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Autorretrato al ocaso

En Bodrum, con el Turco, me lo pasé genial, descansé y me desconecté de todo, que es lo que quería y de alguna manera, el Turco parece ser la persona perfecta para esos menesteres, me deja a mi bola y no me agobia, algo que yo le agradezco un montón. Además, su padre es un puntal, está siempre haciendo ejercicio físico y me arrastra con él a caminar, correr, nadar y nos divertimos a primera hora, cuando el Turco aún no se ha levantado y para cuando lo hace, flipa cuando escucha todo lo que ya hemos hecho. De las cienes y cienes de miles de fotos que hice en Bodrum, mi favorita es la de hoy, aunque aquí la vemos en una nueva versión filtrada que también mola mazo y que nos lleva a un pasado no muy lejano que era ciertamente mejor que los tiempos del coronavirus. Tenemos un ocaso espectacular, con el sol a punto de esconderse tras una pequeña isla en Gümü?lük. Por razones que no me explico, mi pelo, mi barba, el sol, el encuadre, todo, todo, todo quedó perfecto. Decir, para la hemeroteca, que tras ponerse el sol nos bañamos y que el ocaso lo presenciamos sin nadie más, que éramos los únicos interesados en ver aquel momento único.

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El cine enmascarado

Aunque llevo en Gran Canaria más de una semana, no fue hasta ayer que me arriesgué a ir al cine. Al ser recintos cerrados y visto el drama de todos los programas de noticias, como que no me acababa de convencer el concepto. Ayer, finalmente, decidí darle una oportunidad, algo que me pusieron complicado ya las dos cadenas de cine que hay en la ciudad y el multicines que es más de cine de autor. Este último solo abre de viernes a lunes, con lo que lo tuve que descartar. De los otros dos, el Yelmo ha actualizado su programa para el teléfono y ahora no lo puedo instalar porque solo está disponible en la tienda de Apps española de GooglEvil. Tremenda estupidez, ya les he mandado un mensaje que por supuesto ignorarán y como no lo puedo instalar, tampoco les puedo dejar una crítica negativa. La otra cadena, Cinesa, me permiten instalar el programa pero después no funciona, no pasa de la pantalla inicial preguntándome la ciudad. Todo un canto de cisne a los programadores que han hecho los programas de ambas empresas, como para ahogarlos en un vaso de agua y después soltarlos en una playa truscolana de noche para que se infecten y revienten como ratas. En fin, que mirando por la página güeb de la segunda empresa, vi una peli de terror en cartelera. Ayer por la tarde, tras la playa, los ejercicios de Duolingo y escribir la anotación, fui andando al cine, que está a unos diez minutos de la casa de mi madre en un centro comercial que parece desierto, como si hubiese habido un evento que finiquitó la población del planeta. Llegué a la tercera planta, ya con las manos desinfectadas dos veces y fui a comprar la entrada. La empleada me confirmó que saben que su programa para Androitotorota es una puta mierda del copó y está petando a todo el mundo. Me recomendó usar la página güeb, como hice. Nos colocaron sin estar arrejuntados en la sala y en total éramos cinco. Lo que yo no sabía es que hay que ver la película enmascarado, con lo que esa sí que fue una nueva experiencia para mi, una que aún no estoy seguro de apreciar, ya que es un agobio el tener una máscara en la cara mientras ves una peli.

A la molestia de la máscara se unió que no había imagen, así que alguien fue a quejarse y tardaron más de cinco minutos en solucionarlo, solución que consiste en apagar y encender el proyector y el ordenador que está pegado al mismo para interpretar los unos y los ceros del cine digital y tal y tal. Finalmente tuvimos imagen y con algo de retraso comenzó la película, aunque justo antes, en una especie de comercial contando las medidas de la cadena de cine contra el virus este truscolán, nos decían que al acabar teníamos que esperar en la sala para que un empleado nos indicara como salir. Terminó la peli y el empleado nunca vino, así que cuando los títulos de crédito ya estaban por la mitad, me levanté para irme y los otros cuatro me siguieron. También noté que el cine está a medio gas, que de todas las salas que tienen solo han abierto la mitad, el resto están cerradas.

Si al llegar al cine aquello era un erial, al salir, a las diez de la noche, allí no había nadie, te daba hasta grima caminar por aquel mausoleo enorme dedicado al consumo y que parece haber sido abandonado por aquellos que adoraban a sus dioses allí. Hoy que es viernes iré al que solo abre cuatro días, que está en el medio de la calle y espero que la experiencia sea mejor, aunque con ese es aún más ruleta rusa ya que requieren de al menos tres espectadores para encender el proyector.

