Una de las cosas que más me gustan de trabajar en el verano es que como todo el mundo está de vacaciones, el vagón del tren en el que viajo, el último, va prácticamente vacío o directamente yo soy el único cliente. Ni siquiera cuando vuelvo hay multitudes y algunos días de la semana pasada, yo era el único julay esperando el tren en la estación, algo que dentro de cinco semanas será historia ya que normalmente somos unos cuarenta los que esperamos el último tren a Utrecht antes de las cuatro de la tarde. Lo mismo sucede en muchos lugares, en el supermercado las colas para las cajas de autopago desaparecen y en las calles se puede ir en bicicleta casi sin tráfico a tu alrededor. La única excepción a esta regla es el cine, la gente necesita quemar horas con los niños y el cine está siempre petado. En la tercera fila comenzando por la pantalla, que es mi zona habitual, suelo estar solo, con todo el mundo por detrás de mi y la semana pasada, en cuatro de las películas que fui a ver había gente hasta en mi fila, que parece ser que supera el nivel de lo que la gente considera deseable y durante el resto del año la tengo en exclusiva para mi.
En teoría la ola de calor ya ha acabado o eso nos dicen porque en la práctica, para mi sigue haciendo demasiado calor y mi casa sigue siendo una caldera, sobre todo la noche del viernes al sábado en la que nos gozamos otra noche tropical, la octava desde el año 1901 y creo que la quinta desde que llegué a los Países Bajos en el año 2000 y la tercera en los últimos doce meses, con lo que me ha tocado vivir en grandes tiempos llenos de emocionantes récords.
Desde la semana pasada tenía moras maduras a destajo por el jardín pero con la caló como que no se me antojaba el recogerla, hasta el sábado tempranito, momento en el que aproveché para cosechar los tres primeros kilos y con ellos hacer los diez primeros botes de mermelada de moras. Todo esto sucedía tempranito, horas antes de la hora Virtuditas, cuando todavía se podía poner el caldero enorme en el que las hago al fuego y al mismo tiempo hervir en otro los botes de cristal para esterilizarlos. Este año creo que no haré más de veinte botes, ya que por detrás vienen las uvas y de esas calculo que fácilmente podré hacer otros diez o veinte. En su lugar, haré sirope de moras que se lo pones al agua y tienes tu propio refresco casero. Mi nevera, entre los kilos y kilos de queso que tengo y la mermelada está prácticamente llena y por si alguno cree que la mermelada la debería dejar afuera, como uso mucha menos azúcar de lo normal, si no la guardo en la nevera no me dura el añito que le saco a mis mermeladas, que aún estoy en el antepenúltimo bote del año pasado, aunque creo que donaré los dos últimos en la oficina.
Y así, entre boberías, voy sobreviviendo al verano


























