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La odisea pastorizada y popularmente santanderina

Lo que voy a contar es una odisea que me ha tomado años y que me ha hecho odiar el sistema bancario español con pasión. Todo comenzó hace la tira cuando mis padres le regalaron a mi hermana un dinero para comprarse un coche y les entró una neura de no discriminar y tal y tal como si yo fuera una de las bestezuelas de la Pantoja y me dieron la misma cantidad de dinero, en una cuenta en el banco pastor, que era donde ellos tenían sus cuentas tras un fiasco soberano con el Deutsche bank que fue una mierda de experiencia para ellos. En ese banco y como yo no quería hacer nada con la guita, me propusieron ponerla en un fondo garantizado y eso hice. Esto fue antes de los programas en nuestros telefónicos y hasta la banca web de aquel banco era una kaka apestosa. 

Pasaron los años y de repente, el banco pastor se acabó, se finiquitó y fue absorbido por el popular, uno que un colega mío de la universidad me decía que no caería jamás de los jamases porque estaba protegido por el Opus, la mafia esa de presuntos tocadores de lo que sea que adoran el dinero sobre todas las cosas y creen que las hembras son conejas para procrear y fregar suelos. Por supuesto nos dijeron que nunca jamás cambiaría nada y que todo sería igual de maravilloso pero se pueden contar las lunas seguramente con una o dos manos antes de que cerraran la oficina y movieran mi cuenta a otra, la principal del popular en las Palmas de Gran Canaria. Al parecer, el fondo estaba en una parte del banco que no se vendió así que yo tenía un fondo en un banco pero el fondo era gestionado por una empresa que no pertenecía al banco, o algo así. Por ahí descubrí que para salirme del fondo, solo se podía hacer un día cada año y ese día además tenía que estar en la oficina en la que tenía la cuenta, lo cual era imposible porque siempre la fecha era en épocas en las que yo no estaba en España. El fondo no perdía dinero pero tampoco ganaba casi nada. El popular descubrió las internetes y hasta hicieron un programa para telefoninos con el que podía hacer poco o nada pero con el que podía mirar lo que tenía. 

En un momento determinado, aquel banco que no caería jamás comenzó a desmoronarse y por si acaso, saqué casi todo mi dinero y lo mandé a otro banco español en el que tenía cuenta, salvo cuatro perras gordas y el fondo, que ese no lo podía sacar. Seguí con mi cuenta ahí y en el 2019 me acerco un día en mis vacaciones porque el programa del telefonino dejó de funcionar y están cambiando los carteles del banco por fuera y me dicen que desde ese día ya no son el popular, que son el santander, pero que nada va a cambiar, que no pasa nada y tal y tal y que tengo que instalar el nuevo programa del nuevo banco. 

Lo hago, que tomó como dos horas con un empleado del banco viejo que de repente usaba otro sistema tras un curso a correspondencia para que se familiarizara con el nuevo sistema y entre las cosas que descubro, el dinero del fondo ha desaparecido, ya no está, así que ese julay informa a Madrid y unos días más tarde el fondo vuelve a aparecer en mi cuenta. Lo de cerrar la cuenta, nadie tiene ni puta idea porque ahora es un tercer banco con un fondo que no pertenece a ellos y que no saben como hacerlo pero me ponen un día de diciembre en el que tengo que entrar en una oficina si lo quiero hacer aunque es posible que ni ellos lo consigan. La nueva APP, del nuevo banco, como yo no vivo en España ni tengo carné de identidad español, es como una pesadilla podemita y truscolana, funciona a rato y mayormente, me permiten mirar mi propia cuenta pero no hacer nada con ella. 

