La playa del Nido está en una pequeña bahía y frente a la misma está la isla (o el islote) de Cadlao, la mayor de todas las que hay en la zona. Merece la pena indicar que esta es una zona protegida desde hace la tira de años y que eso la ha salvado de convertirse en un desastre turístico. El descubrimiento de este paraíso fue por chiripa, un barco de buceadores tuvo un problema con una línea que se enredó en su hélice mientras iban a otro lado y cuando se levantaron al día siguiente estaban en el medio de este pequeño archipiélago flipando en colores. Prácticamente desde ese momento el gobierno filipino protegió la zona.
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El requete-larguísimo regreso a casa
Cuando compré los billetes y organicé el viaje, lo del último día preferí no pensarlo demasiado porque sabía que sería bastante duro. Si contamos como el momento en el que salí del hotel para ir al aeropuerto el punto en el que comencé el regreso, entonces el tiempo total del regreso fueron al menos treinta y dos horas. El primer segmenteo era sencillo, ir desde Tawau a Kuala Lumpur. Hay un montón de vuelos al día pero cuando compré tuve problemas y acabé en uno matutino porque en mis cálculos faltaba una variable, el final del Ramadán y de la celebración posterior que convertía a ese domingo en uno de Operación Retorno en Malasia y los aviones iban completos. Usé grab para pedir un coche y el trayecto al aeropuerto tomó algo más de una hora. Una vez allí me encontré con una de las parejas que conocía porque estuvieron buceando conmigo en Sipadan y que me habían dicho que se quedaban cerca del hotel. Acabamos desayunando juntos y matando el tiempo hasta el despegue de nuestros aviones, que salían con media hora de diferencia. A la hora de elegir asiento, el programa de la aerolínea no me dio opciones y estaba sentado en la última fila del avión en pasillo, lo cual me ahorraba hacer el vídeo del Ancestral. El vuelo fue de algo más de dos horas con abundantes turbulencias, lo cual no impedía a la gente ir al baño. Mi teoría es que hubo chiquillos en ese avión que fueron al baño al menos cuatro o cinco veces y también adultos. Hubo una pava metida en el baño cuando tuvimos una turbulencia fuerte que lo tuvo que pasar super-mal con el burka y ese pequeño retreto en el que los meados no bajan hasta que usas la cisterna. Como este era un vuelo doméstico, era posible llevar litros y litros de líquidos en el equipaje de mano.
Al llegar a Kuala Lumpur, volaba con Malaysia Airlines, que usa el aeropuerto viejo, el KLIA, el mismo que tiene a todas las aerolíneas internacionales ya que el KLIA2 es para bajo costo. Salí del avión y tenía que buscar la puerta número siete en donde me esperaba uno de los malayos con los que buceé en Sangalaki, que me recogió para pasar el día con él y algunos de los colegas, ya que mi escala era de unas doce horas. Lo encontré y me llevó a su keli, en la ciudad de Klang, que es en donde está el puerto de Kuala Lumpur. Como son de ascendencia china, en la casa tenían algunas coñas culinarias raras y especialmente una especie de refresco que hacen fermentando hongos y que según ellos, vives cienes y cienes de años pero eso no quita que el sabor sea terrible. Por la tarde, sobre las siete, fuimos a cenar con otros dos de los colegas que pasaron una semana buceando conmigo. Me llevaron a un restaurante típico de comida china y especializado en carne de cochino, algo que yo no había comido en tres semanas por estar en países musulmanes. Me puse tibio a carne de cerdo. Acabamos cerca de las diez de la noche que era mi hora de partida ya que desde allí hay una guagua directa al aeropuerto, en uno de los centros comerciales. Antes de salir pasé por la casa del colega para ducharme y cambiarme y en el centro comercial me aprovisioné de paquetes de mango filipino seco, de esos que compro todos loa años. El trayecto al aeropuerto pasó sin pena ni gloria y a