Impregnando la madera con pintura de la peor

No seas truscolán y empieza a leer esto por donde se debe, que no es otro lugar que La buhardilla

Uno de los lugares que más nos preocupaba pintar era el de los paneles de madera bajo la buhardilla, ya que la madera es conocida por su mamonería y las ganas de mamar pintura a destajo. Aunque tratamos la madera previamente, teníamos nuestras dudas y optamos por saciar la sed de la madera y asegurarnos que la cantidad de pintura de la buena, era la justa. Después de pedir cita previa, fui a una de esas tiendas que venden de todo a precios regalados y allí compré pintura de la más barata para madera blanca. La diferencia de precio entre tres cuartos de litro de pintura de esa y la de calidad es escandalosa, así que si los paneles se la querían mamar al completo, mejor que fuera con esta. Pintamos los paneles y cuando acabamos, se veían bien, aunque ya en la foto que viene a continuación se aprecia una diferencia con respecto a las paredes de hormigón.

La foto la hice después de pintar porque al día siguiente, efectivamente, aquello era más bien color madera, con lo que optamos por darle una nueva capa de imprimación, solo que esta vez, el producto tenía donde agarrarse. También decir que todas las otras pinturas que he comprado, las de grupo de “las buenas”, son pinturas “de agua” y no tienen ningún olor y cuando te manchas, es muy fácil quitar las manchas de las manos. La pintura barachuza no era de las de agua y tuvimos que abrir las ventanas al pintar porque el olor era muy intenso y se quedaron abiertas hasta el día siguiente. También, a la hora de lavar las brochas y los rodillos, algo que hacemos cuando vamos a cambiar de color, en este caso tuvimos que usar un disolvente de pintura porque el chorro de agua del grifo como que era incapaz de eliminar la pintura.

Con este interludio nos quedamos a las puertas del descubrimiento del color que complementará al blanco papiro, que es más bien un gris, como quedará demostrado una y otra vez en futuras anotaciones.

Llegó el primer día de pintar

No seas truscolán y empieza a leer esto por donde se debe, que no es otro lugar que La buhardilla

Después de una miríada de tareas, por fin llegamos al día en el que comenzábamos a pintar la habitación con la buhardilla. Solo iban a ser dos paredes, las amarillas, las del fondo, ya que todavía estábamos esperando que se acabara de secar el estucado de los laterales y además, esa zona tendrá un color diferente. Para la elección del color hice una gran investigación basada en mis gustos y en como van cambiando con el tiempo. Después de diez años, había llegado la hora de esconder el amarillo y aunque seguirá ahí, la gente no lo verá porque solo es un quince por ciento de los colores que se mezclan para conseguir el elegido. En este caso quería una pared que cambie de color a lo largo del día, que en los momentos de mayor luminosidad sea de un color y por la tarde y por la noche sea de otro. Para eso, elegí el color RAL 9018, también conocido como blanco papiro, un gris blanquecino que durante el día puede engañar y hacerte pensar que es blanco pero por la tarde y por la noche le sale el ramalazo gris y se ve claramente que no lo es. No teníamos ni puta idea de cuanta pintura nos haría falta así que teníamos para dar dos manos. El trabajo fue muy rápido, algo menos de una hora y cuando acabamos lo dejamos secando hasta el día siguiente, sin saber si la imprimación funcionaría o si habíamos hecho una chapuza. Al día siguiente, todo salvo un par de pedazos estaba perfecto, así que le dimos una segunda mano al lugar con los fallos y el resto no lo tocamos.

En la foto con la regadera posando se puede ver que la pared es un gris con un quince por ciento de amarillo y para aquellos lerdos que tengan una falta de vista terrible, que miren las láminas blancas del suelo para que aprecien la diferencia de color. En la parte más baja de la pared se pueden ver restos del amarillo que serán cubiertos con el zócalo del laminado del suelo. Casualmente, la pared a la que le dimos una segunda mano fue a la de la izquierda. Ese día, cuando ya habían pasado tres semanas y pico desde el momento en el que colocaron el estucado, decidimos empezar a preparar los laterales para semejante evento y procedimos a la imprimación.

