Abriendo y cerrando el Groote Zeesluis

El otro día en Caminando junto al río Vecht hablaba de la caminata del domingo por el río Vecht, que tanto histerismo produjo aquí entre los culocochistas que procuran moverse menos que una babosa en una salina. En aquella anotación debería haber añadido el vídeo que vamos a ver hoy pero se me pasó, así que como más vale cuarenta y ocho horas más tarde que nunca, hoy le llega el momento a este documento histórico, histérico e histriónico, por calificarlo de alguna manera. El vídeo lo hice con el telefonino en la posición vertical y tal y tal, con lo que se desaprovecha mucha pantalla pero así de dura es la vida. Estamos junto al Groote Zeesluis de Muiden, inaugurado en 1674, con lo que compite con el Ancestral en edad. Ya dije que el río Vecht, en su inicio, estaba protegido por el castillo y tenía compuertas para que la chusma y la gentuza truscolana y podemita no se colaran con sus barcos hasta la ciudad de Utrecht sin pagar el impuesto de transporte. Hoy vemos esa compuerta, que ahora tiene un puente basculante sobre la misma y vemos el susodicho puente basculando para que pueda pasar el barquillo de la imagen y después, vemos como las compuertas se empiezan a cerrar mientras el puente vuelve a bascular para que pueda continuar el tráfico de julays sobre el mismo, algo que en los Países Bajos sucede con frecuencia por todos lados y a lo que estamos acostumbrados, que aquí salir de tu keli con el tiempo justo es un suicidio social porque entre marzo y octubre los puentes se abren por todos lados. Esta esclusa, además de controlar el tráfico marino entre el río Vecht y el Zuiderzee, permitía también impedir las inundaciones hacia el interior en caso de aumento del nivel del Zuiderzee y tenía, obviamente, una función miliar, formando parte del Oude Hollandse Waterlinie, una barrera defensiva hecha con agua para defenderse de una invasión germana. Hoy en día, hay una diferencia del nivel de agua entre el IJmeer y el río Vecht y las esclusas se usan para poner los barcos a la altura del nivel correspondiente, cuando van hacia Utrecht los desciende (que es lo que vemos en el vídeo) y cuando quieren ir hacia Ámsterdam, los sube al nivel del IJmeer. Y por si alguno anda re-confundido con la reconcha de cambios de nombre, el Zuiderzee desapareció cuando lo cerraron, comenzaron a hacer polders y el agua cambió de salada a dulce y ahora lo conocemos como IJmeer, que en neerlandés, un zee es un mar y un meer es un lago. Y esta lección gratuita de vocabulario neerlandés la tenemos gracias a la magia de la película Top Gun: Maverick.

Como todos sabemos que cierto Ancestral es morrudo que no veas, le he puesto la canción Great Balls of Fire, en la versión en vivo y en directo cantada por Milles Teller en el clásico de antesdeayer, ayer, hoy, mañana y siempre de Top Gun: Maverick, momentazo fabuloso y maravilloso que nos recuerda a aquel otro de Maverick y Goose.

Espero que el Ancestral no se haya retirado a su kasoplón ruso o bielorruso porque al parecer la canción está vetada en esas dos mierdas de países llenos de chusma y gentuza de la peor, equiparables a los truscolanes.

