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Distorsiones

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  • Te salvaste de chiripa

    25 de junio de 2019

    A veces alucino con los giros aleatorios y las decisiones que nos llevan a determinados momentos o situaciones de nuestra vida. El que voy a contar sucedió cuando regresé de vacaciones y volví a trabajar. Como dejé mi bicicleta en el garaje de la empresa, el primer día fui andando y por la tarde le eché aire a las ruedas y fui a la estación de tren para volver a casa. En el otro extremo, en Utrecht, mi bicicleta tenía la rueda delantera medio vacía, con lo que le puse aire en el aparcamiento de bicis de la estación y volví a casa sin problemas.

    El día siguiente, miércoles (comencé a trabajar el martes porque el lunes fue festivo en Holanda), fui con la bici de Utrecht a la estación y después en Hilversum, cuando voy a buscar la otra, tiene la rueda delantera vacía por un pinchazo. La arrastré hasta la oficina y más tarde bajé al aparcamiento y aprovechando que tenía una cámara de repuesto en la oficina, que las compro baratísimas y las guardo para cuando me hagan falta, decidí cambiar la cámara, pero no tenía herramientas para sacar la rueda delantera del eje y no encontrá a nadie en la oficina que tuviese una llave del quince así que lo dejé para el día siguiente y me fui a casa caminando.

    El jueves llegué a Hilversum, como siempre antes de las siete de la mañana y salió del tren un pavo y yo y el resto se fueron hacia el otro lado del andén. El caminaba delante de mi y fue el primero en pasar su tarjeta de transporte por el lector para cerrar su trayecto. Cuando lo hizo, un billete de cincuenta leuros doblado se le cayó al suelo. Yo lo recogí, pasé mi tarjeta y el chamo ya se alejaba a todo meter, que esta gente de un metro noventa con pies grandes dan unas zancadas que no veas. Para llamar su atención le grité: ¡Pollardón, Acarajotao! y por supuesto miró hacia atrás. Le enseñé el billete y le dije que aceite no se si pierde, pero los leuros sí que los va perdiendo mientras camina. El tipo me miró como alucinando, fascinado porque alguien recogió el dinero y se lo estaba devolviendo. De repente le entró como la ansiedad por contarme toda su vida y agradecerme el gesto así que lo corté en seco y le dije que allí nadie iba a chupar polla y que siguiera su camino y espabile para que no lo llamen truscolán y seguí mi ruta que tenía prisa para llegar a la oficina y arreglar mi bici.

    Este acto fue de pura chiripa, en cualquier día en el que voy con la bicicleta, yo salgo del andén por otra salida que da al aparcamiento de bicis, tengo otro lector distinto para pasar la tarjeta de transporte y jamás de los jamases habría presenciado la pérdida de la pasta y no la habría devuelto. ¿Y si existe un plan maestro y esto estaba previsto que sucediera?

    Dejando atrás el tema, saqué la rueda, le cambié la cámara interior de aire, me puse a inflarla y estalló, como un tiro, reventó dejándome con mi gozo en un claro disgusto. Me puse a revisar la rueda y encontré que estaba rota por un lado y el corte era tan afilado que parecía una cuchilla. Tras trabajar, fui a comprarme una nueva cámara de aire y la rueda, que casualmente estaban ambos en ofertas y por seis leuros conseguí ambas piezas y el viernes por la mañana, cambié las dos partes, le puse aire y solucioné el problema. Saltando atrás en el tiempo, el jueves por la tarde, al llegar a Utrecht, mi bici volvía a tener la rueda delantera medio desinflada con lo que al llegar a casa, busqué el pinchazo y lo reparé. Parece que hasta en pinchazos ambas bicicletas se ponen de acuerdo para ponerme la pierna encima y que no levante cabeza.

  • Parroquia de San Francisco de Asís

    25 de junio de 2019

    Como en muchas ciudades filipinas, el único (o los únicos) edificios dignos de reseñar son las iglesias y en este caso tenemos una dedicada a San Francisco de Asís. La iglesia está cerca de la playa y no recuerdo haber visto ninguna otra en el poblacho. En tamaño el Nido es como una cuarta parte de Corón, es mucho más pequeño y prácticamente todos los edificios que hay allí son tiendas, bares y habitaciones o casas para alquilar.

