Compañeros de clase

Hoy hemos tenido la segunda clase de holandés. Se dice que la confianza da asco, así que ya hemos empezado en plan asqueroso a querer saberlo todo sobre los demás. Es lo bueno que tienen estas experiencias intensas. Sin comerlo ni beberlo te enteras de la vida de un montón de gente.

Básicamente hay tres grupos en la clase. Está el Latin-Power compuesto por una mexicana, un chileno, un guatemalteco, un italiano que habla español y un canario (Rodolfo seguro que preferirá el termino Españooó, pero es que leyendo la prensa española parece ser que ahora nuestra nacionalidad es la de la comunidad autónoma en la que nacimos, y yo por desgracia nací en África ;-)).

El segundo grupo está formado por las rusas. Ya he comentado en otra ocasión que por aquí por el centro de Europa se considera socialmente aceptable que los frikis compren esposas en otros países ante su incapacidad de conseguir hembras locales (Miraos Hembras à la Carte). Por supuesto estas transacciones son con contrato de por medio en el que ambas partes se declaran de acuerdo. Rusia debe estar entre las mayores potencias mundiales en esto de las esposas a la carta, porque tenemos cuatro en clase. Al igual que los latinos, ya se han agrupado.

El tercer grupo es el resto del mundo. Es bastante variado. Hay una neozelandesa, una indonesia, una checa, dos ingleses, una griega y algunos más de los que aún no tengo datos.

Yo creo que estoy perdiendo mi tiempo en mi trabajo. Lo que yo sé hacer de forma intuitiva es crear redes de conocimiento. Lo he hecho toda mi vida. Igual que hay gente que hace punto, o juega al fútbol, o toca en un equipo de música, yo organizo redes. Así que roto el hielo, ya he establecido las relaciones en la clase.

Las rusas prometen y mucho. Son las esposas perfectas. Viven por y para su hombre. Las ves venir a clase totalmente arregladas, listas para irse de marcha. Maquilladas, cuidándose mucho, saben que todo lo que son es lo que vale su cuerpo. Hay una que ha conseguido la unanimidad de todos. Es la «chocha del martes». El súmun entre las suyas. La hijaputa está superorgullosa de sus uñas, que tiene pintadas haciendo unos dibujos espectaculares y todas diferentes aunque conjuntadas. Las teorías en clase es que se pondrá guantes de lana para follar, porque como se le joda una se agarra una depresión. La tía es perfecta. Tiene todos los accesorios necesarios colocados en los lugares adecuados y con las cantidades precisas. En la clase hay sólo otra mujer capaz de hacerle sombra. La neozelandesa se da un aire a la Angelina Joile que no veas. Y encima se mete el bolígrafo en la boca de una forma que parece que está chupando pollas. Se ha sentado al lado de la rusa guapa para controlarla a ella y a nosotros y como siga haciendo eso con el bolígrafo, vamos a tener que empezar a llevar bolsas de hielo para las calenturas.

Visto que hoy estoy muy insubstancial y vulgar, vamos a centrarnos un poco en esta jodida lengua bárbara. Hoy me he enterado después de cuatro años aquí que el artículo indefinido «un» y el número «un/o» se pronuncian de formas distintas. El artículo indefinido se pronuncia como «en» y el número como «ein». Me he quedado de piedra. En la escritura el primero se escribe een y el segundo één. Ya me parecía a mí que alguna gente lo pronunciaba de forma distinta. Yo siempre pensé que eran la misma palabra. También me mosqueaba que a veces la gente los tildaba y otras veces no. Uno de mis amigos españoles siempre comienza las conversaciones en el messenger con un Ein, así que gracias a este curso ya sé lo que quiere decir. :mrgreen:

Chino, cine y copas

El viernes estuve en Amsterdam para una sesión combinada de cena en chino seguida de cine y luego copas en Rembrandtplein. A la cena sólo íbamos yo y mi amigo el chino.

