Esta tarde mi jefe en la chamba estaba existencialmente angustiado y todo el drama era que se le había olvidado recoger y entregarnos las tarjetas con las que podemos elegir el regalo de Navidad, que es algo que nos entregarán seguramente en al menos setenta días o más, con lo que no está en nuestro radar. La empresa eligió esta vez una compañía que ofrece diferentes opciones, aunque básicamente hay una opción interesante, que es la que yo elegí, una opción cutre y después otra opción que es un rescándalo, que han llamado el paquete alegría y cosa buena y que no es otra cosa que una bolsa de cotufas petadas de conservantes, una bolsa de papas fritas sin marca, dos bolsas de gominolas y otra chorrada más y que yo calculo, que en total, no suponen ni cinco leuros de los de hoy. Aparte de estos tres paquetes, después tienes el paquete ni truscoluña ni palestina son nación, en el que le donas un dinero a organizaciones de apoyo a terroristas, y tres paquetes más de donaciones, a cual más sanguinario que la anterior. Yo elegí las materias primas, que se pasan todo el día en las noticias contándonos lo de la escasez de los metales raros y rarísimos, así que opté por el caldero de hierro macizo, que eso al menos se puede vender al peso y los metales raros y rarísimos están muy cotizados. Al parecer el caldero, que a mí me parece más bien un caldero para preparar pociones y conjuros, viene acompañado de una nano-micro-botella de aceite de oliva de país de aceitunas malas, más que probablemente aceite turca, uno de vinagre en plan colonia de bollera, un bote de diez gramos de sal del mediterráneo, que digo yo que para darme diez gramos, mejor no me dan nada y otros dos botes con hierbas y también diez gramos, vamos, un derroche espeluznante, que se nota que han tirado la keli por la ventana.

Todo el drama y la coña venía porque hay que entrar en la página güé de la empresa que han contratado, registrarte con unos códigos secretos, elegir tu regalo, añadirlo a la cesta de la compra, completar la transacción y después, en diciembre, cuando ya ni te acuerdas, te entregarán la caja en la oficina con una gran fanfarria. Lo hice todo y después me llegó un correo confirmando esa compra en el futuro y cuando le pregunté a la que le organiza si le tengo que reenviar el mentado correo para que sepa lo que pedí, me dijo que lo guarde como joyas heredadas en un paño en caja fuerte suciolista porque ni ella misma sabe si recibirá algún tipo de listado de la empresa porque con las leyes europedas de protección de datos, estas cosas siempre se tuercen y retuercen. En diciembre yo no creo ni que me acuerde de qué fue lo que pedí.