Riddarholmskyrkan

Riddarholmskyrkan

Riddarholmskyrkan, originally uploaded by sulaco_rm.

Aunque pasé por la zona de la iglesia de Riddarholmen un par de veces, en ambas el sol estaba en posición puñetera. Esta iglesia es el panteón de los reyes de Suecia y al menos durante mi visita estaba cerrada a cal y canto. Los bultos que tiene la iglesia por los lados son las diferentes capillas funerarias que le fueron añadiendo según metían nuevos inquilinos. La iglesia está en un lugar muy bonito y en el que hay unas vistas fabulosas del ayuntamiento que veremos mañana.

Gustav Adolfs torg

Gustav Adolfs torg

Gustav Adolfs torg, originally uploaded by sulaco_rm.

Comenzamos el paseo por Estocolmo en la plaza Gustavo Adolfo o Gustav Adolfs torg. La zona está llena de edificios emblemáticos y en el centro de la misma hay una estatua equestre de Gustavo Adolfo II. Esta es la parte de la ciudad más cercana al palacio real, el cual está en la Ciudad Vieja y por detrás de mi está el puente que conecta con la isla Helgeandsholmen en la que está el edificio del Parlamento que seguro que vemos en otra foto. En esta foto ya se puede ver la norma de lo que está por venir, edificios muy bien cuidados, calles impecables y siempre una sensación de grandiosidad sin alma.

Tercer día en Estocolmo y regreso a casa

El relato comenzó en Viajando a Estocolmo

Mi tercer y último día en Estocolmo fue el domingo, el cual coincidió con el fatídico cambio de hora para el verano que te roba una hora de sueño. Por culpa de esto acabé levantándome una hora antes porque igual que los días anteriores, según abrían el restaurante yo ya estaba en camino para desayunar. De nuevo me sorprendió que éramos legión. Por tercer y última vez me encochiné a conciencia. Ese día no tenían las galletas Drömmar (Sueños), unas de las que comí ingentes cantidades los días anteriores y de las que ya he buscado una receta para probarla. Después de desayunar recogí mi mochila y abandoné el hotel, ya que con lo poco que cargo, no me merece la pena dejar la mochila allí.

Tomé el metro en la parada Hötorget, la cual me quedaba a la misma distancia que la Central y me ahorraba toda la chusma y gentuza que pulula por allí. Mi destino era la parada de Mariatorget desde donde fui andando hasta Monteliusvägen, el cual está del otro lado de la bahía y desde donde hay unas vistas increíbles de Estocolmo. Es una acantilado y sobre el mismo hay unas casas antiguas muy bonitas y un mirador. Al parecer lo del paseo con mirador se diseñó en 1977 pero no lo construyeron hasta veinte años más tarde y no lo inauguraron hasta 1998 y para que no digan que en todos lados cuecen habas, duplicaron el presupuesto previsto en las obras …

Vista de Estocolmo desde Monteliusvägen from Weyland Yutani on Vimeo.

En el vídeo se puede ver la fabulosa vista que hay desde allí, con la bahía, el edificio del ayuntamiento, el centro histórico y también los barcos que están atracados bajo el paseo y que son hoteles ligeramente más baratos y en los que predominan los baños compartidos y las habitaciones comunes. El rojo es particularmente conocido.

Yo soy más de fotos que de vídeos así que también hice un fabuloso panorama con el iPhone, ese dispositivo mágico y maravilloso que no está al alcance de pobres y zarrapastrosos varios. En el panorama también se ven los barcos pensión. Solo había un chamo paseando al perro y un servidor disfrutando de la apabullante vista de la ciudad, una de las ventajas de ir a ver las cosas antes de que la chusma salga de sus hoteles. Regresé en el metro a la estación central y desde allí tomé el tranvía 7 para volver a la isla de Djurgården en la que ya había estado el día anterior. Esta vez iba a otras cosas. Comencé haciendo fotos de los edificios de los museos y después me acerqué hasta el Aquaria Water Museum, pequeño (o más bien pequeñísimo) y en el que hay una selva tropical y una rampa con saltos para que suban los salmones. Se puede visitar en muy poco tiempo y si no tienes la tarjeta de la ciudad definitivamente no merece la pena pagar. De allí seguí hacia el museo al aire libre de Skansen en el cual quería pasar gran parte de la mañana. En un lugar enorme han coleccionado hasta ciento cincuenta granjas típicas suecas y casas de campo que han traído de toda Suecia y han creado una especie de villorrio con gente vestida de folclórica. Según dicen es uno de los museos al aire libre más grandes del mundo, aunque yo que he estado en el de Arnhem en Holanda, lo dudo. Aún así, es un lugar chachi para pasear y no solo para ver los edificios sino que tienen un zoológico de animales nórdicos, con lobos, osos, alces y demás bestias y también tienen un pabellón en el zoológico con monos, serpientes, lemures, cocodrilos y otros bichos que no creo que sobrevivan al aire libre por allí. El sitio combina el paseo con la cultura y los animales y está muy bien organizado. Salí por la parte más al oeste y me acerqué al Spritmuseum, un museo sobre la cultura del alcohol en Suecia y que seguramente tiene sentido si pensamos que pese a tener unos precios prohibitivos, allí todos son alcohólicos conocidos y mayormente borrachuzos. El museo contiene además la Colección de Arte Absolut, con obras de Warhol y otro montón de julays. Muy cerca está el museo Junibacken, infantil y dedicado a la obra de Astrid Lingren, de la que seguro que muchos recuerdan a Pippi Calzaslargas, una niña más mala que un truscolán y con un pelo tieso que seguro que no se lavaba en la vida.

