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El césped en tu casa-barco

La semana pasada estuve un día en Amsterdam para darme un empacho de cine y como ahora estoy en la puta calle, puedo ir entre semana, durante el día y encima tengo prácticamente toda la sala para mí, con lo que reducimos el riesgo de contagio del virus truscolán ese tan puto. Mi triple sesión implicaba visitar tres multicines y desplazarme entre ellos y para ir al tercero, que era el Pathé Arena, como estaba muy lejos para ir andando desde Pathé de Munt y además era un día gris y con llovizna, opté por caminar todo lo que podía, que al final fue muchísimo más de lo que me esperaba. Saliendo del centro turístico de Amsterdam y del centro de la ciudad, decidí avanzar en dirección hacia la estación de metro de Amsterdam Amstel siguiendo el río Amstel y al comienzo noté algo raro, algo que no recordaba allí, así que hice una foto. Al fondo, al otro lado del río, tenemos el museo Hermitage Amsterdam, que ubicaron en uno de los edificios más especiales de la ciudad. En primer plano tenemos un barco-casa y sus inquilinos decidieron que ellos también querían tener un césped en su keli y aunque viven en un barco, buscaron la forma, poniéndolo sobre el techo. Ese mismo barco lo tengo en varias fotos hechas en años anteriores, ya que esa esquinita siempre me ha parecido fabulosa por todo lo holandés que comprime, que tenemos canal, bicicleta, barco-casa, puente y arquitectura holandesa y nunca antes había notado el césped. Mirando en mi archivo (y en los mapas de GooglEVIL), he descubierto que sí, que el cambio es reciente, que siempre había hecho la foto con un tejado negro, como de tela de alquitrán o algún producto impermeable parecido. El barquillo ha ganado mucho con el cambio, aunque yo diría que más que césped es algún tipo de musgo que no crece mucho y no necesita que le pases la podadora por encima, similar al que están usando sobre las paradas de guaguas en Utrecht y que han entrado en su segundo año y siguen estando verdes, aunque muchos no daban un duro por la supervivencia de esos pequeños ecosistemas.

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La farola esrengada

Cuando salgo a pasear con mi bici y hago mi ruta habitual del enclaustramiento, haciendo el circuito entre los ríos Lek y el Amsterdamrijnkanaal, ambos ríos en realidad como ramales del río Rín cuando se rompe en los Países Bajos antes de entrar al mar. En esa ruta cruzo un poblacho que hasta podría ser considerado barriada ultra-mega-periférica llamado ‘t Goy, que obviamente se pronuncia truscoluña no es nación y si lo quieres decir en neerlandés, la letra té con el apóstrofe es un escupitajo que debes dirigir a la cara del que tienes delante, si es posible un podemita con koleta o las hembras de su harén y el resto suena como joi, pero dicho con mala leche, como si te acabases de enterar que tus ancestros venían de truscoluña y que ya tu sangre es impura hasta el fin de los días y lo único en lo que puedes pensar es en el tipo de cuchillo que deberías comprarte para ponerle un final digno. Regresamos, regresamos, que ya me desvío … ‘t Goy es una congregación de un puñado de casas y negocios deportivos, que allí florecen, con unos seiscientos habitantes y el carril bici va paralelo a la calle principal, que vemos en la foto, justo antes de llegar a la zona en dónde tienen un colegio, en donde la carretera y el carril bici se fusionan, la carretera pasa a tener sucesivos estrechamientos para que los coches no puedan ir rápido y el asfalto cambia al color rojizo que indica que allí la máxima y la primerísima prioridad es para las bicis y que sirve para recordar que pase lo que pase en el lugar, en caso de accidente, la culpa es y será siempre del conductor del coche o la moto.

En ese punto, hay un banco orientado de tal forma que miras hacia la carretera y campos de manzaneros y seguramente filosofeas en plan barato sobre ambos asuntos y al lado del banco hay una farola que supongo que está tan esrengada por algún suceso trágico en su vida. Para aquellos que sean intelectualmente incapaces de entender la palabra, esta es una de esas palabras canarias, o más bien verbo, que además tiene dos variantes, la de esrengarse y también se puede decir desrengarse, con ambas significando lo mismo, cuando estás desbaratado, cansado, agotado, por ejemplo, Virtuditas, después de andar de un lado de su keli al otro, puede decir que está esrengada, ya que ella prefiere culocochear de punta a punta de la casa y lo de caminar la esrenga. La farola, volviendo a la foto, parece que lo que quiera que hizo antes de llegar a su destino final la dejó esrengada y aún así, hay una cierta belleza en esta composición artística que combina la utilidad del mobiliario urbano con un toque artístico rebelde. Seguramente esa farola es el elemento urbano más artístico que hay en ese poblacho, en el cual hay también restos de la época romana y algunas granjas y kelis que son tan ancestrales que es hasta creíble pensar que las construyeron antes de que comenzara la era de Genín.

Decir que siempre que he pasado por allí quiero hacer la foto pero hay gente sentada y me da corte hacer la foto del conjunto con gente mirándome con odio pero parece que la última vez tuve suerte y casi se me pasa ya que lo daba por perdido y tuve que regresar unos metros para sacar la foto. Fuera de plano y a la derecha, a unos seiscientos metros y separado por un montón de campos de manzaneros y otros terrenos de cultivo está el Amsterdamrijnkanaal y este es uno de los puntos en los que más alejado del agua estoy durante la ruta de treinta y siete kilómetros.

