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  • Mi segunda visita a la isla de Kakaban

    7 de junio de 2019

    Si hay algo que tengo claro es que mi sitio favorito de los que suelen ir en Scuba Junkie Sangalaki es la isla de Kakaban y particularmente las inmersiones en Barracuda Point. Esta mañana como siempre a las siete era el desayuno y los buenos días a todos y después a las ocho menos cuarto todos llevábamos a nuestro barco los plomos, trajes, botines, aletas, máscara, ordenadores de buceo y cámaras para otro día épico y legendario y otra vez, iba con los chiquillos canadienses, que nos hemos adoptado mutuamente y cuando los malayos no me acaparan, me estoy riendo con ellos, recién graduados como médicos y ahora dispuestos a empezar su especialidad en julio durante años y vamos a tener un cirujano de medicina interna, otro de alguna coña de los oídos o las entrañas del cabezón y el tercero uno de medicina general.

    Salimos exactamente a las ocho y llegamos a las nueve en punto y fuimos directamente a el muro de la meditación, que para mí es la peor de las que se hacen allí porque es mirar una pared vertical petada de algas y corales, petadas de peces y más peces pero chacho, yo soy de bichos grandes y si te digo la verdad, es que no me acuerdo ni de lo que vimos, pero medité un montón contando los minutos hasta la hora para salir e ir a donde yo quería ir.

    Primero paramos de nuevo para visitar el lago de las agua vivas y de nuevo lo vimos gratis y nos reímos y disfrutamos como bellacos nadando con esos adorables bichos. Cuando estábamos volviendo a nuestro barco comenzó un chaparrón brutal pero como ya estás mojado y el agua es a treinta grados, ni lo notas y como todo lo llevamos en bolsas a prueba de agua, pues ningún problema. Después de allí enfilamos a el punto de las Barracudas, mi inmersión favorita y que ya había hecho dos veces la primera vez que estuve allí y lo flipé en casi todos los colores. Ya yo le había dicho a los niños que aquello iba a ser el acabose y que no lo olvidarían nunca. Saltamos, bajamos a unos veintiseís metros de profundidad y de repente apareció el tiburón gris de arrecife, los tiburones de punta de aleta blanca enorme y nosotros nos agarramos al suelo como pudimos y aquello era una fiesta de tiburones enormes alrededor nuestro, una raya águila y nosotros flipando. En eso que mi Dive Master, que está cerca, me dice que vaya hacia él, agarrándome de unas lianas que crecen en el fondo y que son fortísimas y me pide la cámara y debajo de un coral a su lado hay dos tiburones de punta blanca bebés. Flipé y cuando volví a mi zona, vi que debajo de todos los corales estaba infectado de tiburones bebé. Aguantamos allí diecisiete minutos antes de tener que subir porque nos bebíamos el aire y además, nos acercábamos peligrosamente a la línea en la que es necesaria la descompresión. El resto de la inmersión fue en una pared, a unos diez metros de profundidad, viendo corales, algas y bancos de peces pequeños de todo tipo y justo al final también vi cuatro tortugas. Cuando salieron los chiquillos, no paraban de gritar y flipar y hasta nos tiramos todos al agua juntos y meamos todos allí mismo, en lugar del sistema cortés de mear de uno en uno. Yo ya había amenazado a mi Dive Master y le había dicho que queríamos repetir allí pero él tenía otros planes y quería una inmersión en algún otro lugar sin peces grandes y que dependía de lo que quisieran los otros. Está claro que ese no me conoce así que le expliqué a los chiquillos que las dos opciones eran repetir o ir a una mierda de sitio a ver peces pequeños y ellos por unanimidad pidieron regresar allí para la tercera. Antes de eso almorzamos y caminamos un poco por una playa de la isla.

    No tuvieron ni que rogarnos para que nos preparáramos, nos pusimos los trajes super-rápido y estábamos todos super-hiper-mega excitados. Nos lanzamos, bajamos y en el mismo lugar, de nuevo un festival de tiburones y nosotros alucinando y hasta hice un vídeo en el que se puede ver a todo el mundo y dos tiburones enormes como un truscolán obeso. Estuvimos allí dieciséis minutos y cuando nos íbamos vi unos peces enormes que creo que eran el Napoleón. Después subimos a la zona de la pared vertical para ver nudibranquios y cangrejos diminutos y cosillas así, que están bien pero no es lo mismo. Vi una tortuga en la zona y salimos a la hora. En el barco todos flipábamos y según volvimos apalabramos volver al siguiente día, así que mañana será más de lo mismo en mi penúltimo día buceando en Derawan.

