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  • Llegando a Scuba Junkie Sangalaki

    30 de mayo de 2019

    Ayer nos habíamos quedado en Balikpapan, con media transición hecha desde Scuba Junkie Komodo a Scuba Junkie Sangalaki. El día comenzó a la hora habitual y lo primero era ir al aeropuerto. Usando Grab conseguí coche por tres leuros para llevarme hasta el aeropuerto de Balikpapan y en unos quince minutos llegué. Relativo al hotel, es la primera vez en mi vida que voy a uno en el que prescinden del papel higiénico y pretenden que te laves el orto después del jiñote con un chorro de agua. Gracias a los dioses llevaba pañuelitos de papel porque por ahí sí que no paso.

    En el aeropuerto me saqué la tarjeta de embarque, pasé el control de inseguridad pero antes de eso vi una cafetería de una cadena Malaya que a mí me encanta, Old Town White Coffee, así que me encochiné con doble ración de tostadas con mantequilla de maní y kaya. Después del control tenía que esperar una hora y media así que aproveché el wifi del aeropuerto para descargar cosas, actualizar los programas y demás. También para solicitar que me devuelvan la guita por cobrarme dos veces en el billete del día anterior. El avión resultó ser un Bombardier CRJ1000, de unos cien asientos y con los motores detrás. El Ancestral tuvo nuevamente suerte y también hay vídeos, lo único que los asientos y las ventanas no estaban alineados y lo tuve que hacer mirando hacia atrás. El vuelo fue de cuarenta y cinco minutos hasta Berau, aunque al aeropuerto lo llaman de otra forma. Tenían una banda tocando música en vivo en la zona de recogida de equipaje, todo como muy fastuoso. En la puerta me esperaba el pavo que me iba a llevar hasta el mar en un viaje de dos horas y media, no tanto por la distancia sino por las carreteras, que por esta zona hay pocas y están en muy mal estado. Creo que me dormí la primera hora pero a fuerza de llevarme cocasos con los baches, me desperté. Al llegar al mar, fuimos al muelle, le pagué los treinta euros de taxi por dos horas y media de viaje y me llevaron en una falúa hasta Scuba Junkie Sangalaki, en un viaje que dura unos treinta minutos a todo meter.

    El lugar llevaba tres días sin clientes y hoy solo llegué yo, con lo que los tengo a todos para mí. Este club está construido en cabañas sobre el mar, es espectacular. Tiene ocho cabañas para clientes y una grande que es en donde está el comedor, las oficinas y el lugar en el que guardan el equipo. Vine llegando sobre la una de la tarde y el resto del día lo tenía para gandulear, dar la vuelta a la isla, que debe tener unos quinientos metros de largo y está habitada y hay un montón de pensiones a las que vienen mucho los indonesios de fin de semana. Al parecer la isla tiene un pozo de agua dulce y por eso está habitada. Después de darle la vuelta maté un par de horas charlando con los del club y ya después de las seis y media busqué un sitio donde cenar entre los contados restaurantes que están abiertos, ya que al estar orientado al turismo indonesio y estar en Ramadán, muchos están cerrados. Después de cenar volví a la habitación para descansar y prepararme para mi primera inmersión en la zona del día siguiente.

    El relato continúa en Buceando junto a la isla de Sangalaki

  • Rocas muy afiladas

    30 de mayo de 2019

    El relieve kárstico que vemos por Corón y alrededores es altamente fotogénico y fabuloso. Estas rocas son como cuchillos, están afiladas y no hay redaños para trepar por ahí porque acabas desollándote vivo. El agua con sus mareas se curra los bajos y hace estas plataformas tan chulas que supongo que en unos millones de años terminarán desmoronándose. Como siempre, allí donde se acumula un poco de tierra surge la vida.

  • Desde Scuba Junkie Komodo a Balikpapan

    29 de mayo de 2019

    Hoy llegamos a una de esas jornadas de transición que hay siempre en los viajes por Asia cuando cambias de escenario y que suelen costarte un día. En mi caso, esto es solo la primera parte de una operación logística de envergadura que comienza bajando al comedor y zona de descanso del complejo de Scuba Junkie en Komodo para despedirme de mi Dive Master y de los amiguitos que he hecho por allí. Antes de seguir, merece la pena reseñar un detalle de la noche anterior que sucedió después de escribir la entrada. Estaba yo tan feliz como una lombriz viendo un episodio de Allí Abajo cuando escucho un ruido fortísimo. En la habitación de al lado, una que hasta ese día habían ocupado una de las parejas australianas y en la que ahora había alguien más, una pava gritaba, porque eso no eran gemidos, mientras se la follaba su pavo. Por Dios, se enteraron hasta los de las otras dos habitaciones después de la mía. La tía sonaba o o un cerdo en el matadero.