Las falsimeras de las Canteras

Siempre menciono y recuerdo a los tres lectores que las palmeras y cocoteros que vemos en prácticamente todas las playas turísticas, son más bien falsimeras, la planta es auténtica pero su aparición en la playa es producto de la mano humana. Hoy tenemos el ejemplo de la playa de las Canteras, que tiene cocoteros en la arena, algo que yo sepa ni existían en las islas, que nosotros somos más bien de Phoenix canariensis, palmera endémica de las islas Canarias y que da dátiles, no cocos. Al parecer, en el año 1981 se le ocurrió a una asociación de julays que la playa de las Canteras necesitaba un toque más exótico, así que plantaron los cocoteros en la arena con la esperanza que sobrevivieran. Cuarenta y un años más tarde, siguen ahí, aunque en los últimos diez años ha habido un par de momentos en los que estuvieron por quitarlos porque se infectaron de pulgón y no los regaban y daban una lástima que no veas. Las palmeras que se ven más a la izquierda y que tampoco creo que sean de las autóctonas, están en la parte delantera de un hotel y cuando las compraron, ya las compraron granditas para no tener que esperar unas décadas a que crezcan, que las palmeras se transplantan fabulosamente. Lo increíble es que ya se ven falsimeras hasta en el norte, en zonas en las que jamás se darían por las estaciones, que la palmera es una planta de clima sub-tropical o tropical y ahora, ya las veo incluso en los Países Bajos y cuando saben que va a helar, las envuelven en materiales aislantes para protegerlas, como con los olivos, que manda güevos ver gente que paga mil leuros por un olivo para ponerlo en su jardín y después el pobre árbol se pasa unos meses en el interior de la casa o empaquetado para sobrevivir.

Sin ellas

En los Países Bajos, lo de las mascarillas nunca fue tan radical como en España, se limitó al transporte público, en interiores y salvo por un par de pruebas en calles comerciales en Ámsterdam, poco más e incluso en interiores hubo muchas restricciones inexistentes en España, como el poder quitártela al estar en tu sitio en el cine si se guardaba la distancia de metro y medio entre grupos, con lo que en los cines veías a la gente llegar con mascarilla, sentarse y quitárselas. Hace ya cosa de un mes que en los Países Bajos se quitaron las restricciones de interior y hasta las del transporte público y salvo por el aeropuerto en su zona segura y algunas aerolíneas, básicamente no las usa casi nadie, salvo un servidor que no entro ni jarto de aceite de colza a un supermercado sin mascarilla, que la gente te pone el aliento a milímetros de tu cara y aquí hay mucho bicho alto que lanza el virus desde arriba. También me la pongo en los trenes, que no me cuesta nada y nunca se sabe en donde te encontrarás el virus, que aunque ya no mueren tantos por la variante julandrona del virus truscolán y podemita que predomina actualmente, conozco gente que ya va por su tercera tanda del virus.

Esta semana, esa libertad, llegó a España, salvo por el transporte público y bla bla bla y en el primer día, una mayoría seguía usando las mascarillas. Como aquí la obligación de usarlas fue tan radical, incluso en exteriores, el concepto se ha grabado a fuego y cuesta más, pero vamos, que en dos semanas, solo los que quieran protegerse de verdad la llevarán y los que se la ponían porque era obligatorio o porque replicaban el comportamiento de los demás, lo dejarán de hacer. Lo curioso es que en estos primeros días se ve a muchos de esos, los que se protegen la barbilla, que hoy siguen protegiéndosela, lo cual demuestra que sus cerebros no rigen como deberían, ya que se han pegado un año haciendo el paripé sin usar la mascarilla correctamente y ahora que la pueden guardar, la siguen usando incorrectamente. Al menos los neerlandeses, con el cuento de que cuando comías no la puedes llevar puesta, se movían dentro de tiendas y supermercados comiendo algo que nunca terminan de comer para así no usarla.

Entramos en una nueva fase de pandemia, que cambiará bruscamente cuando se produzca una nueva variante más agresiva, algo que dicen que puede suceder, que los cambios del virus no parecen tener lógica alguna.

