La batalla de los culocochistas

Estamos ya en una carrera desbocada hacia las navidades, ese tiempo en el que nadie comenta, pero antes de que comience la Gran Desaparición, hoy vemos el resumen de las movidas entre comentaristas durante el mes de noviembre, que no quiero volver a olvidarme y ya estamos bien entrados en el mes. En noviembre afirmamos que Definitivamente es cosa de dos o de uno y en agosto, que tenemos en La trola que nos metió el otro y si miramos más hacia atrás tenemos que en julio El ritmo baja cuando llega la caló, en junio nos veíamos Poniendo las íes bajo los puntos, en mayo, repasamos Entre navajeros, en abril hubo Un puñado de cotorras, en marzo Por la boca muere el pez, y en febrero sabíamos que Ellos nunca lo harían pero ya lo hicieron. Tras la dosis habitual de ombligismo, llegamos a lo interesante, los resultados del mes de noviembre y entre paréntesis, las variaciones respecto al mes anterior:

ComentaristaNúmero de comentarios
Genín78(+9)
Virtuditas57(+18)
Montse5 (+3)
Luis3 (+1)
Burt2 (+1)
doverinto2(-2)

Y fuera de la tabla pero presente en los comentarios, de Uitverkorene igualó los de Virtuditas. Aquí lo interesante es ver como aquel que chuleaba y decía trolas está cayendo a su sitio, en la parte inferior de la tabla y por supuesto, la culpa la tiene la escasa calidad del contenido, que esta misma semana sólo han habido movidas mías y no ha comentado una sola vez. Montse le ha cogido gusto a la tercera posición. En la parte superior, el Ancestral se recuperó del flato del mes anterior y Virtuditas sigue acelerando, pero siguen con las mismas posiciones.

Con esto, llegamos a la lista anual, que está prácticamente con todo el mundo en el mismo sitio, salvo por Burt, que pasa sobre Inés y en la parte superior, se ve quien es el rey de los comentarios por aquí, quien es la princesa y fuera de la tabla pero en medalla de bronce y a una distancia dantesca de doverinto está il Scelto, que lleva un acumulado de 373 comentarios durante el año.

ComentaristaNúmero de comentarios
Genín672
Virtuditas420
doverinto102
Montse53
Luis29
Burt8
Inés6
Evelyne3
corsaria2
César1
Marco1

Espero de alguna manera hacer el ránking de diciembre y el anual estando en Gran Canaria, pero como sucederá que estoy con el iPad, si la cosa no funciona y no se puede, no se puede.

… y después del vacío

Chacho, esto comenzó en Todo lo que sucedió, así que no me seas truscolán y podemita y si no lo hiciste, salta al inicio

