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  • ¿Podrás perdonarme algún día? – Can You Ever Forgive Me?

    23 de febrero de 2019

    Este año las películas nominadas a los Oscars me la han traído bastante al fresco y más bien han sido decepciones y mirando las listas de nominados, para mi este es uno de los peores años que recuerdo. Como la ceremonia será mañana por la noche, decidí darme un empacho en Amsterdam con algunos títulos nominados que solo están poniendo en la filmoteca e imagino que comentaré esas películas durante el fin de semana. Una de ellas fue
    Can You Ever Forgive Me?, la cual se ha estrenado este mismito fin de semana en España con el título de ¿Podrás perdonarme algún día? pregunta a la que yo, si me la hace un truscolán, respondería que jamás de los jamases mientras lo degollaba, pero es que yo soy así de fantástico.

    Una julay bollera y amargada descubre que lo que se le da bien de verdad es el fraude

    Una escritora de biografías de famosos alcohólica y pendenciera se queda sin trabajo y las está pasando putas cuando descubre que puede ganar dinero vendiendo cartas supuestamente escritas por famosos ya muertos. Se pone manos a la obra y la cosa se le da bien, tan bien que acaba por llamar la atención. En sus fechorías la ayuda otro alcohólico, un mariquita camello con el que se reparte la tarea de vender sus cartas. Al final todo se le torcerá o algo así.

    Como con todas las historias más increíbles, esta está basada en hechos reales y al parecer la chama existió y lo que hizo fue real. La película entretiene y está muy bien contada. Melissa McCarthy está fantástica como la tipa esa con mala hostia y que solo parece querer a su gato que no tiene ningún problema en escribir falsas cartas y que termina creando auténticas obras de arte, algunas tan buenas que incluso después de que se descubrió todo seguían vendiéndose y se consideraban auténticas pese a no serlo. Su compinche en las fechorías es Richard E. Grant y también tengo que decir que para toda la mediocridad que he visto en las películas nominadas este año, este hombre lo hace muy bien. La película entretiene y no se hace pesada.

    Esto no es cine para los miembros del Clan de los Orcos, incapaces de soportar a dos personas hablando todo el tiempo y sin efectos especiales. Esto es más bien el tipo de cine que gusta a los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • Feliz día de tu muerte 2 – Happy Death Day 2U

    23 de febrero de 2019

    Mira que me tripito y cuatripito una y otra vez que hay que ser un poquito más selectivo y leer el SantoLibro que lo contiene todo y que no es otro que el mejor blog sin premios en castellano y ver lo que su aclamado autor dijo en su día cuando quieres ir a ver una segunda, tercera o decimoséptima parte. Pues nada, que me da el gandulismo y no lo hago, sobre todo si en ningún lugar del póster aparece una mención del soplapenes de Tolkien o de su lacayo Jackson y así terminé yendo a ver una segunda parte de algo llamado Feliz día de tu muerte – Happy Death Day que en su día me pareció un paquete. La nueva se titula Happy Death Day 2U y llegó a España la semana pasada con el título de Feliz día de tu muerte 2.

    La julay de la primera vuelve a montar un pitote espacio-temporal con tal de lamerle las arriolas al chamo que quiere que se la empete

    Después de sobrevivir al día de su muerte en la primera, resulta que el amigo indio de su novio, que tiene pinta de terrorista musulmán-de-mielda, provoca una especie de anomalía en el espacio y el tiempo y acaban de nuevo en un lazo temporal con la pava de nuevo teniendo que morir cada día hasta que resuelva el nuevo pitote y consiga que el pollardón del pseudo-científico resuelva la ecuación y solucione la anomalía. Entre medias, hay un nuevo asesino en el lugar y cuando no lo hay, ella es super amañada y se mata a ella misma o así.

    Igual es porque ya estaba preparado después de la primera parte pero esta vez la película me pareció un pelín mejor. Eso sí, quien crea que por el título es una película de terror, le pido un poquito de porfavor y que se fume un canuto de polvos de pimienta para ver si su cerebro reacciona porque esto no cae en ese género ni de coña. La película tiene a la misma pandilla de jóvenes talluditos que por supuesto, han envejecido un pelín y si antes era difícil creer que estaban estudiando, pues ahora lo es un poco más teniendo en cuenta que han vuelto casi al mismo día de la primera película. Decir que los actores actuaban es estirar el concepto de esa profesión demasiado, lo podemos dejar en que cogieron la pasta y salieron por patas. La película tiene el mismo problema que la anterior, que a veces de repetir la misma escena con ligeras variaciones una y otra vez, el productor igual se ahorra una pasta en presupuesto pero nosotros los espectadores nos aburrimos. Si a eso le unimos que tiene un nuevo final tonto, mucho me temo que nos torturarán con una tercera parte y yo volveré a tropezar en el tema.

