Oke Nang Phee Sue, la cuarta cascada

Aunque hice una foto al subir a la séptima cascada en la que no hay nadie en el lugar, me quedo con esta tomada al bajar en la que vemos varias cosas interesantes. Esta es la cuarta cascada del parque nacional de Erawan, llamada Oke Nang Phee Sue o truscoluña no es nación, si lo traducimos al español. En las rocas, las cascadas, que más bien son toboganes, permiten subir y lanzarte por los susodichos, que con toda ese agua resbalan bastante. Se puede ver a un pavo en el tobogán de la derecha a punto de bajar. La piscina está junto a las cascadas y podemos ver los peces esos tan adorables y que de un bocado te arrancan un cacho y algunos aquí parecen tener más de cuarenta centímetros. Obesity está a la izquierda en el agua intentando proteger las lorzas de los peces y un chamo hace la bomba y está a punto de golpear el agua. Esta es la última cascada de la zona con acceso fácil. Está a medio kilómetro de la entrada y desde este punto el camino se torna complicado o difícil, sobre todo para los obesos mórbidos y aquellos incapaces de tolerar treinta y pico grados, humedad del trescientos noventa por ciento y subidas por montañas. Muchísimos de los que hicieron la excursión conmigo solo vieron los cuatro primeros niveles de las cascadas por este motivo. Creo que no me llegué a tirar de ninguno de los toboganes porque al parecer, raspaban un montón y todos salían del agua con dolor en el trasero. Si no recuerdo mal, aproveché que las pirañas estaban cebándose con obesity para darme un bañito rápido.

Cascada Buar Mai Long con su piscina

Otra foto de la quinta cascada en el parque nacional de Erawan y en esta también podemos ver la piscina natural, muy agradable y en la que los peces carnívoros esos no te molestaban. Esta fue una de mis piscinas favoritas en la visita al lugar. Desde aquí hasta la cuarta cascada hay seiscientos metros de sendero en subida, que hace que todas las pacharconas y los culocochistas se queden en las cuatro cascadas inferiores.

Otra vista de la cascada Buar Mai Long

Seguimos en la quinta cascada con otra vista de los diferentes saltos que tiene hasta llegar a su piscina natural. Lo vuelvo a repetir por si hay algún ciego por aquí, esta fue una de las que más me gustó y también una de las más tranquilas por la distancia que hay que recorrer desde la entrada del Parque Nacional de Erawan. Tuve bastante suerte y los monos no estaban por allí o encontraron a gente a la que molestar, que ellos ya saben el aspecto que tienen las bolsas de plástico con comida dentro.

Esas malas bestias que te muerden las pezuñas para comer

Seguro que todos se acuerdan de ese comentario de Virtuditas en el que ensalzaba esos peces que tus metes las garras negras de los pies en una pescera o en una pequeña piscina y ellos te limpian esos cueros y esos pellejos porque al parecer eres lerdo e intelectualmente no-desarrollado y no conoces la piedra pómez ni tantos otros sistemas que hay para tener tus pezuñas como se merecen y no como esas garras de cernícalo que tanto te emocionan, que yo recuerdo a la suegra de un colega, que por circunstancias de la vida coincidió conmigo en un día de turismo en los Países Bajos y como era en verano venía con sandalias y yo flipaba con aquellos seis centímetros de pellejos agrietados, que es que parecía que llevaba unas playeras Naiki Pachanguera de cienes y cienes de leuros y se las habían empotrado en la pezuña en carne viva. Pues bien, para que Virtuditas se revuelque de gusto aquí tenemos a una banda de peces esperando que yo metiera el pie en el agua de esa piscina natural en el parque Nacional de Erawan para darse un festín y reconozco que no entré, que decidí ir a una de las otras seis piscinas porque los pavos que lo intentaban, lloraban como poseídos por un virus truscolán y podemita. El tamaño de cada uno de esos adorables pececillos puede ser de unos veinte centímetros o más y mira que bien salieron en la foto, que estaban en la mismísima superficie para atacar tu cuerpo tan pronto como entra en el agua y no es que te muerdan las piernas, te muerden por todos lados, les da igual, ellos lo que quieren es un cacho de piel. Claro, como los tailandeses y sus hembras se bañan con ropa, bien vestiditos, cuando pillan a un occidental los peces se requete-chiflan con la cantidad de superficie disponible para morder. Mira lo gordos que están los joputas. Supongo que con el virus truscolán y podemita se habrán quedado famélicos y se habrán vuelto caníbales de su propia raza, que en aquellas piscinas no había ningún otro tipo de pescado.