Llegó el 2020 y llegó el virus truscolán y podemita que mata a viejos y jóvenes y permite a los sociatas y podemitas irse de juerga mientras declaran el estado de sitio o algo así y resulta que la oficina aquella que era la principal principalísima del popular, el que jamás de los jamases caería porque iba de la mano de los presuntos tocadores De Dios, pues la cerraron y la fabulosa APP no me dice cuál debería ser la mía. Llego la semana pasada y cuando voy desde la estación de guaguas del parque Santa Catalina hasta la Keli de mi madre, paso junto a la puerta de una de sus oficinas y allí no hay gente, que en julio las colas eran de veinte metros en la calle y entro, le pregunto a una pava y me dice que pida número para un comercial, que es muy amable pero se queja porque su trabajo no es ese. Intenta arreglarme su APP y no puede pero al menos, parece que este si sabe como cancelar el fondo, que tiene ahora una ventana para cancelar sin comisión ubicada en un día de octubre del año 2021 en el que por supuesto debería estar en España y además, en el nuevo banco, me sablean unas comisiones de órdago mensuales porque no tienen mi nómina, un escándalo de más de doce leuros al mes. Para cancelar antes hay una penalización que resultaó en unos doscientos y pico leuros, casi trescientos con lo que el dinero, tras más de diez años, prácticamente me lo dieron con un beneficio del zerolo por ciento. Me lo organiza pero no puede arreglar la APP y me da un número de una super-híper-mega línea a la que llamo y me lo arreglan todo. 

A los dos días el dinero aparece en la cuenta, esa a la que también solo puedo entrar a mirar porque tengo una firma electrónica activada pero cancelada por el banco sin razón aparente. Hoy llamo a la super-híper-mega línea y me dicen que tras explicarles el caso que me van a poner con un sistema que me mandará un eSeMéeSe de esos de antes con un número para resetear el drama. Me transfiere y cuando digo las palabras mágicas a la pava que siempre te dice las mismas frases con voz de amargada de la vida, esas de chupaméla pero la puntita nada más, se niega a mandarme el eSeMéeSe y acaban transfiriéndome a otro empleado que me dice que esta sí es la verdadera y me vuelve a transferir con la pava que le digo que si no me la quiere chupar, que al menos me deje lefarle la jeta y se niega de nuevo a mandarme el eSeMéeSe y vuelvo con un empleado que es por supuesto otro y me vuelve a transferir porque esto es así de fácil y sencillo y la zorra de mierda esa gilipollas a la que le deseo todo lo peor siempre, de nuevo me dice que yo no tengo un número de teléfono móvil asociado a mi cuenta y vuelvo con el cuarto comercial que ya me dice que eso no se puede arreglar por teléfono y tengo que ir a una oficina. 

Me voy a la playa y a la una de la tarde voy a la oficina cuando allí no hay gente y el mismo comercial lo flipa en colores y hace clic, clic, clic y me llega el eSeMéeSe que tengo que usar para resetear lo todo, pero los del teléfono me dijeron que no lo hiciera por sus APPs porque son una kaka y que lo hiciera por una página güé de las de antes. Vuelvo a mi casa, en el iPad abro la güé del banco, entro y reseteo mi cuenta. Después me toma diez minutos cambiar mi estado de mirón a propietario porque me mandan notificaciones al teléfono y ni sabía que hacían eso y cuando por fin puedo, voy a transferir mi dinero a los Países Bajos para salir por patas del santander y recibo un mensaje por la APP que hay un límite diario y tal y tal y que tengo que llamar para que me lo cambien. Vuelvo a llamar, hablo con un julay muy amable y me cambia el límite y me dice que lo puedo transferir todo, todo, todo y después ir a una oficina, por supuesto y cancelar la cuenta. Me pide unas posiciones de baile o algo así, se las doy, hace su magia potagia y me dice que ya puedo salir y volver a entrar y hacer la transferencia, así que lo hago, transfiero la pasta POR FIN y como el chamo me dijo que el banco estaba abierto hasta las dos y media, salgo por patas para la oficina, pido número, llego a ventanilla y le digo que quiero cancelar mi cuenta y chimpún. Además le explico a la chama que regreso a quesilandia al día siguiente y que esto solo se puede hacer en la oficina y la chica, muy pero que muy amable, se pone a ellos, hace clic, clic, clic, esperamos diez minutos en los que el enanito debajo de la mesa debía estar fumando o así porque aquello tardó un montón y cuando ya está casi todo, me dice que le tengo que dar cuatro leuros y unos céntimos de leuro de comisión de cierre. Yo solo tenía tarjeta pero la chica, fabulosa y fantástica me permitió avisar a mi madre y que me enviara cinco leuros a la oficina en monedas, porque ellos solo aceptan el pago como Judas, en monedas. La oficina ya estaba cerrada así que avisaron a la de la puerta para que permitiera la entrada de las monedas, llegaron y tras mil y una desgracias y avatares, se canceló mi cuenta corriente o eso me han dicho y dice el papel que me han dado. 

