En la noche del viernes al sábado me desperté tres veces, a las 5 y diez de la mañana, a las 5 y media y a las seis y cuatro minutos, para estornudar por frío. Probablemente, el edredón se giró y eso provocaba que me quedara medio destapado, me daba frío y me despertaba para estornudar, algo que al parecer no puedo hacer dormido y de lo que quedó constancia gracias a mi pulsera, que archiva toda esta información y se la suministra, GRATIS TOTAL, a una empresa China, que yo prefiero que sean ellos los que conozcan mis logros deportivos, cardíacos y de sueño a que sean los de googlEVIL, que esos seguro que venden la información hasta a los chinos. Cuando me levanté, a las siete de la mañana, ya supuse que había pillado un catarro, pero eso no me impidió ir a correr y tras el jiñote, la ducha y el chocolate con churros, me piré para el cine en Ámsterdam, solo que como me temía todo lo peor, siempre, me llevé paracetamol.
Efectivamente, para cuando acababa la primera película ya estaba oficialmente con catarro, estornudando sin parar, así que me fui a una droguería entre pelis y me compré un par de cosillas más para el resfriado y me metí a ver la segunda peli. Esa tarde tenía cena en casa de amigos y por una mielda de catarro que está recién empezado no iba a dejar de acudir, así que pillé el tren a Hilversum, en el que las más mínimas variaciones de temperatura me disparaban y después fui andando a la keli de mis amigos, a los que les expliqué que no era ni resfriado, ni gripe, ni norovirus, ni pandemia suciolista, podemita y truscolana, sino un clásico y antiguo catarro de toda la vida. Vinieron otros y estuvimos allí hasta las diez y pico de la noche y después me piré a mi keli. En toda esa primera etapa del catarro, lo único molesto eran los estornudos continuos tras cambios de temperatura, pero la nariz no estaba bloqueada con mocos ni tenía flema. Esa noche fue cuando superamos la primera fase y en la mitad de la noche se me empezó a cerrar la nariz y se activó la fase nasal, con menos estornudos, pero más puta. El domingo luché contra esa fase pero eso no me impidió ir al cine a ver una peli, aunque el cambio de temperatura al salir de mi keli en bici y al llegar al cine y entrar en el mismo, tuvo resultados brutales y moqueé y estornudé un rato. Ya por la tarde le mandé un mensaje a mi jefe para informarle que laburaría desde mi keli el lunes porque anticipaba que ese día llegaría la tercera y última fase del resfriado.
Durante esa noche, mi nariz ya no se bloqueaba y comencé a escupir la flema radioactiva que estaba en los pulmones. Por la mañana, nada más levantarme, salí a correr, algo que siempre le he tenido que explicar a los colegas que cuando llego a esa tercera fase, si voy a correr, con el meneíllo, empujo la flema a la parte inferior de los pulmones y cuando vuelvo a mi keli y me ducho, empiezo a estornudar y a escupir esa flema y con eso se cumple el ciclo del resfriado, al menos el ciclo de mis resfriados, que he leído que hay gente que pasa una semana o más para superar una cosa de estas, pero en mi caso, desde siempre, son menos de tres días.
Al comenzar a echar la flema opté por cambiar la medicina y empecé a tomar las pastillas de marca blanca y que se venden en la droguería y que suponen lo mismo que una cucharada de visolvón, que a mí ese jarabe siempre me ha dado un asco tremendo por su sabor. Por la noche dormí como un bellaco y hoy ya fui a la oficina y se me nota en la voz que pasé por algo y de cuando en cuando me sueno y si alguien mira el pañuelito, lo flipa con los colores fosforescentes que me salen, pero básicamente esto ya es historia.
No puedo decir que mis resfriados se curan tan rápidos porque voy a correr seis veces por semana y mis pulmones están entrenadísimos, pero sí que tengo que admitir que, cuando me comparo con amigos y compañeros de chamba, esa gente pilla un catarrito, un resfriado o una gripe, y lo pasan fatal. Ahora solo tengo que tener cuidado para no volver a destaparme, que este es el segundo año en el que el radiador de mi dormitorio está cerrado porque en lo que a mí respecta, cuanto más frío haga en la habitación, más duermo y mi edredón es capaz de reflejar una cantidad ingente de mi calor corporal y usarla para mantenerme calentito.