Cuando las enfermeras notaron que estaba despierto, comenzaron con su rutina de nombre, apellido, fecha de nacimiento, solo que ahora me preguntaron si tenía algún dolor, algo que tuve que responder negativamente porque no lo tenía. Lo que sí que tenía es como un mareo o borrachera, como que el horizonte se hundía hacia el suelo y el cielo bajaba al horizonte y vuelta a empezar, pero me dijeron que esos eran efectos de la anestesia. Después de unos minutos vino una enfermera de la planta y tras lo del nombre, apellido y fecha de nacimiento partí hacia la habitación. Allí me encontré conque estaba llena, con otros cuatro pacientes, que en los hospitales neerlandeses las habitaciones son de cinco pacientes, supongo que por alguna manía que viene del pasado y que son incapaces de cambiar. Entre los cinco, uno era Ancestral y de los otros tres, uno tenía veintinueve años, que mira que ya es joven para haber pillado una hernia, porque allí estábamos todos los que fuimos operados esa tarde del asunto. El Ancestral estaba más que listo para marcharse, dos de los otros estaban comiendo y el cuarto ya había comido y estaba por cambiarse de ropa o algo así. Me aparcaron y me dejaron asentándome con el meneo del mundo y del universo, así que cerré los ojos y opté por meditar, que eso siempre ayuda. Un rato más tarde seguía en pleno temporal con marejada a fuerte marejadilla y al Ancestral lo vinieron a recoger, con una silla de ruedas, que yo creo que habría llegado andando antes a la calle pero parece ser que está prohibido. El que no comía tuvo la charla con la enfermera y le dijo que fuera al baño y se echara un pís y que lo mejor es que se siente como las hembras, que acaban de sajarlo y no está el cuerpo para hacer maniobras a distancia. También le dijo que igual que sin lágrimas no hay victoria y sin dinero no hay amor, que sin pis no se sale a la puta calle. El chamo se encerró en el baño mientras les retiraban los platos a los dos que habían estado comiendo y un enfermero vino a preguntarme sobre lo que quería para comer, que era a elegir entre pan solo y pan con queso, pan con loncha de embutido y excepcionalmente, con mantequilla para untar en el plan. Visto lo lujoso del menú, opté por el pan con mantequilla y embutido, que me confirmaron que era de cerdo y para beber, agua. Un rato después salió el chamo del baño, confirmó que no meo y la enfermera le dijo que se quedaba hasta que echara la gotita. Vino mi comida y aquello era peripatético y como mi vecino me había estado machacando con lo fabulosa y maravillosa que es la comida en el hospital y como tienen un chef y todo lo demás, le hice foto y se la mandé para que compruebe que esos lujos no los tienen en el policlínico. Me comí lo poco que me dieron y posteriormente seguí disfrutando del mareo, que ya empezaba a menguar. Uno de los otros tres pacientes fue al baño y consiguió mear y la enfermera le dio el visto bueno para que se vaya, así que avisó a los que le venían a buscar. El otro se rebotó, se volvió a meter en el baño y al rato salió y confirmó que meó un poco, aunque yo que soy de natural desconfiado, creo que mintió. Ya enralados con el baño, el tercer chamo fue al baño, meó y le dijeron que se podía ir. A mí, la tía me miró y me dijo que ni de coña, que todavía tenía el color de un folio blanco y que me quedaba al menos media hora. Llamó a mi vecina y le dijo que viniera a recogerme a las seis.

Después fueron llegando a buscar a los otros y les quitaban la vía que todavía todos teníamos en nuestros brazos, se cambiaban, se sentaban en la silla de ruedas y se marchaban y así se fue vaciando la habitación y quedamos tres, después dos y finalmente estaba yo solo. Fui al baño y meé sin problemas, sobre todo porque entre medias y en el tiempo que estuve allí me jinqué cuatro vasos y la gravedad puso el agua en su sitio.

Como sabía que ya iban a quitarme la vía, le hice la estremecedora foto anterior, en la que también se pueden ver fuera de focos las bolsas con toda la ropa de cama y demás del que se sentaba enfrente mío, que cuando se iba uno, se enguantaban y quitaban las sábanas, la bata y todo lo demás y lo ponían en bolsas, supongo que para llevar a la lavandería. Lo peor de quitar la vía fue la depilación gratis que te hacen. La chama también me dijo que me iba a quitar la mega-tirita o esparadrapo con venda que cubría las tres aberturas y que me iba a poner una nueva que me tenía que quitar un día después. Eso también implicó arrancar pelo a conciencia. Después puso la nueva venda y me vestí y para cuando llegó mi vecina, yo ya no veía la hora de huir de aquel lugar. Entré a las dos de la tarde y salí justo a las seis. En el coche, me dijo que pusiera el asiento como si fuera a dormir, tumbado y que evitara hacer presión en la ingle, así que durante todo el viaje, lo único que vi fue el techo del coche.

Al llegar a mi casa, pasé el resto de la tarde tumbado viendo series de televisión y antes de ir a dormirme, me jinqué 1 gramo de paracetamol y asombrosamente y pese a que no podía ponerme boca abajo, que es mi postura natural para dormir, dormí cerca de siete horas y gracias a la falta de líquido, ni me levanté a mear por la noche. Por la mañana, más paracetamol y como tenía como flema en la garganta, algo que descubrí cuando me desperté de la anestesia con lo que sucedió en la hora esa en la que estuve desconectado, me jinqué un fluimucil y durante el día, bebí agua a destajo, que era lo que recomendaban y vi episodios y episodios y más episodios de series, en total creo que hice doce horas de series o un empacho. De mi fabulosa nevera había dejado preparado una crema de calabaza con leche de coco tailandesa que está de que te cambas porque no quería comer nada muy pesado. No jiñé. Supuestamente me podía bañar rápidamente y sin champú ese primer día pero como no salí de mi casa pasé del tema.