Lo que para nosotros aquí arriba es una cena, para los españoles es una merienda, más que nada por la hora. Nos fugamos del trabajo a las cuatro y media para coger el tren de las cinco y estar por allí antes de las cinco y media. Con la película comenzando a las siete y media, no teníamos mucho tiempo. Elegía yo el restaurante, así que fuimos al New King, mi favorito. A la hora de pedir, con mi amigo el chino de cuerpo presente, siempre me entra un sudor frío porque se pone a hablar con la camarera en su puto idioma y uno nunca sabe lo que van a traer. Yo después de que una vez apareció el camarero con un plato de «patas» de pato, que parecía que habían talado a los putos animales, no me fío nada de nada. Me sugirió repetir un plato que ya habíamos comido en otra ocasión y por no partirle el alma le dije que sí. Es un plato de chicharrones del cerdo, sólo que sin freír. Como aún puede haber alguien que no sepa lo que son los chicharrones, es el cuero del cerdo y su grasa en grandes trozos fritos hasta que se achicharran. Los chinos para este plato le quitan el cuero y lo hierven, aunque poco. Se queda muy blando y la grasa se deshace en la boca, más o menos. Es un poco repugnante, pero como ya le hago ascos al pescado en el restaurante chino y al pato, si le digo a esto que no el pobre hombre no querrá volver más. El pescado no lo como porque eso de que te traigan un pez lleno de espinas para comer con palillos y que el puto chino se pase la comida escupiendo espinas delante de uno, como que no me mola.

Tuve suerte y para los chicharrones había que esperar más de 40 minutos, así que nos fuimos por unos calamares con salsa picante y un cerdo con salsa de judías negras fermentadas (parecido al Pollo con salsa de judías negras fermentadas que yo cocino). La comida estuvo deliciosa.

Después nos fuimos al cine, cogimos las entradas y a esperar al turco en un pub, bebiendo una cerveza. A las siete y veinte el turco llama para advertirme de que a lo mejor no llega a tiempo. Mando al chino a que compre las bebidas y coja asiento y me quedo esperándolo. A las siete y media, con la película a punto de empezar, aviso al turco de que la entrada se la dejo en la taquilla y elijo a una hindú fea como Tizio para asegurarme que no se entretiene a flirtear. El turco llegó como quince minutos más tarde, pero con anuncios y trailers aún no había comenzado la película.

A mitad de película el chino me dice que tiene que salir a buscar algo y que le tomará diez minutos. Estuvo media hora fuera. Como el turco me preguntaba que donde se había ido, le dije que se había ido de putas, que tenía una cita con una muy muy china y muy guarra y así se quedó tranquilo. Antes de que volviera el asiático aparecieron en la sala una pareja de hippies alternativos que debían haber visto otra película y pretendían ver el final de la nuestra. Trataron de sentarse en el asiento de mi amigo pero me los toreé limpiamente. El colega volvió al rato con un sobre grande y no dijo ni pío.

Cuando acabó la peli lo interrogamos pero sólo sacamos en claro que una amiga le tenía que dar unas cosas y que había quedado en la estación de tren con ella. Por supuesto no nos tragamos el cuento. Este o trabaja para las Tríadas o está follando con alguna y no lo quiere reconocer.

Después de la película nos fuimos a Rembrandtplein a tomar unas copitas. Según enfilamos la calle nos vemos en la puerta de una tienda a cuatro gorilas con gafas de sol, trajes y zapatillas deportivas (playeras en canario) que no pegaban ni con cola. Le comento a los otros la pinta de guardaespaldas que tenían los tíos, así que nos paramos a mirar a quien protegían. Parecía una pareja de moros de mierda, yo diría que paquistaníes o de los alrededores. Dentro de la tienda tenían otros cuatro gorilas. Si lo que querían era ir de incógnito, hay que reconocer que consiguieron un fracaso rotundo. Si lo que buscaban era que todos sus enemigos supieran en donde han estado, entonces han triunfado. Cuando llegamos al bar y nos sentamos en la terraza descubrimos que justo enfrente hay un Mercedes aparcado con dos guardaespaldas más, una moto de la policía y en todas las esquinas cantosos gorilas tamaño armario empotrado. Para cuando salieron de la tienda ya había una multitud en la calle mirando. Nosotros desde nuestra cómoda posición y al amparo de nuestras cervezas, disfrutamos del espectáculo.

