Omán quinta parte - Sur

Arabian Tour 2005

Tras más de una semana relatando mi diario del viaje, sigo insistiendo en el orden adecuado de las historias, que es el siguiente: Comienzo del viaje, Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, Moscate, Camino de Sur y Sur, primer y segundo día. Aún queda mucho por contar, así que quizás deberías mirar los episodios anteriores antes de continuar leyendo si aún no lo has hecho.

Mi tercer día en Sur comenzó como el anterior, yendo a la oficina en la guagua de los elegidos. Cuando llegamos a nuestra oficina, antes de volver al edificio en el que trabajaba, me pongo a mirar los paneles de avisos y me veo una foto de una araña como la mía. Era un aviso para que la gente ande con ojo que se han visto arañas tigre. Según parece son muy agresivas y pueden causar bastante pupita con su veneno. De hecho avisaban de que ya habían atendido el primer paciente por picadura de la susodicha. Y yo tan feliz. En el poster contaban que a esos bichos les encanta meterse en las botas y para evitar que entren en los contenedores-vivienda, nos sugieren dormir con la luz encendida, no poner los zapatos en la calle y comprobar las sábanas antes de dormir. Os imaginaréis como se me ha puesto el cuerpo. Me pica todo. He revisado esto de arriba abajo dos veces para ver si la hijaputa sigue aquí dentro. Esta noche no duermo, haré guardia.

Por la mañana he acabado mi trabajo bastante pronto y a las once le he dado un curso de una hora a la omanita que trabaja en la recepción. La chica es muy simpática y zalamera, pese a estar toda tapada. Se le ve que si hubiera nacido en otra cultura hubiera sido una chica super viva, pero aquí ha tenido que sobrevivir a base de agachar la cabeza y aguantar. [Nota del autor: vosotros no lo podéis ver porque esto es escrito, pero quiero que sepáis que estoy subido a la silla, en cuclillas, escribiendo este episodio en mi portátil, porque me da miedo poner los pies en el suelo, que la guarra esa de la araña puede que siga aquí dentro. Rezad por mí, por favor]

La chica a la que educo es bastante inteligente y en una hora lo ha aprendido todo. Después me he ido a comer al mismo comedor del día anterior, solo que esta vez he ido con el omanita que ha trabajado con nosotros. He optado por comida hindú y me he sentado en la mesa de los musulmanes, todos con sus camisolas blancas y yo con mi polito Springfield. Una escena total. Mi jefe se tendría que sentir orgulloso si me viera socializando con la morisma esta. Ya por la tarde, he pasado más rato con mi morilla para resolver sus dudas. Yo a esta la metía debajo del mostrador de la recepción y de dos viajes la bautizo (Cristo bendito, este país empieza a afectarme …)

Fijándome un poco y andando por el edificio he descubierto la pauta. Al contrario de lo que sucede en Europa, aquí los baños de las mujeres y los de los hombres no están juntos. De hecho, están en lados opuestos del complejo. Las mujeres hacen sus agüillas menores y mayores en el lado derecho y los hombres mean y jiñan en el ala izquierda del edificio. De esta forma uno no se cruza con una hembra medio desnuda al pasar delante de una puerta. Para hacerlo más simple, la puerta del baño es la última del pasillo, así que no hay razón ninguna para que un hombre pueda estar por allí. Aparentemente hay uno al que se conoce como el hermano cuya misión es velar por la integridad moral. Si el tío ve a una chica hablando mucho con hombres, la reprenderá y si persiste, se encargará de que la trasladen o la echen. He tenido suerte y parece ser que está malo estos días, aunque ahora que lo pienso, quizás no sea suerte sino mi milagrosidad latente. Supongo que eso explicará la efusividad de las chochas. Por la tarde cuando estaba allí con mi alumna, apareció un grupo de cuervos de estos, por lo menos cinco tapadas del coño pa? arriba y del coño pa? abajo y me vieron allí sentado con ella y se privaron todas. Cotorreaban continuamente y le preguntaban a la otra, que super-orgullosa les explicó lo que yo hacía por allí. Me recordó a la escena de el Retorno del Guanijuay cuando C3P0 está hablando con los Ewoks y estos están excitadísimos. Pues esto era igual, sólo que en vez de Ewoks teníamos fantasmas negros. Creo que han pasado a lo largo de la tarde todas las mujeres del edificio a echarme un vistacillo. Se ponían como locas cuando me alongaba para coger algo y mi polillo de Springfield se subía y me veían el ombligo. Esta noche hay más de una por estas tierras que va a dejar el cepillo de dientes sin cerdas a base de restregárselo por cierta parte. Probablemente es la primera vez que ven un poco de carne fresca y de la buena. Es que estas son las cosas por las que Dios me envió aquí a desarrollar mi proyecto evangelizador. Estas mujeres han visto la luz y ya no querrán seguir entre sombras. Donde esté un ombliguillo peludo español que se quiten las chilabas de los demás …

