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Desde Doha a Amsterdam

Ayer en Desde Kuala Lumpur a Doha veíamos el segundo de los tres saltos que di para ir desde el islote de Mabul en Malasia hasta Amsterdam. Nos habíamos quedado en Doha y hoy tenemos el vuelo desde allí hasta Amsterdam. De nuevo, al ser pobre, me tocó en una zona muy chunga para hacer vídeos pero es que no había otra opción si quería ventana y me tocó directamente SOBRE el ala, con lo que es imposible ver nada por debajo. En el despegue no hay problema y además y al principio tenemos un momento mágico cuando mi avión se mueve paralelo a un A380, las ballenas más grandes que existen voladoras y hasta vemos a ese trasto despegar. Creo que iba hacia uno de los aeropuertos de Londres. Finalmente nos llegó la vez y corremos cual cabras por la llanura y despegamos. El aterrizaje y por culpa del ala lo tenemos del revés y miro con la cámara hacia atrás para poder ver algo de la campiña holandesa, petadísima de verde y ya sin tulipanes porque se les había pasado el tiempo. La música en este caso es la canción Un charquito de estrellas de Alejandro Sanz por seguir con el tema patriótico.

Aunque con esto supuestamente le damos finiquito, tengo una idea para hacer un vídeo más pero ya veremos si cuaja o no cuaja.

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Las paradas de guagua ecológicas de Utrecht

Mira que hace meses que hice esta foto, que tomé el primero de septiembre del año pasado y se me había olvidado dejarla caer por aquí. Cuando regresé del viaje por Indonesia y Malasia me encontré que sobre el techo de las trescientas y pico paradas de guaguas de la ciudad de Utrecht estaban poniendo plantas, una especie de entramado de minúsculas macetas en las que plantaron musgo y otras plantitas. El objetivo es hacer más verde la ciudad y aprovechar esos miles de metros cuadrados para poner más plantas. Aunque todo el mundo pensó que morirían, sobrevivieron sin problemas a la ola de calor del verano y no solo eso, enfriaban la parada de la guagua. También están sobreviviendo al invierno sin problemas y multitud de insectos pasan por allí, con lo que las paradas de guagua ahora también tienen una función ecológica. El experimento ha sido un éxito y todos en la ciudad estamos acostumbrados a estas pequeñas construcciones con techo verde. En muchos edificios nuevos se están poniendo tejados cubiertos de planta, parece que ahora hemos descubierto que aíslan y refrescan los edificios bajo los mismos. La ciudad de Utrecht, además, está cambiando todas las guaguas por versiones eléctricas y aunque será cuestión de años, llegará en un momento en el que serán las únicas existentes para el transporte público en la ciudad, que tiene multitud de líneas con una frecuencia de diez minutos por guagua y que ahora, en las horas puntas, están reduciendo a ocho minutos, con lo que las excusas de que hay pocos servicios públicos se caen por su propio peso. La ciudad también ha decidido que cuantos más metros cuadrados de jardín verde tengas, menos impuestos locales pagarás, para premiar a los que como el Elegido, tenemos hierba y plantas y castigar a los que optan por azulejear los jardines y no dejar un solo metro de plantas.

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Recordar, honrar y celebrar

Como todo está escrito y bien escrito en el mejor blog sin premios en castellano, es más que probable que de alguna manera ya haya escrito lo que voy a cuatripitir, pero bueno, que eso no me impedirá seguir adelante. Desde que comencé a ir a Asia, algo que llevo haciendo diez años, resulta raro que yo esté por los Países Bajos en los primeros días de mayo, ya que casi siempre engancho la festividad del cumpleaños del rey (27 de abril) con la del día de la liberación (5 de mayo) y con alguna otra, como la Ascensión o Pentecostés, ya que todos los festivos holandeses caen en estos días, salvo por los dos días de navidades (25 y 26 de diciembre) y año nuevo (1 de enero). Por aquí no se ha desarrollado el concepto de mover fiestas que tropiecen con un domingo y por ejemplo este año la liberación cayó en domingo y se jodió, la semana santa llegó tardísimo y por eso, para aprovechar al máximo los días festivos, mis vacaciones a Asia comenzarán al final de la semana que viene y coincidirán con Pentecostés y la Ascensión. Por eso, este año he estado en el terruño para el 4 de mayo, día muy especial en Holanda, aunque no es festivo. Se trata del día en el que se recuerda a los Caídos, en guerras mayormente. No es festivo pero es un día en el que por todos lados, todos aquellos que tienen banderas, que son muchos, las ponen en las fachadas de sus casas a media asta y quizás con algo negro. La celebración oficial es a las ocho de la tarde, enfrente al palacio real en Amsterdam y se guardan dos minutos de silencio. Lo siguen todas las televisiones y todas las tiendas del país cierran media hora o una hora antes. Al contrario que en España, en donde la escoria podemita y sus complices los fascistas nacional-socialistas independentistas y terroristas han logrado destruir la noción de país, aquí todos tienen muy claro que somos una unidad como nación y que un día así es muy importante. El respeto llega al punto que a las ocho de la tarde, o un par de minutos antes, los trenes se detienen en donde quiera que estén para respetar el silencio, los autobuses se paran, metros, tranvías e incluso vehículos en las carreteras y autopistas. Son ciento veinte segundos que todos dan gustosos por aquellos que murieron para que hoy en día se disfrute de la libertad que tenemos. En Amsterdam, los reyes hacen una ofrenda frente al monumento a los Caídos e incluso en el aeropuerto de Schiphol, se suspende durante media hora el paso por los controles de seguridad y la torre de control no permite que los aviones enciendan sus motores después de las siete y media de la tarde y hasta las ocho y tres minutos y si se puede, se mantiene el tráfico aéreo en el aire durante esos minutos. Todo es muy sobrio y serio porque es el día del año en el que se recuerda a los jóvenes que esto que tenemos ahora no es gratis, que hubo un precio que pagar en el pasado y la última vez fue en la Segunda Guerra Mundial.