El viernes, aunque lo intenté, estaba como estreñido, que es algo único e impensable en mi caso, que yo he patentado el JIÑOTE y puedo confirmar y confirmo que soy el poseedor del récord mundial de tupir retretes en diferentes países, que yo he tupido retretes en al menos cuatro continentes. Por la mañana llamé a mi médico y como era uno de los problemas que podían suceder y ya había comprado un laxante, lo hablé con él y me dijo que me jincara dos pastillitas a las diez de la noche con un montón de agua y que eso me desatrancaba por la noche. También me dijo que comenzara a andar al menos treinta minutos, dos veces al día, que eso también ayuda para jiñar, con lo que empecé a caminar, aunque también hubo mucha serie televisiva ese día porque todavía no me podía sentar en una silla, podía estar de pie o tumbado. Por la noche tomé el laxante y me fui a dormir. Antes de ir a caminar me duché y me quité la capa más externa de esparadrapo, la que cubría la segunda capa que está sobre las incisiones. Me acordé de todos los muertos de las enfermeras por no afeitarme la barriga y te puedo sugerir y te sugiero que si vas a un hospital neerlandés para una operación, tú aféitate todo el vello del cuerpo por si acaso porque son unos sádicos. No veas lo que me dolió quitar aquello.

Me desperté a las siete y pensé que jiñaría pero fui al trono, me senté en el susodicho y solo conseguí soltar aire, aunque fue un montón de aire. Volví a la cama y seguí durmiendo y a las nueve y cinco minutos, me volvió a dar otro apretón, me posicioné en el tron y esa vez si que jiñé, aunque no en las gloriosas cantidades que me han hecho mítico y legendario. Después durante el día hice la caminata y traté de mantenerme activo más tiempo y hablando con la otra experta que conozco, mi madre, me dijo que me jincara el laxante otra noche y como ella tiene no uno sino varios doctorados de la sala de espera de al menos dos ambulatorios, decidí hacerle caso. La noche del sábado me tomé de nuevo el laxante junto con un montón de agua.

A las seis y cuarenta y tres de la mañana del domingo me despierto con un dolor horrendo y para cuando mi cerebro se activó, pensé que moriría allí, cagado hasta arriba porque aquello era el hiper-mega-apretón y empujaba tanto que dudaba que pudiese salir de la cama y todo aparentaba que me revolcaría en mi propia jiñada. De alguna manera conseguí controlarlo y pasito a pasito, intentando no modificar el centro de gravedad ni nada de lo demás, logré llegar al trono, me senté y puedo confirmar y confirmo que la cerámica blanca se transformó por medio de alguna interacción mística y quizás mágica en marrón, porque me vacié, pero vacío, vacío y además, seguramente por el laxante el jiñote no se pudo formar y aquello fue una diarrea épica, de esas que muchos cantaran en siglos venideros. Volví a la cama flotando por culpa de la pérdida de peso y dormí otras dos horas más y después de eso ya no jiñé más por estar total y completamente vacío.

Ese día escondí el laxante y no lo pienso volver a usar mientras recuerde esa noche. Ya reduje la dosis de paracetamol de cuatro gramos al día a tres porque no tenía tanto dolor y poco a poco fui incrementando la cantidad de tiempo y la distancia que caminaba y que pasaba de pie. Sentarme seguía siendo complicado.

En los días sucesivos le paracetamol pasó a dos gramos al día y después un solo gramo y finalmente nada. También volví a sentarme y una semana después, o siete días tras la operación, el siguiente hito era quitarme las tiritas, tres, que están sobre las tres incisiones para la endoscopia y las pinzas o cucharones que te meten dentro. La primera me tomó diez minutos y una tortura masoquista brutal con el pelo que arrancó, así que remojé bien las otras dos y las dejé macerando para quitarlas al día siguiente, que fue lo que hice y aún entonces me dolieron. A partir del séptimo día volví a usar la bicicleta, aunque por si acaso y aprovechando que la mía es eléctrica, puse el motor al máximo, en modo Ancestral y yo movía los pedales sin hacer esfuerzo y la bicicleta incrementaba la velocidad hasta los veinticinco kilómetros por hora.

Y así estamos, aún sin correr, aunque podría ir, según las indicaciones del hospital, pero prefiero darle unos días más de tiempo a todo para que se recupere.

