La calle que serpentea

La calle que serpentea

La calle que serpentea, originally uploaded by sulaco_rm.

Cuando andaba por la zona de Monteliusvägen me tropecé con la calle de la foto de hoy, la cual probablmente no es una atracción turística y pasa completamente desapercibida pero que en mi caso me fascinó con ese tramo de la calle que sube y crea un arco mietnras que el resto sigue al nivel de las casas. En cualquier otro lugar probablemente habrían desmontado el terreno y lo habrían dejado parejo pero tal y como está, gana mucho y le da algo de carácter a la zona. En invierno y cuando nieva, los niños deben tener su propia mini-colina para lanzarse con los trineos. El arcón que se ve a la izquierda debe ser para la sal, en Amsterdam ponen unos parecidos en algunos puentes.

Riddarholmen desde Monteliusvägen

Otra vista preciosa desde Monteliusvägen. Creo que usé cuatro fotos para crear el panorama. La ciudad de Estocolmo transmite orden y elegancia, igual porque les falta la sangre latina, los pelotazos como los del PoZero y demás que acaban por darle un carácter a las ciudades del sur de Europa. Solo así se explica que uno está mirando hacia el centro de la ciudad y parece que nadie ha intentado construir una torre-mamotreto o cagar el perfil con edificios horrendos.

Vista del ayuntamiento desde Monteliusvägen

Uno de los lugares que no hay que perderse en Estocolmo es Monteliusvägen, un paseo en alto de unos quinientos metros de largo con una vista increíble del lago Mälaren, del ayuntamiento y toda la zona de Riddarholmen (que veremos en la próxima foto en un panorama. La zona tiene también unas bonitas casas muy antiguas. Se puede llegar fácilmente con el metro y para los más sacrificados, subiendo por unas escaleras poco menos que infinitas.

El Vasa

El Vasa

El Vasa, originally uploaded by sulaco_rm.

Si pasas por Estocolmo y solo puedes ver una cosa, para mí no hay duda alguna que hay que visitar el Vasa, el cual está en el Vasamuseet. Es un buque de guerra que resulta que es el único barco del siglo XVII (equis-uve-palito-palito) que ha llegado hasta el siglo XXI (equis-equis-palito). Este barco estaba destinado a ser el buque insignia de la armada sueca y tenía más de cincuenta metros de largo. Este barco es la prueba irrefutable que hasta los nórdicos son chapuceros. En su viaje inaugural, recorrió trescientos metros hasta que le golpeó una racha de viento, se escoró y se comenzó a hundir y murieron treinta de los doscientos tripulantes. El barco permaneció en el fondo del frío mar sueco hasta que lo reflotaron el 24 de abril de 1961, trescientos treinta y tres años después de hundirse. La sorpresa fue comprobar que gracias al frío mar, se conservó en un estado magnífico. El museo en el que se encuentra es una auténtica pasada y sin dudarlo, uno de mis cinco museos favoritos en el universo conocido. Alucinas con la manera en la que presentan las cosas que encontraron en su interior, las maletas y su contenido, las herramientas que se usaban en aquella época, los vestidos, zapatos y demás. Gracias a la forma del museo, puedes ver el barco prácticamente desde el lugar más bajo hasta la cubierta superior y apreciar los detalles y el lujo que tenía.