Ahora me queda otra cuenta en España que mientras no me cobren comisiones no la cerraré pero que en el momento en el que me pongan una comisión, ese dinero también se va a quesolandia. 

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Asuntos Varios Reality sucks

Dos mundos distintos e iguales

En el mismo día he podido vivir las diferencias y las igualdades entre dos mundos. Ayer salía por la mañana temprano desde los Países Bajos para viajar a Gran Canaria. El primero, un país que bate día a día los récords de contagio, el límite debe estar en la cantidad de gente que se hace el test, que allí no es muy alto, así que los nueve mil y pico positivos de hoy seguramente sean cerca de la mitad de la gente que se hizo la prueba, aunque tampoco se sabe a ciencia cierta cuando se la hicieron porque allí hay problemas de logística gravísimos y a veces hay que esperar días y hasta una semana para el resultado, con lo que esos nueve mil positivos han tenido tiempo de extender la enfermedad. Pese a esto y pese a la gravedad con la que habla el presidente por la tele, la gente no se lo toma en serio y como la única manera de obligar a usar la mascarilla es cambiando las leyes (y creo que la constitución) y eso no lo pueden tener listo hasta fin de mes. 

Cuando se impuso el uso de mascarillas en el transporte público, en trenes, metros y guaguas, la gente como que lo siguió, salvo alguna excepcíon o el tonto de turno que se baja la mascarilla para hablar por teléfono. Ahora añadieron la obligatoriedad de uso a los andenes y las estaciones de tren y lo repiten por la megafonía una y otra vez y cuando entras a la estación, al menos de la mitad de la gente caminando en la misma no las usa, incluyendo los empleados ferroviarios y la seguridad y la policía en el lugar. En el andén es lo mismo, cerca de la mitad se quita la máscarilla según se baja del tren o no se la pone hasta que no va a subir. Tampoco creo que haya mucha diferencia, vista las mascarillas que usa la gente, algunas más pasadas de fecha de caducidad que la Yola y su prima la Gayola. 

En el aeropuerto, lugar que en julio tenía zonas de uso obligatorio y zonas que no, ahora es supuestamente todo obligatorio pero se ve lo mismo, algunos la usan y otros no y como es un derecho constitucional del que decide no usarla, a joderse tocan. Mientras tanto, las camas de Cuidados Intensivos en los Países Bajos están a punto de alcanzar el COMPLETO y ya están avisando que a partir de la semana que viene, los nuevos clientes serán enviados a hospitales en Alemania, con lo que comenzarán las batallas campales con familiares posiblemente contagiados que no usan la mascarilla pero exigen que a su pariente lo pongan en el hospital más cercan a su casa. 

En el avión el respeto al uso continuo de la mascarilla fue relativo, como tenía una fila para mí solo y estaba al final, yo iba seguro, pero podía ver gente que se la quitaba y las azafatas no estaban por la labor de recoger la cabina cada ciento veinte segundos obligando a ponérsela, algo que si hacen en las líneas aéreas Turcas, en las que el acoso a los que se las quitan es continuo y agresivo y la ley y la policía turca no son tan gentiles como las de los países europeos, con lo que el pasajero que intenta saltarse la ley siempre será el perdedor y lamentará el resto de su vida el error de aquel vuelo. 

Al llegar a España, en el aeropuerto de Gran Canaria, la mitad del avión se quitó la mascarilla dentro del aeropuerto y no había una sola persona de seguridad o policías pegándoles con las porras y obligándolos, solo al llegar al punto en el que te miden la temperatura se las hacían poner, lo pasaban, se la quitaban y se iban a recoger su equipaje y salir sin la misma. Yendo por dentro de la terminal hacia el lugar de la parada de guaguas, por detrás de mi vienen tres pasajeros sin máscara y hacia nosotros vienen dos picoletos de aeropuerto que a menos que padezcan algún tipo de ceguera, lo vieron. Los colegas hicieron un arco fabuloso para incrementar la distancia y pasar tangencialmente haciéndose los locos. 