Dentro del museo Junibacken

Dentro del museo Junibacken, originally uploaded by sulaco_rm.

Que nadie se crea que por ser un museo infantil deje de entrar. Hasta me monté en el trenecito que te lleva por un montón de escenarios basados en sus obras y que ponen con las explicaciones en el idioma del pasajero (mi vagón tenía seleccionado el español). No permitían hacer fotos en la atracción pero bueno, hasta un ser superior y perfecto como yo que puedo asegurar y aseguro que en mi sangre no hay ni una so truscolanismo puede tropezar y si no, a la prueba anterior me remito.

Al salir ya se iba acercando la hora de ir al aeropuerto e hice una última foto de panorama antes de salir de allí:

Regresé en el tranvía número 7 a la Estación Central y desde allí me acerqué a la terminal de trenes y autobuses y como hay una guagua cada diez minutos hacia el aeropuerto, solo tuve que esperar tres minutos antes de estar enganchado como una perra al Wifi de la guagua chateando con el Rubio. En unos tres cuartos de hora llegué al aeropuerto, imprimí mi tarjeta de embarque en una de las máquinas disponibles y me acerqué a pasar el control de inseguridad. Nadie me miró el pasaporte y pasé como siempre, sin problemas. Después me acerqué a la puerta de salida de mi avión y me apalanqué en el lugar.

Dentro de un avión de norwegian

Dentro de un avión de norwegian, originally uploaded by sulaco_rm.

Mira que criticamos a los países del tercer, cuarto y quinto mundo pero en todos mis viajes, el aeropuerto de Estocolmo ha sido el único en el que nadie, nadie y tripito: NADIE me revisó el pasaporte o el carné de identidad. A la hora de embarcar la tía como que pasó de todo y allí entramos sin que se sepa ciertamente si las personas que volaban eran las que se suponía. El avión iba petadísimo y allí todo el mundo llevaba tres bultos o más salvo un servidor con lo que en cierto momento la gente tuvo que empezar a meterlos bajo el asiento que está delante del suyo y todos a quejarse por la falta de espacio, algo que las azafatas solucionaron mandándoles sus equipajes a la bodega y haciendo que pierdan una hora al llegar a Schiphol.

Houtribdijk desde el aire

Houtribdijk desde el aire, originally uploaded by sulaco_rm.

El avión despegó a la hora prevista y el vuelo transcurrió sin incidencias reseñables, salvo que el Wifi dentro del mismo no tiraba. Ya llegando a Schiphol pasamos sobre el Houtribdijk y aproveché para hacerle una foto. Por supuesto que todos lo sabemos pero lo repetiré. Este es un dique que se construyó entre 1963 y 1975, que tiene 27 kilómetros de largo y separa el Markermeer del IJsselmeer. Sobre el dique hay una carretera que conecta Enkhuizen con Lelystad y todos los días algún pringado turista acude al mismo para hacer fotos y descubre que no se ve nada, que no hay lugares para parar y que es una completa y absoluta pérdida de tiempo desde el punto de vista turístico. Próximamente creo que van a comenzar a construir unas islitas por la zona y hacer una reserva para animales, especialemnte aves.

Después de aterrizar, tomé el tren para Utrecht y desde la estación fui en bici a mi casa y así transcurrió el fin de semana en el que visité Estocolmo.