Después del trabajo, opté por una mezcla entre comida hindú, europea y japonesa. Me sorprendió encontrar en la parte hindú unas albóndigas que yo juraría que eran de carne de vaca, o al menos yo siempre he entendido que beef es carne de vaca. A ver si va a resultar que los hindúes comen vaquitas sagradas. Eso sí que sería un milagro de cojones. Tras la comida, saqué a pasear a mi araña, que hay que cuidarla y tratarla bien. Después, al bar como siempre, que todo el mundo me invita a birrillas y esto de la cerveza gratis es muy adictivo. No tengo ni idea de cual es el precio de la cerveza porque siempre me las han regalado o he pagado con los cupones que me dio mi admirador nipón, el rompetechos. Ahora que me acuerdo, todos los amarillos estos me llaman sulaco-SAN. Yo les he explicado que es SAN-sulaco, pero ellos siguen trocando el orden. Al menos es gratificante saber que un oriental presiente inmediatamente mi poderío. Esa última noche no pasó nada que deba ser reseñado en esta mi bitácora. Por la noche me levantaba a mear dando saltos continuamente, por si la arácnida estaba de guardia. Es un poco difícil mantener la puntería, pero con voluntad y sacrificio se consigue. La escena me recordó a estas películas de boxeo en donde el entrenador está todo el tiempo machacando al púgil para que baile. Yo ahora lo hago de motu propio. No dejo un pie en el suelo más de un segundo por si acaso.

Esta historia continúa en Omán sexta parte – Sur y de vuelta a Moscate

Omán cuarta parte - Sur

Arabian Tour 2005

Tras más de una semana relatando mi diario del viaje, sigo insistiendo en el orden adecuado de las historias, que es el siguiente: Comienzo del viaje, Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, Moscate, Camino de Sur y Sur, primer día. Aún queda mucho por contar, así que quizás deberías mirar los episodios anteriores antes de continuar leyendo si aún no lo has hecho.

Mi primer día real de trabajo comenzó temprano. En este sitio se trabaja seis días por semana, diez horas por día. La jornada laboral empieza a las siete de la mañana y hay que coger la guagua que te lleva al complejo a las seis y media en punto. Comprenderéis que es la guagua de los poderosos, que la tropa viaja en otras. Así que desayunamos y nos metimos en nuestro transporte. Sur montañas OmanYa a las seis y media empieza a apretar el calor, aunque a esa hora no son más de veinticinco grados. Nuestro vehículo lleva una media de un pasajero por fila. Delante nuestro iba una guagua TATA con seis indios por fila, apiñados. Paramos en la entrada del recinto para el control de seguridad ficticio, en el que el guardia asoma la cabeza, nos ve a nosotros, los europeos y nos deja pasar sin más, mientras que a los hindúes poco menos que les chequean hasta los calzoncillos. He puesto una foto de la vista desde el campamento hacia las montañas, para que os hagáis un poco una composición de lugar. Si la queréis ver en grande, haced clic en ella.

Después de revisar un poco mis papeles me llevaron al curso de Inducción, obligatorio para todo el que tiene que trabajar allí. Creo que ya comenté que fue un curso a-la-carta, la versión lolailo y festiva del real. En total fueron quince minutos y dos pequeños vídeos antes de ponerme a hablar sobre los jugadores del Real Madrid con el morito que simulaba ser profesor. Tiene guasa que el tipo se encargue de la seguridad y se llame SAIF, que la gente pronuncia como SEIF y que en inglés, por si alguno no lo sabe, significa seguro. Tras la inducción esa, el obligado café con el omanita y de cabeza al trabajo. Primero me fui a la recepción a conocer a las chochas que parte de mi negocio por aquellas tierras tenía que ver con ellas. Las chochas van vestidas de negro de arriba abajo. Mucho velo y tal y tal y tal, pero estas llevan él óvalo de la cara descubierto, en plan monjas. La más simpática y la que ha estado todos los días es un poco fea, con una nariz nada agradable, pero supongo que como diría Torrente, con la luz apagada y remangándole los trapos seguro que se puede follar.

