El frío que no es

Deshonestamente ni creo que una de las causas de mi inhibición al frío es por culpa del Agüita fría, de ese glorioso final de mis duchas con el último minuto y medio solo con agua fría. Hablé del tema en agosto del 2020 y desde entonces han caído muchas duchas frías, también en invierno y con constancia y con entereza, he conseguido volver a sacar algo que los julays teníamos como especie pero que perdimos por el mariconerismo actual, que nos ha hecho endebles. Dentro de tres meses se cumplirán dos años del inicio de los finales de ducha con agua fría y eso me ha dado una tolerancia al frío brutal, ahora veo a los ñangas lloriqueando porque hay un pelín de frío o porque el agua del mar no está a la perfecta temperatura de meao de vieja y yo entro como un campeón y sin que se me cambe la peluca, aunque sí que se me moja. Lo veo en las caras aterrorizadas de mis vecinos cuando me ven salir a correr con un pantalón transpirable super-hiper-mega ligero y que lo único que hace es cortar el viento y una camiseta ligera de manga larga que también hace de cortavientos. Ellos pasean a sus perros vestidos para un garbeo en alguna de las cárceles siberianas a las que los malvados e joputas de los nazis pro-podemitas y pro-truscolanes mandan a los buenos ucranianos que tanto aman a España y yo salgo a la calle como si aquí estuviéramos con clima tropical y lo peor es que cuando vuelvo a mi casa y voy a hacer mis ejercicios con la rueda de los abdominales, me tengo que quitar la camiseta porque es que llega más mojada que la compresa de una coja. Lo mismo pasa cuando voy en bicicleta y los veo a ellos medio momificados en ropa y me ven pasar con camiseta de manga corta disfrutando el fresquito.

Lo de las duchas de agua fría está exagerado por la gente, que lo mira como algo terrorífico y al final, salvo por una semana y media cuando estuvimos durante el día a cuatro grados y por la noche a dos o tres bajo cero, eso provocó el enfriamiento del agua corriente, aunque tardó unos días y le sucedió una serie de duchas en las que el agua estaba a unos seis grados, pero el resto del tiempo el agüita está mucho más caliente y ya es que ni lo noto. Cuando voy a Gran Canaria siempre tengo la sensación (errónea) de sentir el agua más fría pero creo que es porque me ducho al volver de la playa, en donde me he pasado unas horas friéndome y por eso el choque térmico es tan brutal.

Desde hace tres semanas y gracias al incremento de las temperaturas, aunque cuando salgo a correr estamos rondando los dos grados, el agua del grifo está mucho más caliente y ya casi que parece agüita veraniega.

La puta hora esa que nos roban

Yo debo ser el único ser humano que todavía recuerda que la Unión Europea nos prometió acabar con los cambios de hora de final de marzo y octubre y al final no han hecho ni parece que vayan a hacer nada. Así, esta semana estamos en el último instante de nuestra progresión natural hacia el verano y dentro de cinco días nos atrofian y empujan los días una hora hacia adelante, porque lo que mola es tener sol hasta casi las once de la noche y en el camino, tenemos un jet lag horrendo durante días porque el cuerpo no se acostumbra a ese cambio. Eso, combinado con que las zonas horarias están mal puestas, vamos de puto culo. No hay más que ir a la güikipedia y mirar el mapa para ver clarititamente, tan claro como el güiski de garrafón, que toda la Península Ibérica, Francia y hasta el BeNeLux deberían estar en la hora británica y las islas Canarias, una hora por detrás de Inglaterra y Alemania, Suiza, Italia, Dinamarca, Suecia y Noruega tendrían que ir en otra zona horaria, además de los países al sur de Polonia y que después debería haber otra zona más. Así, todos viviríamos en la zona correcta, tendríamos los amaneceres de sol y sus puestas a las horas correctas y la vida sería más natural. En su lugar, mirando ese mapa, la zona horaria conocida como la CENTRAL EuropeDa se estira como un condón roto hasta el barrio más al oeste de Galicia, que de ahí se explica por qué Virtuditas está tan trastocada, es que vive totalmente desfasada en la cuestión horaria. En algún pasado bélico muy lejano, tuvo sentido el unificar los horarios de gran parte de Europa, pero en el siglo XXI (equis-equis-palito) ya no lo tiene, cada uno que cene a su hora y que se acueste a su hora. En los Países Bajos a día de hoy tenemos un día que dura doce horas y dieciocho minutos y mañana serán cuatro minutos más y así hasta junio, cuando el veintiuno de ese mes nos mamaremos dieciséis horas y cuarenta y cinco minutos de luz porque estamos pa’llá pa’rriba pa’l coño, que en Gran Canaria, ese mismo día, llegarán a tener doce horas y diez minutos de luz, que es ocho minutos menos de lo que ya tenemos por aquí hoy.