Después de que se fueron nos centramos en el supremo arte de la observación de los putorros ingleses. Las británicas son las únicas mujeres fabricadas con calefacción de serie. Con treinta grados o menos diez, en Amsterdam siempre se les puede ver vestidas con un trapito, enseñando el potorro y andando tranquilamente de un sitio a otro. Había algún tipo de fiesta lesbiana en el pub de al lado y eso afectó mucho a la calidad del material. No sé, parece que para conseguir el certificado de boyera hay que ser una jartada de fea. En aquella fiesta todas estaban certificadas. Dios, que desfile de callos. Terminamos por mudarnos a otro sitio porque aquello era repugnante. Del resto de la noche no hay mucho más que contar y si lo hubo, no me acuerdo.

Hembras à la carte

¿Qué sucede en estas tierras? ¿Será la alquimia un invento neerlandés? ¿es cierta la leyenda de la transformación de las hembras?

Hoy trataremos de dar respuesta a estas y otras preguntas. Si enfiláis hacia el norte y cruzáis varios países europeos, llegaréis finalmente a unas tierras semi sumergidas llamadas los Países Bajos. En ellas vive una raza altiva, donde predomina el pelo rubio, narices afiladas, ojos achinados, mandíbulas cuadradas y gran estatura. Son los neerlandeses, los colonizadores de las ciénagas situadas en esta zona. Esta raza, tan perfecta y jodidamente estructurada, es vista desde el exterior como uno de los hitos culminantes de la supremacía blanca, el orgullo de nuestra raza. Sin embargo, si cambiáis vuestro punto de observación y os infiltráis entre ellos, como yo he hecho, veréis que la perfecta pirámide está llena de grietas y se desintegra por momentos.

La mujer neerlandesa, bella como pocas a los 17 años, madura a los 28 y se echa a perder a los treinta y cinco, momento en el que en algún lugar recóndito de sus cuerpos se activan los miliclitorianos que nombran en la primera trilogía de la guerra de las galaxias. Al igual que con los Jedis, los miliclitorianos comienzan a trabajar y transforman esos especímenes en auténticos hombres, feos, masculinos a más no poder. Esa transformación se culmina en unos tres años. Al acabar, el desafortunado marido se encuentra con que duerme en casa con otro hombre, un hombre al que sus hijos, más que nada por miedo, llaman mamá. Ese nuevo hombre de la casa no tiene escrúpulos, es cruel y salvaje puesto que ha sido creado con el fin de pertenecer a la casta de guerreros más grande que ha existido en el universo.

El hombre holandés, el auténtico, el nacido varón, sabe que esto es así y teme contraer matrimonio con hembras locales. Se aterroriza al pensar que algún día la fémina con la que comparte lecho e hipoteca se transformará al igual que tiempo atrás le pasó a su madre y que ese día su vida se convertirá en un infierno. Estos pobres hombres acusan a la iglesia de sus males, creen que esto sucede por estar malditos, por haber expulsado del país a la única religión auténtica, por haber profanado la catedral de Utrecht borrando las caras de los apóstoles de los frescos que adornan la iglesia. Dios, el único y todopoderoso les mandó una única advertencia. Al poco de mancillar la iglesia una tormenta mastodóntica separó la torre del campanario de la nave central. Tardaron más de 100 años en eliminar los escombros. Nunca olvidaron la lección.