  • Un montón de cosillas sueltas

    24 de junio de 2019

    Las tres semanas de vacaciones buceando en Indonesia y Malasia acabaron con un montón de datos que me gustaría almacenar por aquí para recordarlos. El más importante fue que hice cincuenta y cuatro inmersiones repartidas entre diecisiete días buceando y siete viajando, entre cambios de escenario y la ida y la vuelta. Cincuenta y cuatro buceos en ese periodo de tiempo es un montón, son tres días con cuatro inmersiones y el resto con tres. Bucear cansa, es increíble y fantástico pero cuando acabas el día, te apetece tomártelo con calma, sobre todo si al siguiente y los que están por venir sigues buceando. Yo suelo dormir cinco horas y durante las vacaciones mis horas de sueño subieron a algún número entre ocho y diez horas. En esas cincuenta y cuatro inmersiones he visto de todo, en cada uno de los lugares a los que fui tuve la suerte de ver todos los animales que habitualmente se encuentran en la zona y algunos, como el dugong o el tiburón martillo, me buscaron a mi y los otros grupos que buceaban no los vieron. Mi suerte, cuando buceo, parece ser fabulosa e igual que el año pasado vi un pez luna en Nusa Penida dos meses antes de que comenzara la temporada, en Komodo vi los dugong también meses antes del inicio de la temporada, vi veinte mantas en una inmersión cuando dicen que llevaban mes y medio con encuentros limitados a una o dos y en Sangalaki también las vi y además me di un festín de tiburones. En Sipadan, fui la única persona que vio el elusivo tiburón martillo, dos veces, en dos inmersiones distintas, que parecía que los bichos subían a verme a mi y aparte de estos animales, en todas y cada una de las inmersiones había un exceso de vida y flora marina, con unos corales fabulosos y millones de peces. Tras haber estado en las Filipinas, en el archipiélago Similan en Tailandia y en los lugares de Indonesia y Malasia que he visitado en los dos últimos años, me resulta muy duro bucear en otras latitudes porque para mi, lo normal, es estar rodeado de un fondo marino espectacular y eso no es lo que se ve en otros sitios. Con tanto buceo, mi artisteo en estas artes ha mejorado aún más. No solo controlo el aire perfectamente, también ya tengo una buena flotabilidad y puedo confirmar y confirmo que no tengo problemas de oído y que puedo descender sin problema alguno. Durante las vacaciones, mis inmersiones fueron de una hora de media, el tiempo máximo que permitían porque la gente con la que buceaba tenía al menos el mismo nivel.

    En los tres sitios en los que buceé, Komodo, Sangalaki y Sipadan, conocí un montón de gente, hice nuevos amigos y pese a los rumores, comí muy pero que muy bien, como demostraron las fotos que hice a casi todos mis desayunos, almuerzos y cena, que todo lo documenté. Aún así, regresé con casi un kilo de menos. En Komodo y Sipadan, en donde tenían bufete para la cena y en uno de ellos también para el almuerzo, evité la gula limitándome a un plato, podía poner todo lo que quería en el mismo pero no podía repetir. En Sangalaki, donde no nos daban cena en el centro de buceo, comí un montón de pescado, sepias y marisco. En los tres centros de buceo, después de un par de días, era conocido por una cantidad considerable de gente y para cuando me marchaba me conocía todo el mundo. En los tres lugares, la vida gira entorno al buceo, se hace, se habla de buceo, se sueña con buceo, se discuten destinos y eso hace mucho más fácil el trato entre la gente, todos estamos allí porque tenemos la misma afición.

    Durante las vacaciones, lo peor fueron los traslados por las constantes cancelaciones de vuelos en Indonesia. Ese país es terrible para los traslados aéreos. Crees que todo va bien y un día antes de tu vuelo te llega un correo y te lo joden todo. Nos pasaba a todos y en mi caso fue en el segundo de una serie de tres vuelos que necesitaba para ir desde Komodo a Sangalaki, porque esa es otra, la línea recta puede que sea la distancia más corta pero en Indonesia para ir desde un sitio a otro hay que dar un pasito pa’lante y dos o tres pa’tras. Conseguí arreglar el desaguisado porque había otro vuelo que salía veinte minutos más tarde de otra aerolínea, pedía la devolución del dinero del cancelado (que aún no la han hecho) y cuando compré el nuevo, algo salió mal y me cobraron dos veces, con lo que tuve que solucionar el problema en la escala entre el primer y el segundo avión y de alguna manera lo conseguí y ya me han devuelto la pasta. Hay sitios en Indonesia a los que me gustaría ir, pero cuando ves la combinación de aviones que tienes que tomar se te quitan las ganas porque sabes que aquello es abono para una úlcera por los nervios que vas a tener. Conocí gente de cuatro continentes y sigo en contacto con muchos de ellos. Usé tres tarjetas de memoria con mi cámara Xiaoyi 4K, cada una de sesenta y cuatro gigabytes y dos de ellas están casi llenas, con lo que tengo una cantidad brutal de vídeos, casi seis horas. Llevé mi cámara Canon 6D y solo la usé una mañana, cuando fui a ver los dragones de Komodo, con lo que igual la podía haber dejado en mi casa en Europa y me ha hecho comenzar a plantearme el venderla y comprar una pequeña y más ligera, ya que de los siete kilos de equipaje con los que fui de vacaciones, la cámara era responsable de uno y medio. Del resto del equipaje, todo, absolutamente todo lo que llevé, lo usé, con lo que mi selección fue impecable. Volví con dos camisetas nuevas, que me regalaron en Sangalaki y en Sipadan, aunque no se lo digáis a nadie que el resto de la gente las compra. Esta es la primera vez en la que no facturo equipaje ni en la ida ni en la vuelta, aunque también, si quiero bucear, me plantea un dilema, ya que me he comprado punteros metálicos y la única forma de llevarlos es con el equipaje en bodega, con lo que puede llegar el día en el que tenga que facturar si quiero llevar uno de ellos.

