Por debajo del puente Nelson Mandela en bici

La semana pasada comentaba lo de La obra en el carril bici y este fin de semana, cuando iba hacia el cine hice un cutre-vídeo en el que las palabras se tornan imágenes que son más fáciles de procesar por nuestros cabezones, que lo visual siempre tira más y sobretodo cuando los dos lectores tienen ya tremenda edad. Les fascinará el ver mi sombra que demuestra, nuevamente, que voy en bicicleta. La músiquilla de este minúsculo vídeo de menos de un minuto de duración es la hilarante versión de polca del clásico El bueno, el Malo y el Feo (obviamente truscolán) de Hans Zimmer y que se puede oír en cierta película de animación. En el vídeo se ve que según descendemos, llega un momento en el que estaremos por debajo del nivel del agua del canal. El puente, que era uno hasta el año pasado, ahora son tres y parece que están construyendo un cuarto. Los dos de los lados son carriles bici de dos direcciones en ambos sentidos, con lo que se refuerza la idea de conexión del centro de la ciudad en plan bici-pista con esta ruta que te permite cruzar Utrecht sin tener que ir al centro. Aunque se ve soleado e idílico, la temperatura era de cero grados y en el sonido original se puede oír perfectamente en mi respiración lo contentísimo que estaba de tener una mano agarrando el teléfono y sin guante. Por suerte la música elimina el sonido de esa tortura. Las obras que faltan son las conexiones en la superficie entre la vía ciclista que pasa por debajo del puente y las otras dos que llevan hacia el centro de la ciudad.

Contactando o algo así

Ayer me llegaba un correo de uno de mis ex-colegas en el que lo informaban de la muerte por viejo o quizás no de uno que se retiró en el año 2004, hace la tira de tiempo. Era un señor muy agradable que en mis primeros años en Philips, antes de vender la empresa a los amarillos, trabajaba mucho conmigo en los laboratorios y con el que me llevaba muy bien. El que me lo mandó es otro retirado con el que me veo unas cuantas veces al año para cenar y que hasta que el primero se retiró y seguramente durante décadas, siempre a la hora del almuerzo se iban a caminar juntos. Después del retiro, él intentó contactar con el otro varias veces para ir a verlo pero como que lo ninguneó. La forma en la que se enteró (o nos enteramos) de la muerte fue un tanto espeluznante, ya que le llegó un correo del muerto, el que lo había ninguneado durante más de quince años y cuando el hombre lo abre todo ilusionado se encuentra que la hermana le informa que tanto en su agenda de números de teléfonos como en la de correos electrónicos de su hermano estaba el nombre del chamo y que eso debía ser que era alguien lo suficientemente importante para él como para guardar esta información. También informó que la muerte fue inesperada.

Si tan importante era para su hermano, igual lo podía haber llamado o mandado un correo o incluso respondido a los del otro, que sé que no lo hacía. Lo de la hermana decidiendo a quién informar es más normal por aquí arriba, en donde la gente, si sabe que se va a morir, ya dejan las listas de personas que han de ser invitadas al funeral/entierro y en ocasiones, ya tienen hasta las tarjetas que se mandan para informar del fallecimiento elegidas y con el texto, esperando solo por la fecha de la muerte para encargarlas y enviarlas por correo. Como aquí, lo normal es el entierro (y funeral, que se hacen ambos el mismo día) como mínimo una semana después, hay tiempo para la impresión de las tarjetas y en muchas de esas empresas onDEline, hasta las meten en el sobre y si les pasas los nombres y direcciones, ellos envían las tarjetas directamente. Después todo depende de correos, que normalmente, si mandas una carta o tarjeta un día, se entrega al siguiente, salvo por el sábado o domingo, que si mandas en esos días, la entrega será el martes porque no hay recogida desde el viernes por la tarde hasta el lunes por la tarde y no hay entrega de correo ni los domingos ni los lunes.