Por eso, el macho neerlandés busca pareja fuera de su tierra. Antes la cosa estaba muy jodida y había que resignarse, pero esos tiempos ya han acabado. Hay Internet, hay agencias de contactos, hay mafias establecidas para satisfacer sus más ínfimos vicios. Ahora el hombre nórdico está a un click de la mujer de su vida, una hembra que será aburridamente hembra toda su vida, que nunca anhelará el cambiar su sexo.

Un paseo por el edificio en el que trabajo nos deja un balance esperanzador. Mi compañero de oficina está casado con una colombiana. Dos puertas más allá hay uno con una Ucraniana, otro con una de Surinam, Vietnam y Alemania. Cuando bajamos a la planta de los desarrolladores de Software nos encontramos con que prácticamente todos tienen esposas extranjeras y pasan sus vacaciones en los países de origen de sus hembras. Hay varios con esposas rusas y cuentan las leyendas de la empresa que las compraron a través de un catálogo, un catálogo que los solteros buscan desesperadamente en todos los rincones para acabar con su soltería. Esa misma leyenda dice que aquel que encuentra el catálogo tiene asegurada una vida de felicidad completa y que puede pagar esa vida a cómodos plazos.

Wandel Vierdaagse – Caminante no hay camino …

Desde ayer tiene lugar en Nijmegen, una ciudad del oeste holandés próxima a la frontera con Alemania la mayor marcha de caminantes organizada a nivel mundial, evento llamado por estos lares Internationale Vierdaagse Afstandsmarsen Nijmegen o traducida a lo chabacano «la caminata de los cuatro días».

47.000 caminantes se inscribieron y de ellos 44.598 tomaron la salida, con unos 5000 caminantes profesionales y miles de soldados de diferentes países, o sea, una multitud de cojones. La mayor parte de los civiles opta por el circuito de cincuenta kilómetros, el más largo. ¡Ojo! Son cincuenta kilómetros diarios durante los cuatro días. ¿Qué? ¿Cómo se os queda el cuerpo? Para que veáis lo diferente que es esta gente. Mientras vosotros pensáis en ir a la playa, dormir la siesta, tocaros los huevos, follaros a la vecina y demás, aquí la gente se coge una semana de vacaciones para caminar como venados hasta reventar.

Yo, intelectualmente retardado y físicamente no dotado para semejante ejercicio ya que carezco del módulo que proporciona la voluntad y la constancia, realizo un papel pasivo. Uno de mis compañeros de trabajo se está haciendo la machada (repite de años anteriores) y a mí me han encargado darle apoyo moral mediante el envío de SMSs gratuitos, tarea que me agota físicamente y me produce un profundo malestar moral cuando me olvido de realizarla. Así que aquí me tenéis, todo el puto día conectándome a un web para enviar SMSs a ese pobre caminante para que se sienta querido y recordado y que esa energía le de fuerzas para culminar su titánica tarea.

Por descontado, gracias al generoso y soleado verano holandés que estamos disfrutando, se están hartando a caminar bajo la lluvia, como dan fe las fotos que se pueden ver en este enlace.

Completando la pincelada folclórica, os diré que han habido un par de detenciones el pasado sábado porque parece ser que la morería quería realizar un atentado contra los militares que toman parte en el evento. Los detenidos han sido un sirio y un libanés europeizados. Una de esas famosas cédulas durmientes que pululan entre nosotros esperando para dar el golpe.

A Nijmegen City Council spokesman said the atmosphere at the official opening of the event on Monday was not negatively influenced by the potential terrorism threat. «The atmosphere is very good, everyone is walking proudly and enthusiastically,» he said.
Two men ? of Syrian and Lebanese ancestry ? were arrested by police who suspect they were planning an attack on soldiers participating in the walk. The Syrian ? who speaks Dutch ? has denied the allegations.

Si esto ha despertado vuestra curiosidad, también os podéis leer el artículo aparecido hoy en Expatica (haz clic sobre la palabrota).