El comienzo del fin de semana en Berlín

Si mi ritmo de vida fuera más lolailo, hasta podría aburrirme y echar el freno y pararme a tocarme el ombligo o tirar de los mondongos y ver si consigo que me lleguen a las rodillas. Por desgracia no lo es y desde que tomé tierra en Amsterdam el veinticinco de mayo, no he parado y en los raros momentos en los que estoy quieto, casi siempre es en un cine. Por eso, aunque del veintinueve al treinta y uno de mayo estuve en Berlín, no he podido escribir sobre ese viaje y ni siquiera sé si conseguiré completar el relato esta semana o lo tendremos en episodios mensuales.

La culpa de ese viaje la tiene mi amigo el Rubio. Yo ya en noviembre le pedía que eligiera fin de semana y él ninguneándome y toreándome, como suele hacer. Después, cuando me fui para las Filipinas, se dio cuenta de aquello que yo ya le había dicho: nuestros preciosos puntos de Flying Dutchman caducaban a final de junio y en ambos casos, perderíamos un mogollón que igual te sirven para algún día viajar con KLM de gratis o al menos pagando menos. Resultó que en todo el mes de junio le era imposible viajar salvo por el primer fin de semana y en ese no había ninguna opción disponible con KLM, compañía que teníamos que usar y así acabó reservando billetes para el fin de semana después de haber vuelto de Asia y yendo a Berlín. Como no quería gastar un día de vacaciones, esa semana trabajé más de martes a jueves y así compensé medio día para el viernes y más o menos al mediodía, me piraba para el aeropuerto con mi mochilita de treinta litros llena con la cámara y poco más. Nos encontramos en la estación de Amsterdam Bijlmer ArenA y continuamos el recorrido hasta el aeropuerto juntos degustando unos Pastéis de nata que había hecho esa mañana y que todo el mundo sabe que los bordo y me han dado varios premios por ser el mejor productor de estas maravillas al este y al oeste de Lisboa. Teníamos más o menos una hora y media hasta el despegue así que pasamos el control de seguridad y nos fuimos a tomar una cerveza antes de ir al avión. El embarque fue pachanguero, con el avión petado hasta los alerones y la gente que tiene el concepto de equipaje de mano muy desarrollado y entran cargados como si salieran de un centro comercial el día que empiezan las rebajas. Nosotros íbamos en la punta de atrás.

Salimos en hora y en el viaje nos dieron una bolsa de crackers microscópica y una cerveza, lo cual completamos con los paquetes de millo que llevaba en mi mochila. KLM vuela por el aeropuerto de Berlín-Tegel, el cual según la wikipedia cerraban en el año 2014 pero ahí sigue. Está empotrado en la ciudad, lo cual no quiere decir que llegas al instante al centro ya que tienes que ir en guagua. El aeropuerto es algo caótico y se ve como parcheado, o quizás porque ha crecido a golpe de antojo. Tras salir, yo buscaba un cajero automático mientras el Rubio hacía la cola para comprar los billetes de guagua y al juntarnos me dice que una pava entró y le ofreció unos billetes de cinco días a los que le quedaban dos por diez leuros en total y se los compró, con lo que teníamos transporte ilimitado y nos ahorrábamos una pasta gansa. Yo tenía mis dudas pero un día más tarde alguien nos confirmó que eran auténticos. La razón para pillar guita allí fue que se me olvidó hacerlo en Amsterdam y por suerte, mi banco no me cobra comisión por sacar dinero en CUALQUIER cajero europeo. Fuimos en guagua hasta la estación de metro más cercana y desde allí pillamos uno hasta otro lugar en el que transbordamos. Nuestro destino final era el ibis budget Berlin City Potsdamer Platz, el cual también lo reservó el Rubio en base a una buena conexión de Internet y desayuno, que son las cosas en las que se fija. La habitación era simple casi rozando la simplonería. Como llegamos sobre las cinco, salimos a hacer algo de turismo y casualmente, estábamos cerca y aún más cerca de la Topographie des Terrors, museo que en la parte exterior tiene un trozo grande que se conserva del Muro de Berlín. Nos acercamos al Checkpoint Charlie para hacerle la foto y eso y después callejeamos un poco más antes de ir con el U-bahn hacia la zona de Alexanderplatz. Por el camino, fascinados porque todo el mundo está en la calle con una botella de medio litro de cerveza en la mano. Los alemanes de esa ciudad parece que no pueden vivir sin la proximidad del alcohol. Paseamos por la zona, flipamos con la fauna friki local y después fuimos a cenar al Brauhaus Georgbraeu en el que producen su propia cerveza y tienen comida alemana, o sea, trozos enormes de partes del cerdo y salchichas kilométricas con mucha papa de por medio y esas verduras ácidas que no veas. Tras cenar comenzamos el retorno hacia el hotel a pata y parando en todos los bares habidos y por haber. En la ciudad había un montón de gente de dos equipos de fútbol y nos enteramos que al día siguiente era la final de la Copa Alemana. Cerca de nuestro hotel encontramos un antro con buena cerveza y acabamos allí bebiendo como pozos sin fondo. Según el Rubio, tardé menos de cinco segundos en dormirme. Yo lo único que recuerdo fue que cerré los ojos y al abrirlos, ya era otro día. De cualquier manera, en circunstancias normales y sin la presencia de alcohol, suelo dormirme en los primeros ciento ochenta segundos, eso del insomnio no es un deporte que me guste practicar. Así fue más o menos el día que salvamos nuestros puntos aéreos de la extinción inevitable y prolongamos su vida veinte meses más.

El relato continúa en Caminando por Berlín

Por sulaco

Maximus Julayus

4 comentarios

  1. Con tal yo salto palante y patras, no tengo claro los tiempos, cuando te fuiste a Berlín ya te habías recuperado de la vuelta de Filipinas o aun seguías malo de la barriga y la súper dormida fue al fin de semana siguiente.

  2. Me encanta Berlin y tengo que volver, porque aunque lo pateé pero bien, es tan enorme que hay muchas cosas por ver.
    A mi también me sorprendió ver a la gente en el U-bahn con botellas de cerveza y que a todas horas del día los que estaban sentados en las terrazas estuvieran comiendo.
    A las 16.30 h un alemán comiendo? No sé, supongo que ya estaría cenando.

  3. Luis, el día anterior comencé a jiñar sólido. La super dormida fue para recuperarme del cambio horario de Filiipinas y del fin de semana en Berlín y del trabajo

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