Aparte de la evangelización de estos paganos, tengo que instalar un equipo nuevo con su software correspondiente para las operadoras, actualizar otro e instalar un equipo en el cuarto de telecomunicaciones. No daré más detalles para no amargaros el día. De lo que debía estar, estaba la mitad. De lo que tendría que haber llegado, llegó y robaron cuarto y mitad. Mira que hay seguridad en las puertas, pero así y todo los hay que practican el latrocinio. A la hora de comer nos invitaron al comedor de ese edificio. Entenderéis que es al comedor de hombres, porque las mujeres supongo que tendrán el suyo en la otra punta del edificio o quizás en otro. De hecho, junto al comedor sólo hay un baño de hombres. Aquello estaba lleno de extranjeros, de hindúes (que eran la mano de obra que mantiene todo en funcionamiento) y de omanitas, todos con su jaique blanco y su gorrito chimpún. Para honrar un poco a la patria nos sentamos en la mesa de los holandeses. Para todo el mundo en aquellos lares yo era el primer español que veían por allí, lo cual confirma la voluntad viajera de nuestra raza. Es un milagro que colonizáramos América con el atajo de gandules que tenemos en nuestro país. En Omán cuando dices España todos te nombran a Raúl y Real Madrid. Son las marcas más conocidas de nuestro país.

Para que veáis que no me toco los huevos, como muchos insinuáis habitualmente, trabajamos hasta las ocho y media de la noche. En total, fueron doce horas y media de trabajo y dejamos casi todo listo para el bautizo. Se quedó con nosotros un Omanita, más gandul que los calzoncillos del padre Apeles y que se resignó a pasarse allí la noche si hacía falta, porque mi determinación era acabar a toda costa en la franja de tiempo prevista.

Tras el trabajo, nos fuimos a celebrar el éxito al bar y quizás también porque la cantina ya estaba cerrada y habíamos encargado unos bocadillos para recoger allí. Invité a mis acompañantes con los cupones que me dio el japonés, que fueron seis. Se quedaron helados cuando vieron todos los que me había dado. Por lo que se ve era un montón de dinero. El inglés que venía con nosotros me dijo que seguramente el japo era mar-y-quita y me aconsejó trancar la puerta con la silla por dentro por si quería venir a mi contenedor a lavarme los dientes con su cepillito amarillo. Estábamos con ese cachondeo cuando aparece el japonés en persona y viene a hablar con nosotros. Estos cabrones ya no lo dudan. El japonés está por mí. Si le pico un ojo se me despatarra allí mismo y me pone el culito en pompa. Creo que no lo he descrito físicamente, así que cerrad los ojos y pensad en Rompetechos y es clavadito a él, sólo que un poco más ajaponesado, pero igualmente calvo. En un lado del bar descubrí una puertilla y pregunté para qué era. Me explicaron que los hindúes no están autorizados a entrar allí, así que tienen una especie de anexo de segunda división regional en el que pueden beber. Es como la casa de los ricos y la casa de los pobres del Gran Hermano, solo que los pobres son más pobres y los ricos somos siempre nosotros.

Para entrar en el bar hindú, estos tienen que cruzar unos metros por el nuestro. Cuando estábamos bebiendo aparecieron seis hindúes y corrieron a su zona. Me lo confirmaron mis colegas pero no hacía falta. El rastro de aceite los delataba. Era el colectivo mariquita del campamento y por lo que me dijeron, siempre dispuestos a hacer un servicio extra a cualquiera de los hombres que tras meses de estancia en este lugar esté dispuesto a introducir su aparato reproductor masculino en un orto. A veces me pregunto por qué Dios tiene tanta saña con algunos, porque con uno de ellos se ensañó a conciencia y lo jartó a ramalazos, tanto que se le veía la pluma desde el faro de Alejandría.

Ya más tarde en mi cuarto, medio colocado a cerveza, me meto en mi cutre baño y me encuentro una araña grande y peluda. Era del tamaño de un huevo de gallina. Me hizo un montón de ilusión tener una mascota, así que la dejé estar y me fui a dormir. Por la mañana ya no estaba a la vista y no le dí más importancia.

