Tiburones y mantas en Guraidhoo

El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

Aunque al llegar ya hice una inmersión, este era mi primer día con la rutina habitual de tres inmersiones. Llegué a la mañana después de dormir más de diez horas con lo que recuperé el sueño perdido en el avión. Me levanté fresco como un hojaldre y aunque yo habría preferido desayunar antes de bucear, en el sitio en el que me quedo no son de levantarse temprano a cocinar, así que salí a bucear con la tripa vacía. Hoy buceaba conmigo una argentina que vive en Lanzarote. La semana pasada tenían unos grupos enormes y he tenido suerte y esta semana vamos en plan colegas. La primera salida fue a un sitio llamado Kandooma Thila y probablemente si hubiésemos sido más de dos no nos habrían llevado porque además coincide con la luna llena y las mareas son más fuertes y las corrientes más peligrosas. Está cerca de donde había ido el día anterior y la corriente era increíblemente fuerte. Bajamos a una terraza a unos veintipico se metros y nos agarramos a lo que pudimos y a partir de ahí comenzó el desfile de tiburones, sobre todo los grises de arrecifes, enormes y majestuosos. Vimos otros bancos de peces pero allí los reyes son los tiburones. A lo lejos vimos un Eagle Ray. En algún momento pasaron un par de grupos e iban como a una velocidad turbo, les daba tiempo para darse cuenta que delante de ellos había un tiburón, hacerle una foto y ya estaban en el quinto pino. Nosotros aguantamos como campeones pero también fue una inmersión corta por la profundidad y por el aire que consumes con el esfuerzo. Después de eso fui a desayunar y la segunda inmersión era la opuesta, a un lugar llamado Manta Point a relajarnos y esperar en el fondo a que vinieran las mantas, que no lo hicieron, así que nos pasamos una hora mirando lo que había alrededor, que lo más espectacular fue un pez escorpión. Tras esto, al salir estaba diluviando y al comenzar a regresar vimos las mantas en la superficie, así que nos tiramos con gafas y aletas y al menos las vimos allá arriba. Después fui a almorzar y a charlar con la argentina y la última inmersión fue a un lugar llamado Biyadhoo Giri, que era como una especie de pináculo. Vimos un pulpo, bancos de peces, gambas y fue bastante relajada y agradable. También había corales, que por culpa del cambio climático que no está sucediendo, se están muriendo en las Maldivas porque el agua se ha calentado mucho, allí ahora mismo la temperatura del agua es de treinta grados.

Al volver me di un garbeo por la isla para caminar algo, estuve en el muelle viendo la puesta de sol, que es espectacular y tras esto, ducha y a cenar para retirarme pronto que yo prefiero levantarme temprano y aprovechar la mañana.

