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  • Fin de semana en Oporto

    22 de noviembre de 2018

    El fin de semana pasado estuve en Oporto y como siempre, hoy tenemos el resumen de lo que allí aconteció aunque por circunstancias tecnológicas de la vida, creo que la cantidad de fotos será mucho menor. Compré mi billete en una oferta de esas de rescándalo de Ryanair, con mi prioridad y todo y creo que un ida y vuelta por poco más de cincuenta leuros. Volaba desde Eindhoven sobre las dos de la tarde del viernes, así que me levanté cinco horas antes de la hora Virtuditas y trabajé media jornada antes de salir por patas para el aeropuerto, actividad que me llevó a usar primero la bicicleta hasta la estación de Utrecht Centraal, después el tren hasta Eindhoven y allí la guagua hasta el aeropuerto. Pasé el control de inseguridad con la única incidencia de olvidar sacar la cámara de la bolsa, algo que siempre en ese aeropuerto es un drama, aunque en el resto no parece preocuparles y me dediqué a esperar la salida del avión. Por suerte y pese a facturar ocho horas antes del vuelo, me pusieron en asiento de pasillo y con eso me ahorraban la obligación de hacer el vídeo para tú-sabes-quien. El avión llegó en hora y salimos más o menos a la hora prevista. Al llegar a Oportobusqué la parada del metro que hay en el mismo y me sorprendió porque el metro es más bien un tranvía y de hecho, cuando íbamos hacia el centro, se pasa más tiempo por calles normales que por debajo de la tierra. En cualquier caso, te permite llegar al centro de la ciudad en poco más de media hora. Esta vez elegí la plataforma esa para alquilar kelis y habitaciones y me pillé una keli de un dormitorio al lado del Palácio da Bolsa. El dueño me estaba esperando me dio las explicaciones pertinentes y me lancé a la calle a patear, que no quiero ser obeso como los comentaristas.

    Lo primero fue ir a una tienda que me recomendó y comprar dos kilos de castañas frescas y quesos, productos que traje a la casa de vuelta. Después me fui a pasear, hacer fotos de la parte de la ciudad que está junto al río Duero y del puente Luiz I. La temperatura era perfecta. Cené bacalao y algunas tapas en un restaurante llamado Ernesto, que personalmente, creo que está sobrevalorado. La comida estaba bien pero el servicio es malo y el dueño está sentado en una mesa dando la vara todo el tiempo y hablando a grito pelado con el teléfono. Después de eso seguí paseando por la ciudad de noche antes de volver a la keli para meterme en el catre temprano porque el día siguiente era complicado.

    Fui callejeando a la Torre dos Clérigos, la cual podéis ver en la foto anterior y decir que hasta nuevo aviso, en estas anotaciones pienso imponer un límite de tres fotos por anotación, aunque estoy desarrollando un sofisticado sistema para crear un cutre-y-rápido vídeo con todas las que hago con el telefonino y las pongo al final. Por lo pronto, nos quedamos que estamos en la zona de Clérigos pero aún no entro, aprovecho para ir a la Leitaria da Quinta do Paço para comer sus famosos Eclairs y fui el primer cliente del día. Aproveché para visitar pero solo por fuera la Igreja do Carmo y la Igreja dos Carmelitas Descalços que están pegadas y en donde al parece por dentro está la casa del cura, pero hay que pagar para verla y yo no estaba por la labor. Sí que me gustó la Fonte dos Leões y finalmente, regresé a la Torre dos Clérigos y pagué para subir y al mismo tiempo, ver la iglesia desde otras perspectiva. No éramos muchos a esa hora y la visita es muy agradable y las vistas desde arriba de la ciudad son espectaculares. Cuando me aburrí de hacer fotos desde allí, bajé y como me compré un billete combinado regresé hasta la zona de mi keli para ir al Palácio da Bolsa. La visita es guiada y la siguiente era en inglés, que es lo mejor de tener una lengua cuatrífida, que me da igual ir con el grupo en español, inglés, italiano u holandés. El edificio, la sede de la cámara de comercio de Oporto, es espectacular y realmente merecía la visita. Al salir y justo al lado está la Igreja Monumento de São Francisco, espectacular gracias a todo el oro que se expolió en América. Para verla hay que pagar y ver el edificio de al lado, el Museu da Ordem de São Francisco que no tiene tanto interés salvo por el sótano con el cementerio incluído y esas preciosas vistas de huesos y cráneos. En la iglesia no me dejaron hacer fotos. En la misma zona vi el Jardim do Infante Dom Henrique y detrás de este el Mercado Ferreira Borges que ahora es un sitio de tapeo y copas. Este es un buen punto para comentar que la vez anterior que pasé por la ciudad, estaba en franca decadencia, los edificios se caían, predominaban las ruinas y todo tenía pinta de paisaje post-guerra. Ahora la ciudad es una maravilla, tdoso está restaurado y hay una vidorra que no veas. La culpa la tiene el turismo, que llegó en masas y ha relanzado la ciudad y en la cámara de comercio nos confirmaron que ahora Oporto hace más dinero con el turismo que con el vino Porto, que era la principal fuente de dinero de la región.