Esta historia continúa en Omán quinta parte – Sur

Omán tercera parte - Sur

Arabian Tour 2005

Ya llevamos siete días contando la historia de este viaje. Si quieres seguir el orden de lectura apropiado, deberías retroceder a Comienzo del viaje y después continuar con Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, para alcanzar Omán, del que ya se han publicado los capítulos Moscate y Camino de Sur. Aún queda mucho por contar, así que quizás deberías mirar los episodios anteriores antes de continuar leyendo si aún no lo has hecho.

El lugar en el que me encuentro y sobre el que hablaré en las anotaciones sucesivas está en las cercanías. No puedo desvelar su nombre así como no puedo desvelar su función. Me siento como Mayra Gomez-Kemp en el 1, 2, 3. …. y hasta aquí puedo leer.

Sólo diré que me siento como un alemán en las pelis de Nazis, o como alguno de esos británicos en pelis de África. Aquí dentro hay un montón de gente, cerca de seis mil trabajadores. Casi todos se quedan dentro del complejo las 24 horas del día. Las mujeres son las únicas que se van por la tarde. Son todas del pueblo que está cerca. No se les permite quedarse en el Hotel contenedor ?campamento??, eufemístico nombre por el que se conocen los barracones en los que dormimos (A propósito, podéis hacer clic en la foto para verla en grande). Hay diferentes grupos de barracones, según las clases. Están los Senior, los Junior, los Contractors y finalmente Local staff. En cristiano serían los Gerentes, los cargos medios, las subcontratas y la tropa. Yo pensaba que pertenecía al grupo de Subcontratas, pero parece que pertenezco al grupo de los cargos medios, que a todos los efectos es similar al de los gerentes, de hecho, compartimos cantina y bares con ellos. Los otros se deben quedar en algún otro sitio, hacinados me imagino, porque aquí, por si aún no lo habéis captado, hay esclavitud encubierta. Todo este país, como todos los del golfo Pérsico funcionan a base de los esclavos que importan de Asia. Una esclavitud relativa, pero esclavos al fin y al cabo. En nuestro comedor no pueden entrar hindúes ni similares, que han de comer en un comedor aparte. En nuestro campamento tienen también prohibida la entrada. Pueden hablar con nosotros, pero nosotros podemos ignorarlos u ordenarles lo que se nos ocurra. De todo esto me he enterado a través del hombre con el que voy a trabajar, un holandés que me ha dicho que está asqueado de este país, que esto es la edad media en el siglo XXI. No hay nada que podamos hacer para cambiarlo, salvo tratar en la medida de lo posible de ser amables y respetar a toda esa pobre gente que tiene unos sueldos miserables y se desloma por sacar este país adelante. Hay profesiones de lo más variadas aquí, trabajos que en Europa serían inadmisibles. Hay un tipo cuya única misión es hacerte el café y traértelo a la mesa. El hombre va vestido como un camarero de un restaurante de lujo. Permanece encerrado en el cuarto de la cafetera hasta que alguien lo llama. Entonces va, lleva el café que se le ha pedido y vuelve a su cuarto, un espacio de dos por dos sin ventanas en el que está encerrado. Hay una mujer que no sé muy bien que hace, pero que da lástima. Está en un rincón, como castigada. Los japoneses son unos cabrones con esta gente y los tratan al trapo. Lanzan órdenes directas y esperan que las ejecuten inmediatamente. Por lo que me han contado, llamar hijosdeputa a estos amarillos es quedarse corto.

En realidad no he hecho nada porque llegamos tarde. Me han tenido toda la tarde sentado escribiendo todo esto y mirando alrededor, más que nada para hacerme una composición de lugar. Las reglas del lugar son curiosas. Está prohibido silbar, está prohibido decir palabrotas, está prohibido hacer ruido, sobre todo después de las diez de la noche, no se permite tener comida en los barracones ni dispositivos de ningún tipo para cocinar, actos que se consideran hostiles y que conllevan la expulsión directa de las instalaciones. Lo mismo sucede con quien sea pillado ?obrando?? en cualquier lugar que no sea un baño (Para aquellos que desconozcan el término obrar, favor de sustituir la palabra por cagar). La expresión que usan es ?Will be removed from the Camp?? que yo traduciré libremente por ?será removido del campamento??. No se pueden apagar cigarrillos en el suelo, no se puede cambiar de barracón sin permiso escrito de la administración, no se puede realizar contrabando de substancias ilegales en el sultanato, ni se puede socializar en la cantina, que es un lugar estrictamente para comer.