    Esto es cine estúpido pensado para los miembros del Clan de los Orcos pero con lo que valen las entradas de cine hoy en día, mejor usan esa pasta para comprarse tabaco, unos porrillos o llevarse a la hembra a comer un menú infantil en su restaurante de comida rápida y que después y en sincero agradecimiento ella se la coma hasta los pelos de los güevos. Esto no es cine para los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • El de las escaleras

    22 de febrero de 2019

    A la hora de ir y volver al trabajo, somos animales más bien rutinarios, salimos a unas horas más o menos fijas y así, nos cruzamos con gente, si no eres culocochista como Genín y Virtuditas y usas el transporte público con unos y otras que acaban resultándote conocidos. Se puede dar que termines saludándolos cuando los ves, reconoces su presencia porque han entrado a formar parte de tu rutina diaria. En mi caso, como suelo ir y regresar a la misma hora, tengo mis dos momentos en el que muchos nos conocemos y hasta sabemos el lugar en el que les gusta sentarse a los otros dentro del tren, ese sitio en el que día tras día los ves.

    Un ode esos julays que te tropiezas con mucha frecuencia suele ir en el tren en el que yo regreso a Utrecht por la tarde. Es un chaval joven y de apariencia normal, sin ninguna característica que lo haga destacar particularmente. Es rubio, como casi todo el mundo por aquí, probablemente tenga los ojos azules o verdes, como casi todo el mundo por aquí y no creo que tenga más de veinte años. Viéndolo en el tren es una persona más, no hay nada raro. Yo suelo sentarme en la zona cercana a la segunda puerta de salida contando desde la parte delantera y a ese chamo le mola ir un poco más adelante, cerca de la primera puerta. Para mí, no me compensa esa zona porque se suele llenar con la gente que avanza por el tren porque al llegar a Utrecht, nuestro tren siempre lo hace en uno de los andenes que no continúan hacia el sur y si estás por delante, estás más cerca de las escaleras de acceso a la estación o del túnel sur para ir a los otros andenes. Yo acabo siendo el que está junto a la puerta, abro la segunda y para cuando paso a los que salen por la primera, suelen ser cuatro o cinco y con algo de propulsión extra, tirándome un peíllo o dos, los dejo atrás. Por eso, por ir en la vanguardia del grupo que conmuta a otros trenes, nunca me había fijado en este chamo al salir. Un día de la semana pasada, me puse más atrás en el tren y al avanzar, iba sin prisa porque ya sabía que mi el tren que sale cinco minutos más tarde lo habían cancelado y el siguiente era un cuarto de hora más tarde con lo que no tenía prisa.

    Cuando llegué a las escaleras para bajar al túnel, veo al chamo, agarrado a la barandilla con ambas manos y bajando los escalones de uno en uno y con muchísimo cuidado, como si fuera el tatarabuelo de mi bisabuelo y tuviese miedo de caerse y romperse un hueso. El colega era un espectáculo bajando las escaleras e inmediatamente, mi cerebro, que está incorrupto pero es definitivamente putrefacto, lo calificó como mariquita del coño, aunque hubo un proceso mental que lo quiso catalogar minusválido pero lo aborté porque ahora eso no lo podemos decir con el buenismo y lo de persona con discapacidad a mí me suena a lerdo, totorota, subnormal y truscolán, todo arrejuntado en un único cuerpo. Al llegar al final de la escalera, el chamo se recompuso, sus chacras se resintonizaron con el universo y comenzó a correr normalmente para ir hacia su andén de destino y cuando lo alcanzó y comenzó a subir, volvió a comenzar el espectáculo de subida como si fuera una muñeca con pilas seguramente alcalinas andando.

    Ahora cuando lo veo, sentadito en el tren, no puedo dejar de pensar que visto lo visto, lo mejor es mantener la distancia con él porque es rarito, que una persona joven que sube y baja escaleras así tiene que tener algún secreto oculto y tarde o temprano se descubrirá y todos nos llevaremos las manos a la cabeza asombrados y juraremos por las bragas más sucias de Mafalda que de ninguna manera nos lo podíamos imaginar. Yo estaré mintiendo porque sí que me puedo imaginar, en base a esa única ocasión en la que fui testigo de esa manera tan rara de bajar y subir escaleras, que hay algo malvado y rastrero en su interior y que esperemos que sea más tarde que temprano cuando salga a la superficie.

  • El palacio de Schönbrunn visto desde lo alto de la fuente de Neptuno

    22 de febrero de 2019

    Antes de dejar el lugar, una última foto del palacio de Schönbrunn visto desde la fuente de Neptuno. Al estar en una posición elevada se pueden apreciar mejor los jardines frente al palacio y su bonito diseño. Como parque de la ciudad, el lugar es fabuloso para darte un garbeo el sábado o el domingo y apartar a las bestezuelas de sus teléfonos, tabletas y consolas.

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