    Por la noche, quedé para ir a cenar con los chiquillos y apalabré con los malayos que pidieran comida para nueve el día siguiente y cenaríamos todos juntos, que como ya he dicho, esta actividad crea fuertes vínculos entre la basca.

    El relato continúa en Cerrando el ciclo con una nueva visita a Sangalaki

  • La barrera de boyas en el lago Kayangan

    7 de junio de 2019

    Hay otro cambio fundamental en el lago Kayangan por culpa de los teutones que se mataron allí. Como el vigilante que controla que la gente use los chalecos salvavidas no puede ver todo el lago, han hecho una barrera con boyas y ahora solo se puede nadar en la parte más cercana al pantalán. La primera vez que fui allí nadé por todo el lago, que continúa al fondo a la izquierda y también por la derecha.

  • Rosi

    6 de junio de 2019

    En la última película de los Vengadores, Iron-Man dice que parte del viaje de los héroes, es su final, su muerte, frase que me gustó un montón porque de una forma o de otra, todos somos héroes y a todos nos llega el final. Esta mañana, a las seis menos cuarto, cuando me levanté, veía un par de mensajes en el que mi hermana y mi cuñado me informaban que el día anterior en Canarias, la noche para mí, falleció Rosi. He decidido parar el flujo incesante de episodios con el relato del viaje y empotrar este recordándola.

    Conocimos a Rosi en el camping de Tauro, ahora desaparecido, hace una purriada de años, cuando yo debía tener unos seis años. El camping Guantánamo era algo especial, en lugar de llevarse las caravanas, la gente las dejaba allí fijas y eran como segundas viviendas para el fin de semana y la de mis padres estaba cerca de la de Rosi, sobre todo cuando nos mudamos el camping Guantánamo II, el que era más nuevo y mucho más vacío. Allí, a fuerza de pasar fines de semana y hasta semanas de vacaciones todos juntos, acabamos por convertirnos en familia. Con Rosi, su hermana, maridos, mis padres y otra gente, bajábamos todos juntos a la playa, se organizaban fiestas en el camping, hacíamos asaderos y nos divertíamos. En mi caso, a los dos nos gustaba rellenar crucigramas y otros pasatiempos y pasábamos las horas en la playa con la revista QUIZ, haciéndolos, charlando, riéndonos. Cuando después de una década dejamos de ir al camping, continuó el trato, nunca perdimos el contacto y cuando emigré a los Países Bajos, una que siempre, siempre, siempre pasaba por casa de mis padres a verme cuando yo volvía a Gran Canaria era Rosi. Después de que murió mi padre, cuando mi madre vino a visitarme a Holanda, lo hizo con Rosi y su marido y en esas tres semanas que estuvieron por mi casa, fuimos a Londres y recorrimos Holanda, los cuatro juntos. Fue en ese viaje cuando ella comenzó a tener problemas y al volver fue al médico y finalmente le diagnosticaron un cáncer y aunque lo extirparon, desde entonces fue una lucha contra ese enemigo terrible. Con sesiones de radio y de quimio, la pobre no estaba para visitas y en alguna ocasión subí a su casa con mi madre y mi hermana y cuando parecía que estaba algo mejor, bajó a verme en una de mis visitas del año pasado y cenamos juntos, pero ya entonces, se le veía mal. Desde ahí, yo ya tenía claro que como a todos los héroes, su camino llegaba al punto y final, a ese momento en el que uno pasa a vivir en la memoria de aquellos que lo recuerdan. En navidades, todos pensábamos que el final era inminente pero de alguna manera y con dosis masivas de morfina contra el dolor, llegó hasta ayer, cuando finalmente su cuerpo dijo basta. Si hubiera estado en Holanda probablemente habría buscado la forma de saltar a Gran Canaria pero estoy en el otro lado del mundo, a más de diez mil kilómetros y con el buceo, tengo restricciones para volar, con lo que me tomaría días el llegar hasta las islas. Aún así, esta mañana la recordaba y sonreía con todos esos buenos momentos que compartimos y le deseo que allá adonde vaya, que le vaya lindo. Rosi, D.E.P.

  • Chalecos salvavidas obligatorios en el lago Kayangan

    6 de junio de 2019

    En algún momento del inicio del 2018 dos gilipollas teutones se mataron en el lago Kayangan, se ahogaron o asfixiaron cuando hacían inmersión libre borrachos y probablemente drogados. Por culpa de ellos, por ser extranjeros, se nos castigó a todos y ahora no es posible nadar en el lago sin chaleco salvavidas y al comenzar la subida hay un julay vigilante cuyo salario lo gana por mirar que cada persona sube con un chaleco y después hay otro julay en el lago que comprueba que todos lo estamos usando.

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