Las islas de Tapiutan y Maniloc (o islotes) están bastante próximas y entre ellas hay un estrecho, que es el que vemos en la foto. A la izquierda y al frente está Maniloc y a la derecha Tapiutan y la playa que se ve es la de la estrella. Después de pasar la playa el estrecho se desvía un poco hacia la derecha.
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El pecio del Arona
Cuando estuve en Gran Canaria, como en ocasiones anteriores, fui a bucear y en esta ocasión las inmersiones fueron en dos pecios, el Arona y el Ifafa. El primero era nuevo para mi y tenía mucha curiosidad porque dicen que es uno de los mejores pecios que hay en las Canarias. Está pasada la estabilizadora, saliendo de la ciudad de las Palmas de Gran Canaria camino del sur. El pecio está bastante profundo, a unos treinta y pico metros de profundidad, con lo que las inmersiones son bastante rápidas ya que el tiempo que se puede permanecer a tanta profundidad es más limitado. Aún así, la visita fue muy intensa e hice un montón de vídeos y me ha quedado pena cortar, así que igual que nos mamamos los infinitos esos de aterrizajes y despegues que consiguen un número de visitas récord en el llutuve con hasta dos visualizaciones, hoy tenemos uno que sí que me gusta a mí y como el mejor blog sin premios en castellano es mío, pues os lo tragáis con aceite de ricino si hace falta. La musiquilla es la canción Desert Walk de Deep Forest, que añade un toque místico al asunto. El otro chamo que bajó a bucear (aparte de la Dive Master), hacía su primera inmersión profunda, llevaba una botella de quince litros y literalmente se la bebió en nada de tiempo, el colega respiraba como si tuviera un ataque de ansiedad.
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Otra playa secreta
La verdad que los islotes y las islas cerca del Nido parecen tener una propensión a las playas y lagos secretos. Otra vez estamos frente a una costa super-rocosa y cuando nadas por la zona en la que se puede ver a alguién en el agua y giras hacia la derecha, entras en una pequeña y preciosa playa realmente escondida y a la que no pueden llegar los barquillos. Como había que llegar nadando, dejé la cámara en el barco y no tendremos foto del lugar.
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Las ventajas del verano currando
Una de las cosas que más me gustan de trabajar en el verano es que como todo el mundo está de vacaciones, el vagón del tren en el que viajo, el último, va prácticamente vacío o directamente yo soy el único cliente. Ni siquiera cuando vuelvo hay multitudes y algunos días de la semana pasada, yo era el único julay esperando el tren en la estación, algo que dentro de cinco semanas será historia ya que normalmente somos unos cuarenta los que esperamos el último tren a Utrecht antes de las cuatro de la tarde. Lo mismo sucede en muchos lugares, en el supermercado las colas para las cajas de autopago desaparecen y en las calles se puede ir en bicicleta casi sin tráfico a tu alrededor. La única excepción a esta regla es el cine, la gente necesita quemar horas con los niños y el cine está siempre petado. En la tercera fila comenzando por la pantalla, que es mi zona habitual, suelo estar solo, con todo el mundo por detrás de mi y la semana pasada, en cuatro de las películas que fui a ver había gente hasta en mi fila, que parece ser que supera el nivel de lo que la gente considera deseable y durante el resto del año la tengo en exclusiva para mi.
En teoría la ola de calor ya ha acabado o eso nos dicen porque en la práctica, para mi sigue haciendo demasiado calor y mi casa sigue siendo una caldera, sobre todo la noche del viernes al sábado en la que nos gozamos otra noche tropical, la octava desde el año 1901 y creo que la quinta desde que llegué a los Países Bajos en el año 2000 y la tercera en los últimos doce meses, con lo que me ha tocado vivir en grandes tiempos llenos de emocionantes récords.
Desde la semana pasada tenía moras maduras a destajo por el jardín pero con la caló como que no se me antojaba el recogerla, hasta el sábado tempranito, momento en el que aproveché para cosechar los tres primeros kilos y con ellos hacer los diez primeros botes de mermelada de moras. Todo esto sucedía tempranito, horas antes de la hora Virtuditas, cuando todavía se podía poner el caldero enorme en el que las hago al fuego y al mismo tiempo hervir en otro los botes de cristal para esterilizarlos. Este año creo que no haré más de veinte botes, ya que por detrás vienen las uvas y de esas calculo que fácilmente podré hacer otros diez o veinte. En su lugar, haré sirope de moras que se lo pones al agua y tienes tu propio refresco casero. Mi nevera, entre los kilos y kilos de queso que tengo y la mermelada está prácticamente llena y por si alguno cree que la mermelada la debería dejar afuera, como uso mucha menos azúcar de lo normal, si no la guardo en la nevera no me dura el añito que le saco a mis mermeladas, que aún estoy en el antepenúltimo bote del año pasado, aunque creo que donaré los dos últimos en la oficina.
Y así, entre boberías, voy sobreviviendo al verano