En el comedor se puede elegir entre tres tipos de comida. Japonesa, Europea e Hindú. La hindú es picante, la japonesa pues a su estilo, aunque nada parecido a lo que se come en los restaurantes que pululan por doquier en Europa y la Europea aunque jamás la había visto parece la más normal. Por lo que me han dicho de la hindú, es como fuego de picante. Ya lo intentaré otro día, que tampoco me quiero abrasar la garganta por la noche, que no tengo ni idea de si se puede beber el agua del grifo y no pienso averiguarlo. De mi barracón he hecho fotos, que subiré algún día de estos. RetreteEl baño es de película, como podéis ver en la foto que he puesto (haced clic para verla en grande). Hay varios que leen esto que se morirían sin jiñar en este recinto. Me han dicho que hay gente que lleva viviendo aquí siete años en estas condiciones. Yo creo que no sobreviviría al primer mes. En el comedor habían un montón de moscas, pero nadie parece notarlas y por lo que me han dicho, hay que preocuparse más de los comedores sin moscas. He visto a más de un camarero con tres o cuatro al hombro, como si fueran piratas con sus loros y de hecho, las putas moscas son del tamaño de nueces, que las cabronas están super bien alimentadas. Aún no he visto un solo perro o gato en este país, así que me temo que la vida para las mascotas domésticas en estas tierras sea muy difícil sino imposible.

Después de cenar y de escribir un rato mi diario había quedado con el colega holandés al que he venido a ayudar en el bar del campamento. Junto al bar hay pistas de tenis, de squash y una piscina. Todos estos equipamientos están disponibles para los V.I.P cada día de seis a diez de la noche. Los hindúes, siguiendo la norma de la casa, juegan al fútbol fuera del campamento en un campo de tierra que se han montado ellos mismos. Cuando entré en el bar estaban poniendo partido de fútbol de la Premier league y unos cuantos ingleses lo miraban atentamente. En una mesa habían tres japoneses, incluyendo el que había venido conmigo en el viaje al campamento. Me acerqué a saludarlo. El otro era el jefe de administración de la obra, otro gerifalte. Hablé un poco con ellos y todos se pelearon por pagarme mi primera cerveza. Me senté por allí a mirar la gente y un poco el partido. En esas entró otro amarillo y empezaron todos a agitar las cabezas. A mí eso me da un montón de miedo, porque el cuello humano no está hecho para esos tremendos cabezones y esta gente se empeña en menearla como si de una coctelera se tratara. Estoy seguro que tienen infinidad de problemas de cuello por culpa de eso. Además, cuando están agitándolas levantan unas ventoleras horrorosas. Yo siempre me acuerdo de esas pobres madres que tienen que parir esos hijos cabezudos. Supongo que los echarán en cuclillas para que la gravedad ayude algo, porque si no, no veo por donde les pueden salir. Cuando llegó mi colega se quedó asombrado de ver a los asiáticos en el bar. Según él, era la primera vez en las 6 semanas que llevaba trabajando en este sitio. Aún se asombró más cuando le dije que me habían pagado la copa y cuando mi japonés vino en persona a presentarse y decirle que habíamos venido juntos al campamento. El hombre no se lo podía creer. Pero es que un poco más tarde, otro de los japoneses, picado porque me habían pagado la copa, vino e invitó a toda la barra a cerveza y finalmente extendió la invitación a todos los que estábamos en el bar, que éramos unos diez sin contarlos a ellos. Eso fue el acabose. Para que después haya gente que dude de mi capacidad de obrar milagros. El que regaló las bebidas fue el jefe de administración. Lo mejor de los japoneses es que te pagan las bebidas y no hay que darles coba. Eso me gusta.

Los japoneses siguieron privando cerveza como locos y meneando los cabezones en su mesa mientras nosotros bebíamos a costa de ellos. Más tarde me fui a mi contenedor-vivienda y caí muerto en la cama.

El relato continúa en Omán cuarta parte – Sur

Omán Segunda parte - Camino de Sur

Arabian Tour 2005

Ya llevamos seis días contando la historia de este viaje. Si quieres seguir el orden de lectura apropiado, deberías retroceder a Comienzo del viaje y después continuar con Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, para alcanzar Omán, del que ya se han publicado el capítulo Moscate. Aún queda mucho por contar, así que quizás deberías mirar los episodios anteriores antes de continuar leyendo si aún no lo has hecho.

