Enderezando algo


Después de una semana sin ir a la oficina y trabajando desde mi keli porque no había trenes, tras el choque de uno con un camión conducido por un acarajotao, esta semana regresé a Bolduque el martes, aunque mi jefe intentó manipularme para que fuera a la oficina al lado del aeropuerto el lunes porque venían dos amarillos del país del sol caguiente y blah blah blah, pero fue incapaz de enseñarme una agenda de reuniones y yo sabía y él sabía que la única razón por la que él acudía allí era para llevar a los amarillos por la tarde a Bolduque.

El martes seguían sin agenda pero yo estaba con él en la fábrica y pasé dos horas de mi vida por la mañana y una hora por la tarde, con los amarillos, o con uno de ellos, el jefe, que al otro que trajo no sabemos si es mudo, subnormal o algo peor, porque no dice nunca nada. En las reuniones con el pavo, cuando yo hablaba, le repetía el mantra que nunca quieren oír. Ellos vienen porque hay problemas y yo les digo, les repito, les tripito y les cuatripito que los problemas son el resultado de un departamento de inútiles, que son los de compras y especialmente su jefe, que en una escala de uno a diez yo le doy un menos treinta y nueve y me quedo tan ancho y como el chamo es consciente de su incapacidad, todos los que trabajaban en ese departamento se han ido y los ha reemplazado con un puñado de inútiles. El amarillo, que ya conoce mi mantra, como que no me hace caso, así que decido darle en donde le duele e imprimo en tamaño póster, los flujos de información dentro de la empresa para fabricar productos y en esa gráfica, están marcados los departamentos que están involucrados en cada paso y resulta que los de compras son el grupo fundamental para recolectar y añadir la información que necesitamos. El amarillo no pudo decir nada porque si me contradice, quiere decir que no deberíamos usar los procesos que predica su grupo en el país del sol Caguiente, así que se quedó callado como una buena puta.

En la reunión de la tarde, que era super-hiper-mega tarde porque era con una gringa, mi jefe me obliga a participar porque dice que casualmente yo soy el experto europedo de esa coña, que lo soy, así que la gringa nos cuenta un montón de milongas que vienen de uno de sus clientes y yo, sistemáticamente, las desmonto, le demuestro que son mentiras y le pruebo, ley europeda por ley europeda, la verdad. Reconozco que la chama aguantó como una campeona, que una hora enterita recibiendo bofetón tras bofetón no es algo para lo que está todo el mundo preparado y mi jefe, que está hasta los mondongos de las gilipolleces esas, en ningún momento abrió la boca para pararme y me dejó repartir candela de la mala y de la peor. Si me dicen que la pava esa deja la empresa este mes, yo me lo creo.

Al día siguiente, mi jefe me regala cuarenta minutos con el jefillo del país del sol caguiente, así que me cojo al gabacho de desarrollo y al mexicano de la fábrica y me los llevo conmigo a verlo y los tres, como equipo, somos los únicos seres humanos vivientes en la Unión Europeda que están oficialmente autorizados por la empresa para revisar y aprobar todos y cada uno de los proyectos relacionados con la fábrica. Gracias a Dios que el amarillo tenía los pañales de viejo porque se cagó por las patas pa’bajo cuando se enteró de quienes eran ellos y cuando le explicaron que gracias a mí, ellos hacen el trabajo porque en Europa, antes de yo entrar en la empresa, nadie estaba interesado en el tema. El pavo se hizo hasta fotos con ellos y cuando les pregunta por los problemas y las cosas que hay que mejorar, ambos le informan que el problema, o más bien, EL PROBLEMA, está en el departamento de Compras y más concretamente, en el inútil del jefe. El amarillo me mira y se imagina que esto es cosa mía, que lo es, pero es que después de que le dieron un repaso mis dos colegas, resulta que tiene una reunión con tres jefillos y todos y cada uno de ellos le informa que EL PROBLEMA, viene de la primera etapa en cualquier proceso, la etapa del departamento de Compras, que desde que pusieron al nuevo jefillo, dejó de funcionar. Ahí el chamo ya se emputó y se enfureció y por la tarde me dijo mi jefe que al bosmongolo que lleva las Compras le había, por fin, llegado su San Martín y antes de irse el del país del sol Caguiente le iba a dar un repaso que no veas, con ultimátum y que posiblemente, me iban a encargar a mí subirme a la chepa de ese inútil e informar si su gente no cambia, que no lo hará. Desde ayer, cuando el chamo me ve, la úlcera que está macerando le hierve y el colega cada vez se ve más pequeño. En la máquina del café, la gente de desarrollo y la gente de la fábrica, cuando se cruzan conmigo, prácticamente me abrazan porque ya se ha enterado todo el mundo que la imagen idílica de mentiras que había pintarrajeado el pavo, se ha ido a tomar por culo y que ahora todos saben lo que no hay, que es mucho. No le ayuda que uno de los jefes de la fábrica haya dimitido esta semana porque dice que ya está harto de no poder hacer su trabajo con su equipo y de que los culpen a ellos por los problemas que provocan otros, que es un término muy genérico y que sería más elegante y correcto decir por loa problemas que provocan los de Compras.

Así que tres días seguidos en la fábrica, que es algo que no hacía hace un montón de tiempo e igual no se solucionan los problemas de la gente por allí, pero al menos ahora todos saben quién es el principal culpable de los mismos.


4 respuestas a “Enderezando algo”

  1. No me hagas mucho caso, ya se sabe que a los carcas se nos va la hoya, pero hace tiempo que te queria decir y siempre se me olvida, que yo creo que no se dice «jefillo» si no «jefecillo», mira por ahí por si tengo razón, al menos en mi pueblo es así.
    Salud

  2. Igual tienes razón, pero como eso me lo inculcaron a fuego en la Isleta de pequeño y así era como lo decía todo el mundo, jamás lo cambiaré. Igual que para mi el árbol que produce manzanas se llama MANZANERO o para todos en mi familia y en mi barrio.

  3. Pues yo lo digo de las dos formas (jajaja)., solo que utilizo cada una de ellas según el caso. Es decir: digo «jefecillo» cuando me refiero a alguien que quiere liderar y no puede, y «jefillo» al que ni siquiera sabe cómo hacerlo.

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