El cinco de mayo, un día después, las banderas suben a lo alto del asta y es el día en el que se celebra la liberación tras la Segunda Guerra Mundial y se celebra también que somos libres. Esta es una celebración positiva y por todo el país hay festivales, cientos, con música, conciertos, desfiles y jolgorio. Pasamos de un extremo al otro, se recuerda a los caídos y después se celebra su legado. No hay gente vestida de naranja, como en el día del Rey pero sí que es un día festivo muy apreciado. En Utrecht, uno de los festivales se hizo cerca de mi casa, en un parque enorme que han estado renovando durante el invierno y que antes de volver a abrirlo, han usado para que unas decenas de miles de jóvenes se divirtieran, todos llegando con sus bicis ya que está en un lugar de difícil acceso con coches y montando la juerga en horario holandés, comenzando al mediodía y acabando a las diez de la noche. En otro lado de la ciudad hubo un desfile con barcos y en otros puntos del centro hubo conciertos de todo tipo. No tuvimos buen tiempo, si por ello se entiende sol y calor, pero pasábamos de chubasco breve a día soleado con lo que con un buen chubasquero o un paraguas se podía disfrutar del día al aire libre.

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La ciudad que perdió su corazón

El sábado aproveché uno de esos días grises y con lluvia para ir al cine y darme un festín de películas en la filmoteca. Como por una vez en mi vida, la primera película empezaba casi a las once de la mañana, al llegar a la ciudad decidí ir andando desde Weesperplein, en donde me dejó el metro, hasta Leidseplein, una caminata de unos veinte minutos si sigues la calle pero me desvié un poco para ir al Albert Cuypmarkt, el mercado más famoso de Amsterdam y uno que muchos holandeses me restriegan como el lugar para comprar comida de otros mundos. Yo siempre los reto y les digo que el mercado de los sábados de Hilversum está a años luz, es mucho más completo e incluso el de Utrecht, que no es tan bueno, tiene mucha más variedad que el de Amsterdam. Cuando entré en la calle con el mercado, lo primero que llama la atención es la gente andando por allí con trolleys de viaje. Aquello es otra trampa de turistas de Amsterlandia, que es el nuevo nombre del centro de la ciudad ahora que es un parque temático, gracias sobre todo a las facilidades que hay hoy en día para alquilar casas y habitaciones por parte de particulares y que han conseguido destruir el centro de muchas ciudades. Yo quería comprar castañas y supuse que sería algo fácil, que habría un montón de puestos de verduras y en varios tendrían. Me equivoqué. Puestos para recuerdos, a patadas, dejé de contar los que vendían pantalones cuando llegué al decimoquinto, puestos de fundas y protectores de móviles, a granel pero de verduras, vi solo tres y mal surtidos y en ninguno tenían castañas. Puedo entender la frustración de la gente que quería seguir viviendo en Venecia y los turistas y todo eso que traen con su dinero, los han echado. En Amsterdam, los estúpidos van en bicicleta por las aceras, algo prohibido en Holanda, van en bicicleta por calles peatonales, algo prohibido en Holanda y no tienen ni puta idea de las reglas de circulación con bicicleta, no señalan para las bicis que van por detrás sus maniobras y se mueven por la ciudad de manera peligrosa, tanto para ellos como para los peatones.

Después de ver la primera película tenía un buen rato hasta la siguiente y se me ocurrió pasear por el Prinsengracht, en dirección hacia el norte de la ciudad. Según te vas acercando a la Wersterkerk, van aumentando más y más y más la cantidad de turistas y para cuando llegas junto a la iglesia, allí hay una multitud, hay una masa increíble de gente porque al lado de la iglesia está la casa de Ana Frank, que es, sin lugar a duda, el punto cero de Amsterlandia, el lugar al que van todos a hacerse fotos con la casa por detrás, con el canal y la casa, el canal y la casa y la iglesia, con todo lo que se pueda. La inmensa mayoría de los que están allí no lo hacen por la historia, no se han leído el libro, tienen una vaga idea de la historia del lugar y solo acuden porque es el punto que hay que marcar y hacerte fotos para que todos vean que lo has visitado. En el año 2000, cuando llegué a Holanda, por allí prácticamente no pasaba ninguna compañía de barcos para pasear por los canales. Ahora mismo, hay una parada delante de la casa con una caravana de barcos esperando para descargar y cargar pasajeros, es increíble y brutal la cantidad de barcos que pasan por allí, sumados a la cantidad bestial de gente con bicicletas de alquiler haciendo el gilipollas. Todos quieren ir allí, todos quieren sentarse en un café mirando hacia la casa a tomarse algo, porque hay que celebrar el estar en ese lugar en el que una joven vivió escondida durante años y posteriormente fue apresada y enviada a un campo de concentración. Su historia no cuenta, su vida no es más que otra atracción del parque temático Amsterlandia, la ciudad que una vez tuvo corazón y acabó por perderlo. En el país en el que debatir y llegar al consenso es prácticamente una religión, ya hay gente pidiendo quitarle la capital a esa ciudad y moverla a una ciudad holandesa, con lo cual todos aceptamos el hecho de que Amsterdam ya no forma parte de las ciudades del país, es un recinto cuya única existencia es el generar dinero con los turistas. Triste pero cierto.