    Desde allí fui al MMIPO – Museu da Misericórdia do Porto, el cual estaba también incluido en el billete combinado que compré y que más que por el museo, quería visitarlo porque es la única manera de entrar a noveleriar en la Igreja da Misericórdia, preciosa por dentro. El museo y la iglesia están en la Rua das Flores, peatonal y una calle preciosa que te lleva hasta São Bento, en donde hay parada de metro y también una preciosa estación de tren con unos azulejos azules espectaculares.

    Ya era la hora de almorzar y me acerqué al Café Santiago F, famoso por su Francesinha, me comí una y acabé emboliado. Llegué cuando solo llevaba abierto unos veinte minutos y pillé sitio en la barra y creo que fui el último en entrar antes de que comenzara la cola en la calle.

    Cuando salí, fui a ver la Igreja Paroquial de Santo Ildefonso, petadísima de azulejos en su fachada, unos once mil. En las escalinatas había una pacharcona sentada con el teléfono y fumando y un holandés, mi héroe del día, se acercó y le dijo si se podía ir al quinto o sexto coño para que la gente hiciera fotos sin que nos saliera aquella Orca en las mismas. El tipo fue tan rudo y directo y persistente que consiguió echarla y todos hicimos nuestras fotos, aunque la que muestro es desde el lateral porque al final esta me gustó más.

    Mira por donde, iba a continuar el relato pero esto se está alargando mucho así que me desdigo, lo dejamos con dos fotos y ya tengo contenido para mañana.

  • Playa en la isla de Daco

    22 de noviembre de 2018

    Hoy tenemos otra foto tomada en la playa de ayer pero mirando en dirección opuesta. Aquí sí que se pueden ver bien las jaimas que hay para alquilar y así comer a la sombra y en una mesa. El precio del alquiler era ridículo, creo que un leuro o así. Al fondo se puede ver la multitud de ese día, creo que en total eran tres barquillos y seguramente algunos de los que aparecen en la foto son la familia filipina que fue conmigo. Ya comenté que llevaron el almuerzo, que alguien trajo a nuestro complejo a las ocho de la mañana desde General Luna. En el grupo iba la abuela, una viejilla que tenía pinta de haber hecho la comunión antes que Ramsés I y que era super-simpática y había vivido de todo. La viejilla se negó a comer lo que trajeron porque decía que los animales llevaban muertos ya seis horas (mataron los pollos a las seis de la mañana y los cocinaron y nos los comíamos a las doce). Al final el hijo encontró a un pescador que le vendió un par de pescados frescos que también le cocinó en una barbacoa y la ancestral almorzó eso y nosotros nos encochinamos con el pollo, que estaba riquísimo. Una cosa que siempre llama la atención en las Filipinas cuando sales de la gran ciudad (Manila), no tienen mucha fe en los congeladores porque se va la luz con frecuencia y los animales mueren prácticamente en el lugar en el que los cocinan. En un montón de sitios en los que estuve, los ves entrar un cochino atado a la cocina a las cinco de la tarde, oyes al bicho cuando le dan el finiquito y un rato más tarde te comunican que los platos del menú con carne de cochino ya están disponibles. Los pollos directamente están en algún patio trasero y les van dando el finiquito según la demanda del día.

