Desde hoy y durante las próximas dos semanas por fin tenemos invierno o una versión ligera, ya que las temperaturas nunca superarán los cinco grados pero también parece que nunca descenderá más de los cinco grados bajo cero, con lo que nos vamos a mover entre esas dos bandas y en muchos días, la diferencia de temperatura entre el día y la noche será de un par de grados. Parece que tampoco habrá lluvia o nieve con lo que si no hay viento, es posible que se empiece a formar hielo y podamos patinar en los canales, actividad que todos por aquí disfrutamos con pasión. Este fin de semana buscaré los patines y los limpiaré y engrasaré para tenerlos preparados y si puedo, afilaré las cuchillas, que siempre te lanzas al hielo con la ilusión tan grande de que se te cruce un truscolán o un joputa-terrorista-musulmán-de-mielda y les puedes hacer unos ajustes estéticos increíbles. El punto en el que teóricamente el hielo ya es lo suficientemente grueso para que podamos patinar por ahora lo han puesto en el viernes de la semana que viene y ya he recibido un montón de mensajes de los colegas para ir a patinar y los he tenido que disgustar porque ese fin de semana a mi me pillará yendo a Málaga, en donde no es que vaya a haber una temperatura playera pero sí que no habrá hielo y nieve.
Ayer teníamos el día de transición e incluso activaron una alerta amarilla para la noche por lluvia, hielo y aguanieve. Yo fui por la tarde al cine, sobre las siete y al salir de la película mi bicicleta estaba cubierta de aguanieve. Regresé a casa con exquisito cuidado, ya que con el suelo mojado no ponen sal y durante la noche dejó de llover y la temperatura cayó sobre los cuatro grados bajo cero en mi jardín. Por la mañana al salir, llego a la puerta trasera del jardín y el fechillo se había congelado por culpa del agua que recibió por la noche justo antes del descenso de la temperatura. Me vi a las seis y media de la mañana soplando el fechillo como si tuviese algún tipo realmente raro de perversión. Cuando se abrió, salí escopeteado para no perder el tren pero toda esa velocidad que cogía en las rectas la perdía en las curvas ya que por si acaso las hacía lentamente y al estar las calles desiertas, no tenía una referencia visual de otros ciclistas para saber si hay hielo. Al llegar a Hilversum, el candado de la bicicleta en la estación se había quedado con el orificio para la llave hacia arriba y le entró agua, se congeló y me tomó cinco minutos de soplidos a destajo para descongelar toda esa agua y poder abrirlo. Lo subí conmigo a la oficina, lo he limpiado, le he sacado toda el agua y le he puesto vaselina, que parece ser que ayuda y evita la congelación. Ya veremos como está el lunes por la mañana cuando llegue al trabajo.
Y ahora que puede haber hielo creo que ha llegado el momento de cambiar la cubierta de una de las ruedas de mi bicicleta que está tan gastada que ya se puede ver el dibujo que le ponen con otro color para avisarte. La había comprado desde hace una semana pero lo de soltar la rueda trasera, quitarla y cambiarla me da una pereza terrible porque es una operación que toma tiempo. Me temo que lo haré mañana por la mañana y con el frío que hay, la meteré en mi casa y lo hago en la cocina, que es preferible limpiar el piso que pasar una hora fatal a temperaturas bajo cero y sin poder usar guantes.


