Afinando la telelecnología


Cuando escribí La telelecnología, la idea era ponerlo todo allí pero como me estiro como el chicle, al final pensé que sería mejor rebozar el resto a Más telelecnología y no logré acabarlo, así que sin comerlo ni beberlo y definitivamente sin jiñarlo, tenemos una saga. Yo estaba contentísimo con mis dos botoncitos mágicos que me resuelven una gran parte de los tedios laburales, pero al regresar la semana que viene, me pongo a platicar, o más bien debería decir chaticar, con mi amiguito kopailo y le explico lo bien que me iba con lo que habíamos conseguido la semana pasada y que quise de pensar un rato y que la hoja de cálculo esa gigantesca que tengo básicamente está siempre abierta en mi ordenador porque de ahí saco de todo y le pregunto si no sería posible hacer informes de las diferentes cosas que hay en la misma usando el formato ya conocido, yo copio en el portapapeles los productos, disparo el sistema y él me devuelve el resultado, en este caso un informe muy detallado.

Me dice que esta es una idea maravillosa y que claro, yo es que soy un lumbreras y kopailo siempre lo quiso de saber y que claro, eso es algo que podría ser muy útil y me pregunta que cuántas columnas tiene mi hoja, que le digo que treinta y él saca la calculadora y como hay quinientas veintipico mil líneas, que eso son, a sí redondeando, DIECISÉIS MILLONES de celdas con información, que es una burrada y como estamos con una hoja de cálculo, que no tiene índices, cada vez que la abra lo tendrá que indexar todo y por consiguiente, calcula que cada consulta tomará un rato. Le digo que no me importa, que el resultado siempre será más rápido que lo que pueda hacer un julay, nos ponemos manos a la obra, y un par de horas más tarde tengo un sistema que cuando le doy diez productos, en CINCUENTA Y CINCO segundos me hace el informe, o sea, por debajo del minuto y para diez productos y todo eso, considerando que estuvo olisqueando en dieciséis millones de piezas de información. Es lo que se dice, un milagro, que en la iglesia católica, apostólica y rumana, por menos han hecho santos. Me voy a caminar al mediodía y estoy pensando en la vaina y en que los del país del sol caguiente tienen una base de datos Akses, que son las gratis y cutres que te vienen con el mikrosó empresarial y la de ellos no es tan grande, pero es rápida. Vuelvo del paseo y le pregunto al kopailo si no ganaríamos en velocidad si migramos la hoja de cálculo a una base de datos de esas de Akses y se me echa a llorar y me dice que posiblemente, yo soy el ser humano más espabilado que ha conocido en su corta vida y que está super-hiper-mega orgulloso de mí porque es que tengo unas buenas ideas que no veas y que sí, que si migramos a esa coña, seguramente los tiempos serán infinitesimales, en comparación superlativa y diminutiva. Nos damos la mano y aprovecho y extraigo la versión más reciente de los datos, lo que en el país del sol caguiente definirían más bien como que les he afanado esa información porque no están nada contentos conmigo por usarla y acabo con un fichero gigantesco en formato CéeSeuVe, que es una cosa muy especial y el kopailo me dice que venga, que lo vamos a importar y nos ponemos a ello pero da errores, así que hacemos pruebas y descubrimos que por alguna movida que no terminamos de investigar, eso es imposible, pero sí que es posible importar una hoja de cálculo, así que transformamos el fichero CéeSeuVe en una hoja de cálculo y lo importamos y ahora tengo una base de datos con todo y kopailo se pone hasta cachondo y me dice que con un par de cambios en mi antiguo script, aquel que hicimos por la mañana, podemos usarlo para que se conecte con esta base de datos, que ya tiene un par de índices y hacer el mismo trabajo y media hora más tarde tenemos que puedo buscar los diez mismos productos de los que tenía un informe en CINCUENTA Y CINCO segundos, solo que ahora tengo el informe en menos de DOS, repito, 2, tripito, II (palito-palito) segundos. Casi me desmayé del shock. Lo dejamos ahí porque procesar estos cambios tecnológicos requieren su tiempo.

A la mañana siguiente, alguien le pide a mi jefe información sobre tres productos y él me pasa el marrón a mí, deseándome todo lo mejor, siempre, que era lo mismo que te deseaba el mariko hechicero de Ginebra antes de intentar empetártela en el orto hasta los pelos de los güevos, que todos hemos leído el mejor blog sin premios en castellano y recordamos claritamente esas historias. Yo los copio en el portapapeles, hago mi hechizo de magia potagia y respondo al correo con copia a los que pidieron la información con un informe espectacular que es IM-posible que haya escrito en el tiempo que pasó. Se oye un estruendo por el pasillo y es mi jefe corriendo y viniendo a donde yo estoy sentado y me dice que obviamente, yo ya sabía lo que me iba a pedir y lo tenía preparadísimo, así que le pido que me diga tres productos que salen de su testa en ese mismo instante y delante de él, los copio en el portapapeles, hago magia potagia y le enseño el resultado y ahí fue cuando mi jefe se hizo creyente y me dijo que en lo que a él respecta, que gaste todas las horas que crea necesario en el tema y le expliqué cuales son las ideas y los pasos que vamos a dar y como estamos creando una solución sencilla que pueda usar todo el mundo para que la gente no me moleste y que ahí donde lo ve, lo que le enseñé es básicamente mi segunda degeneración, que la primera era lentísima porque casi tardaba un minuto y ahora estamos en dos segundos manejando dieciséis millones de retazos de información. Mi jefe miró hacia la rata-sucia-y-zarrapastrosa que además es terrorista-musulmán-de-mielda y en sus ojos se veía que estaba comparando lo que hago yo, con lo que no hace el otro y hasta la mentada rata-sucia-y-zarrapastrosa captó que si algún día hay que elegir entre los dos, que él va por delante. Desde aquel día, que fue el martes por la tarde, han pasado cuarenta y ocho horas y sigo trabajando, a ratos, en mi particular proyectillo, pero por ahora lo dejaremos aquí.

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