Los niños del puente

Casi todos los fines de semana y por la tarde, en el puente que está cerca de mi casa y que pasa por encima de la autopista, hay un numeroso grupo de chiquillos, a veces jóvenes, en alguna ocasión hombres, que están con sus cámaras y objetivos haciendo fotos de los coches que pasan por la autopista, que en el lugar tiene diez carriles, cinco en cada sentido y en cada uno de los sentidos, separados entre tres carriles en el centro y dos en el extremo, que la autopista, al llegar a Utrecht, se divide de esa manera para que el tráfico que no va a salir en la ciudad siga por el medio y solo los coches que tienen su punto de destino (o de origen) en el lugar, usen los carriles exteriores, aunque tanto unos como otros tienen limitada considerablemente su velocidad máxima para minimizar el ruido y la contaminación, que al parecer los coches contaminan menos despacio, aunque eso igual nos lo pueden confirmar y explicar los culocochistas, que todos sabemos quienes son.

Yo nunca les he preguntado nada a estas bandas de chiquillos, seguramente con las viejas cámaras de sus padres, que se pueden pegar horas allí oteando la autopista en busca de algún tesoro que me resulta imposible de comprender. El domingo, cuando salí a hacer la discreta y modesta caminata que conté en Caminando y caminando, los vimos al regresa y mi amigo me preguntó qué coño sucedía en el lugar, a lo que le respondí que no tenía ni puta idea ni tampoco me preocupaba. Como el hombre es de esos que no puede vivir en sí cuando tiene la respuesta tan cerca, se acercó a los chiquillos, que inmediatamente se pusieron en guardia pensando que se les aproximaba un presunto tocador de niños, aunque no llevaba sotana, pero como igual están de incógnito, lo mejor es no fiarte nunca y tras saludarlos y desearles todo lo mejor, siempre, que es lo que nunca le deseamos al marico hechicero de Ginebra, que todos recordamos de historias pasadas, les hizo la pregunta. Los chiquillos le dijeron que es que en el tiquitoque ese, es muy pero que muy popular lo de los coches super-hiper-mega especiales, así que están allí esperando que pase uno para grabarlo durante unos segundo y así tener el reconocimiento de los miles y miles de panolis como ellos que se les pondría morcillona si tuvieran la edad al ver un cacho de hierro enorme y supuestamente espectacular. Uno de ellos nos dijo que el día más feliz de su corta vida fue cuando grabó un culocochista que conducía una máquina que al parecer cuesta casi medio millón de leuros y que recibió la admiración y la envidia dañina del resto de los mirones de coches, que debe ser como se denomina esta fauna tan especial. Mi amigo entró en modo abuelete y comenzó a contarles todas las cosas tan fabulosas que hacía cuando tenía su edad, las aventuras que vivió con sus amiguitos, las escapadas en los campos neerlandeses, los safaris por canales, la lucha contra molinos de vientos, la pesca en ríos y canales y un montón de cosas más pero los chiquillos lo miraban como si fuera el enviado de truscoluña, que no es nación, o del diablo. Para ellos, lo divertido es estar sobre un puente que está en una autopista, mamando contaminación de los miles y miles de coches que pasan por debajo, con una cámara de fotos y esperando que en algún momento, pase ese coche tan especial que les conceda sus tres segundos de gloria en el tiquitoque.

Creo que mi amigo salió de allí deprimido porque visto lo visto, esta nueva generación no parece tener salvación, que yo también pienso que donde se ponga una guerra con la chusma y la gentuza de la calle Guayadeque o de las casas baratas, que se quite lo demás, o una buena partida de policías y ladrones, o del juego del pañuelito, o saltar la burra, que mira que hacíamos cosas interesantes, o de meternos ilegalmente en la zona militar de la Isleta, ir al campo de tiro a recoger balas que no explotaron, llevárnoslas, ir al campillo, hacer una hoguera en la que las balas están en el interior, parapetarnos y ver como explotan y salen disparadas. Aquello sí que eran aventuras inocentes y sanas y no lo de ahora, que ni siquiera están expuestos a JuandeDios, como nosotros, que se sentaba con una silla de playa frente al campillo para enseñarnos la polla y los güevos y nuestras madres, que sabían que era un pervertido, nos decían que no nos acercáramos a él pero que no dejásemos de ir a jugar allí.