El segundo día con la visita al Vasa

El relato comenzó en Viajando a Estocolmo

El segundo día en Estocolmo también arrancó temprano. Me sorprendió que el restaurante del hotel estaba ya muy concurrido pese a que acababan de comenzar a servir los desayunos con lo que por allí nos juntamos un montón de julays de los que están en la calle bien temprano. Nuevamente me encochiné a conciencia con tres platos de comida, de los que uno era una montaña de huevos revueltos, beicon y salchichas con las que se podría haber alimentado una aldea de cualquier reino de taifas africano o villorrios truscolanes tras la creación del país ficticio. Al salir del hotel me dirigí al Ayuntamiento de Estocolmo el cual ya apareció en algunas de las imágenes del relato del primer día.

Ayuntamiento de Estocolmo

Ayuntamiento de Estocolmo, originally uploaded by sulaco_rm.

La mañana era espectacular, con un solito fabuloso y las calles vacías son fantásticas para hacer turismo y tomar fotos. Hice un montón de fotos del ayuntamiento y desde el mismo y reservé hora para las tres de la tarde para la visita guiada al mismo, ya que no se puede entrar por tu cuenta. Desde allí me acerqué a la parada de metro de Gamla Stan. Me bajé en la de Globen y mi destino era el SkyView Globe, una especie de ascensor panorámico que trepa por la estructura de un estadio de hockey sobre hielo y que te muestra unas vistas impresionantes, al menos según las guías turísticas. Llegué diez minutos después de que abrieron, no hice cola alguna y en dos minutos estábamos en movimiento subiendo. Por lo que cuentan en los foros de viajes, durante el día aquello se peta que no veas y en temporada alta la cola es como las de la comida en truscoluña.

Vista de Estocolmo desde el SkyGlobe from Weyland Yutani on Vimeo.

En el vídeo se puede ver la subida del ascensor por la superficie de la esfera que encierra el estadio. No me impresionó demasiado y definitivamente, no se ve nada del centro porque está muy lejos, aunque sí que ves otra parte de la ciudad. Al estar en una burbuja de cristal, dudo mucho que las fotos sean espectaculares. Al parecer este es el edificio esférico más grande del universo. Antes de subir nos pusieron una pequeña película contando la historia. Según salí regresé al metro y volví al ayuntamiento. Había contado con que esto me tomaría más tiempo y al acabar temprano opté por cambiar mi visita guiada al mismo si era posible. Lo fue. La siguiente visita era en diez minutos y aproveché para hacer otra ronda de fotos del lugar con el sol en una posición distinta y finalmente me uní al grupo.

Salón Azul en el ayuntamiento de Estocolmo from Weyland Yutani on Vimeo.

La visita al ayuntamiento te lleva al patio cubierto interior, famosísimo en el universo porque allí al parecer es donde hacen la cena de gala después de la ceremonia de los premios Nobel. En ese patio meten mil y pico julays y por lo que nos contó la pava de la guía, el espacio por persona para comer es de sesenta centímetros de ancho, casi como si fueras en un avión de Liberia o de Buelin. Para la familia ireal y para los premiados en la ceremonia y que se sientan en la mesa de honor, el espacio es de setenta centímetros de ancho, de puro lujo María. El patio se llama el vestíbulo azul porque el arquitecto inicialmente había pensado en recubrir los ladrillos de color azul pero cambió de idea y el lugar se quedó con el nombre. La escalinata que se puede ver un poco en el vídeo está diseñada para que las chamas vestidas como travelos en las galas puedan subir con los zapatones de tacón sin escoñarse ni perder la dignidad y quien dice subir dice bajar. Los escalones son más bajos de lo normal y para el resto de los mortales resultan molestos.

Salón de plenos del ayuntamiento de Estocolmo

Salón de plenos del ayuntamiento de Estocolmo

Otra de las estancias que visitamos en el ayuntamiento fue el salón de plenos, el cual tenemos en la foto anterior. En el ayuntamiento se eligen CIENTO UN concejales, pero solo TRECE tienen dedicación y sueldo pleno y al resto solo se les pagan las horas día cada tres semanas que vienen. Igualito que en truscoluña, aunque esta ni es, ni ha sido, ni será nación. Aún más vergonzoso es que toda Suecia, un país de verdad, tiene en total doscientos noventa ayuntamientos para ocho millones y medio de habitantes. Por hacer la comparación odiosa con la región más corrupta de España, actualmente conocida como truscoluña, en ese rastrero lugar tienen NOVECIENTOS CUARENTA Y SEIS ayuntamientos, 946 o CMXLVI (cé-eme-equis-ele-uve-palito) en números romanos, lo cual es simplemente más del triple y eso con una superficie que representa el siete por ciento de la de Suecia, aunque eso sí, a los truscolanes no hay quien les gane a ladrones y estafadores y pese a todo no son nación.

