Despegando en Gran Canaria por la mañana

La serie esta de vídeos terribles comienza en Despegue mañanero en Ámsterdam

Llegamos al tercer y penúltimo capítulo de este sainete de vídeos hechos en un avión de buelin y hoy le toca al despegue en el aeropuerto de Gran Canaria. No me puedo quejar porque el sistema me asignó automáticamente un asiento de ventanilla pero me puso en el lado equivocado del avión y como el Ancestral no me paga los leuros del cambio de asiento, se tendrá que joder y esto más bien es un paseíllo en guagua con escena final aérea. En honor del inminente estreno de la nueva película de Top Gun (Ídolos del aire) – Top Gun, que rezo todos los días para que sea un peliculón porque la quiero ver diez o quince veces, la música es uno de los himnos de la película original, la canción Danger Zone de Kenny Loggins y puedo confirmar y confirmo que fui a un concierto del susodicho en los Estados Unidos de América y el muy joputa dejó esta canción para el final y cuando la cantó, aquello fue el acabose, hasta la más peluda aullaba histérica y se desmayaba, se recuperaba y se volvía a desmayar de la emoción tan grande, quizás grandísima o enorme.

Esto no tiene explicación. Arranca yendo a la cabecera de pista y vemos la isla de Gran Canaria al fondo y algunos aviones por delante y cuando llegamos al extremo, giramos, nos saltamos la primera pista y vamos a la segunda, normalmente usada por los militares y despegamos con una preciosa vista de la bahía de Gando, que está militarizada. Como los aviones giran hacia la izquierda y en ese lado tenemos el mar, el vídeo acaba ahí porque no se ve nada. Si hubiera estado sentado del otro lado, la vista habría sido de la isla en plan espectacular. Justo antes del final del vídeo pasamos por en cima de la playa de Tufia, que no se ve y en donde estuve buceando uno de los días.

Aterrizando por la mañana en Gran Canaria

El vídeo del despegue está en Despegue mañanero en Ámsterdam

Todos sabemos que es una trola y a él no le gustan pero como siempre dice lo contrario para provocarme, se ha tenido que jartar a ver vídeos hechos en los aviones, que creo que hay unos ochenta y ocho en el mejor blog sin premios en castellano y que hasta tienen su propia playlist en el llutuve, que son horas y horas viendo más y más y más de lo mismo hasta que se te fundan los párpados. Hoy tenemos el segundo de los vídeos, correspondiente al vuelo de ida a Gran Canaria y aquí estamos llegando al aeropuerto de la isla y al estar sentado en el lado izquierdo del aparato, tenemos que esperar hasta que el avión hace el giro de ciento ochenta grados bastante al sur para regresar y aterrizar al aeropuerto. La musiquilla que lo acompaña es la canción Clearest Blue de CHVRCHES, una que descubrí en alguna serie televisiva y que me gusta mucho.

El vídeo comienza en el giro y en los primeros segundos, pero en los primeros, primeros, se puede ver a lo lejos las dunas de Maspalomas, conocido lugar que pese a los intentos de los chicharreros y la prensa que manipulan, NO ESTÁ EN TENERIFE, es una maravilla natural de GRAN CANARIA y al llegar a tierra vemos justo debajo el embarcadero del Castillo del Romeral, lugar en el que puedo confirmar y confirmo que no hay un castillo. Después vemos un montón de invernaderos y por encima de ellos, la GC-1, la autopistas que va de la capital de la isla hasta Mogán y que seguimos más o menos en paralelo y pronto llega a Vecindario, capital de Mordor y el lugar en el que la lycra es usada masivamente por hembras y machos mórbidos que lucen las lorzas con orgullo, sobre todo en su centro comercial, que ha sido definido como el único lugar en el universo en el que se puede ver pulular a los Orcos en su ambiente natural. Después de dejar Vecindario atrás, que es enorme por ser barato y gracias a la autopista y sus atascos, es perfecto para que los pobres vivan allí, pasamos por Ingenio y llegamos al aeropuerto y tenemos un aterrizaje sin incidencias.

Y el regreso comienza en Despegando en Gran Canaria por la mañana

Gaseado

Otro viaje a Gran Canaria y este me recordó a otros que hacía unos años. Ya ni me acuerdo de la última vez que fui a Gran Canaria en un vuelo a las siete de la mañana, sobre todo porque cuando vuelo con Transavia tienen varias alternativas y prefiero pagar diez leuros más y coger un vuelo más tarde, de la misma manera que pago otros diez leuros más para regresar en uno que llega a los Países Bajos y ahorrarme esos vuelos que aterrizan de madrugada. En este caso, no había opciones y el vuelo con buelin salía del aeropuerto de Amsterdam a las siete de la mañana y como solo tenía equipaje de mano, opté por ir en uno de los trenes nocturnos, cuatro trenes que salen cada hora, uno desde la ciudad de Rotterdam con destino Utrecht pasando por el aeropuerto, Amsterdam Centraal hasta mi ciudad y el otro sale de Utrecht, con destino a Rotterdam y haciendo las mismas paradas. Opté por ir en bicicleta hasta la estación y dejar allí mi bici, que el primer día el aparcamiento es gratis y después me cobrarán un leuro y treinta céntimos por día. Me levanté a las tres y media de la mañana y un rato más tarde estaba en camino a la estación con la bici, en un recorrido en el que solo me crucé con otro ciclista, ni coches ni gente andando por las calles desiertas de Utrecht. Llegué a la estación sobre las cuatro y cinco y el tren salía diez minutos más tarde.