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Entre dos ríos

Con el cierre de los cines y la obligación del encierro, le he vuelto a coger gusto a lo de darme paseos en bici, sobre todo los fines de semana si hay buen tiempo. Hace unos años, cuando lo hacía, buscaba nuevas rutas todo el tiempo, lo quería ver todo en un radio determinado desde mi keli. Ahora lo tengo mucho más claro. Soy un privilegiado por la ubicación de mi keli, al sur de la ciudad de Utrecht. Cerquita de mi casa se unen el Amsterdamrijnkanaal y de Lek, ambos piezas del rompecabezas en el que se convierte el río Rín cuando se descompone en los Países Bajos. Entre estos dos ríos de nombre diferente pero del mismo padre y con las mismas aguas, hay una zona muy bonita para ir en bici y la ruta, completamente escénica, mil por mil billones en carriles bici, me permite hacer un circuito desde mi casa en unos treinta y siete kilómetros. Por lo general, hago el circuito en unas dos horas, sin prisas, parándome a hacer fotos cuando veo algo que me llama la atención, o simplemente a disfrutar de la belleza del entorno. Alrededor del río Lek hay un montón de zonas de recreo y playas y el carril bici va siempre por el lindero del río, sobre una duna que se hizo para evitar subidas del nivel del río Rín y que forman parte de la protección contra desbordamientos. La ruta me lleva a cruzar dos veces sobre el río, por puentes, algo que nunca deja de fascinarme porque lo de cruzar ese río gigantesco que recorre más de mil doscientos kilómetros en Europa es mágico, con esa agua que viene desde Suiza, Austria, Francia, Liechtenstein o Alemania.

Casi siempre voy primero hacia el río Lek y vuelvo junto al Amsterdamrijnkanaal, aunque dependiendo del viento, puedo cambiar el sentido, como hice el domingo pasado. Se me ocurrió usar mi pulsera mágica para seguir la ruta y al final obtuve la prueba visual de la ruta. Me paré tres veces y hasta eso quedó anotado. Las tres paradas están marcadas como puntos en el tramo derecho de la imagen, una en Het Goy y las otras dos del otro lado del río. Decir que el río Lek es también el borde con la provincia de Güeldres, que en neerlandés se conoce como Gelderland. Prácticamente en todo el paseo, o estoy junto al agua o junto a granjas con vacas, cabras, ovejas, caballos y gigantescas plantaciones de manzanos, que hace un par de semanas estaban todos en flor y le daban aún más alegría y cosa buena a esta ruta.

Esta ruta, en su práctica totalidad, forma parte de la red de carriles bicicleta de los Países Bajos y en las ocasiones en las que hay coches compartiendo la vía con las bicis, ellos son los invitados en esa carretera y han de respetar siempre las bicicletas.

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Koningsdag en reclusión

Los días festivos en enclaustramiento son lo peor de lo peor. Hoy ha sido el segundo desde que comenzó la movida esta, ya que el veintisiete de abril, en los Países Bajos, es el Koningsdag o el Día del Rey, que coincide con su cumpleaños. Incluso durante la ocupación alemana, el día de la Reina (en aquel entonces) o el del Rey (ahora) se celebró, aunque fuera a escondidas para que los nazis y sus aliados truscolanes como el que está en güaterlú se enteraran. La historia de esta celebración se remonta a 1885, cuando se celebró el primer Prinsessedag, en honor de la princesa Guillermina de los Países Bajos, la cual cumplía cinco años. Cuando cinco años más tarde se convirtió en reina, pasó a llamarse Koninginnedag, el día de la Reina y se celebraba el 31 de agosto, el día de su cumpleaños. Cuando Juliana se convirtió en Reina, se movió la celebración al 30 de abril, lo cual sucedió en 1949. Después, al llegar su hija al trono, en 1980, se mantuvo en ese día pese a que el cumpleaños de la reina era el treinta y uno de enero. Entre los holandeses que me lo han contado, un día de fiesta a final de enero es obscuro, frío y poco apacible así que lo mejor era mantener ese festivo en abril y así fue. En el año 2014, con el ascenso al trono del rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos, por primera vez en más de cien años hubo que cambiar la celebración de Koninginnedag a Koningsdag, o sea, del día de la Reina al día del Rey. Como su cumpleaños era el 27 de abril, se movió la fiesta a esa fecha. Cuando al chamo lo suceda su hija, que cumple en diciembre, está por ver si moverán la fiesta o la dejarán en el cumpleaños de su padre, que diciembre es un mes que tampoco se presta para eventos en las calles, juerga y demás. El de este 2020, ha sido el primero en el que se cancelaron completamente las fiestas, los mercados, las celebraciones y se restringió la celebración a la keli de los ciudadanos, justo en el año en el que mejor tiempo ha hecho desde que el chamo fue proclamado rey, que hoy hemos tenido temperaturas de hasta veintidós grados y sol en su día, cuando en años anteriores nos movíamos entre quince y diecisiete y baldes de agua a porrillo. Muchos pensaron que la gente no lo respetaría, pero salvo por un grupo de estudiantes en una universidad al norte del país que trataron de montar una fiesta y fue neutralizada por la policía, no han habido eventos multitudinarios. También es cierto que aquí todos somos muy conscientes que la libertad para salir a pasear, a correr, a comprar, siempre solos o en grupos de menos de tres y manteniendo el metro y medio de distancia entre las personas, esa libertad es un lujo comparado con otros países europeos y no la queremos perder, así que tras cinco semanas ejercitándola, todos nos hemos convertido en expertos en el metro y medio y nos cruzamos por caminos o por aceras dejando esa distancia o más y cuando no es posible, por lo general una de las personas se para y se gira para que no haya transferencia alguna entre ambos peatones.