    Tuve dos tarjetas SIM prepago y con ambas tuve problemas. Las leyes de esos países obligan a la activación con pasaporte de las mismas. En Indonesia, eso ha hecho que hayan desaparecido las tarjetas prepago de las tiendillas que hay por todos lados y cuando conseguí una y la compré, con seis gigas de datos para un mes, yo supuse erróneamente que los datos eran para todo pero no, al parecer para correo y búsquedas web solo tenía un par de cientos de megas y en la segunda semana mi tarjeta solo servía para güazá e instagram. En la primera me dejó de funcionar dos días, hasta que descubrí que el gobierno había bloqueado el correo y todos los programas de mensajería y redes sociales por movidas post-electorales. La tarjeta en Malasia, que me la dieron activada y que pagué por datos para siete días, dejó de funcionar el quinto porque seguramente la activaron dos días antes. Pese a los contratiempos, logré mantener mi racha en el duolingo, aunque la de caminar más de diez mil pasos al día se fue a tomar por culo y se cortó en ciento cincuenta y cuatro días.

    No tuve fatiga de vuelo alguna en Asia pero el regreso ha sido nefasto, pasé una semana malviviendo, teniendo sueño a las horas equivocadas y despertándome por la noche super-temprano, aún en plena noche.

    Seguro que recordaré nuevos datos y actualizaré esta anotación o haré una segunda con ellos.

  • La semana pasada en Distorsiones

    24 de junio de 2019

    Tras un micro-fin de semana en Málaga, he subido pa’rriba y me he topado los Países Bajos en plena ola horrorosa de calor, la primera de dos, con lo que los días que están por venir serán terribles y estaremos probando en nuestras carnes lo que nos espera en el infierno. Se me acabó todo el contenido que había escrito durante las vacaciones y durante la semana aparecieron los últimos episodios, que comenzaron con Buceando por el norte de la isla de Kapalai y tras esto llegó el gran día Buceando con tiburones martillo en Sipadán y al día siguiente fue la Segunda visita a Sipadan y el fin del buceo y el último capítulo fue El requete-larguísimo regreso a casa. Ahora que he terminado con la historia, el día que me ponga a procesar vídeos regresaremos para ver los peces y las cosas esas que hay debajo del agua y los vídeos de despegues y aterrizajes.

    • Playa del Nido
    • Vista general del Nido
    • Atardecer en la playa del Nido con Cadlao al fondo

    LLegamos al final de la serie sobre Coron y lo hicimos viendo el Albúm de fotos de Coron y desde ahí saltamos a el Nido, en la misma provincia filipina. La serie comienza con la Playa del Nido y sigue con una Vista general del Nido y nos quedamos con un Atardecer en la playa del Nido con Cadlao al fondo.

    • A dos metros de ti – Five Feet Apart
    • Salvar al soldado Ryan – Saving Private Ryan
    • Rocketman
    • Mascotas 2 – The Secret Life of Pets 2

    Fui a ver cuatro películas al Cine y comenté por aquí la misma cantidad, comenzando con el excelente drama romántico A dos metros de ti – Five Feet Apart, seguimos con el clásico de ayer, hoy y siempre Salvar al soldado Ryan – Saving Private Ryan, seguimos con el musical Rocketman y lo dejamos con Mascotas 2 – The Secret Life of Pets 2.

    En lo relativo a la comida, como estuve fuera de mi casa el fin de semana y un día en Amsterdam hay menos que de costumbre, aunque en el lado positivo, he añadido un par de fotos a la biblioteca de cosillas nuevas:

    • Quesadillas con carne de vaca
    • Mantecados de Gran Canaria
    • Guisantes con salchichas
    • Magdalenas del carajo, mi receta
    • Pannenkoeken
    • Pan de suero de mantequilla

    Y así transcurrió la semana.

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