las once de la noche estaba en la cola de facturación ya que iban a comenzar en ese momento. Conseguí convencer al empleado para viajar con equipaje de man, aunque si llegan a pesar mi bolsa tenía más de siete kilos y después fui a pasar el control de inSeguridad y el de pasaporte. En este primer control aún te dejan pasar líquidos ya que el verdadero se hace cuando entras a la sala de espera. Sobre la medianoche la cantidad de vuelos que despegan de Kuala Lumpur es bastante limitada, eran unos cinco vuelos, con lo que la mayor parte de las tiendas estaban cerradas. Alrededor de la una y media comenzó el embarque y en este primer vuelo me cambiaron el asiento y me dieron uno en fila de emergencia, con lo que tienes más espacio para los pies pero la silla es menos ancha por el mecanismo para la bandeja, que va empotrada en uno de los lados. El avión no iba completamente lleno. Salimos en hora y nada más despegar nos dieron un tentempié y después de eso, me puse el antifaz y los auriculares y me dormí unas cuatro horas, aunque había un montón de turbulencias y me despertaba con las sacudidas. Dos horas antes del aterrizaje nos dieron un desayuno bastante completo y en esta ocasión, el aterrizaje en Doha fue sin problemas. Tenía tres horas entre vuelos así que me dediqué a caminar en el aeropuerto.
El tercer vuelo, ese en el que llegaba a Amsterdam iba petado hasta la bandera pero por suerte tenía ventana y quienquiera que fuese sentado a mi lado no se presentó con lo que éramos dos para tres asientos. A la hora del despegue es un festival porque al mismo tiempo salen aviones para un montón de destinos con lo que es una procesión de aviones, unos tiran para Londres, otros Amsterdam, Frankfurt, París, Roma, Venecia, Milán, Madrid, Viena, es increíble, en esos aeropuertos de Oriente Medio han creado unas redes increíbles en las que todos los aviones llegan durante un periodo de tiempo y la gente salta de unos a otros y después todos despegan en otro corto periodo de tiempo. En el vuelo nos dieron primero un buen desayuno, mi segundo y después teníamos un aperitivo al final. Procuré no dormir y me dediqué a ver series de televisión en mi iPad. En este vuelo no hubo turbulencias. Llegamos a Schiphol sobre las dos menos cuarto de la tarde y como no tenía que esperar por la maleta, salí del avión y fui directo al control de pasaporte y después a la estación de tren debajo del aeropuerto. Pillé el primer tren para Utrecht y una vez en la estación la guagua a mi casa y vine entrando en mi casa a las cuatro de la tarde, totalmente agotado por este eterno regreso a casa. Por suerte, ese lunes era festivo en los Países Bajos. Aunque en algún momento consideré el ir al cine, cuando entré en mi casa sabía que de sentarme en una sala obscura me dormiría inmediatamente y aguantar hasta las nueve o las diez de la noche para tratar de ajustar los horarios fue toda una aventura, lo conseguí pero no recuerdo muy bien esas horas, estaba como en trance. Y así acabaron las vacaciones en Asia del 2019, el año en el que buceé con tiburones, mantas y todo tipo de animales acuáticos.
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Vista general del Nido

En la foto de ayer veíamos la playa en la zona más céntrica del Nido y hoy vemos lo que hay si sigues andando hasta el final, giras y continúas andando. En esta zona la playa no es tan práctica y en marea baja definitivamente no te bañas ni de coña. Hay un par de pensiones / moteles / residencias de las más cutres, para los mochileros que no se quieren gastar mucha pasta. Recuerdo que en una excursión de las que hice había dos chicas que se quedaron por esa parte y me dijeron que durmieron rodeadas de cucarachas, pero oye, el cuarto les costó un par de leuros y ni siquiera les cobraban por la compañía. En la montaña que se ve al fondo en esta imagen, al nivel del mar, por allí es por donde está el centro del poblacho y por donde me quedaba yo.
