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  • Searching

    1 de septiembre de 2018

    El estreno sorpresa de hace un par de semanas fue una especie de thriller cuyo trailer me dejaba siempre descolocado, pinta demasiado bien para ser cierto y con la cantidad de información con la que te bombardean en dos minutos, siempre tenía la sensación de que estaban mostrando muy poco de lo que en realidad sucedía y eso me hacía temer todo lo peor, como siempre. La película se titula Searching y se estrena en España al final de septiembre con el mismo título pese a la obvia traducción de este gerundio al español, que es truscoluña no es nación

    Un julay kabezudo-koreano pierde a su hija y aunque el piense que es puta, resulta que no, que es más bien rarita y kabezuda

    Un julay charla con su hija por teléfono y así como si dijéramos, la hija desaparece del universo conocido. Cuando por fin se comienza la búsqueda, el chamo está desesperado y ve como la policía son unos güevones, así que abre el portátil de la hija, por su puesto desentraña su contraseña usando tretas sucias y a partir de ahí, le cambia todas las contraseñas, toma control de sus redes sociales y comienza a investigar qué coño le pasó a la pelleja para que haya desaparecido. Lo ayuda una policía que no se sabe muy bien si le quiere poner la pierna encima para que no levante cabeza y además le coma el chichi o algo parecido.

    Esta es una película comercial que camina una fina línea ya que somete a los espectadores a un esfuerzo adicional. Gran parte de la historia no la vemos actuada en la manera convencional, la vemos en los mensajes que escriben, en sus fotos publicadas, en los vídeos que suben a la red o en los vídeos de las cadenas de televisión que usan el secuestro para llenar minutos. En ese sentido es muy original, nos muestra que hoy en día, en el año 2018, ya no somos julays simples y sencillos, somos la suma de todos nuestros rastros digitales. Esto lo han manejado de manera soberbia, salvo por la chorrada de como averigua el padre la contraseña de la hija, aunque es una chorrada creíble. Por lo demás es una de esas películas en las que hay un giro dramático y transcendental cada pocos minutos y todos, todos, todos, son tarde o temprano sospechosos y la cosa va a tanto que en un momento determinado estuve por gritar «ha sido el acomodador» y seguro que el resto del cine se lo cree. En ese frenesí por encontrar un culpable y resolver el misterio, todos los que salen en pantalla tienen sus segundos de gloria. Si llegas a aparecer, eres sospechoso en primerísimo grado. La tensión está bien llevada y como la película no pasa de los cien minutos, no hay tiempo para aburrirse. El final me pareció un poquito exagerado pero bueno, se perdona. El protagonista es el actor John Cho, que lo hace bien, aunque en los primeros planos se chupaba toda la pantalla y la de las dos salas de los lados porque es kabezudo que no veas, en esa testa entra un piojo y se muere convencido que ha descubierto un nuevo continente.

    No es el tipo de historia que mole a los miembros del Clan de los Orcos aunque sí que puede gustar a los menos exigentes de entre los sub-intelectuales con GafaPasta. Entretiene, intriga y sirve para matar el rato. Con tanto uso de redes sociales, se puede esperar y verla directamente en la tele ya que hay plenitud de ocasiones en las que lo que se ve en la pantalla del cine no tiene la mejor de las resoluciones.

  • Book Club

    1 de septiembre de 2018

    Los trailers son armas de doble filo. Pueden hundir una película y después resulta que es buena, aunque esto sucede raramente, o pueden elevar las expectativas de otra y cuando la vas a ver, resulta que la sopladera estaba medio vacía, que es el caso de la película que voy a comentar hoy y que cuando veías el trailer, tenía pinta de una comedia épica con la que te ibas a dejar los pulmones de tanto reír. No fue así. Se titula Book Club y llega a España a mediados de septiembre con el mismo título porque les dio pereza traducirlo al español y poner el truscoluña no es nación.

    Cuatro julays pellejas con calenturas buscan a alguien que se meta con su kú-kú

    Cuatro ancestrales y que están ya viendo a San Pedro de lejos en las puertas del cielo se juntan una vez al mes para comentar el libro que leen y cuando comienzan con ese pedazo de mierda literaria que es el de las cincuentas polladas del Gris, la frigidez habitual se les descompone y les entran calenturas. Una recupera un viejo amor, otra se mete en una especie de Tinder para viejunos para encontrar macho, otra se tropieza con un macho en el avión y después quiere que la ensalchiche y la cuarta está casada pero el marido cuando ve que está desquiciada, la evita como español a truscoluña. De aquí hasta el final feliz, una hora y tres cuartos.

    En principio esto era una comedia bestial, sobre todo en base al trailer solo que resulta que el trailer ya contiene los mejores momentos y lo que no vemos en el mismo es el tedio, el drama y los masques. Lo único bueno es que ya sabía a ciencia cierta en qué momentos me iba a reír. La película, pese a tener a cuatro actrices con renombre pasado, no destaca particularmente por la actuación de ninguna de ellas. Todas parecen estar haciendo el mismo papel que ya han hecho en varias ocasiones anteriores de hembras de mediana edad y ninguna arriesgó nada. Probablemente la que mejor lo hizo fue Mary Steenburgen y aún así, no la recordaré por esta película. Entre los chamos, que también son todos famosos de tiempos pasados que definitivamente fueron mejores para todos, me quedo con Richard Dreyfuss pese a que su papel fue corto. Y a propósito, que la próxima vez que quieran poner a mujeres de mediana edad, a ver si afinan un poquito más que todas las protagonistas alvo la mentada tienen setenta y pico tacos y la que yo mencioné, sesenta y algo, que aquí todo el mundo ya cobraba la pensión.