El segundo día es el día en el que me transportan finalmente al lugar en el que voy a trabajar. Alguien me tiene que recoger por la mañana para ir a ese sitio, ubicado en Sur, una localidad en la parte más al este de la península arábiga. El colega aparece con quince minutos de retraso, aunque ya empiezo a estar acostumbrado a las esperas así que ni me inmuto. Mientras permanezco en la recepción, no dejan de bajar manadas de hindúes que se van del hotel. A los hindúes les retienen el pasaporte en recepción y no se lo dan hasta que han hecho el Checkout (ya no me acuerdo de la palabra en español, así que si alguien tiene a bien iluminarme, lo agradeceré). Los tratan a patadas, arrinconándolos a un lado del mostrador y torturándolos negándoles el pasaporte. Esto que en Europa sería indignante, visto lo que he visto hasta ahora, no me extraña nada. Aunque en teoría la esclavitud no existe, me pregunto cuales son los ?derechos?? reales que tiene esta gente, si es que tienen alguno. Entre medias de todos los hindúes bajan dos mujeres, indias también. Parece ser que el tío les quiere cobrar y ellas no están dispuestas a pagar, porque quien las contrata lo debe hacer. Empieza el típico festival de gritos, todo muy correcto, sin decirse palabrotas, pero a grito pelado. Tras el forcejeo, llaman a alguien que habla con el conserje. Después esa misma persona habla con una de las mujeres por teléfono y finalmente vuelve a hablar con el conserje. De todo esto salió que las mujeres han de pagar la estancia de una de ellas, que aparentemente no era esperada y se hospedó en la habitación de la otra.

Cuando llega mi transportista, es uno de estos con chilaba blanca hasta los dedos de los pies y con un gorrito pequeño que empiezo a asociar con los folclóricos locales. Los de Arabia Saudita y Qatar se dan más al trapo de cocina para cubrirse la cabeza. Esta gente prefiere esos pequeños gorros que les dan más pinta de turcos, pero que quedan mejor. Los gorros tienen intrincados dibujos bordados, que imagino significarán algo, pero que no creo que pregunte. El tipo que me recoge es de natural callado, sobre todo porque casi no habla inglés. Me dice que tenemos que ir al aeropuerto a recoger a alguien que viene con nosotros. Ese alguien resulta ser un japonés muy simpático que llega desde Italia. El hombre ha pasado toda la noche viajando, pero aún así está fresco como una lechuga. Cuando ya estamos todos comenzamos nuestro viaje a Sur, unos trescientos sesenta kilómetros y cinco horas de carretera, según me cuenta el japo. Resulta que el tío es un gerifalte de la compañía que está construyendo el complejo al que vamos, que por culpa de la clausula de confidencialidad de mi empresa no citaré. El hombre habla bastante (aunque yo le entiendo a medias y el chofer directamente no le entiende). Me cuenta que viene todos los meses para un par de días de reuniones y que suele ir también por otros países europeos. Un trabajo de esos es lo que me molaría a mí, corriendo por esos mundos de Dios y durmiendo en aviones. Ese tipo de trabajos siempre les tocan a otros . El japonés me regaló también un montón de cupones que según él se usan para comprar alcohol en la cantina del campamento, o algo parecido. Yo por si acaso los cogí y no le hice el feo.