También visitamos el Salon Dorado, espectacular y recubierto con un mosaico que tiene casi diecinueve millones de piezas que forman un emparedado de cristal con una lamina de oro en el medio. A esta sala no permiten la entrada a ciudadanos de países inventados con fama de ladrones. La visita fue muy amena y entretenida y el edificio es adorable.

Al salir volví a tomar el metro en la estación de Rådhuset y tras cambiar de línea y saltar a un autobús en otro lugar llegué al Palacio de Drottningholm, un edificio que está en la lista de la Unesco como Patrimonio de la humanidad y que es una de las residencias de la familia real. El palacio tiene unos horarios de apertura muy limitados (básicamente de doce a tres y media de la tarde solo los sábados y domingos) con lo que la visita la planeé cuidadosamente. Es un edificio precioso construido en el siglo XVI (equis-uve-palito). Tiene también unos jardines espectaculares y está junto al agua. Desde allí regresé con guagua y metro hasta la estación central de Estocolmo y ahí tomé el tranvía número 7 para ir al museo Vasa, el lugar que en realidad me hizo ir a Estocolmo. Este museo está desde ya mismo en mi lista de mis tres museos favoritos. Solo hay un objeto en exposición, el buque de guerra Vasa, el cual se hundió en su viaje inaugural en la bahía de Estocolmo en 1628 y fue reflotado en 1961 gracias a un proyecto increíble que demuestra de lo que somos capaces. El barco está muy bien conservado y si no te deja alucinando en colores, o careces de cerebro o no eres de este universo.

El Vasa

El Vasa, originally uploaded by sulaco_rm.

La buena conservación del barco se debe a que el mar en esas latitudes no es muy salado (supongo que la gente no mea tanto en la playa como en España) y no hay moluscos o bichos que se coman la madera. El tratamiento que le hicieron el barco para evitar que al contacto con el aire se pudriera es fascinante y el museo es como ya dije, una maravilla. Lo vi desde todos los ángulos posibles, leí toda la información que ponen a tu alcance y me lo pasé bomba.

Baile de salón en el Nordiska Museet from Weyland Yutani on Vimeo.

Al salir fui al Nordiska Museet o Museo Nórdico, un edificio precioso con un museo dedicado a la historia cultural y etnográfica de Suecia. El edificio es de comienzos del siglo XX (equis-equis). En el museo puedes ver cosillas de folclore, los muebles de Ikea y otras movidas suecas. Está bien y tal y tal. Lo que me fascinó fue que en el patio interior y junto a la cafetería había una banda tocando música en directo y la gente bailaba. El vídeo muestra un trocito de uno de esos bailes.

Desde el museo tomé de nuevo el tranvía para ir a Waldemarsudde, el chabolo del Príncipe Eugen y que ahora es un museo. Está en la isla de Djurgården. El príncipe era pintor y ya os podéis imaginar que el sitio está petado con su arte. Eso es lo de menos, el edificio es precioso, el lugar fantástico y hasta caminar por los alrededores da gusto, sobre todo con los dieciséis grados de temperatura que teníamos.

Cuando salí de allí regresé con el tranvía número 7 hasta Nybroplan y allí me subí al barco de la línea 80 para darme un paseo por la bahía. Es como una guagua y va saltando de lado a lado de la costa para que la gente se suba y se baje y forma parte del sistema de transporte público. No éramos muchos y es perfecto para un mini-crusero por Estocolmo sin gastarte pasta ya que puedes usar la tarjeta de transporte público (por no decir que ademas en invierno no hay muchas más opciones). En total me tomó hora y media y al regresar enfilé hacia el Kungshallen para volver a cenar allí. Después fui al hotel a coger la chaqueta y fui en metro al otro lado de la bahía para visitar por la noche el museo Fotografiska, el cual está hospedado en un edificio con unas vistas fabulosas de la otra parte de la ciudad. Una de las exposiciones era muy buena y las otras no consiguieron despertar mi interés. Regresé y paseé de nuevo por la noche antes de ir al hotel a dormir ya que mi último día era una medio-maratón con las cosas que aún quería ver.

El relato continúa en Tercer día en Estocolmo y regreso a casa