En esta segunda foto para la que la regadera fue tan gentil y posó nuevamente, vemos la pared que habíamos alisado ya con su color blanco papiro y la cinta con protección de papel usada para que la imprimación no nos joda el trabajo ya realizado. Esos paneles se quedarían secando hasta que les llegue su hora. El día en el que hicimos este trabajo fue un sábado y suspendimos las tareas hasta el martes siguiente, así que los paneles tendrán tiempo para secarse y además, no pensábamos pintarlos hasta el miércoles, con lo que en el próximo capítulo, nos centraremos en los paneles de madera bajo la buhardilla, que aunque no se ha visto, ya les hemos dado una mano de pintura barata blanca de madera para que la madera absorba todo lo que quiera y así ahorrarnos una segunda mano de la pintura y el color bueno.

La reconstrucción

Después del incidente que conté la semana pasada y tras múltiples llamadas de la asistente del dentista, hoy me llegó la hora de finiquitar lo que empezaron en el dentista de urgencias. Recordar que primero me dieron hora para el diez de mayo, después me la cambiaron al lunes casi a las cinco de la tarde, después la pusieron a las cuatro y finalmente en la última llamada la cambiaron para las tres menos diez. Yo salí de mi casa con tiempo y llegué cinco minutos antes de la cita, como recomiendan ahora por culpa del virus truscolán y podemita, que ya no hay sala de espera dentro del dentista para macerar virus y tienes que esperar o en la calle o en una silla que han puesto en el vestíbulo del edificio y con la que te garantizas que si alguno de los moradores de aquel edificio lo tiene, te lo pasará con gran alegría y emoción. A la hora que me correspondía entré, previo interrogatorio para saber si tengo síntomas truscolanes, si conozco algún podemita o si mis pupilas han estado expuestas a cualquiera de esas dos raleas, preguntas que solo se pueden responder con un NO claro o te echan. Me senté en la silla esa galáctica que a mí me da mal fario y el chamo agarró el garfio y se puso a mirar en mi boca y a escarbar en la masilla o el plastote que rellenaba el agujero. Según él, era posible e incluso probable que el diente, que solo está roto en su parte interior, tenga la rotura muy adentro de la encía y entonces si lo rellenan acabará cayéndose más pronto que tarde. Me hicieron una radiografía con la pistola esa que tienen los dentistas para el tema y que es realmente terrorífica, con el julay y su asistente corriendo a esconderse en algún otro lugar para evitar las radiaciones 5Gé que produce esa cosa, que por eso la gente está tan en contra de esas antenas. Cuando miró la radiografía, vio que la rotura se queda un milímetro y medio o dos por debajo de la encía pero yo opté por empastar, a sabiendas, como él me tripitió y cuatripitió, que esta solución puede durar poco, pero prefiero intentar salvar el diente porque el resto del susodicho está en perfectísimo estado y si tengo que sobrevivir a base de lentejas y garbanzos para el resto de mi vida, pues que así sea.