El hombre me pone un poco al día de la cultura del país. Resulta que el sitio al que vamos es en donde supuestamente Gulliver comenzó alguno de sus famosos viajes. Es un lugar que ha sido puerto durante más de mil años y que recientemente se ha enganchado a la ola del progreso, tratando incluso de promocionarse como destino turístico. Como supongo que os imagináis, el viaje por carretera es espectacular y tedioso. En realidad fueron seis horas, en las que me cansé de ver montañas totalmente desoladas y páramos en los que raramente crece algún arbusto. Ya comienzo a acostumbrarme a la forma de conducir de esta gente, una conducción sin reglas que provoca más de un susto. También comienzo a captar algunas de las normas locales. Cuando el coche que viene de frente te pica las luces te está avisando que hay camellos, burros o cabras cruzando la carretera o muy próximos a ella. Cuando eres tú el que los ves frente a ti, pones las luces de emergencia para que los coches de atrás lo sepan. Según parece, lo del atropello de camellos es de lo peorcito que te puede pasar. Los coches no suelen tomárselo muy bien y no es agradable quedarte tirado en el medio de la nada con estos calores, si es que sobrevives al accidente. Hoy si que ha hecho calor. Ya en el aeropuerto había más de treinta grados y la cosa ha ido a peor. Por la carretera que hemos seguido, la única que hay asfaltada y que discurre tierra adentro, debemos haber estado rondando los cuarenta. El aire acondicionado del todoterreno no daba para más. El conductor cerró la entrada de aire de fuera y refrigeraba el aire del interior, pero así y todo aquello era un horno. Después de poco más de dos horas paramos para que el chofer se fumara un pitillo. Nos dejó solos en el coche, con el aire acondicionado a todo meter. Paró en una especie de pueblo que surgió a mitad de camino, un lugar que debe vivir única y exclusivamente de los coches y autobuses que se detienen allí. De la nada apareció un viejo feo como el solo. Tenía los pocos dientes que le quedaban negros y dislocados. Su piel estaba más arrugada que una pasa y su sonrisa, más que amigable, era siniestra. Es el primero que veo que tiene la chilaba un poco sucia. Llevaba un trapo mugriento que agitaba continuamente. El viejo renqueó hasta el coche y se puso a quitar el polvo, pero solo en las partes que estaban más limpias. Nos miraba sonriendo y agitaba la mano. El japonés me dijo que esta era la primera vez que veía algo semejante y que lo mejor era poner los seguros e ignorarlo. Unos hombres que estaban más adelante le gritaron algo, pero él ni caso. Siguió quitando el polvo de las ventanas. Para ayudar la faena, se secaba el sudor con el trapo y después aprovechaba esa humedad para limpiar, con lo que conseguía transferir toda la mierda a su frente y todo el sudor a nuestros cristales. Era algo tan obsceno y horroroso que no podía dejar de mirarlo. El conductor apareció cuando el viejo estaba en medio de la faena y lo espantó a hostias. El tío se quedó quieto delante del coche y nuestro conductor le hizo un gesto para que se hiciera a un lado o nos lo llevábamos en el radiador como un mosquito. El hombre a regañadientes se quitó. Después de eso siguieron más de tres horas entre dunas, montañas, cabras, burros y camellos. Este año es que llevo el agua conmigo a todas partes y parece que un par de días antes de que llegara se abrieron los cielos y cayó toda el agua que esta gente espera para todo el año. El resultado son barranqueras corriendo que cruzan alegremente la carretera. También se ve algo de verde en las laderas, ya que las plantas aprovechan esta tregua para completar su ciclo en un par de semanas. Las cabras, burros y camellos hacen su agosto comiendo todo lo que pueden. Esto es lo que en Europa se llama el tiempo de las ?vacas gordas??.

Cuando llegamos a Sur ya era muy tarde para que poder hacer el curso de seguridad que tengo que seguir antes de empezar a trabajar, así que el japo me dijo que mejor comíamos algo y sugirió un Pizza Hut. He cruzado miles de kilómetros, he corrido por las dunas, por las barranqueras, por la morería, para acabar en un Pizza Hut regentado por hindúes. En fin, que le vamos a hacer. El tío me dijo que ha tenido muy malas experiencias con la comida local y que no quería arriesgarse a pasarse tres días a base de diarreas. Ya tendré tiempo de arriesgarme por mi cuenta. Como soy la élite, yo pagué la comida, con unos precios de puta risa. El japonés agitaba la cabeza que se volvía loco y me decía que cogiera su dinero, pero le expliqué que si mancilla mi honor tendría que matarle y eso lo aplacó un poco. Total, al final mi compañía me devuelve la pasta y todos contentos.

Después de eso, para ir a nuestro destino, el japo le dijo al conductor que me diera un paseo por la zona para enseñarme el pueblo, así que me he hecho un recorrido turístico por Sur. Tampoco es que haya mucho que ver. Hay una playa, totalmente vacía salvo por dos turistas, hay unos cuantos bares y Coffee Shops y hay muchos negocios con nombres exóticos que no se sabe muy bien qué servicios proporcionan. Y también hay mucho hindú y moros por doquier. Cuando íbamos por la carretera pasamos junto a un chiquillo que andaba sin zapatos por la calzada. Por Dios, fuera deben haber cerca de los cuarenta grados y posiblemente el suelo está a cincuenta grados y el chiquillo caminaba por allí como si nada.

Así llegué al lugar en el que tengo que trabajar los próximos días.

El relato continúa en Omán tercera parte – Sur