El tren nocturno sale de un andén distinto al habitual para los trenes que van hacia Ámsterdam y tiene todas las puertas de acceso cerradas, salvo por una, en la que hay un montón de revisores y securatas, para manejar a los que puedan querer colarse, algo imposible en ese tren. Como la puerta que abren está en un extremo, acabamos todos sentados en ese lado del tren y el resto vacío. El tren salió en hora y como hace una ruta más larga, tarda unos cuarenta y cinco minutos en llegar al aeropuerto frente a los treinta habituales. Esa ruta también es extraña porque en ocasiones, solo usan una de las cuatro vías disponibles hasta Ámsterdam y por el camino, el tren reduce su velocidad para cambiarse de vía cuando viene uno de los otros en dirección contraria, lo cual nos pasó cerca de Ámsterdam. Al llegar a la capital, ya eran las cinco menos cuarto de la mañana y allí se llenó el tren con gente que iba a trabajar al aeropuerto, al cual llegamos a las cinco y un minuto.

Pasé el control de inseguridad, que en los aeropuertos neerlandeses es un proceso maravilloso desde que pusieron los escáneres que permiten evitar el sacar los líquidos y los aparatos electrónicos. Después del control, me fui a la puerta de embarque a esperar. Entramos en hora y el avión iba medio lleno, aunque todos estábamos sentados en la parte de atrás porque buelin, si no pagas, llena el trasto de atrás a adelante y sin dejar un puto asiento vacío entre los pasajeros. En realidad nos separamos del aeropuerto diez minutos antes de tiempo pero había otro avión un poco más adelante saliendo y básicamente esperamos ese tiempo por bloqueo de la carretera. Por suerte la pista de despegue es una de las cercanas y estuvimos en el aire muy pronto, con un despegue muy bonito en el que no se vio ni un solo campo con tulipanes, que a estas alturas ya deberían estar en flor pero igual ya los han cortado.

Según estamos subiendo, yo y los julays que iban sentados a mi lado, fuimos obsequiados con un ataque químico que nunca supimos si nos vino de la fila por delante o de la que teníamos por detrás. Alguién estaba bien podrido por dentro y ese fue el primero de muchísimos, que en cuatro horas y media el susodicho no dejó de gasear, se tiró una cantidad increíble de peos, todos sin sonido pero letales, que gracias a Dios que teníamos mascarillas y eso si te protege del virus pandémico truscolán y podemita, también mitiga el hedor putrefacto, que hasta los tripulantes de cabina, cuando pasaban con su mercadeo, por allí no se paraban porque el ataque químico era continuo. El piloto lo supo o se lo imaginó y llegamos a Gran Canaria quince minutos antes de tiempo y nunca llegamos a saber quién fue el Jovita que nos sometió a tremendo castigo, pero como no tenemos que ser negativos, solo le deseo un cáncer mortal de estómago y que se lo detecten cuando ya se le haya distribuido por todo el cuerpo.

Al salir del avión, el control de códigos QúeRre es ahora más simple y solo miran que estés vacunado, de lo contrario tienes que llegar con un PéCéeRre. Tras esto, fui directo a la parada de la guagua y seguí para la ciudad de las Palmas de Gran Canaria y curiosamente, el tiempo en los Países Bajos se veía mucho más agradable que el que me encontré en África.

Segunda inmersión en el Cabrón, primera parte

Después de descansar una hora fuera del agua, descanso obligatorio para reducir los níveles de coñas tóxicas en tus entrañas, regresamos al agua para la segunda inmersión, que nos la prometíamos igual de feliz que la primera pero resultó que en la hora esa en la que estuvimos en la superficie, el mar cambió mientras subía la marea y entró una corriente jodidísima y lo mejor es ver la gráfica de mi computadora de buceo para captar el concepto:

Alrededor de la media hora estábamos felices en el fondo marino del agua del mar, protegidos por la corriente y tan a gustito mirando coñas que ya veremos en los vídeos, en ese momento, subimos a la plataforma de rocas para comenzar el regreso y aquello se transformó en una prueba de resistencia, nos tomó casi veinte minutos una distancia que habríamos podido hacer en menos de cinco y parándonos a goliznear. La corriente, además, cambiaba de dirección continuamente, nos pillaba de frente, de lado, del otro lado pero nunca por detrás para ayudar y empujarnos. El primer vídeo está amenizado con la canción Wherever You Will Go de The Calling.

Comenzamos avanzando por la plataforma de rocas para ir hasta el lugar en el que nos habíamos quedado en la primera inmersión, hay mucha vegetación y a lo lejos se puede ver el banco de peces roncadores, que ahora están más cerca de la superficie. Finalmente llegamos junto a ellos sobre el primer minuto y nos ponemos a seguirlos, uniéndonos a la tribu. Después nos cruzamos con un pez trompeta y llegamos al lugar con las rocas. Por esa zona hay otra cueva espectacular. Vamos por cañones junto al muro y casi en el tercer minuto pasamos junto a una pequeña cueva. Nos quedamos justo antes del vídeo de la cueva, que veremos en el segundo segmento.

La inmersión continúa en Segunda inmersión en el Cabrón, segunda parte