Por las Palmas, aunque se usa muchísimo más que en los Países Bajos, también se ve con frecuencia a los que se la ponen por debajo de la nariz o protegiéndose la barbilla, que según la OMS es el lugar por el que te ataca el virus para esas personas. En las terrazas por la playa de las Canteras, hay carteles enormes diciendo que solo se puede quitar en el momento en el que se come y se bebe pero la gente según se sienta en una mesa se la quita y allí nadie les dice nada. Al menos ya he comprendido el concepto del metro y medio entre mesas. Se mide entre el centro físico de la mesa, en el medio, ya que el virus de las personas que están en la susodicha se concentra en ese punto y por eso es tan importante que haya un metro y medio con la otra mesa, aunque los clientes de la misma estén separados por cuarenta centímetros. 

Con humanos como los que tenemos, lo más deseable es que el virus acabe con el cincuenta por ciento de los infectados y al menos así, en un solo invierno, limpiaríamos la raza de un montón de código genético que está claramente corrupto y lo mejor es borrarlo. 

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Folclore Nórdico Reality sucks

Llegó el peligro

Resulta que después de que se les haya descontrolado el puto virus truscolán en los Países Bajos, ayer el presidente de la nación da un discurso que sigue casi la mitad de la ciudadanía y toma algunas medidas, con lo que estamos en una especie de cuarentena que no es cuarentena. Tras ver como se han desmadrado los positivos, que esta semana están en torno a los siete mil y pico diarios para un país con diecisiete millones de julays, las máscaras siguen sin ser obligatorias, aunque fuertemente recomendadas en interiores pero nunca en la calle. Resulta que solo las pueden recomendar, pero no obligar, porque la constitución holandesa garantiza el derecho a la privacidad que incluye lo que te pones de ropa y si no te sale de la pipa del coño ponerte una máscara, no te pueden obligar, ya que los denuncias y siempre, siempre, siempre, ganas. Así que se inventaron eso de que no funcionan o que no está probado pero todo es por culpa de la constitución. El gobierno está ahora tratando de que se apruebe una nueva ley temporal relacionada con la pandemia y una vez sea aprobada en congreso y senado, como estaremos en un estado de emergencia, el gobierno podrá ordenar el uso obligatorio de las máscarillas, algo que no sucederá hasta seguramente el final del mes. En espacios interiores es otro cantar porque con la coña del derecho de admisión, si no llevas una están perfectamente protegidos legalmente para ponerte en la puta calle. Mientras esta ley se aprueba, cada vez más y más gente usa las mascarillas porque empiezan a tener miedo, conocen a alguien que tiene el virus o que murió por el virus truscolán, ya no es algo lejano y desconocido, ahora les está tocando de cerca con tanto enfermo y los hospitales holandeses se están llenando rápidamente, las unidades de Cuidados Intensivos están viendo su capacidad mermada y por culpa de la mala planificación del gobierno, operaciones para gente con cáncer u otros problemas tienen que ser anuladas y esos pobres morirán.

Lo que sí hizo ayer el gobierno holandés y lo hizo en contra de sus propios asesores, fue cerrar por completo bares y restaurantes para comer, solo se puede ir a recoger pedidos. Sus expertos les decían que cerraran los bares y dejaran abiertos los restaurantes en donde se puede mantener la distancia pero parece que en el gobierno prefieren el sistema más fácil de controlar. La otra medida estrella es prohibir la venta de alcohol o su tenencia o consumo a partir de las ocho de la noche en espacios públicos. Puedes ir al supermercado, que estará abierto después de esa hora, pero si intentas comprar alcohol, no te lo venderán. Esto tiene pinta de broncas masivas en los supermercados, que pagarán el pato de la gente cabreada.