Como yo le reenvié el correo del fallecimiento a mi amigo el Moreno, con el que sigo teniendo bastante contacto y con el que yo iba a caminar todos los días, más tarde, tras distribuirlo él, me manda un mensaje por el güazá dándome recuerdos de uno que según dice, yo me marché y les di la espalda a todos y nunca más quise saber de ellos. Lo único que puedo responder a eso es PoZí, sobre todo, porque el de ellos al que se refiere, es gente con la que trabajaba, pero ninguno de ellos era mi amigo y cuando salíamos de la oficina, ni ellos sabían qué era de mi vida, ni yo de la de ellos. Eran relaciones estrictamente laborales y por no tener, ni tenían mi número de telefonino, que al ser privado porque siempre me negué a que me dieran uno de la compañía para poder llamarme cuando se les antojaba, no lo tenían ni lo tendrán jamás, ya que lo que sí que debe picar mucho es que cuando le piden el número a uno de los cinco que lo tienen, ellos solicitan mi permiso y yo no lo doy. Lo mismo sucede con mi correo electrónico, que no lo tienen y yo no hice ese ejercicio de despedida colectivo tan popular por aquí en el que la persona que se marcha, el último día antes de entregar el portátil, manda un correo a toda la empresa y a la mitad del universo conocido dando las gracias por la buenísima experiencia que ha tenido, deseándoles a todos suerte y todo lo mejor, siempre y en la firma añade su correo privado para que puedan contactar con él (o ella) si lo desean. Yo no esperé hasta el treinta y uno de octubre para entregar el portátil, lo hice el quince de julio, el mismo día en el que según el documento de despido, me cambiaban mi estado laboral a NO activo, así que para evitar que la gente mandase preguntas o incluso me pidiera que trabajara en cosas para las que, contractualmente, no debía ni quería trabajar, entregué el portátil y así a los verbos deber y querer los sometí con el de PODER, ya que aunque quisiera ayudarlos, sin ordenador de ellos no puedo hacerlo. Lo mejor es que el que se quejaba de mi desapego con ellos, yo sé por qué lo hace, cuando a mí me habían echado y estábamos en el periodo de transferencia de mi sacrosanto conocimiento, organicé un montón de reuniones de varias horas explicándoles todo y entre otras cosas, que caería una bomba nuclear sobre todos ellos el veintiuno de diciembre de este año, cuando entrara en vigor el reemplazo del estándar de seguridad usado por todos nuestros productos. Hice al menos cinco reuniones explicándoles a todos los gerentes lo que debían hacer y el que se queja de mi desapego estuvo invitada a las cinco, pero no se unió a ninguna de ellas, entre otras cosas porque era amiguísimo de la zurriaga que estuvo en guerra conmigo y ahora, ella ni sabe, ni puede ni seguro que quiere ayudarlo y a él ya le deben estar temblando los cojones con la que le va a caer y el resto de los gerentes, como buenos Judas, se habrán lavado las manos porque tanto ella como él les caen mal. En cualquier caso y si mis cortafuegos me traicinaran y le pasaran mi correo electrónico o mi número de telefonino, el Androitotorota, el güazá, el correo, todos han mejorado horrores en los últimos años y en todos se puede bloquear a la gente y yo soy de los que mantienen una saludable lista de gente bloqueada en todos los servicios y si hay una brecha, el cortafuegos que me traicione, sabe que yo pagaré con el ninguneo máximo y perderá el contacto conmigo. El caminito que están siguiendo todos los que buscan preguntarme cosas del trabajo es el del linquin, la red esa profesional, solo que yo ya no acepto invitaciones de nadie que trabajó conmigo en esa empresa y en los próximos meses, incluso borraré a los que no quiero que sepan nada de mi, que al contrario que la gente esa que cree que tener cienes y cienes de contactos profesionales es normal y bueno, yo soy más de los que creen que si no trato contigo, ni me interesa lo que haces ni quiero que tú sepas lo que yo hago.

Y cerrando el círculo y volviendo al que la palmó, a ver si este fin de semana reviso los contactos en mi telefonino y les añado, a todos los que están ahí pero no son relevantes, una etiqueta que diga NIDECOÑA, para que mi hermana o quienquiera que encuentre mi teléfono cuando yo la palme dentro de unas décadas no se dedique a mandar mensajes a esas personas solo porque estaban en el teléfono.

Doscientos veintinueve

Hoy tenemos otro detalle estremecedor de lo que está sucediendo. El domingo pasado se cumplieron doscientos veintinueve días con la temperatura máxima en el instituto nacional de meteorología holandés por encima de los diez grados. Es un nuevo récord que por ahora sigue sumando días y no se sabe hasta cuando continuará. Entre las anomalías que tenemos está que en noviembre, ya pasada la mitad, seguimos cortando la hierba del césped porque sigue creciendo, cuando lo normal es que te olvides del césped en noviembre y no te acuerdes del mismo hasta finales de marzo porque se mantiene verde y no crece. Tenemos incluso noches con más de diez grados, que pueden provocar y provocan que por la mañana, a primera hora, yo salga a correr con la ropa de esta época del año y vuelva a casa totalmente bañado en sudor porque esa ropa está pensada para temperaturas de ocho grados o menos, y con once grados, me aso.

Vemos huracanes brutales por aquí y por allá, tormentas terribles y todavía los hay que creen que no está pasando nada. En el siglo XX (equis-equis), con sus cien añitos, solo en seis ocasiones se dio una racha de más de doscientos días consecutivos con más de diez grados de temperatura máxima al lado de mi casa. En el siglo XXI (equis-equis-palito), con sus escasos veinte años incluyendo este 2020 con la mierda del virus truscolán podemita y todo lo que nos ha pasado, ya ven ONCE años con más de doscientos días consecutivos con temperaturas máximas por encima de los diez grados. Hay que ser simplón para no ver que algo está muy pero que muy podrido y como no lo paremos, vamos a vivir una sucesión de catástrofes brutales de las que seremos los únicos culpables.

Aterrizando en Amsterdam de noche

Hoy llegamos al cuarto y último capítulo de una saga épica y ciertamente no legendaria con los vídeos de los despegues y aterrizaje en mi último viaje a Gran Canaria, en la era del virus truscolán y podemita ese tan puto. Todo comenzó Despegando en Amsterdam de noche, siguió Aterrizando en Gran Canaria, avanzó hasta el desenlace de hoy en Despegando en Gran Canaria. Como en el vuelo de ida pero a la inversa, salí de Gran Canaria un día precioso y llegué a los Países Bajos con noche cerradísima, con lo que no se ve nada en el vídeo pero todos sabemos que al Ancestral se la trae al fresco. En este caso, la música es la canción Oh baby de LCD Soundsystem, a los que descubrí a través de una de las series que sigo y esta canción me ha encantado y hasta modifiqué la velocidad del vídeo para poder usarla, ya que el aterrizaje, en su versión original, fue eterno por culpa del Polderbaan, la pista de aterrizaje que está en el medio de la nada y que usan por las noches (y de día) y que cuando te toca, significa que hay veinte minutos de correr el avión por tierra para llegar al aeropuerto, que el tren me lleva a mi casa en treinta, con lo que la pista esa la tienen que tener rescondida a un puñado de kilómetros de mi keli. No reconocí nada, así que no hay menciones de lugares.