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Segunda visita a Sipadan y el fin del buceo
Llegamos a mi último día de buceo, aquel en el que llegaba a las cincuenta y cuatro inmersiones durante las tres semanas y pico de vacaciones. En esta ocasión iba en el segundo barco a Sipadan, uno que sale más tarde y en el que solo se hacen tres inmersiones, que es el nuevo máximo permitido desde junio, con lo que los que teníamos reservado las cuatro inmersiones hasta octubre, podrán seguir haciéndolo pero todas las reservas nuevas serán solo de tres. Como el barco salía más tarde, me dio tiempo a hacer la bolsa con todas mis cosas ya que al volver me llevaban directamente a tierra. La noche anterior pagué lo que debía con lo que desayuné, dejé la llave en la recepción y fui al barco. En esta visita a Sipadan las dos Dive Master eran chamas europeas, al contrario del día anterior en el que todo el mundo era malayo. En el barco también venían los canadienses, aún rascados por la grandísima suerte que tuve el día anterior.
Nuestra primera inmersión fue a las nueve de la mañana en South Point, el mismo sitio en el que bajamos el día anterior. Estuvimos en el Gran Azul durante unos veinte minutos pero no vino ningún bicho grande así que regresamos a la zona de la pared vertical, en donde vimos un montón de tiburones de punta de aleta blanca, de los grey reef shark, vimos los pesados peces unicornio de nariz grande (big nose unicorn fish), que se limpian los parásitos en las burbujas de aire de nuestra respiración y se te pegan a la cabeza como mosquitos, vimos el banco de peces jack del día anterior, enorme y que se deja querer y hasta vimos tiburones pequeños entre ellos, que al parecer van allí para que los limpien. También vimos algunas tortugas. Sin ser apoteósica, la inmersión fue bastante buena.
Después salimos y esperamos una hora antes de bajar a Barracuda Point, que creo que fue mi tercera inmersión del día anterior. De nuevo estuvimos un rato en el Gran Azul pero no vino nada. Después vimos bancos de barracudas y comenzó el festival épico de tiburones. Un grey reef shark enorme estaba a nuestro lado, tengo un vídeo épico. Otros de cola de aleta blanca pasaban cerquita y alguno posado en la arena me dejó acercarme para grabarlo. Vimos unos giant Trevally gigantescos y algún pez león. El espectáculo de los tiburones fue increíble, fabuloso, fantástico e hizo de esta inmersión otra de esas para recordar. Después de salir fuimos a comer a la isla y tuvimos que esperar dos horas para la tercera inmersión.
Elegimos un sitio llamado los jardines colgantes y estuvimos en el Gran Azul otros veinte minutos sin suerte. Lo de bucear en mar abierto sin ver el fondo a mí me parece fascinante pero hay muchos que se sienten incómodos porque es como estar en el espacio. Cuando volvimos a la pared, aquello es épico. Hay decenas y decenas de tortugas que se meten en recovecos y el sitio parece más bien un aeropuerto de tortugas, con unas saliendo, otras llegando, cruzándose con nosotros, es como mágico. También vimos dos tiburones de punta de aleta blanca jóvenes, pequeñitos, que parecían jugar juntos y Giant Trevally que te dan ganas de comer. Los corales eran increíbles y salimos muy contentos.
A las tres y media estaba de vuelta y tuve que esperar hasta las cuatro para el barco que me llevaba a Semporna, en donde lo primero que hice fue buscar el único cajero automático del poblacho para tener dinero malayo. Después busqué mi hotel, me acomodé y salí para comer comida basura, que ya la echaba de menos. Como al día siguiente tengo que ir al aeropuerto temprano, procuré acostarme pronto. Y así acaba el segmento del buceo de este viaje y lo que queda es el larguísimo regreso a casa.
El relato acaba en El requete-larguísimo regreso a casa

