Los hermanos Coen han sido una de la constantes del cine de calidad en las últimas décadas, pero ya están chocheando o se han peleado entre ellos y ahora parece que cada uno hace sus propias pelis, en lugar de las colaboraciones que hicieron durante décadas. Lo que parece que estamos descubriendo es que igual se complementaban demasiado bien y sin el otro, son muy mediocres. La última película de Ethan Coen demuestra esta teoría. Se trata de Honey Don’t! y al parecer se estrena en España a principios de octubre con el mismo título o el alternativo truscoluña no es nación.
Una bollera julay va de aquí pa’llá sin ton ni son.
Una investigadora privada, que es tortillera, está investigando una serie de asesinatos y crímenes y todos parecen estar ligados a una iglesia de esas alternativas y mientras más investiga, más se complican las cosas, no solo para ella, también para su familia, que no tenemos ni puta idea de qué pintan en este fregao.
En ochenta y nueve minutos metieron como quince tramas secundarias super-hiper-mega importantes más la principal y al final, no tienes ni puta idea de lo que está sucediendo y la historia en sí, no existe. Parece ser más importante saber que la investigadora es lesbiana, que un poli la quiere curar de su lesbianismo y que hay un curilla de una secta rara que parece ser que es un criminal. Ella se mueve de un sitio a otro, sin parar y vamos cambiando de trama secundaria en trama secundaria y añadimos a la familia de ella, con su hermana y su sobrina, que resulta ser un poco pendona y al que el novio le da tundas o algo así. Esto es un desaguisado que no lleva a ningún sitio, no interesa y al final, parece que gana el bollerismo, que la pava se tropieza con otra lesbiana que además es asesina pero se la suda porque ella lo que quiere es restregar el coño con la otra, o algo así.
Terminantemente prohibida para los miembros del Clan de los Orcos y también la deberían evitar los sub-intelectuales con GafaPasta. Un fracaso de película.
La tercera visita a la filmoteca en el mes de agosto, que a falta de estrenos en los cines convencionales me veo abocado a ese entorno, llegó cargadita de granadas que me tiraron para dar y la peli de hoy fue la primera con explosivos. No tenía ni puta idea del tema, el cartel no me motiva porque me dan asco y odio los gatos y lo de que la haya escrito, dirigido y protagonizado la pava del cartel me hacía temer todo lo peor, siempre. La película se titula Sorry, Baby y que yo sepa, no tiene fecha de estreno en España, aunque sí título, que sería truscoluña no es nación.
Una julay es un masque que no veas.
Resulta que una pava que vive en un poblacho donde trabaja de becaria o algo así, denuncia que su tutor la violó o algo así pero el pavo se marchó de allí el día antes, no hay denuncia y a lo largo de los años, esta pava se vuelve más y más rara y sus amigos la tienen que sufrir y padecer sin subvención de gobierno corrupto suciolista, podemita o truscolano.
Esto está como contado en capítulos con tiempo entre ellos, a veces años, así que vamos dando saltos y viendo momentos irrelevantes de la vida de una tipa irrelevante y aburrida hasta provocarte arcadas. Casi que lo mejor habría sido ver como el profesor supuestamente la violó, que es lo único que no vemos, porque el resto de su vida, era para matar de aburrimiento y puedo confirmar y confirmo que me dormí en al menos dos ocasiones. No consiguen que la soplagaitas esa de pena, por mi, si la atropella una caravana de furgonetas y la dejan tirada en la carretera, me levanto aplaudiendo y le doy las gracias a los conductores. Todo alrededor de esta mujer es soso, no se sabe si odia a los hombres o no, no se sabe si realmente quiere tener una vida mejor y lo único que me quedó claro es que es una de esas personas que se revuelcan en su propio sufrimiento y lo disfrutan. Han pasado siete días y aunque parezca difícil de creer, ya no tengo ni puta idea de cómo acabó la película, mi cerebro ha optado por borrar esa experiencia traumática por completo.
Puede provocar la muerte de los miembros del Clan de los Orcos y dudo mucho que interese a los sub-intelectuales con GafaPasta visto que cuando la fui a ver, éramos tres en la filmoteca.
Aquí acaba los vídeos en Kandooma Thila durante el 2024 y gracias a Dios que dentro de exactamente treinta días estaré de vuelta allí para hacer muchos más. La imagen que acompaña el vídeo engaña un montón. Se ve un águila marina y lo es, pero era un bebé, chiquitita y preciosa. La música que acompaña este vídeo es la canción You’re That Spider Guy de la banda sonora de la película The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro – The Amazing Spider-Man 2.
Comenzamos con un tiburón gris cerca de mí y la corriente nos lleva, vamos sobre la thila. Después vemos un águila marina a la uqe nos acercamos, preciosa y que está disfrutando con la corriente. El siguiente encuentro fue con más tiburones grises y uno de ellos pasó muy cerca de mí. Seguimos avanzando y por delante había otros, de repente estaban todos por allí, en la zona de la estación de limpieza. También pasó un Napoleón grandísimo y por arriba, el águila marina seguía volando, pero resultó que era una pequeñita, el bebé, con una cola gigantesca. Allí lo teníamos todos. Fue una despedida gloriosa de Kandooma Thila.
