cerrar el ciclo con un final grandioso. Sylvester Stallone en su múltiple papel de director, guionista y protagonista lo borda. Es el puto amo, un genio de cuidado. La película comienza despacio, contándonos los últimos años de este hombre, el cómo ha llegado al presente, toda una leyenda pugilística pero que también es humano, que ha perdido a su esposa, que se siente rechazado por su hijo y que trata de buscar consuelo y cariño en otros. a partir de ahí van desarrollando el personaje, te vas encariñando con él, lo respetas y no te importa esa forma tan rara que tiene de hablar, que parece que está medio borracho. Sylvester Stallone se toma su tiempo para lanzar la historia, lo hace de una forma elegante, con una precisión de maestro y cuando lo cree conveniente nos introduce al malo de la historia, un boxeador negro que pese a ser el mejor es odiado por la gente. También se toma su tiempo para que veamos que no es más que una víctima de su leyenda, que el hombre hace lo que puede.

Con ambos contendientes en pantalla, llega el anuncio del combate. Stallone comienza a entrenarse y la fanfarria que se hizo famosa hace más de treinta años revienta los altavoces de la sala de cine. Es el acabose, una orgía inenarrable. La gente salta en sus asientos, la adrenalina nos exalta y nos lleva a niveles ni siquiera soñados. El entrenamiento casi consigue que gritemos y animemos a ese hombre ya viejo, de vuelta de todo, pero decidido a jugársela porque no tiene nada que perder. Su hijo se da cuenta que el padre lo necesita y se une a su causa. La velocidad de la película va en aumento, el climax se anuncia y sabemos que está a punto de suceder algo extraordinario. Llega la hora del combate y en la sala se puede respirar la excitación. Incluso los locutores que retransmiten el combate en la película lo comentan. Es un instante mágico. Si alguien nos dice que volveríamos a ver a Rocky en un combate no nos lo creeríamos. Toda la secuencia de la lucha es absolutamente grandiosa, el tiempo pasa lentamente, los asaltos se suceden y tú no puedes evitar el gritar y animar a ese campeón. Llegamos al final poco menos que de pie. Lo he dicho y lo vuelvo a repetir. Esta es una obra maestra, es una de las historias que recordaremos del año 2007.

Absolutamente recomendada para todos. Tienes que verla, con tus amigos, con tu novia, solo o en compañía de otros. Has de ir al cine.
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