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Mira que hay cerdos

Cuando comenzó el año 2020, la cantidad de máscaras de esas para tirar tapándote la cara que existía en el universo era muy limitada. Medio año más tarde seguramente hay más máscaras en el universo que julays, facilmente se han superado los siete mil millones de máscaras y muchas de ellas las ves tiradas en la calle, en la playa, en el mar, en el campo, en los parques, por todos lados. Se hablaba de los micro-plásticos, se hablaba de los plásticos normales, se hablaba de concienciar a la gente de un montón de cosas pero ahora, lo más urgente, es amputar las manos, las piernas y las pollas a todos aquellos que tiran máscaras por ahí para asegurarnos que se les pueda poner en una maceta grande en su Keli y no vuelvan a salir de la misma en su puta vida. Lo de las máscaras desechadas clama al cielo, incluso en ciudades en las que se barre y se limpia las calles a diario las puedes ver y en el mar ya he visto alguna. En los Países Bajos, en donde aún son solo obligatorias en el transporte público y dentro de los aeropuertos, idea que viene de los famosos expertos que parecen creer que cuando vas a viajar es más probable que te peguen algo que cuando estás en un supermercado petado de gente, pues en ese país ya he visto alguna flotando en algún canal en Amsterdam y en los parques que hay cerca de mi casa.

Seguramente muchas de esas máscaras abandonadas acabarán en el estómago de tortugas, de tiburones, de ballenas y después tendremos escenas terribles en la tele con esos animales muertos con sus estómagos llenos de máscaras y todos nos horrorizaremos pero está claro que algunos de nosotros han sido los responsables. Ahora que la gente está más calmada y todos tienen sus máscaras desechables, habría que obligar a la gente a comprarse de las de tela que se puedan lavar y reutilizar y meterle unos impuestos escandalosos a las otras para desincentivar su uso. Por supuesto los políticos no lo harán. Ellos siempre van por su propia senda que nunca es en nuestro beneficio o en el del planeta.

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El capullo

Estaba en la playa manteniendo la distancia social en la zona conocida como la Peña la Vieja, ya que para evitar las aglomeraciones en la playa de las Canteras me he mudado desde la Playa Grande a esta parte, menos concurrida porque hay algunas lajas enormes a la altura del agua, unas rocas planas que según un cartel que está en la avenida, son el resultado de una época glacial en el planeta hace por lo menos tres décadas o quizás más, que al parecer en aquella época la playa que había allí se transformó en esas rocas, o eso dicen, que como lo escriben los expertos, pues yo no me lo acabo de creer porque todos sabemos que esa gente se invente sus teorías y cuando se descubre que son falsas, las cambian sin vergüenza alguna. Volviendo al tema. Estaba en la arena, tomando el sol y manteniendo unos cinco metros con la gente que estaba a mi alrededor. En eso que llega un julay seguramente truscolán y pone una toballa a un metro de mí y sus cholas Moises. Según las deja, pegado a mi se va hacia el agua. Yo recojo mi toballa y mi bolsa y me cambio de sitio. El tío que lo ve, vuelve, recoge su toballa y la pone a un metro de la señora que estaba más cerca de mi. Ella, cuando él se va hacia el agua, recoge y se muda. El tipo vuelve y agarra sus cosas y se aproxima a una pareja, solo que ellos, que ya estaban al loro, lo paran en seco y el chamo le dice gritando que como les ponga la toballa y las cholas al lado, se lo tira todo al contenedor de basura. Como informó al pollaboba ese sin ningún tipo de conciencia social a gritos, todo el mundo captó los conceptos y al truscolán de mielda solo le quedó la opción de irse a otra parte de la playa.

Probablemente, el chamo pretendía proteger su toballa y zapatos por si alguien se los robaba, una toballa que debía tener los mismos años que la Gran muralla de China y unas cholas que seguramente te infecten con todo tipo de enfermedades si se las quitas para ponértelas. El tipo además se movía por la playa sin máscara. Si hubiese tenido un ápice de educación, habría llegado con la máscara puesta, se habría acercado a alguien y le habría pedido que le vigilaran su basura mientras se bañaba y prácticamente el mil por ciento de la gente le habría dicho que sí y no habríamos tenido esta movida.

Igual que él tenemos al que se te acerca a centímetros sin máscara, el que se te mete en el ascensor, el que te echa el aliento a la cara o los que en los semáforos se ponen tan cerca de ti que puedes oír los latidos de su corazón. Esos son los que están en el primer círculo de gente que hace imposible acabar con el virus porque ellos jamás cambiarán, se creen de una naturaleza superior y es el mundo el que se tiene que adaptar a sus antojos.

Como lo vea mañana, según se me acerque simulo un ataque de tos directo a su cara y veremos la alegría tan grande que le entra en el cuerpo.