Estando en pleno mes de agosto, todavía hay un montón de gente de vacaciones o que están a punto de irse, en el caso de los que tienen niños menores de cuatro años o ya no tienen hijos en su keli porque el final de las vacaciones escolares, que en los Países Bajos es una matraquilla que dura tres semanas por el sistema de regiones, que hace que esta semana se hayan incorporado a las clases los niños del norte del país, que se habían ido hace más de seis semanas de vacaciones, el lunes lo harán los niños del sur y el siguiente lunes, casualmente el último día de agosto, lo harán los niños del centro del país, sistema que cambia de año en año y para el 2027 la secuencia será Norte, Centro y Sur.
Volviendo al asunto, con la oficina desangelada, sin trenes para ir al sur del país porque están aprovechando para hacer mantenimiento en las vías, estoy yendo de vez en cuando a la oficina junto al aeropuerto que está literalmente vacía, por allí pasan muy pocos y allí me entero que mi jefe, que supuestamente está de vacaciones, hay gente que me lo pregunta porque lo han visto. Resulta que la semana pasada, el miércoles, un colega me informó que había estado en una de las dos sedes en Bolduque y el viernes me avisaron que estuvo en la otra y a mí, es raro el día en el que no me llegan al menos tres correos electrónicos del chamo y en la empresa, al parecer todo el mundo está recibiendo tantos o más correos y mensajes que cuando trabaja y todos vienen a quejarse conmigo porque supuestamente está de vacaciones y cuando uno está de vacaciones, no debe trabajar. Yo a todos les digo lo mismo. Mirándome a mí mismo, sin ir más lejos y quedándome bien cerca, yo voy al cine con frecuencia, cocino, voy a la playa y buceo todo lo que puedo y más y gasto todos mis días de vacaciones en algo que se puede definir como vacaciones. No me llevo el teléfono de la chamba, no me llevo el portátil y cuando estoy desconectado, estoy realmente desconectado del mundo laboral. Mi jefe no. Su pasatiempo es la chamba, su mayor afición es la chamba y mientras otros viajan, leen, duermen o se rascan el ombligo, a él lo que le gusta es chambear, seguir trabajando más y más y mucho más y lo que consigue es que todo el mundo tenga una enorme angustia existencial porque se intentan comparar con él y en esas comparaciones ninguno de ellos puede ganar. Yo les digo, les repito, les tripito, les cuatripito y les quintupito que ese hombre es una variante autista que solo encuentra el sosiego en el trabajo compulsivo a todas horas y que el problema, que nació cuando se inició su vida laboral y que ha ido creciendo con los años, llegará el día que se jubile, que la empresa lo mande a freír espárragos y se encuentre que su vida ya no tiene sentido, que no sabe lo que puede hacer con ella porque nunca hizo nada y después de eso, llegará un gran vacío, quizás gigantesco, su kabezón comenzará a macerar la angustia y la desesperación y en doce meses o menos, estará bajo tierra o transformado en cenizas, que es como han acabado varios que he conocido a lo largo de mi vida laboral y que eran así. Lo que él no parece entender es que la chamba, por mucho que él crea que es imprescindible y que lo necesitan imperiosamente para poder seguir funcionando, se adaptará en cuestión de horas o como mucho días y en realidad con su ausencia no pasará nada. Por supuesto algunos recordarán que había cosas que hacía que ahora ya no se hacen, pero después de reflexionar un par de segundos llegarán a la conclusión de que tampoco hacía falta hacerlas, o peor aún, que ahora las hace alguna inteligencia artificial en cuestión de segundos. Es lo que tiene que tu afición sea tu chamba, tu legado desaparecerá prácticamente de inmediato y nadie se acordará de ti por todo lo que hiciste.