Después de los traumáticos sucesos que narré en Los pinches estos amarillos, esta semana, por desgracia, teníamos a los dos amarillos del país del sol caguiente aún en Europa. Por suerte regresaba de sus tres semanas de vacaciones y lo hacía entrando directamente en una sala de reuniones con los dos inútiles esos y pasando el día con ellos. Me mandó un mensaje diciéndome que si quería y lo deseaba o anhelaba podía unirme a sus discusiones con ellos por videoconferencia, que mi Ángel de la Guarda al parecer sabía que esto podía suceder y sucedería y me había puesto una cita con el dentista para ese lunes a las doce de la mañana, lo que hacía literalmente imposible que me bajara a Bolduque a trabajar y de hacerlo, habría ido como mucho una hora y media o así. Atrincherado en mi keli, le respondí a mi jefe que ni de coña, que prefiero que me laven los güevos con el ácido que tenían los Aliens de sangre a tener que pasar por otro día de tortura con ellos y le deseé toditito lo mejor, siempre y le recomendé que los denunciara a los servicios de inmigración y se los quitara de encima de cualquier manera, algo que no hizo. Un par de horas más tarde, un colega gabacho me manda un mensaje preguntando por qué no estuve de corpore insepulto en la reunión y le expliqué que eso sería tropezar tres veces en la misma mielda. Por la tarde un colega neerlandés, mientras atendía otra de las reuniones, chateaba conmigo y me confirmaba que llevaban hora y media y aún no había pillado una sola palabra de las que berreaban los dos del país del sol caguiente.
El martes fui a la oficina y allí me encuentro a mi jefe que me pide por las bragas más sucias de Mafalda, que lo acompañe en una reunión de dos horas con ellos, la ultimísima y que no me pedía más nada en todo el mes si lo hacía. Yo había llegado a la oficina con un cargamento de Magdalenas del carajo en su versión del 2025, más sostenible y que tienen un corazón de mermelada de durazno casera baja en azúcar. Llevaba para regalarle al mexicano, al gabacho, a otro colega que me cae muy bien y tenía unas cuantas más para mi jefe y la escoria del país del sol caguiente. El segundo objetivo era que la rata-sucia-asquerosa y zarrapastrosa del joputa-terrorista-islámico que trabaja en mi equipo generara ácidos gástricos que le provoquen una úlcera sabiendo que estaba repartiendo comida gratis a destajo y a él no le doy ni un vaso de agua del retrete después del jiñote y antes de bajar la cisterna.
Lo que yo no sabía es que precisamente ese día era el cumpleaños de la unidad femenina amarilla. Mis magdalenas, que llevo produciendo en cantidades considerables desde el año 2004, son épicas y legendarias y los amarillos fliparon. Fui super-hiper-mega equipado de tecnología a la reunión, con el portátil, el telefonino de la empresa y el mío, porque ya me barruntaba que tarde o temprano, mi jefe me pediría que fuera yo el que compartiera pantalla y en ese momento, no podría hacer nada con mi ordenador. Las dos horas fueron de pesadilla y lo peor es que cuando pasaron, mi jefe seguía repitiéndoles lo mismo una y otra vez y yo recordándoles que se acabaría la comida en la cantina si no se apuraban y corrían a comer. Yo hui y me fui a caminar y para cuando volví, mi jefe me informó, con todo el dolor de su alma, que se los llevaba al otro edificio de Bolduque para que lo visitaran y me invitó a unirme a ellos, aunque cuando vio la mirada que le eché, dedujo que estaba a milímetros de que le arreara un tremendo guantazo con la mano abierta y lo dejo sin dientes. También le expliqué el tren que deberían pillar para ir al aeropuerto sin tener que hacer cambios y le recomendé encarecidamente que los dejara en la estación una hora antes y que procediera a denunciarlos en la comisaría más cercana.
Por la tarde, cuando tomaba el cafelito con colegas de la fábrica, me informaron que el espectáculo del almuerzo fue espeluznante, que aquellos dos no dejaban de hacerse carantoñas y picoteaban del plato del otro, con lo que los rumores sobre los eventos carnales entre esos dos son ahora una realidad que quizás yo he incentivado, que a mí me parece muy raro que cuando ella descubrió los mosquitos en su habitación del hotel, el otro fuera a la misma habitación a matarlos, hay algo que no cuadra en esa historia y si lo combinas con las escenas románticas en la cantina, tenemos una teoría que prácticamente es una verdad confirmada y reconfirmada.
Ya dije que los que fueron a cenar con ellos el jueves anterior definían el evento social como una pesadilla, un castigo divino o una maldición truscolana y mi jefe, que los llevó el lunes, me dijo que no le deseaba algo así, ni al deshonorable president que viaja en portabultos, que fue con los otros dos y nadie más y estuvo dos horas sin poder comunicarse con ellos y que a la hora de pagar fue un drama, porque él los invitó pero ellos no lo entendían y querían pagar sus partes por separado y se pasó media hora en el restaurante explicándoles que la transacción económica ya había sido realizada y que se fueran a tomar por culo cuesta abajo y sin frenos.
Por la tarde un colega me mandó un mensaje avisándome que mi jefe desechó a los amarillos del país del sol caguiente en la estación una hora antes de lo esperado, con lo que parece ser que escuchó mi consejo.
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