El relato continúa en El día de las morenas y las tortugas

Desde Utrecht a Guraidhoo

De siempre se dijo que el mejor blog sin premios en castellano rebosa de contenido original y cuando se trata de buceo, es sencillamente lo mejorcito y eso pese a los cutre-vídeos. Aún estamos con el empacho de Indonesia y Malasia y como tenía cinco días que no podía mover al año que viene, busqué un lugar exótico para ir a bucear y cuando estuve a punto de elegir el sitio ese en las Bahamas que arrasó un huracán hace una luna y media, al final mi Ángel de la Guarda intervino y opté por las islas Maldivas y más concretamente, por ir a Guraidhoo. Como solo tengo una semana, quería un lugar al que se pueda llegar con cierta velocidad y por descontado, agua con temperatura de meados, que es la mejor para el buceo. Mirando billetes de avión, tenía dos opciones que podemos calificar como Guatemala y Guatepeor, con la primera iba por Moscú con aeroflot y con la segunda tenía que ir a Munich, de allí a Moscate y de allí a Malé con Omán Air. Ninguna de las dos aerolíneas me convencían pero era lo único que salía a buen precio en los dos buscadores que uso. Se me ocurrió probar la herramienta de GooglEvil para comprar billetes y en ella aparecieron vuelos de Austrian Air y de Swiss Air al mismo precio que las dos opciones malas y volando con la calidad del grupo Lufthansa, así que me hice un combinado para maximizar los tiempos yendo con Austrian por Viena y regresando con Swiss por Zúrich. Este sábado, me levanté temprano porque aún estaba preparando contenido para el blog y tenía que hacer la bolsa y demás, además de vaciar las papeleras, desactivar la calefacción y mil millones más de cosillas. Estuve liado hasta que salí de mi casa por patas sobre las once y media y en esta ocasión, pillé la guagua a Utrecht Centraal. Allí enganché con el tren a Schiphol y cuando llegué al aeropuerto, compré dólares para pagar las cosas en el destino, ya que todo estaba apalabrado pero nada pagado. Después fui a pasar el control de inseguridad y lo han cambiado de sitio en el aeropuerto, que parece estar eternamente siendo mejorado. Entre pitos y flautas no llegué con las habituales tres horas y así solo esperé como media hora hasta que comenzó el embarque. Por descontado, volaba con equipaje de mano. La sorpresa me la llevé cuando vi el avión, un Embraer E95, pequeño y con solo cuatro pasajeros por fila. El Ancestral ya puede descansar tranquilo que tenía ventana. Despegamos puntualmente de Schiphol a las dos y aún era de día y para las tres y media, cuando llegamos a Viena, ya estaba a punto de anochecer. En el vídeo del aterrizaje, que veremos algún día, se pueden ver unos bosques con colores otoñales preciosos. Al entrar en la terminal, tenía que hacer casi cuatro horas de escala y encontré un rincón super-hiper-mega chulo con un butacón enorme y enchufe así que me dediqué a cargar toda mi electrónica y ver vídeos, jugar y machacar a los que están en la competición de la semana conmigo en el Duolingo. Cuando anunciaron la puerta de embarque, pasé el control de pasaporte y me ubiqué cerca de la misma. El avión era un Boeing 767 de la época de María Castaña, aunque le han cambiado los asientos y había leído en algún lado que no tiene puertos USB o enchufes en los asientos, lo cual resultó falso. De nuevo, me tocó asiento de ventana, aunque sobre la misma ala y en la pantalla delante de mí había un precioso puerto USB que cargaba telefoninos pero no iPads. Salimos con una precisión barbara, despegamos a la hora prevista, con un vídeo obscuro en el que no se ve una puta mierda. Después, cuando llegamos a la altitud de crucero, nos dieron primero un paquete de crackers e inmediatamente la cena. Yo habría preferido que se ahorrasen el primer paso porque allí todos lo que queríamos era comer y dormir. La comida fue excelente, seguramente la mejor que me han dado este año, los de Qatar ya podrían aprender. No había nadie a mi lado con lo que tenía los dos asientos. No sé que coño tienen los alemanes, austriacos y suizos con la temperatura pero sus aviones son neveras y ya iba equipado con una sudadera (o eso que de pequeñito llamábamos un canguro por como puedes meter las manos en el megabolsillo delantero), así que me envolví en dos mantas y con mi sudadera y en total creo que dormité al menos cuatro horas. Decir que como este no es un viaje primaveral y es de solo una semana, decidí ir con pantalones normales y unos cortos en la bolsa. Gracias a esos pantalones sobreviví en el avión, si llevo a llevar los otros, me sacan como un témpano de hielo. Por la mañana nos dieron un desayuno y aterrizamos un poco antes de la hora prevista en Malé, la capital de las Maldivas.

El control de pasaportes fue una experiencia tercermundista, deberían estudiar el concepto porque eran cienes y cienes de millones de personas y los que te estampan el pasaporte los eligieron entre los ciudadanos más alelados. Después de esto tuve que pasar la maleta por un control de seguridad y al salir del aeropuerto por otro control de seguridad en el que buscaban alcohol, que está prohibido importar en este país musulmán. Después cambié algunos dólares por la moneda local, me compré una tarjeta SIM para una semana y los del centro de buceo me avisaron que alguien me llevaría a un barco, como sucedió. Desde ahí fue unos tres cuartos de hora en una falúa en plan corrupción en Miami y en truscoluña, que no es nación y paraba en atolones e islotes y se bajaba y subía gente. Y así llegué a Guraidhoo, sobre las once y media de la mañana hora local. Me dijeron que hacían una inmersión a las dos y media de la tarde así que me despatarré en la playa delante de mi habitación hasta esa hora y después fui a bucear. La semana pasada tenían un grupo enorme de gente pero por suerte se han ido y éramos un japoné y el Elegido. Fuimos a un sitio llamado Kandooma’s Corner. Nada más descender vimos un pez Napoleón enorme y hasta la hice vídeo, nunca había tenido uno tan cerca. También vimos tiburones de punta de aleta blanca, atunes, bancos de peces, creo que eran fusíleros, peces murciélago, una tortuga y hasta una morena. La verdad que fue una inmersión intensa y muy bien aprovechada.

Al regresar me dediqué a pasear por el poblacho porque era consciente que si me meto en la cama, caigo muerto. Así hasta una fabulosa puesta de sol y después fui a cenar y como no había comido nada desde el magro desayuno del avión a las seis de la mañana, me pedía dos platos principales y me encochiné. Después volví a la habitación para acostarme pronto y tratar de hacer diez horas de sueño que la primera inmersión del día siguiente era a las ocho de la mañana.

El relato continúa en Tiburones y mantas en Guraidhoo