La playa Mae Haad al atardecer

Cuando estaba llegando el momento de la puesta de sol, la arena blanca de la playa Mae Haad, también conocida como la playa Maya, se vuelve amarilla. Solo hay que ver la diferencia entre las dos fotos para flipar con el cambio de color. Como esta playa da hacia el oeste, es el lugar perfecto para las puestas de sol, que son uno de los espectáculos que se pueden disfrutar en Koh Tao. Esta pequeña isla es el destino número uno del universo (o lo era) para la gente que quiere sacarse la titulación de PADI Open Water y hay una ingente cantidad de centros de buceo con sus estudiantes. Es también un lugar muy barato para sacarte el título, eso sí, con grupos grandes y quizás sin una atención muy personalizada, pero a los mochileros no es algo que les preocupe. En muchas de esas empresas, te dan alojamiento gratuito si haces el curso con ellos y te quedas en dormitorios comunes sin aire acondicionado, que un grupo que coincidió conmigo cuando estaba en Chiang Mai los volví a ver allí y estaban en uno de esos dormitorios.

Publicada el
Categorizado como Koh Tao

La playa Mae Haad al mediodía

Comenzamos una nueva serie y esta vez nos vamos a la isla de Koh Tao, en la costa este de Tailandia, en lo que se conoce como el Golfo de Tailandia y que está bañado por el mar de la China meridional, que no deja de ser el océano Pacífico con otro nombre, con lo que sin moverme una gran distancia desde Ao Nang, salté del océano Índico al Pacífico. Llegué a la playa Mae Haad sobre las tres de la tarde y a esa hora, la arena se ve tremendamente blanca y tendremos otra foto hecha tres horas más tarde en la que cambiará completamente de color. A mi espalda y no muy lejos está el puertito al que llegan y del que salen los barquillos, que esta isla no tiene aeropuerto.

Publicada el
Categorizado como Koh Tao

Asia 2014

Mis tres semanas en Asia resultaron en miles de kilómetros recorridos (contando los de avión), ocho vuelos con cuatro compañías aéreas, dos mil quinientas cincuenta y nueve fotos hechas con mi cámara Canon EOS 6D, una purriada de pequeños vídeos que muestran algún momento de cada día, fotos de toda la comida que irán apareciendo en esa otra bitácora, un montón de picadas de mosquitos y de hormigas y un enorme relato que ha llenado ésta la mejor bitácora sin premios en castellano durante semanas.

Todo eso y mucho más se condensa en el siguiente vídeo con las fotos que fui seleccionando cada día y añadiendo a un álbum en mi iPad:

La música en el vídeo es el tema Capture The Flag de Junkie XL y que todos conocemos porque es uno de los momentos más hermosos en la película Divergente – Divergent, ese en el que Four y Tris se suben a la noria y a él se le ve claro que ya está coladito por ella y quiere ponerle la pierna y los mondongos encima y que no levante cabeza.

Para aquellos que siempre se quejan y tienen la suerte de no poder el vídeo por algún motivo que escapa a mi comprensión pero del que culpo a GooglEvil o que no lo quieren ver con anuncios porque ellos lo comercializan todo, también está en este otro lugar:

Durante esas tres semanas, la segunda línea de defensa contra los mosquitos la formaban pulseras con citronella que duran unos tres días. Se me perdieron dos de ellas (una amarilla y otra roja) pero aún así, al regresar a Holanda tenía varias de ellas en mi muñeca, ya que después de que pierden su jugo, las dejo como exótico recuerdo de aquello por lo que luchan:

Pulseras con citronella

Pulseras con citronella, originally uploaded by sulaco_rm.

Desde Koh Tao a Bangkok

El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

La más brutal jornada de transición es la que te lleva desde Koh Tao de regreso a Bangkok. El lugar me ha encantado pero si regreso en el futuro, lo haré de otra forma. A las nueve y media tenía que estar en el muelle así que me levanté, desayuné y preparé las mochilas. Bajé al puerto y allí me dieron un papel y una pegatina con el destino, lo típico en estos viajes organizados en los que los turistas somos como ganado. Esperamos una media hora y apareció el catamarán de alta velocidad que nos llevaría hasta la costa. Cuando llegó y se bajaron los pasajeros, nos llevan a todos hasta el barco, recogen nuestras mochilas y nos sentamos en el interior, muy agradable y similar al de los catamaranes que unen Agaete con Tenerife, aunque de un tamaño bastante menor ya que no transporta vehículos. A las diez y cuarto dejábamos el muelle y según estuvo en mar abierto tomó velocidad, aunque con el mar tan plano ni se notaba.

Nuestro destino era un muelle cerca de Chumphon y le tomó alrededor de hora y media. Al bajarnos, recogíamos nuestras mochilas y teníamos que apuntarnos en unas ventanillas para que nos asignaran asiento en los autobuses que nos llevarían a Bangkok. Me tocó en el segundo. Teníamos unos tres cuartos de hora que en realidad usan para que almuerces allí, en un restaurante muy barato que tienen montado en el sitio y como casi siempre en Tailandia, con comida muy sabrosa. Comimos, nos relajamos y sobre la una de la tarde nos metieron a todos en los autobuses y comenzó el viaje en guagua. Fueron ocho horas con una parada de veinte minutos. Un palizón de cuidado. El autobús nos llevaba hasta la calle Khaosan, el barrio de los mochileros por excelencia y uno de los lugares con peor comunicación con transporte público de la ciudad. A la puerta de la guagua, la escoria de los medios de transporte, los conductores de Tuk Tuk dispuestos a robarte y los taxistas sin escrúpulos que se niegan a usar el marcador para las carreras. Ignoré a todo el mundo y baje a la carretera principal. El primer taxi que paré, ya estaba metiendo la mochila en el mismo cuando veo que el tipo tiene el contador cubierto con un trapo y se niega a usarlo. Lo mandé al coño de su puta madre truscolana y esperé otro. Con el segundo, el tercero y el cuarto no llegué a meter la mochila, pero obviamente eran de la misma familia truscolana que el primero. El quinto resultó el definitivo y me llevó hasta la estación más cercana de Skytrain, ya que mi hotel estaba cerca de una de las paradas del mismo. El viaje en taxi hasta la estación me costó un leuro. Si hubiera aceptado el chantaje de los otros, habría pagado entre cinco y diez leuros. Solo por el gusto de ver sus caras cuando los mando al carajo mereció la pena. Este es uno de los muchos detalles que hacen que no me guste para nada Bangkok. Es una ciudad que acumula lo peor de Tailandia, los mangantes, estafadores y chusma y gentuza. Con el skytrain fui hasta la estación de Asok y desde allí llegué a mi hotel.

Tras todas la habitaciones más o menos cutres en las que había estado, aquella parecía digna de un rey. Con el palizón que me di viajando, caí muerto al poco rato.

El relato continúa en De templos por Bangkok