Esto se debería solucionar científicamente, con el método del palo y la zanahoria. Digamos que reorganizamos Europa y ponemos a cada uno en su zona y un año tienen durante todo el susodicho, empezando el uno de enero, la hora normal y al año siguiente, el uno de enero, cambian al horario supuesto de verano, yendo una hora por delante y vuelven a tener un año entero con esa hora. Después de los dos años de prueba, referéndum en cada país y que cada uno elija si quiere tener la hora de su zona horaria, o el horario de verano de su zona horaria (o sea, vivir continuamente una hora por delante de la hora solar).

Por supuesto, esto es Europa y jamás lo harán. Seguiremos todos con la hora que impusieron los nazis y que tanto le gusta a los truscolanes, a los podemitas y a todos los demás, que en lo relativo a la hora, todos parecen estar de acuerdo en que la más mejor de todas es la nazi.

Hoja de ruta del 2022

En enero de cada año pongo mi hoja de ruta con aquello que pienso que quiero hacer y después, con o sin pandemia, no lo hago o lo cambio y adapto según me convenga, pero eso no quiere decir que no deba hacerlo, que el placer de la procrastinación es uno de los más gozosos. Esta es una tradición que se remonta al segundo año del mejor blog sin premios en castellano y que llega a la decimoctava iteración y si alguno no me cree, que todo es posible, las pueden leer haciendo clic en los enlaces de 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017, 2018, 2019, 2020 y 2021

Que nadie se preocupe que entre las cosas que planeo hacer no está el dejar de escribir el mejor blog sin premios en castellano y seguiré, ahora que ya es mayor de edad, procurando publicar dos anotaciones diarias. Obviamente y tras tanto tiempo, es casi imposible ser original y me conformo y estoy tan a gustito repitiendo una y otra vez más de lo mismo. Las dos anotaciones seguirán la pauta conocida, con fotos por las mañanas de martes a viernes, el resumen los lunes y el fin de semana el objetivo es comentar cuatro películas pero con la manía neerlandesa de cerrar los cines, puede suceder y ha sucedido que comente series de televisión y hablando de las susodichas, procuraré que pasen a formar parte de la parrilla semanal. Parece que fue ayer pero estamos viendo fotos de Tailandia desde el año 2020 y aún no hemos visto ni la capital, con lo que seguiremos serpenteando por ese país y alternándolo con destinos europeos o del Reino desUnido, que no es Europa.

Las nuevas receetas que aparezcan por aquí es más que probable que sean para mi CrockPot Express, que mi amor por ese cacharro no disminuye y ha pasado a ser parte fundamental de mi dieta y tengo una lista de cosas que quiero preparar en la susodicha que es de r-escándalo. Esas recetas, por supuesto, acabarán en mi pequeño libro de recetas de cocina, que ya no es tan pequeño y en el que varias recetas han sido actualizadas para hacer con la olla exprés.

Tras un año entero viviendo la vida y cobrando el paro, que lo sigo cobrando, me tengo que tomar algo más en serio lo de buscar trabajo y conseguir uno nuevo, sobre todo porque esa es una fuente de contenido original ya que igual que otros solo ven el lado positivo de las cosas, yo me fijo mucho en los frikis que hay por el mundo.

Ya lo de viajar como que es algo del pasado y como no mejore mucho la cosa, creo que este año volverá a limitarse a desplazamientos a Gran Canaria y excepcionalmente a Málaga. Por más que tenga un trío de vacunas, moverse por el mundo está muy complicado y las cosas cambian con tal velocidad que es imposible hacer planes a largo plazo.

En lo relativo al cine, solo espero que este año vuelvan a abrir los cines holandeses antes de junio, que fue la fecha maldita del año pasado y poder regresar a mi ritmo de doscientas películas. Seguiré dejando caer por estas tierras algunas Series de TV, que recuerdo que solo comento las que me gustan porque si una no me convence, la dejo de ver, que al contrario que con el Cine, con las series no tengo que empapármelas enteras por puro masoquismo.

Seguiré con el duolingo, aunque muchos de los cursos que hago ya están en modo mantenimiento porque los he completado enteritos. Curiosamente, ahora que mayormente repaso, hago muchísimos más ejercicios que antes y es raro el día que no acumulo trescientos puntos de experiencia en ejercicios.

El año pasado comencé el podcast aquel que YO NUNCA quise hacer y me curré una primera temporada completita y tras unos meses de descanso, estamos en la segunda, con episodios cada tres semanas, como justamente el del lunes de esta semana. Seguro que todos sabemos en donde encontrarlo y confirmo que he conseguido que siga siendo algo secreto e ignorado por todos, que era uno de los objetivos que me planteé al comenzar a grabarlos. Entre mis objetivos para el año está el comenzar uno o dos podcasts más. Uno sería más bien una cutre-radionovela, una historia de ficción agitaná, que aún tengo que macerar en mi kabezón y el otro, si sucede, será una charla con alguien más durante un rato.