El vacío que llegó

Chacho, esto comenzó en Todo lo que sucedió, así que no me seas truscolán y podemita y si no lo hiciste, salta al inicio

Habíamos llegado al momento espeluznante y estremecedor en el que me han metido en una cama de hospital con una cosa verde o azul horrenda y unos gallumbos de risa, me han tapado y la enfermera a la que he conocido quizás cinco minutos antes tiene la intención de darme un paseíllo por el hospital en la cama. Me sacó de la habitación y fuimos a otro lugar en la misma planta, una sala más grande y en la que había posiciones estratégicas para camas como la mía y sitios llenos de bolsas de suero y otros materiales horrendos. En ese momento había algunos chamos que o estaban recuperándose de una operación previa y todavía no se habían despertado o iban camino de la suya. Los primeros se sabía que estaban allí pero no se les podía ver por la cortinilla. A los otros sí que los vi y todos te saludaban, pero sin ilusión ni alegría. Me colocaron en una posición, con la enfermera que me acababa de traer y la nueva que asumió el control me pregunta mi nombre, de nuevo, me pregunta mi apellido, de nuevo y nuevamente le tengo que explicar que en España tenemos dos apellidos porque los niños se hacen con dos personas y no son propiedad del padre, con el sistema imperante en los Países Bajos del apellido paterno único. Me volvió a preguntar la fecha de nacimiento y le indiqué a la amiga que le explicara los fallos en los datos. También me preguntó el lado en el que tenía la hernia y esto es muy relativo, ya que todos sabemos que mi derecha es tu izquierda y tu izquierda es mi derecha, así que si no concretamos primero el punto de vista, es difícil de saber. Después la enfermera que me trajo se despidió deseándome buena fortuna y la nueva me dijo que me iba a preparar para la operación sensorizándome por un tubo, poniéndome sensores a diestro y siniestro y comenzó con un montón de ellos en el pecho y la barriga, supongo que para el control del corazón, después me pusieron el de la presión arterial en el brazo, que además estaba conectado a una máquina o algo así que jincaba aire dentro de cuando en cuando y después lo dejaba salir lentamente y finalmente me dijo que me iba a hacer un agujero en el brazo izquierdo y jincarme la vía para el suero y por la que me empetarían la anestesia. Le informé que lo de la sangre y las agujas sí que lo llevo mal así que no se pensara que le estaba haciendo un desaire pero iba a mirar a otro lado y meditar como si ella no existiese. Definitivamente noté el pinchazo y cuando miré tenía una cosa horrenda allí. Mientras esto sucedía, llegaban otros de los quirófanos y otros que irían después, para operaciones similares o diferentes a la mía. Algunos estaban aterrorizados y otros, como el Elegido, tan tranquilos, tanto que la enfermera me preguntó si me jinqué un licorcito o algo así y le dije que no, pero que aquello es un hospital y es probable y hasta posible que entre la gente que se mueve por allí, los haya que prestaron atención durante los estudios y aprendieron algo y como son expertos, no veo el motivo para coger nervios sobre algo que está totalmente fuera de mi control. Me trajeron una manta y me pusieron la manta porque al parecer, en el quirófano hace un frío de que te cagas, o eso sostienen. Yo me estaba asando allí dentro y según la enfermera, mi temperatura corporal, que alguno de los sensores la medía, es muy baja, algo que puedo confirmar y confirmo porque cada vez que me empeto en el sobaco el termómetro, yo no consigo que me mida treinta y siete grados.

Volviendo a la historia, con todos los sensores colocados, como que se olvidaron de mí hasta que la torre de control autorizara el despegue, que aquello es como un aeropuerto con camas hospitalarias que entran y salen y seguían llegando y saliendo camas, algunos esperaban menos y otros seguían allí desde antes de yo llegar, con lo que supongo que hay varios quirófanos y están haciendo varias operaciones diferentes en paralelo, todas con el denominador común de no requerir quedarte en el hospital más de unas horas, ya que ese policlínico en específico cierra a las nueve de la noche.