Por como me lo habían puesto por teléfono, la operación iba a tardar un montón, pero básicamente en lo más que tardó fue en poner la inyección en la encía con la droga que usan para dormírtela y la espera hasta que te deja la boca y la lengua paralizadas. Después llegó con su taladro favorito y sus otras movidas y yo me fijé en la luz que tengo sobre mí y me dediqué a hacer la meditación mindbullshitness de la respiración consciente y consiguió desvincularme totalmente de lo que sucedía en mi boca con armas de diverso calibre mientras yo miraba tan feliz hacia esa luz y hacía mi ejercicio de meditación. A mí me pareció un rato corto, ya que taladró y limpió, después metió yeso y escayola, después con otra máquina como que endureció los susodichos y después le dio algo de forma, parte que fue la más curiosa porque me decía que cerrara la boca pero como la mitad de la misma estaba totalmente dormida, yo cerraba la boca, pero la mitad se quedaba entreabierta y el hombre terminó teniendo que agarrarla y moverla él mismo. Después me dijo que acabó y que me podía ir a tomar por jauer y que era probable que volviera pronto. Me sugirió no pasar el hilo dental en los alrededores de esa muela, aunque sí usar el cepillo de dientes y no comer nada en los siguientes quince minutos, que contando que el viaje en bici a mi casa toma veintiún minutos, estaba seis minutos sobre el margen, aunque a ver quién quiere comer con media boca dormida, que por no poder, no podía ni beber agua como un ser humano normal y ya no te cuento ni el drama al jincarme los polvos de los pulmones, que yo diría que la operación fue un fracaso casi entero y en lugar de ir a los pulmones, hoy se quedaron en el boca.

Veremos cuánto dura esto. Por ahora tendré muchísimo cuidado masticando, hasta que supere el trauma. Lo que sí que tengo claro es que jamás compraré una silla reclinable blanca, me provocaría unas pesadillas horrendas y horrorosas.

Reaprovisionamiento carnívoro

Hace apenas diez días que se cumplieron seis meses de mi aprovisionamiento con El carnicero en tu puerta y casualmente hoy me he jincao la última porción de Pulled pork, que me queda de reputísima madre. Ayer, cuando sacaba esa última bolsa del congelador y me acordaba de aquellas hamburguesas de carne Angus australiana tan ricas, decidí entrar en la güé del carnicero y reaprovisionarme, que además coincide con el final de un ciclo y tengo un cajón del congelador prácticamente vacío, algo que no vemos muy a menudo. Se me fue el baifo al cielo porque está claro que yo no tengo un puto átomo vegetariano en el cuerpo. Empecé con la carne de cuello de cerdo para hacer Pulled pork y elegí la de los cerdos de Heyde Hoeve, que todo el mundo coincide en que es la mejor carne de cerdo criada y producida en los Países Bajos. Me compré un cuellazo de dos kilos y cien gramos. Por supuesto, seis hamburguesas Angus de ciento ochenta gramos, que están del copón y como la otra vez me entró curiosidad, dos hamburguesas Rubia Gallega dry-aged que dicen que son la repolla. Ahí ya me chiflé del todo y añadí tres costillares sin pellejo, medio kilo de carne de cordero picada para hacerme otras hamburguesas rellenas con queso pecorino que están para cagarte por las patas pa’bajo y finalmente, un kilo de filetes de lomo de cerdo para adobarlos como se hace en España, que tengo morriña del lomo de cerdo de la patria (aunque en el super me compré un paquete de dos el otro día y estoy marinándolos en un paquete al vacío durante cuatro o cinco días para cogerle el tranquillo a la receta). En este punto, tuve que dejar de pedir porque esto ya me llenaba de sobra un cajón del congelador y hasta que no haga el Pulled pork o las costillas, esas cosas acaparan espacio.

Como la vez anterior, si compras antes de las diez de la noche lo tienes al día siguiente en tu casa congeladísimo, que no sale de la carnicería hasta la una de la tarde en un camión frigorífico y lo mantienen en congeladores hasta el reparto final y te viene envasado con hielo dentro y muy bien.

Esta vez parece que me tocó antes en el reparto y a las cinco de la tarde tocaban en mi puerta y me entregaban mi compra. En la foto anterior vemos el nuevo embalaje y en la parte superior, las hamburguesas Rubia Gallega, la carne picada de cordero y por debajo el megatrozo de cuello de cerdo. Con esto estoy más que servido hasta octubre, a menos que me entre otro frenesí y me lo coma todo de un tirón. Hay cosillas, como las costillas, que sí puedo conseguir de buena calidad en los carniceros cercanos y estoy seguro que en las tiendas de los terroristas se puede conseguir la carne picada de cordero, pero incluso en esos casos, no llegan a la calidad que tiene esta gente.