  • Un nuevo par de gemelos

    21 de noviembre de 2018

    Los gemelos son los dos discos duros externos en los que mantengo las casi cien mil fotos digitales que tengo, dos discos de contenido idéntico y que salvo por el momento de la sincronización, están siempre en dos ubicaciones geográficas distintas para asegurar la supervivencia de uno de ellos en caso de robo o incendio o lo que sea. Los gemelos actuales los compré hace la tira de años y tienen cada uno una capacidad de 1,5 TB y ya no les queda espacio para nuevas fotos, así que esta semana y aprovechando el frenesí de las ofertas por el viernes este que es igual que los demás pero las tiendas lo hacen parecer especial, ayer compré dos nuevos en la tienda esa con nombre brasileño. Increíble lo que se puede ahorrar cuando los mercaderes se lo proponen, compré los dos nuevos discos duros internos con el doble de capacidad y una especie de estación de acoplado en la que los puedo conectar y así sincronizarlos y me ahorré una pasta gansa. A la hora de mirar el espacio que necesito, he llegado a la conclusión de que ya no hago tantas fotos como antes, ya no tengo el frenesí de volver a casa con al menos dos mil fotos nuevas y me da la impresión que cada vez haré menos, que ahora me lo pienso mucho más y como el telefonino cada vez tiene una cámara mejor, muchas veces hago fotos por ahí y con eso me basta. Lo que sí que no guardo y no hay una explicación lógica, son los vídeos. Incluso los que hago cuando buceo, los edito, los pongo en el llutuve y los borro, no me quedo con los originales. Supongo que mi para-sicólogo me puede leer los pozos del café y encuentra una explicación, sobre todo porque es médium y argentino, que son los mejores, pero tampoco es algo que me preocupe.

    Con los viejos, creo que dejaré uno de ellos congelado en el tiempo, con lo que hay dentro y el otro lo reconvertiré para todas esas cosas que almacenamos en el disco duro y que tarde o temprano desechamos. Y mientras tanto, en aquel lugar en el que guardaba la copia en la nube comienza a descender la cantidad de fotos, hoy han desaparecido unas tres mil de allí, álbumes que solo estaban disponibles para familia y amigos y que ahora llegarán algún día a mi cuenta de GooglEvil fotos, a la que estoy re-subiéndolo todo año por año y ayer llegué al 2008, aunque cada vez toma más tiempo y solo ese año costó unas seis horas continuas y eso que en la actualidad creo que tengo unos catorce megas de subida o esa fue la velocidad que vi la semana pasada cuando se me ocurrió husmear el router y descubrí que en bajada ya tengo ochenta y cuatro megas y eso que yo juraría que cuando firmé el contrato, pillé el de 20 megas, pero cada vez que me han subido el precio dos leuros me han ido añadiendo velocidad y ahora es un rescándalo, tanta, que ya me da miedo navegar por Internet sin el cinturón de inseguridad porque el día que me estampe, a esas velocidades bárbaras seguro que no sobrevivo.

  • Playa de arena blanca en la isla de Daku

    21 de noviembre de 2018

    Llegamos a la isla de Daku, la más grande de las tres que visité saltando de isla en isla junto a una familia filipina y en ella nos encontramos una épica playa de arena blanca que como en ocasiones anteriores, estaba tan llena de gente que se te quitan las ganas de bañarte en ese agua maravillosa o tomar el sol en esa arena espléndida. En la zona en la que comienza la vegetación hay unos chiringuitos que se pueden alquilar y en los que puedes hacer el picnic, como nosotros, que llegamos allí con un cargamento espectacular de comida preparada en el pueblo.

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