Sobre las tres de la tarde, quizás un poquito antes, vino la enfermera y me sacó de mi meditación, que yo, dado que lo único que puedes hacer es seguir tumbado, me dediqué a practicar las artes meditativas y concentrarme en mi respiración. La chama me dijo que me iba a bajar al quirófano, con lo que implicaba usar el ascensor, ya que por supuesto, yo iba en mi cama. Ir en un ascensor así es raro y más sabiendo que en todas las películas de terror con ascensores, lo malo siempre viene desde el techo del mismo. Creo que bajamos a la primera planta y allí entramos en un quirófano. Me movieron de la cama al puesto ese debajo de las luces, la enfermera se despidió y me volvieron a preguntar por mi nombre, mi apellido, la fecha de nacimiento y el lugar en el que tenía la hernia, lo cual, cuando te lo preguntan tantas veces seguidas en un período de tiempo tan corto, a mí me mosquea porque suena a que se equivocan con muchísima frecuencia. El chamo de todas formas lo miró y confirmó la información que tenía en sus papeles y me hizo algún tipo de garabato en la barriga. En eso que el anestesista se presentó, yo ya asumiendo que íbamos a empezar de nuevo con la rutina del nombre, apellido, fecha de nacimiento y lado y me jincó algo por la vía esa que tenía y me dijo que iba a notar como que se me endormecía el brazo o algo así. Dejó pasar unos segundos, yo creo que no fueron ni veinte y me hizo una pregunta y como que mi cerebro estaba ocupado porque alguien había apagado todos los sistemas externos y ahí me quedé ….

Me desperté en mi cama, de nuevo, pero estaba en otro lado y había una cortina alrededor. No podía saber el tiempo que había pasado porque no veía el reloj que hay en la pared.

Aparentemente, seguía vivo y este es un lugar tan bueno como cualquier otro para detenernos una vez más.

Todo este drama continúa y acaba en … y después del vacío

La llegada al matadero

Chacho, esto comenzó en Todo lo que sucedió, así que no me seas truscolán y podemita y si no lo hiciste, salta al inicio

Nos quedamos en un retraso de cerca de cuatro semanas y en como lo aproveché para ir al Amsterdamse Bokkentocht 2021 con mi amigo el Moreno. Fueron pasando las semanas y la situación de la pandemia podemita y truscolana se fue empeorando y todos aquellos que se sorprendieron con el retraso no se cortaban para llamarme y asegurarme que cancelarían la operación pero de-que-sí, porque ahora sí que estábamos jodidos. Yo les confirmaba una y otra vez que el hospital no me había informado de nada y que habían quedado que el día antes de la operación me llamaría una enfermera para darme las últimas instrucciones. Mientras tanto, aprovisioné de paracetamol, como decían en las instrucciones y me compré un laxante, también según las instrucciones. Además, repartí el paracetamol por diferentes lugares de mi casa para tenerlo siempre a mano y en la semana de la operación cociné un par de cosillas para mantener mi congelador al mil por diez mil de capacidad y así tener una buena variedad de cosillas para desayunar y cenar. El martes, el día antes de la operación, se debía producir la llamada y mirando en la documentación, decían que sería entre las once de la mañana y las tres de la tarde.

Pasaron las horas, las once, las doce, la una, las dos, las dos y media, las tres menos cuarto, las tres menos cinco y yo ya estaba buscando el teléfono para llamar y preguntar cuando, a falta de uno o quizás dos minutos para el límite, sonó mi teléfono. Eran los del hospital y me dijeron que tenía que entrar allí a las dos de la tarde, me dieron el número de departamento y la ruta que tenía que seguir por el hospital y me pidieron y me rogaron y hasta suplicaron que lo anotara, lo cual hice. Después me ordenaron no comer ningún sólido desde las ocho de la mañana del día de la operación, con lo que tenía que acabar el desayuno a esa hora y no podría beber agua desde las doce del mediodía. Ya yo conocía las otras movidas, así que nos despedimos.

Una operación de tarde …. y yo con estos pelos … así que reservé entrada para ir a ver una peli al cine por la mañana, ya que quedarme en mi casa viendo pasar las horas no es lo mío. Hablando de los pelos, entre las instrucciones estaba que no me podía afeitar ni depilar la zona cercana a la hernia desde una semana antes, con lo que asumí que no se fían de ti y prefieren hacerlo ellos mismos. También decían que en el día de la operación no me pusiera cremas en la cara o el cuerpo y eso sí que es un drama, que yo sin mi crema Q10 de día parezco una fregona india o eso que ahora llaman nativos americanos o algo así. Tampoco se me permitía ponerme mi colonia Nenuco, que eso es maldad de la peor. Debido al desayuno tempranero, hice Magdalenas, que yo soy muy de comer ese desayuno los miércoles y los jueves, ya que he descubierto que es el día perfecto para regalar la mitad o más y no tener que comerme las doce. También me hice unos Mantecados de Gran Canaria, ya que como siete cada semana y aprovecho el día de las mencionadas para hacerlos.