    Esto no es cine para los miembros del Clan de los Orcos. Simplemente, es flojilla y más bien algo para la tele. Tampoco es una película para los sub-intelectuales con GafaPasta. Mejor a esperar que la den por la tele.

  • El día que buceamos en las islas Similan, Koh Bon y Koh Tachai

    31 de agosto de 2018

    En realidad si quieres leer esta serie desde el comienzo, tendrás que saltar a Regresando al viaje a Asia para ver las fotos y avanzar desde allí y por si la cosa no es complicada, esta saga de fotos y vídeos está relacionada con el relato que comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur y si estás confundido, pues que sepas que así es la vida

    Continuamos con el festival submarino y por ahora, llegamos al tercer día en el barco y segundo en el que buceábamos. El relato de aquel día está en Buceando en las islas Similan, Koh Bon y Koh Tachai y comenzamos con una foto de la cubierta superior del MV Sawasdee Fasai, el barco en el que viajábamos y que pese a los rumores malintencionados de los comentaristas del mejor blog sin premios en castellano, era fabuloso. Como todos los que iban conmigo eran asiáticos, la zona de tomar el sol era prácticamente mía durante el día, salvo por la parte que se ve a la sombra en la parte de popa y en la que se ponían los fumadores:

    La cubierta superior del barco

    Mirando hacia el otro lado, teníamos la proa del barco y debajo de mi, la sala en la que iba el chófer, el puente de mando o como lo queráis llamar y en el que casualmente, había dos camarotes y en uno de ellos, el de la derecha (en la foto), me quedé yo. En la época en la que yo hice el viaje, al final de la temporada, este barco era el más fastuoso y en el resto de la temporada, también. Los europeos y gringos tienden a elegir los más baratos, que son como barcazas petadas de gente, mientras que el nuestro era todo espacios amplios y no había sensación alguna de claustrofobia, pero claro, pagabas por lo menos cien leuros más:

    La proa del Sawasdee Fasai

    Ese tercer día estuvimos buceando en tres lugares distintos y la foto de la isla corresponde a Koh Bon, el punto intermedio. Todas las islas que pasamos estaban desiertas, salvo por excursiones que venían a pasar el día pero que mayormente se quedan en los barcos o en alguna playa que tengan.

    Junto a Koh Bon

    Finalmente, la última foto es del momento más importante del día para mi, la CENA. Yo competía por ser el primero o el segundo en la cola cuando ponían la comida y comenzaba el bufet. El desayuno estaba chulo pero la cena era fabulosa:

    Papeando en el barco

    La parte más interesante de todo es el vídeo con el resumen de ese día. Comenzamos pasando por debajo de un arco en una experiencia asombrosa a la par que fabulosa y esplendorosa. Después pasamos entre pedrolos enormes, que el lugar parecía que se prestaba a unas piedras gigantescas. Alrededor del segundo minuto y veintidós segundos, podemos ver algo estremecedor. Otro grupo bucea por el fondo, por debajo de nosotros, y la que va en la cola del grupo es una de las dos chinas que que semperifollaban para bucear. En este caso, lleva unos calcetines blancos enormes, traje en plan minifalda de pelandusca o algo así. Las dos chinas se pasaban el tiempo debajo del agua haciéndose fotos a ellas mismas para su impacto social. Un poco después de esto vemos un mero gigantesco que no pude pillar para que mi madre se lo jinque. Seguimos con bandas gigantescas de unos peces amarillos que no se lo que son, pero que seguro que no se comen y al final tenemos otra escena que parece sacada de un acuario con un grupo de peces. El día fue fantástico. La música que acompaña a las imágenes es la canción Frozen de la reina del Pop Madonna. El vídeo, si no lo veis debajo de este párrafo, está AQUÍ:

    El relato continúa en El día que buceé con un tiburón ballena y muchísimo más

  • Barcos y volcán activo en Camiguin

    31 de agosto de 2018
    Barcos y volcán activo en Camiguin

    Una de las razones para elegir la zona en la que me quedé en Camiguín es que está cerca de los barcos que te llevan a la Isla Blanca, eufemismo que define a una tira de arena impolútamente blanca en el mar que es una de las atracciones de Camiguín ya que es uno de esos lugares que parecen sacados del paraíso. El monopolio para acceder a la isla es de los pescadores locales, que se reconvirtieron en barqueros y por una cantidad fija y controlada por una especie de consorcio, te llevan a la isla en un viaje que toma menos de diez minutos. En la foto vemos la denominada estación de ferrys de la Isla Blanca y que no es más que una playa con un pequeño muelle. Al fondo se ve uno de los volcanes activos de la isla, que tiene varios y en todas las fotos que veremos, en muchas ocasiones las nubes son en realidad los vapores emitidos por el volcán. Los barquillos en Camiguín para ir a la isla Blanca están pintados en amarillo.

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