Todos los años digo que quiero escribir un libro y ningún año lo hago, así que lo dejo caer por aquí por tradición.

En mi hoja de ruta está el seguir haciendo ejercicio físico y el objetivo anual es llegar a los mil doscientos kilómetros en carreras de seis kilómetros y por el camino, cambiar las playeras cuando lleguen a los novecientos kilómetros de asfalto. También quiero retomar la rueda de abdominales, a la que estaba enganchado como una perra en celo pero que dejé después de que me hicieron cierta operación en la ingle y puede que vuelva al tema esta semana, dependiendo del veredicto del cirujano que me sajó y al que veré muy pero que muy pronto. Seguiré usando la bicicleta a mansalva y hasta estoy sopesando el comenzar a caminar los domingos o sábados en rutas por los Países Bajos de entre quince y veinticinco kilómetros, que aquí con todo llano no es como para ser roñosos con las distancias. Igual invito a algunos amigos para que me acompañen y pasar el día hablando y caminando.

Mi keli está recién pintada, así que esta década no creo que tengamos que ocuparnos más del tema.

Y ya no se me ocurren más cosas que dejar en esta lista, que está bien nutrida de asuntos que probablemente ignoraré.

Esa playa

Creo que ya lo comenté en verano o en navidades el año pasado. La playa de las Canteras, en la ciudad de las Palmas de Gran Canaria, es un organismo vivo y cambiante que he visto y al que he acudido durante toda mi vida. Cuando era pequeño la playa Chica y todo lo que viene después hasta la Cícer era una buena playa, con cantidades apreciables de arena. Con la subida del nivel del mar, toda esa parte está desapareciendo y ahora es muy normal el ver el mar golpear la avenida de la playa durante la marea alta (o llena). Está claro que en unos pocos años tendrán que hacer algo para proteger las casas y los edificios porque el agua acabará invadiendo la ciudad. Recuerdo que los “expertos” afirmaban que las Canteras se llenaría de tal cantidad de arena que movería la línea de la playa hasta la barra, esa protección natural que hace esta playa un sitio tan fabuloso. No solo es que no vaya a suceder, es que ahora, cada vez hay menos arena porque el mar se la está llevando a algún otro lugar del fondo marino del agua del mar. Es un cambio brutal y que está a la vista de todos y ahora, cuando voy a la playa, tengo que usar un programa en mi telefonino para controlar las mareas ya que con marea alta, ni me molesto en ir a la zona De la Peña de la Vieja, zona en la que está cierta y fabulosa heladería canaria que tiene el mismo nombre y me voy directamente a la parte de la playa en la que hay arena.

Eso es lo negativo, en el lado positivo, cuando yo era pequeño había un montón de pescadores que se ganaban la vida pescando y que lo hacían también en la zona que está entre la playa y la barra y era muy pero que muy pero que muy raro ver algún pescado. Ahora que la pesca ahí está prohibida, los peces han vuelto, en masa, pero no pececillos minúsculos, sino peces grandes, hay viejas a porrillo, tanto de las que vienen del norte, de Europa y de la península y que parecen lagartos con esas pieles plegadas y abrasadas por el sol como peces de esos conocidos como viejas, entre otros, que hay una abundante vida en la playa e incluso es posible ver chuchos, no los que algunos se imaginan sino rayas marinas, que así es como se las conoce por aquí. En el fondo marino, además, hay unas poblaciones de plantas increíbles, lo que los canarios conocen como SEBA, hay praderas gigantescas totalmente cubiertas de plantas en el fondo de la playa y cuando esas plantas se mueren, se sueltan, cambian del color verde al marrón y el agua las arrastra a la orilla y el mar las acaba expulsando del mismo, solo que ahora parece que lo hace siempre en la zona De la Peña de la Vieja y la semana pasada echó tal cantidad de seba que llevan casi siete días recogiendo al menos tres camiones diarios usando un tractor, dependiendo de las horas que pueden trabajar por la mañana antes de que lleguen los usuarios de la playa y por lo que parece y a menos que pongan más tractores, les queda seba para una o dos semanas más.

En la zona de la Cícer, en donde antes de yo emigrar se podía ver algún pavo surfeando, ahora hay una industria gigantesca dedicada al tema, con cientos de julays que se apuntan a cursos para surfear en esa ola fabulosa que está siempre allí y algunas mañanas o tardes, cuando paso caminando, se pueden ver cientos de personas con sus tablas en el agua. Es increíble.

Me pregunto qué le sucederá a la playa cuando el mar suba otros veinte o treinta centímetros …