Pese a lo que parece ser que indicaban las apuestas de mis amigos, familiares y conocidos, yo dormí de puta madre, las siete horas y pico habituales y sin problemas y me desperté y bajé a desayunar. Después me duché y me fui al cine. Al salir del cine eran justamente las doce de la mañana así que me jinqué un buen vaso de agua. Pasé por la keli de mis vecinos para apalabrar el transporte, ya que el único punto en el que insisten con vehemencia es que después de la operación no te puedes ir solo, alguien te tiene que recoger y llevar a tu casa, por si te mueres por el camino o algo así. En una mochila metí unas zapatillas para el hospital, el cargador del telefonino, los auriculares y nada más y por comodidad y recomendación hospitalaria, me puse un chandal que lo mejor para los hospitales es ir vestido de jinameño o de miembro del Clan de los Orcos. El hospital está a unos quince minutos de mi keli así que sobre las dos menos cuarto salimos y llegué allí en hora. Al entrar descubrí que me olvidé una cosa, la única que puse sobre la mesa para no olvidarme, el papel con la sección del hospital a la que debía ir y la ruta. Por supuesto ya no me acordaba de nada porque cuando me dieron la información, como me obligaron a apuntarla, no la memoricé. Fui a la recepción y cuando me tocó el turno la pollardona me dijo que no tenía ni puta idea de donde se hacen esas cosas en el policlínico en el que ha trabajado toda su vida, seguramente porque tiene el síndrome del funcionario y aún no se lo han diagnosticado. Me dijo que le preguntara a la securata de la puerta que esa es una novelera de que te cagas y seguro que lo sabe todo y además, me tiene que dar una mascarilla limpia y nueva porque no quieren que la gente entre con las suyas. Fui a la chama y me dio la mascarilla y me dijo que mis opciones estaban entre la primera y la tercera planta de la zona B, así que fui en ascensor a la primera planta y aquello no tenía pinta de ser el lugar, ya que allí había quirófanos, pero estaban todos cerrados. Como el ascensor tarda eones en llegar, subí por las escaleras a la tercera planta y allí había habitaciones de hospital y en una de ellas, en la sala de los enfermeros, había una tertulia super-hiper-mega amena de gente vestiditos de enfermeros y una salió y me preguntó si estaba perdido o así. Le dije que supuestamente tenía una operación mortal de corazón abierto y luz al final del túnel pero que no tenía ni puta idea de adonde debía ir, ella miró en una lista y me dijo que era allí, me llevó a una habitación, me indicó una cama, me dio una bata de esas azules o quizás verde de hospital y una especie de gallumbos elásticos medio blancos y me dijo que me los pusiera y me quitara la ropa y guardara todo, todo, todo lo mío en el armario junto a la cama y lo cerrara con su cerradura por código y que no fuese a poner como código el 0000 que tanto les gusta como contraseña a algunos comentaristas y reconocidos culocochistas. Básicamente, me puse la bata esa azul o quizás verde al reves, ya que puse la abertura hacia delante y la enfermera me dijo que va por detrás, con lo que la tuve que cambiar. Después me obligó a meterme en la cama para transportarme a la sala en la que preparan a las víctimas para la carnicería o algo así, que el neerlandés es una lengua que a veces da unas descripciones muy espeluznantes de las cosas y como encima añaden preposiciones que jamás he comprendido, siempre hay la sombra de la duda. Eso sí, la pava confirmó preguntándome mi nombre, mi apellido y mi fecha de nacimiento, que tenían mal porque claro, al yo no cumplir más de treinta y dos tacos por el síndrome de Peter Pan, parece ser que se les olvidó cambiar el año y lo tuvieron que hacer en ese momento. Aunque lo intenté, no me dejó llevarme puesta mi pulsera mágica y maravillosa que controla mi sueño, mis pulsaciones cardíacas y otras movidas más, que yo quería tener un registro preciso de la operación para saber si soñé con ovejas eléctricas o con electrocutaciones de truscolanes y podemitas y también quería ver si mi corazón sufría algún daño durante el evento.

Nuevamente, descubro con pánico y terror que he escrito una jartá y como este es un buen momento, lo dejamos aquí, a punto de partir vestido de marinero de luces en mi barca que no me han robao hacia el océano del pre-operatorio.

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