Antes se aplaudía a los trabajadores sanitarios y ahora, cuando trasladan pacientes entre hospitales para liberar espacio o para poder atender otro tipo de problemas de salud, las familias de los pacientes los atacan y han acabado con securatas en los hospitales para detener y neutralizar a las familias, casualmente, las mismas que se pasaron por el forro de los pelos del culo las medidas que les hubieran evitado el verse en esa situación, que aquí todo el mundo conocía las reglas pero la gente se confió y comenzó a saltárselas descaradamente y sobre todos los jóvenes, que son los que ahora están metiendo en cuidados intensivos a sus padres y abuelos con las juergas que se corren porque el virus supuestamente no se les pegaba a ellos.

Resumiendo, los Países Bajos, que se veían como la excepción Europea y el lugar en el que todo funcionaba sin restricciones duras, van de puto culo y cuesta abajo.

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buceo Reality sucks

Estoy aquí debajo

Yo soy de los que cuando va a bucear, llevo el equipo mínimo y prefiero alquilarlo. Hasta ahora, las únicas cosas que iban conmigo eran mis gafas de buceo, que me las compré para poder escupirlas a gusto y sin disgusto pensando que otra saliva ha estado allí antes de la mía, mi computadora de buceo, que se disfraza de reloj aparatoso que va en tu muñeca y que cuando, por ganar gramos en el equipaje de mano, me lo pongo mientras viajo, despierta la curiosidad en los controles de seguridad porque aquello es tan grande que parece que llevo una bomba en la mano y finalmente, mi cámara deportiva con su carcasa, su palo-selfie y acoplado al mismo, una luz, que ellos llaman antorcha, yo llamo luz aunque podría ser una linterna submarina. Bueno eso y en alguna ocasión algo de ropa específica para el buceo, pero nada más.

En España, desde julio, se exige que cuando bajes al fondo marino del agua del mar, además de la antorcha y el computador de buceo, que ahora son obligatorios, también hay que llevar una boya y su carrete. Como no todos los centros de buceo las tienen para prestar (o alquilar) a sus clientes y como también me la están pidiendo en algunos centros de buceo en Asia, fui a mi tienda china onDEline favorita y tras regresar de Gran Canaria casi al final de agosto me compré una, más que nada porque te ahorras prácticamente la mitad del dinero y yo, sinceramente, espero no tener que usar jamás esta cosa.

La supuesta boya de buceo, sirve para marcar tu posición en la superficie del agua, para que los barcos que están pasando por el lugar tengan precaución y no te arrollen. También avisa al barco con el que has venido del lugar en el que vas a salir y así se van acercando con cuidado para recogerte. Lo normal es que la boya se lance cuando estás haciendo la parada de seguridad de tres minutos a cinco minutos de profundidad, más o menos en ese punto, el Dive Master que lidera la inmersión, lanza la suya. Todo el grupo subirá junto y por eso se lanza solo una y esa misma razón hacía totalmente innecesario el tenerla, yo bajo y subo siempre con un Dive Master de un club de buceo, no voy por mi cuenta y jamás me iría del fondo sin el colega. Como ahora, legalmente hay que llevarla, esto son casi cuatrocientos gramos de carga. La boya, una vez extendida, es una salchicha de un metro y veinte centímetros en color vivo y con una coña que refleja la luz en la superficie y que llenas con aire bajo el agua y ella se va solita disparada hacia arriba. Una vez sales, desinflas la salchicha, la enrollas y lista para la próxima inmersión. En la foto aparece también el carrete con sus quince metros de cuerda, a la que irá amarrada la boya. Cuando le pones el aire a la boya, con el dedo metido en el eje del carrete, lo dejas girar y la boya sale sola, solita, sola afuera del agua del mar y se queda como un pino plantado en el océano. Para llenar la boya, se usa aire del tanque, que si tienes que llenar eso bajo el agua con tus pulmones, es mucho trabajo, llenándolos de aire, quitándote la boquilla, echando aire en la boya, buscando la boquilla, volviendo a ponértela en la boca y cogiendo aire. Por suerte llevamos una adicional por si se nos estropea la principal o por si tenemos que compartir aire con otra persona, concepto que aunque me lo han explicado, siendo como soy egoísta, no lo termino de comprender. Se puede usar esa segunda boquilla para meter el aire en la boya y seguir respirando por la principal tan a gustito.

Lo dicho, que lo compré porque lo tengo que llevar pero espero no tener que usarlo nunca.