    Volviendo al presente, después de despedirme de la gente, bajé a desayunar y les pasé una gran parte de los vídeos que hice durante los días de buceo y que ellos usarán en sus redes sociales. Después del desayuno, pagué lo que debía, que era poco ya que solo tomé tres cervezas radler y aacbé de meterlo todo en mi mochila. A las ocho todo el mundo salió a despedirnos y partimos hacia la isla de Rinca para visitar el Parque Nacional de Komodo y ver los dichosos dragones. El viaje fue de una hora, en parte por zonas que ya conozco porque he buceado junto a las islas. Al lllegar al parque, fuimos a la recepción, pagamos los más o menos veinte leuros que cuesta la visita y te llevan a ver un puñado de dragones de Komodo que estaban tomando el sol junto a la cocina y les haces fotos. Hay también monos, búfalos pequeños y otros animales que se comen los dragones, o que matan mordiéndoles y esperando a que las infecciones los acaben y depués los buscan y se los comen. La visita es un pelín decepcionante, lo único que hay es un puñado de lagartos junto a un edificio y después te dan un paseo en el que no ves ninguno. Tengo las fotos y eso, pero ahora entiendo por qué una china que ha estado en Komodo tres veces se queda en el barco esperando. Esto es para hacer y olvidar.

    Después seguimos la ruta de vuelta a Labuan Bajo y vinimos llegando al muelle a la una y mi avión salía a las tres menos veinte, así que pillé un taxi y me dejó en el aeropuerto en menos de diez minutos, saqué mi tarjeta de embarque y después pasé el control de inseguridad. En vuelos domésticos los líquidos son bienvenidos. En la terminal me encontré con la pareja española con la que había buceado, que se supone que iban en otro vuelo pero se lo cancelaron y acabaron en el mío. El avión nos llevaba a Jakarta y era de la aerolínea Batik Air, que en realidad pertenece a Lionair. El avión despegó en hora y nos dieron un almuerzo de verdad, eso sí, con la única opción de agua para beber. El vuelo tardó dos horas y cuando aterricé en Jakarta comenzó mi maratón. Me despedí de los españoles y salí escopeteado. Lo primero fue encontrar el tren que te lleva entre terminales, ya que estaba en la segunda y tenía que ir a la tercera. Después busqué un mostrador de Garuda para comentarles que me cobraron dos billetes y me explicaron como reclamar uno de ellos. Después facturé y saqué dinero antes de pasar el control de inseguridad, de nuevo con los líquidos dentro de la bolsa. Toda esta movida fue porque mi vuelo original era con Lionair pero lo cancelaron tres días antes, algo que en Indonesia pasa continuamente con los vuelos domésticos, se cancelan y como todas las aerolíneas pertenecen a dos grupos, meten a la gente en vuelos de otras de sus compañías y así llevan los aviones más llenos.

    El vuelo hacia Balikpapan con Garuda salió en hora y nos dieron cena. Duró una hora y cuarenta minutos y el Ancestral tiene suerte porque tuve ventana en ambos aviones. Aterrizamos sobre las diez de la noche, me instalé Grab en el móvil y así pedí un coche y me llevó al hotel por cuatro leuros. Fue una jornada de transición de catorce horas, saliendo de Scuba Junkie a las ocho de la mañana y llegando al hotel a las once menos cuarto. Aún me queda el segundo segmento de la aventura, que creo que me tomará cinco o seis horas.

    El relato continúa en Llegando a Scuba Junkie Sangalaki

  • La keli en uno de los lagos gemelos

    29 de mayo de 2019

    A la izquierda se puede ver un barquillo que está en la zona en donde atracan todos los barquillos y en donde nos lanzamos al agua para nadar en los lagos gemelos y cruzar por el hueco que hay en el itsmo y que conecta ambas partes. En este caso, lo interesante es la keli que está por allí cerca, pegada a esa roca enorme. En ninguna de mis dos visitas nos hemos acercado, así que debe ser la casa de algún pescador.

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