Sigue esperando tu carta


Solo cuando desapareció la gente se dio cuenta de lo especial que era tener un sistema nacional de correo que te permitía mandar una carta cualquier día de lunes a viernes y que la recibieran al día siguiente. Podías perder tu tarjeta de crédito, llamabas al banco o usabas el programilla en el telefonino, y al día siguiente tenías la de repuesto en tu buzón, por supuesto, sin activar. Lo mismo sucedía con las invitaciones para funerales, que tradicionalmente se envían por correo y con cualquier otra cosa. Podías llamar a una empresa, discutir algo, el resultado acababa en un documento que te llegaba a tu keli al día siguiente. Era la gran ventaja de un país pequeño y con un correo eficiente. Desde el doce de julio pasado, o sea, hace algo más de tres semanas, el tiempo para recibir una carta ha subido a los dos días laborables (con el sábado incluido para recibir correo). Y no es barato, que un sello para una carta de hasta veinte gramos en los Países Bajos ya cuesta un leuro y cuarenta céntimos de leuro, algo que resulta difícil de entender cuando te puedes comprar cosillas en el Ali, el Temu o el Chéin y te llegan desde la China, gratis total y en cinco días laborables y eso son miles y miles y miles de kilómetros.

Ahora tenemos la posibilidad de pagar requetequeteque-prioridad, estilo Raianér y por la módica cantidad de tres leuros y noventa y cinco céntimos sí se molestan en entregar la carta al día siguiente. Al parecer este nuevo sistema durará poco, ya que el año que viene pretenden suprimir el sábado como día de entrega de correo y aumentar el tiempo hasta los tres días y además, quitar buzones de las calles, que ahora todo el mundo, al menos los que vivimos en ciudades, tenemos uno en un radio de como máximo un kilómetro y al parecer, cuando hagan la matanza de los buzones, tocará caminar un rato bien largo.

Está claro que las cartas están condenadas a la extinción total, si van a tardar tanto tiempo, ya no tienen sentido alguno y los bancos, cuando tengan que mandarte una tarjeta, la enviarán por paquetería, que hay tropecientas empresas, te llegará posiblemente en el mismo día o al día siguiente y les costará una ínfima parte de lo que vale usar el correo, que ya no es público, porque la empresa se privatizó y ese fue el momento de su sentencia de muerte.

Parece que también los que repartían folletos publicitarios están viendo su ocaso, nadie los quiere y están muy mal vistos porque al fin y al cabo, son árboles que han tenido que cortarse para que un güevón pueda ver las ofertas del supermercado que puede mirar perfectamente en su telefonino o en las internetes


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